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01Dic, 2008

Entrevista con Odir Miranda, de la Asociación Atlacatl Vivo Positivo

Escrito por: robertogasteiz el 01 Dic 2008 - URL Permanente

“La nuestra fue una lucha por la vida”



Por Roberto Valencia



El hospital donde todo comenzó está muerto.

Corrían los últimos días de 1996. Odir Miranda era entonces un hombre esqueleto –65 libras, 1.78 de altura, 28 años– que se retorcía anónimo en una cama del Instituto Salvadoreño del Seguro Social. Semanas atrás había comenzado a adelgazar de forma abrupta, inexplicable, pero su mente se resistía a relacionar lo que estaba viviendo con la palabra sida. La incertidumbre pudo más. En uno de los cambios de turno llegó una doctora. Vio lo que tenía que ver, dio media vuelta, y se estaba yendo cuando Odir la interrogó. Después de varios días hospitalizado, quería conocer el porqué de su deplorable estado de salud. La doctora se volteó y le dijo algo que el paciente siempre recordará.

—Mire, señor Miranda, este... ¿a usted no le han dicho que tiene sida? –dice que le dijo la doctora.

—Pero...

—Sí, usted tiene sida. Lo que vamos a hacer es dentro de unos días darle el alta y lo vamos a referir a otro médico. Lo que le advierto es que el Seguro no tiene medicamentos para controlar esta enfermedad, y que no tiene cura.

A Odir le gusta recrear conversaciones pasadas.

El jarro de agua fría lo escucharon otros médicos y enfermeras presentes. Lo escucharon también las personas que compartían sala pero no patología. Y a partir de ese mismo día comenzó a sentir la discriminación y el rechazo. Le marcaron su vaso y sus cubiertos, y hubo pacientes que dejaron de utilizar el baño común.

El hospital donde todo comenzó es el viejo Hospital de Especialidades del Seguro Social. Hoy no existe. Está muerto. El ISSS abandonó el edificio al poco de inaugurar el Hospital General a finales de 2004. Pero aquel hombre esqueleto anónimo y moribundo va ahora camino de los 41 años y ya ronda las 180 libras.

Odir —ojos oscuros, pelo corto y ligeramente encanecido, homosexual— llega a la entrevista vestido con una camisa a franjas negras y blancas, pantalón oscuro y zapatos lustrados. Informal pero elegante. “Creo que soy comprador compulsivo, comprar me relaja”, dice.

Trata con periodistas desde hace más de una década, pero en sus respuestas aún se intuye un cierto grado de timidez –sutil, casi imperceptible– que no le impide explayarse en sus respuestas. La plática durará casi una hora y media. Se ve que le gusta hablar de lo que ha conseguido desde que lo desahuciaron.

—Se dice que usted fue el primer salvadoreño en decir abiertamente que tenía sida.

—No sé si soy el primero. Lo que sí creo es que soy la primera persona que trató de romper con el estigma que se venía manejando, un paso que no fue nada fácil.

Jorge Odir Miranda Cortez nació el 21 de mayo de 1968. Los primeros recuerdos de su infancia están ligados al Mejicanos de inicios de los setenta, amarrados a una paupérrima comunidad sobre la calle El Durazno, al costado de la Universidad de El Salvador.

—¿Criarse en un lugar así lo marca a uno?

—Creo que sí, porque nosotros vivíamos en pobreza, me atrevería a decir que en pobreza extrema. Vivíamos en un mesón mi madre, mi abuela, un tío y los tres hermanos.

Su niñez está marcada por la pobreza y por la desintegración familiar. A Odir le tocó interpretar el papel de hermano mayor. Detrás estaban su hermana Cecilia y Heller Alberto, otro hermano que falleció niño, a los ocho. Aquellos fueron años de rigidez, de subsistencia, de hacinamiento, años sin regalo de Navidad. Estudió en una escuela llamada José Francisco Barrundia, que tampoco existe –“ahora hay una iglesia evangélica”–, como si el destino se estuviera empeñando en borrar las etapas de las que no guarda buenos recuerdos.

—¿Aguantaste hambre de niño?

—Sí, lógicamente. Mi mamá y mi abuela trabajaban de lavar y planchar, y en las tardes a veces nos dejaban bajo llave a mis hermanos y a mí. Todo fue un proceso que marcó bastante mi niñez, porque la pobreza impedía realizar muchas cosas que se desean de pequeño. No tener distracciones, no tener un televisor, no tener momentos para disfrutar cuando se es niño... Criarse en un espacio de pobreza es bastante difícil.

—¿Y su padre?

—Mis padres se habían separado esos años. Años después regresaron, y esa es otra parte de mi vida de la que casi nunca hablo... Mi infancia estuvo marcada por las necesidades. A veces, por ejemplo, teníamos que dormir en el patio del mesón porque no cabíamos todos en el cuarto que rentábamos.

—¿Y así hasta qué edad?

—Hasta como los ocho o nueve años. Entonces mi madre se reconcilió con mi papá, y nos fuimos a vivir todos juntos. Esa fue una etapa bastante difícil para mí, negativa. Nos fuimos a otro mesón, y hubo un cambio de régimen. Mi papá era rígido en algunas cosas, pero en otras era un irresponsable, porque no cumplía con sus obligaciones de la casa. Mi mamá tuvo que sacrificar mucho para que nosotros pudiéramos seguir estudiando, y eso me marcó la vida. No pudimos tener libertad en muchas cosas, en casa no se hablaba de sexualidad...

—Todas esas condiciones contra las que está luchando ahora las vivió usted de niño.

—Exactamente. Mis hermanos y yo no disfrutamos la infancia ni la adolescencia como debe de ser. Nunca tuvimos regalos de Navidad y ese tipo de cosas.

—¿Tus padres están vivos?

—No. Mi papá es como si hubiese fallecido, porque no sé de él desde hace 18 o 19 años, y no me interesa saber tampoco. Y mi madre falleció el año pasado.

Se llamaba Carmen Guadalupe Cortez. Está convencido de que sin su apoyo no habría podido escapar del pozo. En aquel diciembre de 1996 Odir vivía en el reparto San Ramón de Soyapango y ella, en Ciudad de Guatemala, pero raro es que pasaran dos semanas sin venir a visitarlo. Estaba de hecho en San Salvador cuando ocurrió el exabrupto en el Hospital de Especialidades. Fue la primera persona a la que se lo contó. La reacción fue fría: que quizá eran los análisis de otra persona, que Dios los ayudaría...

A los pocos días abandonó el hospital. Salió en silla de ruedas, esqueleto. Y fue Carmen quien más interés puso en ir a conocer a ese médico que les habían recomendado: Jorge Panameño, un infectólogo que tenía su consultorio del Hospital de Oncología, siempre en el Seguro Social.

A Odir le gusta recrear conversaciones pasadas. Esta es la que dice que mantuvieron su madre y el doctor Panameño.

—Mire, doctor, la verdad... ¿qué puede hacer Odir en el estado en el que se encuentra? Si prácticamente estamos esperando que se muera.

—Mire, señora, ¿usted tiene fe?

—Por supuesto, doctor. Si no tuviera fe, creo que mi hijo ya estaría muerto.

—Yo tengo unos medicamentos que están vencidos. Es una biterapia, algo que científicamente no funciona ya como debe de ser. Pero es lo único que yo te puedo ofrecer en este momento. No te lo ofrece el Seguro, te lo estoy ofreciendo yo.

—¿Y qué le puede pasar si no le funciona?

—Nada. No se va a intoxicar, y él está en un proceso bastante difícil, está a un paso de la muerte.

—Bueno, doctor, si usted lo cree conveniente...

—Entonces lléguese en la tarde a mi consultorio, que se los voy a entregar.

Llegaron. También iba Odir. Panameño se le quedó mirando, impactado de ver huesos nomás. Recuerda que en su escritorio había un sinnúmero de frascos. Aquel primer coctel de medicamentos fue con un antirretroviral llamado Virex. Cada dosis era de seis pastillas del tamaño de un Alka Seltzer, y había que tomarla tres veces al día, además de otros fármacos adicionales.

Carmen respondió como una madre. Lloró.

—Antes de que se vayan –condicionó Panameño la entrega–, quiero que hagamos una oración y le pidamos a Dios que si él quiere, Odir se levantará; y si no quiere, aceptaremos que ni con estos ni con otros más caros tendremos resultado positivo.

