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Hoy, leyendo el periódico, me ha llamado la atención el discurso de François Hollande, Primer Secretario de los socialistas franceses, en el acto de clausura de la Universidad Universidad de Verano del Partido, en La Rochelle, por su claridad y porque creo que da algunas claves interesantes para la renovación del proyecto socialista en Francia y, de paso, algunas que pueden ser interesantes para la izquierda catalana y española. El titular de El País destaca la ausencia de respuesta al discurso emocional de Sarkozy, una necesidad, la de la política emocional de la izquierda, de la que hablaba tangencialmente el otro día. Y cuando ganó Bush, la última vez, también dije algo.
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Pero dice más cosas, Hollande, en la noticia: 'Si perdió los comicios, dijo, fue porque el P.S. no supo integrar los cambios que se han producido en la sociedad, como "la fragmentación del mundo del trabajo o la individualización de los comportamientos", y especialmente porque "le faltó claridad"'. Y proponía 'un "cambio de método": en los debates se dará "prioridad a las convergencias en lugar de a las divergencias"', especialmente ante las próximas elecciones municipales.
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Responder a la fragmentación, en primer lugar, comprendiéndola y dando respuestas concretas («que es lo que tiene para mí el programa del Partido socialista?»). Pero, a la vez, responder también con unidad (no hacen esto las empresas, fusionarse?), tanto interna como, especialmente, el proyecto de unir la sociedad francesa en una Nación que es un destino: "Jaurès decía que el nacionalismo es el odio a los otros, la Nación es el amor a los nuestros". Esto ya forma parte del discurso que podéis encontrar íntegro a internet y que os recomiendo vivamente (que si no entendéis el francés, podéis traducir aquí).
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Además de rechazar los cantos de sirena de cambio de nombre del P.S. y de renovaciones más o menos oportunistas, y al tiempo que de agradece el papel de Ségolène Royal, en este texto reclama par la izquierda los valores de la nación (como hemos visto), del trabajo, y de el orden, de los que dice que han sido incomprensiblemente incómodos. Hace una defensa también de la convivencia del socialismo con la economía de mercado, con una triple exigencia: la de la competitividad ("socialismo de la producción que hace la apuesta de la innovación, de la búsqueda, del conocimiento y de la creación de empresas"), la de la redistribución y la de la regulación. Y también hace una defensa del individuo como proyecto central del socialismo, evitando los abusos de las políticas sociales o la primacía de los impuestos sobre la buena gestión de los fondos públicos, por ejemplo.
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Y es así como se encuentra el origen incluso del socialismo, puesto que la consagración del individuo está en el corazón de nuestro ideal en torno a la emancipación, del desempeño personal, de la autonomía y de la promoción. Partir del individuo para justificar el colectivo y volver al ciudadano que determina soberanamente su futuro, pero también el destino colectivo. Ese debe ser nuestro paso.
(...)
Es un paso que supone abrirse a la sociedad, de aportar las respuestas a los asuntos más difíciles: la competitividad, la financiación de la solidaridad, la lucha contra las violencias, la inmigración y el desarrollo del Sur. Debemos ser mirados como los más eficaces para encontrar el crecimiento, los más justos para asumir la redistribución y los más valientes para preparar nuestro futuro.




3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Anónimo dijo
http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=critica&id=104
Anónimo dijo
Estimado Señor Bassas: gracias por los comentarios en sus blogs. Le invito a leer la reseña que aparece en Poesía Digital: http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=critica&id=104
Ramon Bassas Segura dijo
Anónimo,
Buena reseña. Y nada, gracias por tus poesías (si eres Antonio).
Un abrazo.
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