Pero ayer caí. Fue por la tarde. Con el buen tiempo que hacía me apeteció irme a leer The Country ala luz del lorenzo. Salí a la calle y pensé dónde ir. El retiro...Mmmno. Quizá La Latina... Tampoco. ¿Bilbao? Psss...Ningún sitio meterminaba de convencer. Los visualizaba, y rápidamente los descartaba.
Llegué a Moncloa, y como siempre que paso por allí, me quedé embobadamirando el horizonte que se abre detrás del Arco. Y entonces supe queera eso lo que andaba buscando: contemplar el horizonte. La inmensidad,la nada. Ese punto donde parece que se unen la tierra y el cielo. Algoque en Madrid es bastante difícil de encontrar con tantos edificiosimponentes. Aquí los ojos sufren angustia.
Ya sé que estoy "mal acostumbrada". Cádiz es una isla de 14 kilómetroscuadrados y dispone, por tanto, de un millón de horizontes posibles.Allí, a lo más lejos que puedes estar del mar es a cinco minutos.
Paz, relax, soledad... nada como pasar las horas muertas frente al mar. Cómo lo echo de menos...


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