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    <body>La semana pasada hubo cambios en la Universidad Centroamericana Jos&#233; Sime&#243;n Ca&#241;as (UCA), en El Salvador. El Museo de los M&#225;rtires, en el que se exhiben entre otras cosas ropas y objetos personales de los jesuitas masacrados en 1989, fue remodelado por completo. La nueva sala cuenta con aire acondicionado, tiene una mejor iluminaci&#243;n y las vitrinas son m&#225;s amigables. Justo en medio, en el lugar m&#225;s visible, hay una vitrina grande y alargada que contiene las ropas que llevaban los sacerdotes cuando los acribillaron hoy hace 20 a&#241;os. Entre todas destacan la bata color caf&#233;, el pijama de botones y las alpargatas azules de Ignacio Ellacur&#237;a Beascoechea, &#8220;Ellacu&#8221;, el fil&#243;sofo y te&#243;logo oriundo de Portugalete que fung&#237;a como rector de la universidad.

El 16 de noviembre de 1989 un comando del Batall&#243;n de Infanter&#237;a &#8220;Atlacatl&#8221;, del Ej&#233;rcito salvadore&#241;o, asesin&#243; a Ellacur&#237;a y a otros cinco sacerdotes: el navarro Juan Ram&#243;n Moreno, los castellanos Amando L&#243;pez, Segundo Montes e Ignacio Mart&#237;n Bar&#243; y el salvadore&#241;o Joaqu&#237;n L&#243;pez y L&#243;pez. En la masacre tambi&#233;n murieron la empleada dom&#233;stica, Julia Elba Ramos, y Celina, su hija de 16 a&#241;os.

La acci&#243;n militar ocurri&#243; durante la llamada &#8220;Ofensiva Hasta el tope&#8221;, que la guerrilla del Frente Farabundo Mart&#237; de Liberaci&#243;n Nacional (FMLN) hab&#237;a iniciado cinco d&#237;as antes, y que puso en jaque al Ej&#233;rcito. Si bien no hubo una victoria militar, la magnitud y la organizaci&#243;n del ataque aceleraron las conversaciones de paz, que dos a&#241;os despu&#233;s cuajaron en un acuerdo. La guerra civil en El Salvador dur&#243; desde 1980 hasta 1992, y dej&#243; como saldo m&#225;s de 75.000 muertos.

Desde 1990 la UCA conmemora la masacre cada a&#241;o. La remodelaci&#243;n del Museo de los M&#225;rtires ha sido, de hecho, uno de los puntos de agenda en esta edici&#243;n. Pero los cambios est&#233;ticos en la sala no son lo &#250;nicos que ha habido estos d&#237;as. El vig&#233;simo aniversario coincide con una serie de cambios pol&#237;ticos que han generado reacciones oficiales impensables hasta hace apenas unos a&#241;os.

La primera sorpresa lleg&#243; de Estados Unidos, el pa&#237;s que sostuvo militar y econ&#243;micamente al Gobierno salvadore&#241;o durante la guerra y que sab&#237;a de la masacre antes de su ejecuci&#243;n. El 21 de octubre pasado, su Congreso aprob&#243; una simb&#243;lica condena en la que se definieron a Ellacur&#237;a como un &#8220;defensor de los derechos humanos y de una soluci&#243;n negociada al conflicto civil de El Salvador&#8221;.

En El Salvador, que el pasado 1 de junio vivi&#243; la primera transici&#243;n pol&#237;tica desde los Acuerdos de Paz, tambi&#233;n ha habido movimientos. El presidente de la Rep&#250;blica, el izquierdista Mauricio Funes, lleg&#243; al Gobierno de la mano de la ex guerrilla del FMLN, y lo hizo tras 20 a&#241;os del partido ARENA (derecha) en el poder. Hoy lunes, en un acto sin precedentes, Funes condecorar&#225; a t&#237;tulo p&#243;stumo a los jesuitas con la Orden Nacional Jos&#233; Mat&#237;as Delgado en primer grado, el m&#225;s alto reconocimiento que otorga el Estado.

El presidente argument&#243; su decisi&#243;n &#8220;por los servicios extraordinarios prestados al pa&#237;s&#8221;, en especial en el combate de la exclusi&#243;n social, y por &#8220;sus aportes a la paz y a la construcci&#243;n de la democracia en el pa&#237;s&#8221;. 

Jon Sobrino opina
El te&#243;logo vasco-salvadore&#241;o Jon Sobrino, amigo personal de los masacrados y sobreviviente de la masacre porque se encontraba de viaje, valor&#243; el gesto de forma positiva. &#8220;Ning&#250;n presidente anterior se hab&#237;a atrevido a decir nada bueno o cari&#241;oso, siquiera alguna palabra de agradecimiento&#8221;, dijo durante la misa celebrada el domingo anterior en la humilde parroquia de El Carmen, en Santa Tecla. Como argumento se&#241;al&#243; que ni siquiera el Vaticano ha tenido &#8220;alguna palabra o un gesto importante&#8221; para los padres jesuitas en 20 a&#241;os.