Oraron. Regresaron a la humilde casa de Soyapango. Y ese mismo día Carmen decidió que se llevaría al fruto de su vientre a Guatemala.

—Aquí no te puedo dejar, no hay quien te cuide.

A las dos semanas, disminuyó la desidia, aumentó el apetito. Un agnóstico diría que la biterapia con medicamentos caducados funcionó. Un creyente fervoroso lo atribuiría exclusivamente a la oración. Odir piensa que fue la combinación de ciencia y fe lo que le salvó la vida. Él cree en Dios. Dice que su comunicación con él fue muy importante, que cada vez que tomaba las pastillas le pedía que se hiciera el milagro. Pero su fe no le impide ser crítico con las iglesias...

—La prevención es una deuda. ¿Suscribiría esa afirmación?

—Exactamente.

—¿Por qué sigue dando la impresión de que no se quiere promover abiertamente el uso del preservativo?

—Eso es algo que seguimos criticando, y lo hemos hablado al interior de CONASIDA (la Comisión Nacional contra el Sida) y en otros foros. Es un tema en el que seguimos muy atrasados. En El Salvador no se habla de los preservativos, se trata de evadir ante cualquier situación. Esto se debe, lógicamente, a la influencia de la Iglesia católica. Pero sí, creemos que es una barrera que debe de vencerse porque debe de haber una equidad en cuanto a las estrategias de prevención.

—¿La Iglesia ha acompañado al resto de la sociedad en su evolución frente al sida?

—La Iglesia católica, que es la más grande, en lugar de contribuir a impulsar estrategias efectivas de prevención, ha sido un obstáculo. En nuestro país va a seguir creciendo el número de personas infectadas, y es responsabilidad de la Iglesia. Han promovido mucho que no se enseñe, que no se hable del tema, que no se impulsen campañas...

—En CONASIDA no hay obispos, hay funcionarios.

—Sí, pero la influencia llega a esos niveles, a los ministros, que no quieren tener conflicto. Pasar esa barrera es un reto para las ONG, pero lo que ocurre ahora es que nuestros recursos económicos son muy reducidos. Tanto que no nos permite lanzarnos contra esta barrera que es la Iglesia.

—Buena parte de los fondos son de la cooperación internacional.

—Pero se canalizan a través del Estado, y es muy difícil que las asociaciones podamos acceder a los fondos para hacer las campañas, que son carísimas.

—¿Y qué relación mantienen con las cada vez más influyentes iglesias evangélicas?

—En la Iglesia evangélica no se habla del tema, ni se quiere abordar. Hablan de otros temas, pero no del condón. Respecto a las otras, las únicas iglesias con las que hemos hablado abiertamente son la luterana y la anglicana.

—Pero esas son minoritarias.

—Sí, pero de alguna manera pueden contribuir a que las ONG podamos lanzar campañas más efectivas respecto al uso del condón. Lógicamente, compartimos que el tema se tiene que abordar de manera coherente.

Odir es uno de los cinco miembros fundadores y es el actual presidente y director de la Asociación Atlacatl Vivo Positivo, una organización no gubernamental cuya misión es “contribuir a la construcción de condiciones autónomas y justas para el desarrollo de las personas afectadas con el VIH/sida”.

En mayo pasado conmemoraron el décimo aniversario desde su creación, 10 años desde que se decidió dar la cara. En mayo de 1998, cuando la palabra sida era una cruz social infinitamente más pesada que hoy, Odir apareció en un reportaje publicado en La Prensa Gráfica sin ocultar rostro ni nombre. Hoy no suena tan osado, pero entonces lo era, era asunto de pioneros. Él tomó la decisión después de un viaje que hizo a Costa Rica, donde un grupo organizado de personas con VIH le recomendó personalizar la epidemia, humanizarla.

El nombre elegido para la asociación hace referencia al indígena Atlacatl. Aunque no hay consenso sobre si realmente existió, Atlacatl se considera el jefe que plantó cara al español Pedro de Alvarado en su conquista de Cuzcatlán. El incipiente grupo de personas con VIH creyó que esa historia estaba en sintonía con la batalla que iban a empezar. Pero no fue la única razón: “También lo elegimos para ir quitando la estigmatización de siempre llamar a las organizaciones con nombres que incluyen la palabra sida. Quisimos quitar eso, y también que se identificara con el país. Esto luego nos ha ayudado para el reconocimiento en el ámbito internacional, aunque al principio, obvio, nunca pensamos que la asociación llegaría a tener tanta importancia”.

Amén de que su lucha se cita como ejemplo en todo Latinoamérica, Atlacatl Vivo Positivo y Odir son hoy por hoy un referente nacional incuestionable en el tema VIH/sida. Primero como suplente y ahora como titular, Odir lleva cuatro años en CONASIDA, sentado junto a las máximas autoridades del Ministerio de Salud.

—¿Cambia mucho tener el Estado como adversario a tenerlo como aliado?

—Sí cambia. Creo que esta etapa ha sido otra etapa de crecimiento en lo personal y también para el país. En el plano personal porque se trabaja junto a personas comprometidas, que no tienen simplemente un interés económico o político, sino un interés realmente personal. Eso ha permitido hacer las cosas de manera diferente. El liderazgo de los activistas en toda Latinoamérica se caracterizó en su momento por se de confrontación hacia los gobiernos, porque había personas cerradas que no querían hablar de esto. En esos inicios el reto, y un reto muy difícil, fue colocar el tema en la agenda política.

—¿Y ahora?

—Ahora estamos dentro de un espacio de toma de decisiones, un espacio que nosotros nos lo hemos ganado.

—¿Y se contiene Odir Miranda ahora más que antes para hacer críticas?

—No, porque creo que mi posición no ha cambiado, sigue siendo que las cosas se hagan como se deben de hacer. Yo creo que el que cambió fue el Gobierno, que pasó incluso a aceptar públicamente que todo lo que se ha logrado en el país no fue por su voluntad, sino por la presión de las personas con VIH. El actual presidente de la República lo aceptó públicamente, algo que admiramos.

—¿Y no le ha supuesto enemistades de otras personas con VIH esa cercanía al Gobierno?

—Sí. Hay costos que pagar, pero creo que actuar de una manera inmadura es no ser profesional. Nosotros hemos logrado poner el tema donde queríamos, y no pelearnos con las personas, sino contra las políticas que violentan los derechos de las personas.

—Discriminación sigue habiendo...

—Y va a ser muy difícil erradicarla por el mismo pensamiento de las personas.

—Porque a Odir Miranda los periodistas lo queremos entrevistar y los funcionarios quieren tomarse fotos con él, pero esa no es la realidad que vive un seropositivo anónimo en su colonia.

—Exacto, pero nuestro ejemplo es también como un proceso de enseñanza para las personas con VIH. Es decirles que podemos lograr muchas cosas, que no tenemos por qué escondernos, que podemos dar la cara... Haberlo hecho hace 10 años ayudó a avanzar en el tema. Una de las satisfacciones que tengo es que en los supermercados o en cualquier lugar la gente se me ha acercado para felicitarme. Son cosas que hasta me han hecho llorar, ver que hay gente que reconoce el trabajo realizado, y que no nos ve como extraterrestres.

La realidad hoy es otra a la de finales de la década de los noventa. El tema VIH/sida tiene amplios espacios en los medios de comunicación, llegan cuantiosos fondos de la cooperación internacional, se ha institucionalizado un Día Nacional de la Prueba, se construyen monumentos conmemorativos, incluso el lenguaje es más respetuoso... o intenta serlo. Sin salir de Centroamérica, un grupo de docentes y estudiantes de la Universidad de Costa Rica elaboró este año un dossier titulado “Manual de comunicación inclusiva”. Se trata de un compendio de maneras respetuosas para referirse a grupos minoritarios, y las personas con VIH tienen sus páginas.

—¿Le resulta ofensivo si digo que alguien se ha contagiado de VIH?

—Talvez no ofensivo, sino que no es la forma correcta, y además promueve mucho la estigmatización. Contagiado no es la palabra correcta, ni tampoco contaminado. Aunque mucha gente las usa.

—Contaminado sí tiene una carga más peyorativa, pero contagio...

—Sí, contagio es más suave, pero no es la palabra correcta, porque no somos objetos, no somos cualquier cosa. Hay que evitarlas en el sentido de que no respetan a la persona, se oyen discriminativas.

