En el último número de la revista
Foreign Policy se publican los resultados de una encuesta elaborada por la firma de preservativos
Durex, según la cual el nivel de renta de un país determina los comportamientos sexuales de sus miembros (quiero decir habitantes). Según este estudio, que cuenta con 317.000 entrevistados de 41 países diferentes, el número de personas con comportamientos sexuales de riesgo se incrementa
a medida que crece la riqueza del país donde viven y se comportan de manera parecida: pierden pronto la virginidad y tienen más parejas. De hecho, las diferencias sociales son más determinantes
que las de género, opción sexual o estado civil. La revista recuerda que cada año hay más de 340 millones de nuevos contagios de enfermedades de transmisión sexual, aparte del sida.
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Me temo que los prejuicios que tenemos con respecto a los países en vías de desarrollo nos lo hacían ver al revés, quizás. Por lo visto, la actividad sexual (así como hacer viajes al verano o tener un buen coche) son hoy también síntomas sociales parecidos a los de las rentas. En cualquier caso, se trata de rendir. Su ausencia o escasez, no digamos la renuncia consciente, se asocia a cierta marginación, a no formar parte de una normalidad, como si se tratara de una nueva pobreza de la cual hay que huir enseguida. De manera que no me extraña que los datos vayan paralelos ...
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(Versión en audio, en catalán)
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