23 Feb 2008

Torres-García y la realidad

Escrito por: Ramon Bassas Segura el 23 Feb 2008 - URL Permanente

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Una exposició producida por Caixa de Girona y el Ayuntamiento de Mataró, que tras estas dos ciudades visitará Murcia y quizás Roma, reconcilia la capital del Maresme con uno de los pintores que más aprecia. Por un lado, porque era hijo de un cordelero mataronés que emigró a Uruguay y, de la otra, porque inició su larga estancia en Catalunya volviendo a la ciudad. Joaquim Torres-Garcia (Montevideo, 1874-1949), conocido sobre todo por ser el autor de los frescos 'redescubiertos' de la sala de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya, es uno de los autores más interesantes pero también de los más desconocidos del arte de la primera mitad del siglo XX. Como anécdota, hay que decir que serían las desavenencias con otro mataronés, Josep Puig i Cadafalch, y precisamente por la negativa de este último al continuar la obra en la Generalitat cuando el arquitecto modernista presidía la Mancomunitat, las que propiciaron su regreso a Uruguay.
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La época en qué vivió Torres-Garcia, desde el punto de vista artístico, es de gran convulsión. Desde la ruptura de la luz que iniciaron los impresionistas, con precedentes en Turner o Goya, el arte se llenó de nuevas rupturas formales, las vanguardias, que reinventaban el arte y, a la vez, pretendían un discurso definitivo sobre él. Desde el descubrimiento de las pulsiones ocultas de la psicoanálisis, con un Freud mirando al mundo clásico y hebreo, el arte resulta también el mejor experimento de los diferentes planos de la realidad. Y la realidad, la verdad, finalmente, como ya aventuraban los barrocos, estaba en todas partes, y era relativa. La eclosión, así, del fragmento, no ocultaba cierta angustia para lograr la totalidad.
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Torres-Garcia vive este momento. Y da una respuesta personal. No lo podemos enmarcar en ninguna corriente (él decía que era un 'constructivo' y la exposición dice que esto era una máscara), pero bebe de las corrientes más innovadoras del arte de su tiempo. Como ellas, miraba de reojo al pasado entre la admiración y el rechazo. Torres-Garcia admiraba dos momentos. En primer lugar, el que llamaba el arte primitivo. Le permitía investigar sobre los primeros impulsos del arte, sobre la desnudez del paso inocente que pasa de la experiencia a la representación, y quiere captar la esencia, acaso ésta perdure. La quiere actualizar imitándola. Y sospecha que estos pasos son fruto de un orden más global, casi cósmico, que resulta el objeto real del arte.
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Lejos de esta experiencia, Torres-Garcia admira el Renacimiento, es decir, el paso del orden cósmico al orden de la razón humana, del saber global al fragmentario, de las normas propias por cada disciplina (también la artística)... con la sospecha también que es por estos caminos, a través de estos instrumentos, que podemos restablecer el orden que el mismo hombre rompe. Así, sus figuras y sus paisajes, sus formas y objetos, parecen unidas por unas leyes ignotas que sólo pueden ser conocidas a través de la representación artística, que rebasa aquello que llamamos la 'realidad' que, recordémoslo, tiene planos que ignoramos
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* Artículo para la revista Valors del mes de febrero de 2008.
La exposición Torres-Garcia, darrere la màscara constructiva se pudo ver en Can Palauet y en el Museu de Mataró (Pl. Ajyuntamiento) hasta el 17 de febrero.

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El blog de Ramon Bassas

Ahora soy concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Mataró y 1r Teniente de Alcalde. También soy Primer Secretario del PSC de Mataró.

Poco a poco, construyo un personaje hecho de obsesiones y aficiones (y desafecciones). No sé si soy bien yo, este Ramon virtual, pero me gustaría que fuera útil esta exhibición de militancia, de sensaciones y de apuntes de ruta.

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