—¿Y cuál sería el término correcto?

—Constantemente se están actualizando, y ahora se debe decir personas con VIH, ya ni siquiera se usan las siglas. ONUSIDA promovió hace unos años PVVS (Personas Viviendo con VIH y Sida), pero después se llegó a la conclusión de que no somos siglas, y ahora se ha optado por presentarnos simplemente como personas con VIH.

—El manual que tengo también sugiere que no se use la palabra seropositivo.

—No, pero esa sí se puede utilizar, porque es algo que identifica a una persona que aún no ha desarrollado la infección.

—Y recomienda no hablar de grupos de riesgo.

—Sobre ese punto hubo una discusión grande, porque todas las personas estamos en riesgo ante el VIH, por eso se promueve que no se use el término.

—Pero todos los que he citado están a la orden del día en los medios de comunicación.

—Sí, lo que pasa también es que cuando se está haciendo un proceso educativo a una población específica, sucede que cuando se está terminando el proceso ya vienen cosas nuevas. Por eso es bastante difícil lograr que las personas capten todos los cambios, porque son constantes.

—Le pido honestidad en su respuesta. ¿Cómo nos portamos los medios salvadoreños en esto de la comunicación inclusiva?

—Una de las cosas que yo admiro en los medios del país es que han luchado por cambiar las palabras estigmatizantes, aunque se siguen utilizando, hecho que se puede atribuir a la misma rotación de periodistas dentro de cada medio. Dicho esto, también hay medios que pareciera que tienen la visión de utilizarlos conscientemente.

—¿Hay mala fe entonces?

—Sí, o simplemente les encanta el drama, y eso es algo que no debería de existir. Sí hay medios que parece como que si su objetivo fuera mantener una visión dramática sobre el tema, aunque en general sí se ha crecido muchísimo.

—¿Qué es lo más indignante que le ha tocado leer o escuchar?

—Sidosos fue lo más chocante que he visto. A finales de los noventa se nos llamaba de manera sistemática sidosos o los enfermos.

—Son los años en los que interponen la demanda contra el Estado.

—Sí. Entonces en los medios no se hablaba mucho del tema en su lado educativo, solo como una enfermedad que estaba acabando con personas. Nosotros tratamos de promover la parte educativa, el uso de las palabras correctas, pero resultó imposible entonces. No había ningún tipo de interés de parte de los periodistas de meterse en un taller o en un proceso educativo. Siento que se veía como perder el tiempo.

La negativa del Seguro Social a brindar antirretrovirales a las personas con VIH llevó a un grupo de 34 personas –uno de ellos, Odir– a interponer una demanda judicial en la Corte Suprema de Justicia en abril de 1999. Ante lo que interpretaron como pasividad y connivencia estatal, el reclamo no tardó en llegar a Washington, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La CIDH terminó condenando al Estado salvadoreño, condena que en los últimos años se ha tratado de solventar por la vía amistosa. Pero el tema aún no está finiquitado. “No –dice Odir–, y es algo que queremos aclarar: el proceso no está cerrado. La Comisión Interamericana llamó a hacer acuerdos amistosos, pero a estos acuerdos hay que darles seguimiento. Si en alguno el Gobierno salvadoreño falla, la demanda continúa. Esperamos que eso no vaya a suceder, pero depende de la voluntad del próximo Gobierno.”

El Salvador está estos días inmerso en campaña política, el período de las promesas infinitas, pero en la Asociación Atlacatl Vivo Positivo sienten que el VIH/sida está siendo irrelevante para los partidos. Desde hace ya algunas semanas han invitado al programa que los jueves tienen en Radio El Salvador a los principales candidatos, y el único que se dignó a llegar fue Tomás Chévez, del Partido de Conciliación Nacional.

Estos también son días para dar a conocer cifras sobre la epidemia. El sida irrumpe en la agenda mediática en las semanas previas al Día Mundial. Y este año hay motivos para la preocupación. En los primeros 10 meses de 2008 son 1,813 los nuevos casos registrados. El promedio de infecciones diarias es de 5.9, el más alto alcanzado nunca. El sida es todavía una amenaza, una seria amenaza.

—La zona oriental tiene, con diferencia, la tasa de incidencia más baja.

—Fuera de San Salvador, la movilidad de personas en la zona occidental es mayor. Recordemos que la mayoría de las fronteras se concentran al occidente.

—En Sonsonate hay muchas infecciones. ¿Ven alguna relación con que allá esté el puerto de Acajutla?

—Sí, es un área con mucho trabajo sexual. De hecho, estamos ahora ejecutando un proyecto en esa zona, porque hay muy poca información y hemos detectado que aún existe la barrera para el uso del condón, hay mucha resistencia a usarlo por falta de información.

—Ahora viene Cutuco, en La Unión. ¿Han abordado en CONASIDA ese tema?

—Se ha hablado de impulsar un programa, pero como Atlacatl nomás. Consideramos que son lugares en los que todavía podemos hacer algún trabajo con los jóvenes, que tiene que ser nuestro punto de referencia. Trataremos, en alianza de otras organizaciones, de hacer algo, aunque sea una responsabilidad del Estado, el Programa Nacional debería de abordarlo...

—¿Aún no se ha abordado?

—No sé, pero en CONASIDA, que es donde estamos representados, no se ha abordado nada sobre el VIH en este nuevo puerto.

—Cada día hay seis nuevas personas con VIH. ¿Qué lectura hace?

—Yo creo que deberíamos de estar mejor, deberíamos de tener menos casos. Pero hay que tener en cuenta que en los dos últimos años se ha realizado el Día Nacional de la Prueba, algo que está contribuyendo a que haya menos subregistro.

—Comparados con nuestros países vecinos, ¿cómo estamos?

—En Honduras, por ejemplo, sigue aumentando el número de casos cada año. En toda Centroamérica, excepto en Nicaragua, la tendencia ha sido a aumentar. Pero lo que decía, también se ha mejorado mucho la situación epidemiológica, y se contabiliza mejor.

Hace poco más de tres meses esta revista publicó un extenso artículo en el que se argumentaba una aparente paradoja que sucede en El Salvador: por los avances habidos en la atención a las personas con VIH, enfermedades curables como la insuficiencia renal o algunos tipos de cáncer son hoy por hoy más mortíferos que el sida. Odir es un ejemplo. Han pasado 12 años desde que se le diagnosticó sida, 12 años.

—Creo que la persona que en la actualidad muere como consecuencia del sida es porque se deja morir. Ojalá hace 10 años una organización o una persona se me hubiera acercado a decirme: “No se preocupe, nosotros le brindamos apoyo, en estos hospitales le pueden atender”. Ahora existe todo eso, y luchar por ello, por la vida, porque la nuestra fue una lucha por la vida, creo que fue acertado.

—¿Y mantienen contacto con personas afectadas por otras enfermedades?

—Hace poco tuvimos una reunión con personas que padecen de artritis a temprana edad, y nos plantearon situaciones difíciles, similares a las que nosotros pasamos durante el proceso. Me invitaron para animar a las personas a hacer valer su derecho a la salud. También ayudamos a las personas que padecen de hemofilia... Entonces, ver la experiencia en el tema del VIH está ayudando a otras patologías.

—Estando como está el sistema público de salud, ¿se sienten ahora privilegiados?

—Yo no creo que sea privilegio, porque nada más hemos hecho valer nuestros derechos, y lo que se enmarca en tus derechos no es privilegio. No, no nos sentimos privilegiados, sino respetados. Claro que hay personas que han pedido que no se gaste mucho en nosotros, porque de todas formas nos vamos a morir, que se invierta en otras enfermedades. De hecho, se vende el concepto de que las medicinas que nos dan son gratis, pero en realidad no es así, porque no es más que una devolución de todos los impuestos que nos cobran. Es nada más hacer valer el derecho que uno tiene a la salud, a la vida.

—Odir, ¿cómo se lleva la idea de la muerte cuando se es una persona en etapa sida?

Se piensa mucho en ella, y eso algo que al inicio uno no puede manejar. Yo constantemente pensaba que al día siguiente podía amanecer muerto. Tenía mucho miedo. Pero ser VIH positivo me ha enseñado que eso le puede suceder a cualquiera en la calle, cualquier día.


