Con este título se publicaba un interesante artículo de Daniel Innerarity en El País, de nuevo (pesimistas no sé, pero masoquistas...) poniendo el dedo en la llaga a los problemas de la izquierda o, diría yo, a los problemas que pueden surgir a la izquierda si no se espabila, o a la que no se espabila. Innerarity cree que, más allá de hacer de anti-derecha o de salvar (conservar) no sé qué muebles de la única sociedad posible, tan sólo haciendo de reparadora y freno de sus daños, la izquierda tiene que saber construir su propia alternativa. Dice que "tal vez el antagonismo político se articule actualmente más como disposición emocional que como proposición ideológica. Lo que ocurre es que las emociones y las ideas se relacionan más estrechamente de lo que solemos suponer". También hablaba de ello yo mismo el otro día a propósito de un acertado discurso de François Hollande.
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El profesor vasco, a la luz de las elecciones francesas justamente, cee que se han invertido los términos del paradigma tradicional de la derecha y la izquierda, en el cual "mientras que el progresismo se inscribía en un desarrollo histórico hacia lo mejor, el conservadurismo, miedo decirlo cono expresión de Ernst Bloch, ha estado siempre dispuesto en aceptar una cierta cantidad de injusticia o sufrimiento como uno destino inevitable". El dinamismo de Sarkozy le hace de ejemplo (sospecho que la política española no es exactamente así, sino más bien lo contrario, y que por eso gobierna). Y advierte que "movilizar los buenos sentimientos e invocar continuamente la ética no basta; hace falta entender el cambio social y saber de qué modo pueden conquistarse en las nuevas circunstancias los valores que en uno le identifican". "Para una buena parte de la izquierda razonar económicamente se conspirar socialmente", se lamenta, y "tiende a privilegiar los determinismos y las construcciones frente a las oportunidades ofrecidas por el cambio social". Propone no confundir los avances sociales con el proteccionismo del status y ampliar la lucha contra los monopolios y los abusos también en el propio Estado. Recuerdo que eso mismo decía Zapatero cuando se presntaba heredero de la filosofía política de Pettit.
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Cree que "no es que una era de solidaridad haya sido sustituida por una explosión de individualismo, sino que la solidaridad ha de articularse sobre una base más contractual, sustituyendo aquella respuesta mecánica a los problemas sociales consistente en intensificar las intervenciones del Estado por formulaciones más flexibles de colaboración entre Estado y mercado, con formas de gobierno indirecto o promoviendo una cultura de evaluación de las políticas públicas" y propone una actitud más optimista ante los retos de la globalización. "Es cierto que la dinámica general del mundo nunca había sido tan poderosa, pero también tan prometedora para muchos", recuerda.
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De manera que la izquierda tiene que evitar caerse ante el canto de sirena del altermundismo: "En lugar de proclamar que 'otro mundo es posible', más le vale imaginar otras maneras de concebir y actuar sobre este mundo. La idea de que no se puede hacer nada frente a la globalización es una disculpa de la pereza política. Lo que no se puede es actuar como antes". Així que "un proyecto político tiene que encarnar una esperanza, razonable e inteligente, o no pasará de ser más que la inercia necesaria para seguir tirando".
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Mi opinión es que más que pensar en si se tiene que hacer o no un Partido Europeo x o y es como articulamos cada día y en ámbitos más globales, de manera esperanzada y optimista, un proyecto de izquierdas desde el mundo, éste que somos y no otro, con políticas posibles que generen nuevas oportunidades de emancipación. Después ya le pondremos nombre.
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Amor o affaire
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Leída en el diario de hoy, una cita de Oscar Wilde: "La diferencia entre un affaire y un amor de por vida es que el affaire dura más". Ya me lo temía.
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