Fiel a s&#237; mismo, Sobrino tuvo adem&#225;s c&#225;lidas palabras para Julia Elba y Celina, que no recibir&#225;n condecoraci&#243;n alguna, &#8220;y para tantos y tantos que fueron asesinados&#8221;. &#8220;&#191;Cu&#225;ntas juliaelbas habr&#225;n muerto en Palestina? Millones. &#191;Y cu&#225;ntas habr&#225;n muerto en el Congo, en &#193;frica?&#8221;, se pregunt&#243; el te&#243;logo.

M&#225;s cr&#237;tico con el Gobierno de Funes que Sobrino se mostr&#243; el Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), organismo que lleva dos d&#233;cadas buscando la condena de los autores intelectuales de la masacre. Su director, Benjam&#237;n Cu&#233;llar, ve en la condecoraci&#243;n poco m&#225;s que un acto simb&#243;lico, insuficiente si no va acompa&#241;ado de la derogaci&#243;n de la Ley de Amnist&#237;a que se aprob&#243; en 1993, que impide juzgar los delitos cometidos durante la guerra civil. 

Cu&#233;llar cree que, ya en el poder, el FMLN est&#225; renunciando a la que durante sus a&#241;os en la oposici&#243;n fue una de sus banderas: la derogaci&#243;n de la ley de punto y final. 

El caso 
El Gobierno salvadore&#241;o en 1989 intent&#243; en un primer momento atribuir la masacre a guerrilleros. Cuando no se pudo ocultar m&#225;s que fue el ej&#233;rcito, la fuerte presi&#243;n internacional desemboc&#243; en un juicio que termin&#243; con la condena de dos militares en enero de 1992. Al a&#241;o siguiente fueron amnistiados. &#8220;Ese juicio fue una farsa, un insulto para los familiares de las v&#237;ctimas&#8221;, dice Almudena Bernabeu, una abogada especializada en el caso de los jesuitas que trabaja para la ong estadounidense Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA, por su sigla en ingl&#233;s).

Desde entonces en El Salvador se han bloqueado todos los intentos por llevar a los tribunales a la alta jerarqu&#237;a militar.

El IDHUCA llev&#243; el caso a la Comisi&#243;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que en 1999 fall&#243; en contra del Estado salvadore&#241;o y le pidi&#243;, entre otras cosas, abrir una investigaci&#243;n y derogar la Ley de Amnist&#237;a. Nada de eso de ha realizado a pesar de haber transcurrido ya una d&#233;cada, y de tratarse de recomendaciones vinculantes.

El a&#241;o pasado se abri&#243; un nuevo frente judicial, siempre fuera de El Salvador, esta vez en la Audiencia Nacional de Espa&#241;a. La ong de Almudena Bernabeu y otra ong llamada Asociaci&#243;n Pro Derechos Humanos de Espa&#241;a presentaron &#8211;con la asesor&#237;a del IDHUCA&#8211; una querella que fue admitida en enero de este a&#241;o. En ella aparecen los nombres 14 militares, entre ellos el ministro de Defensa y el jefe del Estado Mayor en 1989.

Bernabeu cree que, si bien lo ideal ser&#237;a que el caso se resolviera en El Salvador, &#8220;el proceso en Madrid podr&#237;a servir cuanto menos &#8220;para probar si el Estado salvadore&#241;o quiere colaborar o no ahora&#8221;. En una charla impartida en San Salvador el s&#225;bado, anunci&#243; que en las pr&#243;ximas semanas habr&#225; diligencias relacionadas con este caso en la Audiencia Nacional.

El IDHUCA por su parte le sigue apostando a la CIDH, conscientes de que la condena de los autores intelectuales de la masacre de los jesuitas es poco menos que una quimera. Paciencia no falta dos d&#233;cadas despu&#233;s. &#8220;Quien se mete en estos casos creyendo que son una carrera de cien metros, mejor que se retire, porque esto es una marat&#243;n llena de obst&#225;culos y en la que hay que trabajar los relevos&#8221;, dice Cu&#233;llar.

La batalla legal no, pero la que ya est&#225; ganada es la batalla contra el olvido. En 20 a&#241;os la UCA ha sabido transformar a los jesuitas en m&#225;rtires y nombres como el de Ignacio Ellacur&#237;a no son ajenos en El Salvador ni siquiera a las nuevas generaciones. A &#233;l y a los otros cinco jesuitas hoy los condecorar&#225; el presidente de la Rep&#250;blica. La gran cruz y la banda de seda azul terminar&#225;n en el Museo de los M&#225;rtires, junto a los harapos ensangrentados que los sacerdotes llevaban en d&#237;a de su asesinato.

&lt;hr&gt;&lt;/hr&gt;&lt;div&gt;
&lt;/div&gt;Este art&#237;culo sali&#243; publicado el 16 de noviembre de 2009 en el diario Deia, con sede en Bilbao.
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    <title>La figura de "Ellacu" sigue viva</title>
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