Esta entrevista salió publicada el 30 de noviembre de 2008 en la revista Séptimo Sentido (páginas 6 a 11)

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08Nov, 2008

Entrevista con Fernando Lugo, presidente del Paraguay

Escrito por: robertogasteiz el 08 Nov 2008 - URL Permanente

“La política es sucia”



Por Roberto Valencia



En unos minutos Fernando Lugo me estará diciendo que el oficialismo intentó relacionar su candidatura con las FARC y con Hugo Chávez durante su campaña electoral, pero faltan esos minutos. Aún estoy en el hall del exclusivo Radisson –que hoy más parece un aeropuerto estadounidense que un hotel–, esperando a que al director de comunicaciones baje y me suba a la habitación 235, donde nos espera el presidente de Paraguay. A Rubén Penayo, que es como se llama el comunicador, lo pude contactar hace un mes y medio gracias a un colega del diario paraguayo ABC Color, Walberto Caballero, al que conocí en Colombia el año pasado.

Hoy es miércoles 29 de octubre y dentro de poco más de tres horas arranca en San Salvador la ceremonia de apertura de la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Es la primera para Fernando Lugo, quien asumió la presidencia de la República del Paraguay el 15 de agosto. Ni siquiera ha cumplido sus primeros cien días de mandato.

Su escaso tiempo en el cargo fue precisamente lo que motivó la búsqueda de esta entrevista. Lugo, ex obispo, seguidor de la Teología de la Liberación y devoto acérrimo de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, puso fin en su país a seis décadas de gobierno del Partido Colorado, instituto político que de rojo solo tiene el nombre. En realidad, representa a la derecha más tradicional, al punto de ser miembro de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), a la que también pertenece el partido salvadoreño ARENA.

Entre todos los países latinoamericanos Paraguay es quizá con el que menos relaciones políticas, económicas y sociales ha mantenido El Salvador históricamente. No hay embajada paraguaya en San Salvador ni embajada salvadoreña en Asunción. Y nada indica que esto vaya a cambiar a corto plazo. Pero Lugo es la persona que ha puesto en las urnas fin a 19 años de gobiernos de derecha (lo que hubo antes fue la dictadura del general Stroessner), un escenario muy similar al que todas las encuestas pintan para El Salvador. De ahí el interés.

Iniciada ya la entrevista, sentados frente a una minúscula mesa, lo primero que le pregunto es con qué se encontró al tomar las riendas del Ejecutivo. Sus respuestas dibujan un país –su país– metido en un negro y profundo pozo. “El ciudadano común paraguayo supo leer el deterioro moral e institucional del país. Por eso decidieron cambiar la historia. No es simplemente Fernando Lugo como un candidato de consenso, sino sobre todo la ciudadanía la que se había dado cuenta de antemano de que esa administración de 61 años con un partido hegemónico no daba más de sí.”

­­­­­—¿A qué se refiere?

—A que Paraguay era un país con sus instituciones destrozadas, sin funcionalidad institucional, corrupción galopante, una pobreza creciente… Era un país sin un futuro claro ni visos de mejorar económicamente. Yo creo que todos esos factores ayudaron a que se realizara ese consenso dentro de la Alianza Patriótica para el Cambio y, al llegar al Gobierno, lo hemos encontrado así, tal cual la ciudadanía lo había descrito: instituciones que no funcionan y una falta grave de respuestas eficientes a las grandes demandas sociales largamente postergadas, como la falta de tierras, de salud, de educación, de infraestructuras. Todo esto con el agravante de un deterioro moral en la actitud política de los gobernantes.

Fernando Lugo habla de manera enérgica y rápida, se ve que tiene claro lo que va a decir. Es alto, carga unos poderosos e imprescindibles lentes, reloj en su mano derecha y su barba y cabello están en ordenado desorden, vencidos ya por las canas. El acento es víctima del seseo, me recuerda la forma de hablar de los chilenos aunque salpicada con algunos ramalazos argentinos. Intuyo –los referentes son pocos– que esto debe de ser el acento paraguayo.

—Me interesa conocer cómo fueron los meses previos a las elecciones.

—La campaña fue bastante simple.

—¿Hubo campaña del miedo contra su persona?

—Claro, claro. La campaña nuestra fue sencilla porque partía de la ciudadanía. Nosotros no contábamos con los medios que tenía el oficialismo, tampoco con las instituciones ni con el financiamiento. Fue, como decimos allá, a puro pulmón como llegamos a los ciudadanos, que respondieron generosamente. Sobre la campaña del miedo que mencionas, lo que se dijo en primer lugar fue que mi candidatura iba a ser imputada porque no era legítima. Luego se dijo que con mi candidatura aumentarían los secuestros, que las FARC estarían presentes en Paraguay, que una izquierda desordenada y anárquica se instalaría dentro del país…

—¿Intentaron ligar su nombre con la figura de Hugo Chávez?

—También. Dijeron que el financiamiento venía de Chávez, de Cuba, de Evo, de la izquierda progresista de América Latina, y lo dijeron para desprestigiar la campaña nuestra. Pero nosotros siempre nos mantuvimos, y yo creo que la ciudadanía sabe leer eso, sabe interpretar cuándo hay una campaña de desprestigio, que en mi caso fue también moral, hacia mi persona y hacia el grupo. Dijeron también que no teníamos ningún proyecto pero en fin, creo que la ciudadanía, una vez más, nos dio esa gran lección de participación democrática en las elecciones.

—¿Hubo algo en particular que le doliera más?

—Simplemente descubrí que la política es sucia. La manera de hacer política en Paraguay en muy sucia.

—¿Pensaba que era honesta antes de la campaña?

—No, pero no pensaba que iba a alcanzar tales ribetes. Hablo incluso de amenazas de muerte, de decir que no tenemos la capacidad de gobernar. Fue una campaña bastante sucia, pero que la ciudadanía supo leer, y cuanto peor hablaban de nosotros, más subíamos en las encuestas.

Paraguay es 20 veces más grande, pero en su territorio habitan 6.5 millones de personas, una población ligeramente superior a la de El Salvador. El índice de desarrollo humano que cada año estima el PNUD los ubica parejos, a uno en el puesto 95 –los paraguayos– y al otro, en el 103. Un dato más: son dos de los países latinoamericanos con la presión tributaria más baja. Por todo esto, y por lo está sucediendo acá durante la precampaña electoral, El Salvador y Paraguay se parecen más de lo que suponía en un principio.

—Ahora que es presidente, ¿teme por su vida?

—Temer, no, pero en Paraguay hay empotrada desde hace mucho tiempo una mafia que ha dominado el país, una mafia ligada al narcotráfico, al contrabando, a la ilegalidad, a la piratería. Es un grupo que siempre ha tenido privilegios en el país, y que se benefició durante los largos años de gobierno del Partido Colorado. Ahora se están dando cuenta de que esos privilegios se han terminado; desde el primer momento estamos manteniendo una lucha frontal contra la corrupción y una administración transparente, de cara al pueblo, y eso nos da credibilidad.

—Lleva muy poco tiempo pero, ¿gobernar está siendo más complicado que lo que creía?

—Bueno, complicado por el hecho de que nuestro país no tiene un régimen presidencialista, sino parlamentarista, y no tenemos la mayoría en el Parlamento. La Cámara de Senadores no ha aprobado durante un mes ni una sola ley, se ha abortado todo tipo de reunión, y ahora mismo tenemos en discusión la aprobación del presupuesto para 2009. Todo eso también nos está dificultando para poder progresar en los proyectos que tenemos.

—Usted ha anunciado un gobierno austero. ¿Bastará la austeridad para poder financiar los programas sociales que prometió?

—En Paraguay la presión fiscal es muy baja, no alcanzamos el 12% (el promedio en América Latina es del 18.2%, y en El Salvador, es del 13.4%). Con un 12% de presión fiscal el Estado prácticamente no existe, pero creo que, incluso con los pocos recursos que tenemos, la ciudadanía se está dando cuenta de que hay una administración más honesta, transparente y eficaz. En términos de salud, por ejemplo, hemos aprobado ya la atención gratuita para todos, lo que representa un paso muy significativo.

—¿Se viene una reforma fiscal?

—Sí, tiene que haber una adecuación fiscal en Paraguay, y tiene que comenzar en 2009. El nuestro es uno de los pocos países que no tiene un tributo a la renta personal. De todos modos, la recaudación ha subido desde que llegamos al Ejecutivo, y eso marca que hay confianza en la administración, y nos da la garantía de que la ciudadanía, cuando sabe en qué se emplearán sus tributos, contribuye de buena gana.

—Lleva menos de tres meses, pero en Paraguay surgieron ya voces de que su gobierno está siendo muy lento para poner en marcha lo prometido.

—Sí, está siendo lento. Como le decía, el nuestro no es un régimen presidencialista y todos los proyectos pasan por el Parlamento. Y también está el tema del poder judicial, que no funciona. Somos tres poderes, y no podemos inmiscuirnos en los otros dos. La ciudadanía espera mucho de nosotros, del Ejecutivo, pero yo creo que también hay que tener en cuenta todo lo que le corresponde hacer al poder judicial, que tiene grandes lagunas en la administración de la justicia, y creo que eso cuenta a la hora de hacer una evaluación de la marcha de este gobierno. Lo mismo ocurre con el Parlamento, no tener la mayoría en el Congreso pone cuesta arriba nuestra administración.

—¿Cómo se explica a un sintierra que el “obispo de los pobres” tampoco permitirá la usurpación de latifundios?

—Nosotros hemos conversado con todas las organizaciones campesinas, y ellos están conscientes. Es más, tienen bastante claro que sin una reforma constitucional, la reforma agraria va a ser muy difícil. Y si es necesaria una reforma constitucional, están dispuestos entonces a promocionar, a provocar que la reforma se realice y facilitar la reforma agraria integral. Se están dando pasos, quizá más lentamente de lo que se hubiera deseado, pero estamos trabajando con las organizaciones campesinas para presentar un proyecto común. Por primera vez nos hemos sentado los terratenientes, los técnicos, gente del Gobierno y representantes de los sintierra para diseñar juntos la reforma agraria, y que esta se haga sin traumas, sin confrontaciones. Lastimosamente, en Paraguay tampoco tenemos un catastro oficial de propiedades, lo que dificulta muchísimo. Ya estamos trabajando en ello, para así tener un panorama más claro de las tierras disponibles.

El país que no tenía “un futuro claro ni visos de mejorar económicamente” lo preside Fernando Lugo desde el 15 de agosto, y ahora necesita fondos. La reforma fiscal es el camino largo, pero hay un atajo, al menos así se vendió durante la campaña electoral.

Sobre la frontera entre Paraguay y Brasil se inauguró en 1982 la represa de Itaipú, la más productiva del mundo entero. Tiene capacidad para generar 14,000 MW, 12 veces el consumo de El Salvador. Según el tratado para su explotación suscrito entre ambos países, la producción se reparte al 50%, pero los brasileños lograron una cláusula que claramente les beneficia. Consiste en que el socio que no consuma su parte –como le ocurre a Paraguay, que apenas gasta el 5%– está obligado a vender el excedente al otro, pero a precio de producción. Así, las ganancias económicas que deja a los paraguayos la represa son casi nulas, algo que Lugo pretende renegociar con su homólogo Luis Inácio “Lula” Da Silva.

La reforma agraria, en un país de latifundistas y sintierras, fue otra de las promesas de campaña. Para ejecutarla, se necesita una reforma constitucional que Lugo no puede impulsar con la actual correlación de fuerzas en el Parlamento. Tras su llegada al poder ha habido tomas de tierras, que han sido frenadas con agresividad por la policía, lo que le ha valido a Lugo fuertes críticas de distintos grupúsculos de extrema izquierda. En Internet es fácil hallar textos que definen al ex obispo como “la gran estafa de la izquierda” o el “burdo imitador del obispo de los pobres”, en alusión a Monseñor Romero.

Y es que Lugo llegó al Gobierno sin un instituto político propio que lo respalde. Su candidatura la impulsó una coalición de partidos llamada Alianza Patriótica por el Cambio (APC), en la que el único punto donde todos coincidían era en la necesidad de poner fin a los gobiernos del Partido Colorado. Quizá por ello, en los cinco días comprendidos entre el 27 y 31 de octubre, el presidente paraguayo se reunió en privado con George W. Bush, presidente de Estados Unidos; fue el único mandatario que recibió a los representantes de la contracumbre realizada, se entrevistó con el rey de España, y leyó el evangelio desde el mismo púlpito en el que asesinaron a Óscar Arnulfo Romero. Sin duda, son muchos y variados los intereses que tiene que satisfacer.

—En la alianza hay partidos de centro-derecha, hay democristianos y hay hasta siglas que defienden el marxismo-leninismo. ¿Es difícil satisfacer una coalición tan heterogénea?

—Cuando las ambiciones son grandes, sí es muy difícil.

—¿Y están siendo grandes?

—Algunos partidos, sí, y no se puede dar gusto a todos. Yo creo que estamos tratando de buscar el justo equilibrio de las fuerzas que componen la alianza, dando también una participación equitativa en el Gobierno, en los ministerios, en los entes descentralizados… Creo que hasta ahora ha sido bastante ecuánime la distribución del poder, teniendo en cuenta que el equipo debe mirar en la misma dirección, algo que a veces resulta difícil con puntos de vista tan diferentes. De todos modos, y a pesar de las dificultades, en este tiempo se ha logrado caminar hacia programas y proyectos que responden a lo prometido en la campaña.

—Sé que no suelen gustar las etiquetas, pero ¿cómo define su gobierno? ¿De centro, de centro-izquierda, de izquierda?

—Es una democracia participativa que busca consensos en amplios sectores, sin ruptura y sin confrontaciones estériles. Podríamos decir que es un gobierno progresista porque no escatimamos ningún tema, sino que lo afrontamos de frente a la ciudadanía, y buscando soluciones creativas a problemas que se dejaron de lado por mucho tiempo.

—Pero de las tres opciones que le mencioné…

—No sé, algunos nos dicen que somos de derecha, y otros, que somos de izquierda. Yo creo que somos un gobierno democrático, pluralista y equilibrado que busca responder eficientemente a las grandes demandas sociales y económicas postergadas.

Tras la repregunta, resultó obvio que no saldría de su boca la palabra izquierda para etiquetar a su gobierno. Sin duda, son muchos y variados los intereses que tiene que satisfacer.

—Usted es una persona de convicciones católicas. ¿Corren peligro los sistemas públicos de planificación familiar que suministran anticonceptivos?

—Hay una ley en el Congreso sobre educación sexual, aunque hasta ahora no ha pasado. El tema se analiza en todos los estamentos y todos los sectores. También en el Parlamento hay una presencia significativa de cristianos, de una mentalidad ética fortalecida, y eso hace que hasta ahora no hayamos tenido dificultades con leyes que puedan reñir con la moral católica.

—¿Y temas como el aborto?

—La despenalización del aborto es una ley que está en los anaqueles del Congreso, y sí, podría ser uno de los temas que cree polémica dentro del país.

—Porque usted no impulsará ese tipo de…

—No, absolutamente no.

La vida de Fernando Lugo está ligada a la Iglesia católica. Nació el 30 de mayo de 1951 en un pueblito sureño llamado San Solano, en el seno de lo que él define como “una familia humilde, agricultora… y ¡colorada!”. Como la humildad es muy subjetiva, le pedí algo más explícito. “Nací en el campo, pero cuando era niño nos fuimos a Encarnación, la segunda ciudad de Paraguay, para que mis hermanos mayores pudieran seguir estudiando. Y sí, en Encarnación teníamos luz, agua, es una ciudad con empedrados, escuelas, colegios, universidades”.

Tuvo educación y tuvo un rápido ascenso en la jerarquía eclesiástica. En 1977 fue ordenado sacerdote, y pronto simpatizó con la Teología de la Liberación, movimiento que entre sus estandartes más visibles tiene al salvadoreño Jon Sobrino. Se fue de misionero, siguió estudiando en Italia, y en 1994 –con apenas 43 años– lo nombraron obispo de San Pedro, una paupérrima diócesis paraguaya a la que Lugo le encuentra paralelismos con El Salvador: “Yo este país no lo puedo olvidar porque mi diócesis tenía las mismas dimensiones, era poquito más de 20,000 kilómetros cuadrados, y cuando recorría San Pedro, me parecía que estaba recorriendo El Salvador”.

En 2005 Juan Pablo II lo apartó de la diócesis de San Pedro, y en enero 2007 Benedicto XVI lo suspendió. En julio de este año, ya como presidente electo, la Iglesia católica aceptó romper su relación con Lugo mediante un proceso amistoso, sin excomunión de por medio.

Pero conviene retroceder a su etapa como misionero, que la realizó en Ecuador a finales de la década de lso 70 e inicios de los 80.

—¿Por qué Ecuador?

—Quizá por la necesidad. Cuando me recibí de sacerdote en la Congregación del Verbo Divino, teníamos la posibilidad de elegir tres países. Yo elegí Brasil, Chile y Paraguay, pero había más necesidad en Ecuador. Entonces, fue la necesidad la que me llevó.

Fue durante su estancia en Ecuador cuando se enteró de la muerte de un obispo salvadoreño llamado Óscar Arnulfo Romero, un asesinato que cambió su vida.

—¿Dónde estaba usted cuando ocurrió el asesinato?

—Nosotros estábamos en un curso en Quito, con el padre José Marins, y nos cayó de sorpresa la muerte de Monseñor Romero. Suspendimos el curso para hacer una serena reflexión sobre la vida de este pastor del pueblo salvadoreño: su trayectoria, su coherencia, su compromiso con los más pobres… Sin duda, y también por la situación que vivía en ese momento El Salvador, creo que fue casi la suerte del profeta.

—Tengo entendido que en Paraguay se creó un movimiento de apoyo Monseñor Romero.

—Lo creamos nosotros. Se llama Gramor, Grupo para la Reflexión y la Acción Monseñor Romero. Era un grupo de seminaristas muy inquietos, que allá por 1987, cuando yo volvía recién de Roma de hacer mi tesis sobre la cuarta carta pastoral de Monseñor Romero, tuvimos seminarios sobre la Teología de la Liberación, y entonces ellos me pidieron formar un grupo de acción y de reflexión. La gran mayoría de esos seminaristas son ahora sacerdotes, y yo simplemente acompañé con la reflexión y con la acción a estos muchachos en la década de los ochenta.

—En la misma semana usted ha estrechado la mano de George Bush en Washington y orará ante el mausoleo de Monseñor Romero…

—Claro, pero creo que Paraguay en este momento está tomando una nueva postura en su política internacional. Para nosotros no es nada especial entrevistarnos con Bush, porque tenemos relaciones históricas con Estados Unidos, pero también decidimos el 15 de agosto que con todos los países, pequeños o grandes, hay temas innegociables, como la soberanía, la libertad y la independencia de nuestro pueblo. Yo creo que estos grandes ejes enmarcan nuestra política internacional, y nos sentimos con la libertad de profundizar relaciones con quienes queramos, y de abrir nuevos caminos de relaciones para nuestro país. Por eso, a cualquier lugar al que vamos dejo bien claro cuál es el nuevo proceso paraguayo, un proceso de democracia participativa, de respuesta eficaz a las grandes demandas sociales y económicas del país. Y Paraguay también cuenta con la solidaridad internacional, pero con esa solidaridad que no implica cadenas ni ataduras.

—¿Y lo de Monseñor Romero pertenece más a un ámbito personal?

—Lo de Romero, sí, es más en un ámbito personal. Yo le tengo un gran afecto, un gran cariño, un gran aprecio, respeto…

—¿Usted lo conoció?

—Personalmente no, lastimosamente no nos conocimos. Cuando lo asesinaron yo estaba en mis primeros años como misionero, pero después quedé muy interesado en escuchar y leer todas sus homilías, sus cartas pastorales. Eso realmente motivó que yo escribiera mi tesis en Roma, en la Universidad Pontificia Gregoriana, sobre su cuarta carta pastoral, que es la que acentúa el acompañamiento a los grandes movimientos populares, sociales. Monseñor Romero me inspiró muchísimo mi acción como obispo de San Pedro.

Al día siguiente de esta entrevista, el jueves, Lugo Fernando pronunciará ante los mandatarios iberoamericanos un mañanero y aburrido discurso, se reunirá luego en privado con las máximas autoridades de Brasil y España, y posará más tarde para la fotografía oficial en una cumbre iberoamericana.

Dos días después de esta entrevista, el viernes, cambiará la solemnidad y el formalismo por una misa en la espartana capilla del Hospital de la Divina Providencia. Allí recorrerá los 27 pasos que separan la entrada del altar, lo sentarán junto a sacerdotes, pastores y reverendos, a apenas tres metros de unas letras doradas que dicen EN ESTE ALTAR MONS. OSCAR A. ROMERO OFRENDÓ SU VIDA A DIOS POR SU PUEBLO. Se le acercarán docenas, le darán regalos, consejos, afiches con la imagen del mártir, lo filmarán y le tomarán fotografías y más fotografías, leerá el santo evangelio, ese en el que Jesús pregunta a los fariseos si sacarían un burro que se les cayera al pozo un día sábado, y hasta recibirá por escrito las exigencias de un par de jóvenes que se arrogarán hablar en nombre de la juventud iberoamericana.

Transcurrida una hora, tomará de nuevo el micrófono y hablará por más de un cuarto de hora.

Apenas dirá buenas tardes, muy buenas tardes, y lo ovacionarán. Dirá que el martirio de Romero fue por su amor a los más humildes, dirá que aún vive, dirá que Álvaro Colom es flaco como un franciscano, dirá que había estado años atrás en la Divina Providencia, dirá que no podía irse de San Salvador sin asistir a la capilla, dirá que no hay cosa más grande que acompañar a la gente simplemente estando con ellos, dirá que El Salvador es un pueblo sufrido y aguantador, pero que con su testimonio silencioso dijo mucho, dirá gracias, dirá que Monseñor Romero está ahora junto a sus amigos de la Teología de la Liberación, reflexionando y comiendo pupusas, dirá que el asesinado traspasó fronteras y hoy es obispo de Paraguay, de África, de Asia, y dirá: “Hoy, más que nunca, no podrán acallarnos las voces”.

A las 3:23 de la tarde se irá raudo a catedral metropolitana, a arrodillarse frente a la cripta, y de ahí, hacia el aeropuerto.

Cinco días después de esta entrevista, el lunes 3 de noviembre, escribiré a Walberto Caballero, el periodista paraguayo que me ayudó a gestionar el encuentro con Lugo, para preguntarle por qué algunos grupos de izquierda se han desencantado tan deprisa, si acaso está incumpliendo lo prometido.

Esta fue su respuesta: “Acá todo es nubarrón aún. Resulta que los de izquierda querían todo para ellos, pero como hay también de centro-izquierda, centro-centro y algunos de centro-derecha, la cosa se pone tediosa hasta para el propio Lugo. Nosotros también estamos esperando una estabilización, que creo que se dará
en unos meses. Tiene su proceso haber derrocado a un gobierno de derecha con un equipo de más de 14 organizaciones de diferentes aristas, pero comprenderás que esto es un gallinero ahora mismo. Veremos cómo termina. Saludos.”



Esta entrevista apareció publicada el 9 de noviembre en la revista Séptimo Sentido. Véala pulsando aquí (páginas 6 a 11).

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31Oct, 2008

Rafael Correa visita el mausoleo de Monseñor Romero

Escrito por: robertogasteiz el 31 Oct 2008 - URL Permanente

Por Roberto Valencia


Magaly López, María Espinoza y un tal Rafael Correa se vieron ayer (30 de octubre) en la entrada oriental de catedral metropolitana, en San Salvador. Los juntó el azar y Monseñor Romero. El fugaz encuentro ocurrió al filo de la 4 de la tarde, en un espacio poco más grande que el que hay dentro de un ascensor. Después, cada quien siguió con lo suyo.

Magaly López tiene 10 años. Nada sabe de cumbres de juventud ni cosas de esas. Trabaja. Junto a su hermana Fátima llega a diario a catedral desde la residencial Altavista, en Ilopango. Venden –intentan vender– unas calcomanías con motivos religiosos, dos sobres por el dólar. Para aprovechar el tirón Romero, su madre las deja en las entradas a la cripta. Magaly no pudo endosarle ninguna al señor de impecable saco que se le acercó, le acarició la cabeza y le sonrió.

—¿Y sabes quién es él? –le pregunté después.

—No.

María Espinoza llega a catedral cada día desde hace cinco años desde El Rosario, cerca del aeropuerto. Se sienta en la entrada oriental de 2 de la tarde a 5 y media. Monseñor Romero, dice, genera movimiento. Ayer estaba en su banquito de plástico con su huacalón lleno de elotes, tamales y atol cuando un tal Rafael Correa se bajó de un potente carro granate. Vio frente a sus narices cómo saludaba a la niña.

—¿Y usted sabe quién vendrá hoy? –le había preguntado media hora antes.

—No.

Rafael Correa, presidente de la República del Ecuador, se ausentó de la XVIII Cumbre Iberoamericana, de la colonia San Benito, para ir al centro de San Salvador, a catedral metropolitana. Su deseo era conocer el mausoleo bajo el que se encuentran los restos de Monseñor Romero. Bajó de su potente Toyota Prado granate y, con la connivencia de su equipo de seguridad, saludó a una niña llamada Magali frente a una vendedora de elotes llamada María. Seguramente el encuentro no se repita nunca.

Después entró en la cripta, raudo. Dejó a los periodistas que lo acechaban sin las ansiadas declaraciones. También había curiosos. A la salida, y entre empujones, alcanzó a decir que Monseñor Romero es un ejemplo de vida para los latinoamericanos, que quisiera que la Iglesia siguiera más su ejemplo. Lo dijo con la voz casi apagada por gritos de viva Rafael, de vivan los gobiernos de izquierda, de Correa, Correa.

Todo ocurrió en apenas 12 minutos. Después, el tal Rafael Correa regresó a la cumbre a proponer una nueva arquitectura financiera regional. Magaly se quedó vendiendo calcomanías a dos por el dólar; y María, vendiendo “atolyelotes, tamales” a $0.25, $030 y $.035.

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26Oct, 2008

Las mejores fotografías de... Nubia Rivas

Escrito por: robertogasteiz el 26 Oct 2008 - URL Permanente



Le costó que publicaran su primera fotografía con el crédito que indica la autoría. Corría el año 2000, eran otros tiempos. Para Fernando Golscher, entonces editor de Fotografía de La Prensa Gráfica, un fotoperiodista en prácticas debía ganarse el derecho de que sus imágenes llevaran firma. Como casi todos, Nubia Rivas debió esperar semanas antes de ver su nombre publicado, y lo consiguió con una simpática fotografía en la que un hombre pasa comiendo un guineo frente a un cartel en el que un gorila parece mirarlo.

Desde aquello ha pasado mucho tiempo. Nubia Beatriz Rivas Alvarenga calza hoy 28 años, sigue soltera, sin hijos pero con novio, y es la responsable del estudio fotográfico del mismo diario en el que debutó y en el que ha desarrollado toda su carrera profesional, exceptuando un año que laboró para el periódico Más!

Su aterrizaje en el mundo del fotoperiodismo no estaba planificado desde el bachillerato. Como le ocurrió a muchos de sus colegas, comenzó a cursar la carrera de Comunicaciones con la idea de ser periodista. Cambiar la grabadora por una cámara fue algo que se improvisó en el camino. Tampoco fue premeditado que la mayor parte de su carrera se haya desarrollado en la sección de Sucesos. Su cámara ha registrado infinidad de homicidios en el país con la mayor tasa de asesinatos de América Latina. No faltan los accidentes y los choques violentos. “A mí me gustan las fotos crudas”, dice.

Además, a Rivas le tocó desempeñarse en Sucesos a partir de 2005 bajo las estrictas reglas del periódico en lo referente a no mostrar cadáveres, algo que desarrolló su ingenio. Eso sí, una foto a la que tiene especial cariño nunca ha salido publicada precisamente por atentar contra el manual de tratamiento de la violencia. Se trata de los dos hermanos que murieron abrazados en la masacre del Plan de La Laguna, ocurrida en junio de 2006. Ella la tiene colgada en una pared de su casa.

Mención aparte merece el hecho de que sea mujer. Es la primera que aparece en la sección Las mejores fotografías de…, pero ella misma se encarga de minimizar esa condición.

--¿Alguna dificultad por ser mujer?

--No. Yo creo que la ventaja aquí fue que Fernando (Golscher) no hacía diferencias y que, a pesar de que yo era mujer y chiquita, me trataba igual que a todos los demás.

--¿Y fuera, con las fuentes?

--No he sentido discriminación; al contrario, hay personas que me echan la mano.

Dicho esto, aclara que ser fotoperiodista no es, por la dedicación que exige, una profesión sencilla: “No me arrepiento, a mí me gusta el ajetreo, pero esto es pesado, y yo preferiría que mis hijos fueran ingenieros, arquitectos, abogados…”.

Entre las imágenes que le gustaría tomar está una sesión de estudio a su escritor favorito, Paolo Coelho; un loco martes de Carnaval en Río de Janeiro; y un reportaje gráfico de corte naturista sobre las islas de la Patagonia argentina, entre pingüinos, ballenas y leones marinos.



Vea una selección de sus fotografías pulsando aquí (páginas 22 a 27 de la revista Séptimo Sentido)

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20Sep, 2008

Las mejores fotografías de... Milton Flores

Escrito por: robertogasteiz el 20 Sep 2008 - URL Permanente


Con la vocación intacta

Su caso no es muy habitual. Supera los 15 años como fotoperiodista, y Milton sigue al pie del cañón, alejado de los despachos y de los estudios, presto y dispuesto a tomar la imagen del día.


Por Roberto Valencia

Concluirá la plática con una extraña mezcla de reflexiones y consejos: “Es una profesión muy sacrificada, no muchos están para esto, y por eso admiro a las mujeres que están; pero los nuevos que le pongan ganas, porque con dedicación es posible hacerse un nombre”. Tiene 37 años, pero él se lo ganó hace tiempo. Es Milton Flores, uno de los fotoperiodistas más prolíficos del país, que en esta edición presenta algunas de las imágenes más representativas de sus más de 15 años entregados al fotoperiodismo.

Recuerda a la perfección cuál fue su primera fotografía publicada en un periódico, una tomada en el cerro Guazapa poco después de ser desocupado por la insurgencia. Corría 1992. Acababa la Guerra Civil, y empezaba su carrera. No tardó en llegar su primera portada, unos ciegos sembrando un árbol. Desde aquellos inocentes cuadros hasta hoy hay millones de imágenes en medio, para El Diario de Hoy en su primera etapa como profesional, y para LA PRENSA GRÁFICA durante la última década.

Y es que si algo caracteriza a Milton Flores es que sigue siendo un fotoperiodista de calle, alguien que cada día casi sin excepción sale en busca del cuadro que le permita competir por la portada. Los inseparables lentes negros que singularizan su rostro son fáciles de identificar en los noticieros, cámara en mano, dispuesto a cumplir su asignación del día.

En su carrera ha tenido la oportunidad de encuadrar a personajes como Juan Pablo II, Fidel Castro o Zinedine Zidane; lugares como la Torre Eiffel, la ignota isla de Anguila o el Cristo del cerro Corcovado; y eventos como el accidente de Aviateca, el 5-J frente a la Universidad de El Salvador o la extradición de Carlos Perla. Sin embargo, cuando se le pregunta por la fotografía de la que guarda especial cariño, opta por algo más mundano: “Una que me marcó muchísimo fue una que tomé durante la huelga del Seguro Social. Un día que había una gran marcha blanca, yo fui a ver qué pasaba dentro de los hospitales, que estaban vacíos, y allí me encontré unas palomitas de Castilla comiéndose la comida que era para los enfermos”.

Una selección de imágenes suyas enriquecida con fotografías de otros colegas salpica las paredes de su casa. Su trabajo metiéndose en la intimidad del hogar que ha creado junto a Karla, su esposa, y Valeria, Carlos y Sebastián, sus tres hijos. De Carlos dice que, a sus 10 años, ya anda con su celular tomando fotos, siguiendo pasos.

Pero algo tiene claro. Ninguna de las que cuelgan en su casa es, y lo dice convencido, la foto que lo definirá, que lo inmortalizará. “No, todavía no he tomado la foto de mi vida, esa es la lucha de todos los días, porque yo creo que hasta que una foto no tiene el reconocimiento mundial, un fotógrafo no puede decir que ha tomado la foto de su vida.”

Para finalizar, una confesión. Para Milton, que cada día retrata con su cámara rostros y gestos, no resulta plato de buen gusto ser fotografiado. Ironías de la profesión.

Vea una selección de sus fotografías pulsando aquí (páginas 14 a 18)

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17Ago, 2008

Carlos De los Cobos, seleccionador de El Salvador

Escrito por: robertogasteiz el 17 Ago 2008 - URL Permanente

“Todos tenemos derecho a ilusionarnos”


Por Roberto Valencia



Carlos De los Cobos ya sabe lo que es disputar un mundial de fútbol. Como jugador, y junto a figuras como Hugo Sánchez, “el Vasco” Aguirre y Negrete, formó parte de una de las selecciones mexicanas más recordadas por su afición: la que disputó el campeonato de 1986. En esa cita, solo la maquinaria Alemania capitaneada por de Karl Rummenigge y los penales impidieron a México colarse en las semifinales, algo que nunca ha logrado el país azteca.

Dos décadas después, el mismo De los Cobos se encuentra inmerso en una empresa que, en un plano puramente teórico, podría terminar también en un mundial, el de Sudáfrica 2010. El mexicano lleva ya dos años al frente de la selecta y es la persona que mejor conoce lo que tiene entre manos, pero sus respuestas oscilan entre un esquivo “no me gusta vender una idea que pueda generar una desilusión muy grande en la afición” y un esperanzador “todos los equipos tenemos las mismas posibilidades de ir”. Calculada ambigüedad, lo más sensato cuando se pretende mantener encendida la llama que parece haber renacido en la afición, pero cuando se tiene enfrente una realidad estadística que, hoy por hoy, indica que hay 119 países mejores que El Salvador en el rankig de la FIFA. Entre ellos, Costa Rica y Surinam, dos de los rivales en el cuadrangular que inicia el próximo miércoles.

El técnico responsable de lo que ocurra en los próximos seis encuentros cumplirá 50 años bien llevados el próximo 10 de diciembre. Es una persona a la que le gusta mirar fijamente a los ojos de su interlocutor, de trato amable, elocuente en sus gestos y que se maneja como pez en el agua frente a una cámara o una grabadora. De su cuello cuelga una cadena con cuatro significativas medallas: una es de cuando hizo la primera comunión, y las otras tres son las que representan la unión con su esposa Mayte (43 años) y con sus hijos Rafael (25) y Paulina (24). Los tres viven en Monterrey, y esa lejanía y los largos períodos que pasa sin verlos son, asegura, los que le impiden sentirse totalmente realizado en El Salvador.

En el aspecto futbolístico al que tanta importancia da –“El fútbol es mi vida”– no tiene mayores quejas del país. Y si las tiene, no las airea, fiel a su estilo concertador y dialogante. Así es Carlos De los Cobos, un mexicano al que, en contra de los tópicos, la aplastante mayoría de los salvadoreños quiere ver triunfar.

Lleva ya tres años en el país. Al margen de lo futbolístico, ¿cómo le va en El Salvador?
Bien, muy bien. Considero que hay mucha similitud entre los dos países en cuanto a la idiosincrasia, en cuanto a la naturaleza de las personas… Entre el salvadoreño y el mexicano hay muchas cosas comunes. Son culturas muy parecidas.

¿Y se lleva bien eso de vivir lejos de esposa e hijos?
Difícil. Para mí el estar lejos de mi familia ha sido el elemento negativo de este reto. Me atrevería a decir que es el único elemento negativo, pero es mi trabajo, y ya tengo muchos años en esta dinámica. Alguien como yo, que soy muy apegado a mi esposa y a mis hijos, no se acostumbra nunca, y lógicamente ese ha sido el elemento de discordancia; por lo demás, todo ha sido muy positivo, incluso he hecho muy buenas amistades en El Salvador.

¿Echa en falta algo de Monterrey?
Independientemente del aspecto familiar, que es lo que más extraño, no me falta nada. Dicen que la felicidad nunca es completa, y creo que es ese elemento familiar el que no me ha permitido sentirme totalmente cómodo. Por lo demás, vivo en una zona muy tranquila…

¿Sorprendido por los niveles de violencia?
Violencia hay en todos los países. Acá lo que sucede es que es un país pequeño, todo se conoce más fácil, y los hechos violentos son más notorios, pero yo no puedo hablar de que acá haya visto más cuando, lamentablemente, en mi país existe muchísima violencia, muchísima delincuencia. No creo que haya diferencias entre los dos países en ese aspecto, e incluso pienso que aquí, en muchos sentidos, es menor.

¿Cada cuánto regresa a México?
Cada vez que hay una oportunidad, pero no con mucha frecuencia y, cuando viajo, lo hago por unos pocos días. La última vez que estuve fue hace más de mes y medio.

Mucho tiempo sin la familia.
Sí, me he pasado hasta tres meses sin estar con ellos. A veces es mi esposa la que se traslada a El Salvador, y mi hija también ha venido a visitarme, todo para poder estar más en contacto directo.

¿En qué trabaja cuando la selecta no está concentrada?
De entrada, como lo he dicho siempre, mi trabajo no solo tiene que ver con los momentos que yo estoy con los muchachos. El trabajo es mucho más amplio. Por ejemplo, uno de los aspectos fundamentales es poder ver el fútbol del país, es decir, estar presente en los estadios para que de forma directa y personal yo pueda dar seguimiento al rendimiento de alguno de los muchachos en su respectivo equipo. Esto quiere decir que yo sábado y domingo estoy presente en algún estadio. Veo, cuando menos, dos partidos a la semana, y lo hago también para que los jugadores sepan que el técnico de la selección está interesado y está pendiente de su trabajo en los equipos. Por otro lado, tengo frecuentes reuniones con el presidente de la federación (Rodrigo Calvo) y también con mis colaboradores, para definir y afinar los planes de trabajo, para tener siempre ordenado cuál va a ser, por ejemplo, nuestro calendario de entrenamientos o para ver videos o para conseguir información de rivales. Hay todo un trabajo además de los momentos que uno pasa con los muchachos.

¿Cómo ha logrado encajar su carácter concertador en un país donde el fútbol está tan crispado?
Cuando empecé a trabajar con la selección me di cuenta de los problemas que con frecuencia surgían en el seno de la federación, en especial con los equipos de fútbol.

¿En México hay situaciones parecidas?
No al grado que he visto aquí. En cualquier federación del mundo hay diferencias, pero cuando hay una discusión se llega a soluciones. En México también la federación tiene sus problemas, pero normalmente se solucionan, porque hay un conocimiento claro de parte de los dirigentes de los equipos de la necesidad de apoyar a la selección nacional.

¿Allá transcienden tanto esas diferencias?
No, no tanto. Hay problemas que se solucionan en el interior de la federación, y otros que se hacen públicos. Pero lo que pasa aquí es que desde un principio yo dije que venía a trabajar, no a generar problemas ni a meterme en la dinámica que me encontré. Yo he tenido que adaptarme, que no acomodarme, entender dónde estoy parado y comprender que la única manera de lograr un avance en mi trabajo es intentando convencer con ese mismo trabajo, es decir, que la gente se dé cuenta de que podemos generar algo positivo para la selección nacional

Hablemos un poco de la afición salvadoreña. Usted la conoció primero como rival…
Sí, me imagino que como jugador vine en alguna ocasión, pero las visitas que más recuerdo son una para la eliminatoria del Mundial de Francia, cuando yo formaba parte del cuerpo técnico de la selección de México como auxiliar del señor Bora Milutinovic; y otra en 2002, cuando dirigí a la selección de mi país que participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

¿Y qué opinión tenía del comportamiento?
Entre México y El Salvador siempre ha habido una rivalidad importante, y se sentía esa actitud de rivalidad, esa presión…

¿Intimidatoria?
Pues como son las aficiones normalmente. Hoy nos toca jugar en Costa Rica, y seguramente va a ser así su comportamiento, porque allí es fuerte; la afición de Costa Rica presiona mucha.

¿Qué papel cree que tendrá la afición en la próxima fase de clasificación?
El Estadio Cuscatlán es uno de los más grandes de la región. Yo siento que, mirando lo que ocurrió contra Panamá, aquel día cada uno hizo su trabajo: los muchachos en la cancha, yo en lo mío como orientador y la afición hizo lo suyo en las tribunas, dando siempre el impulso necesario a los jugadores.

Lo que ocurrió contra Panamá, ¿qué fue, un milagro?
Esas son situaciones muy emotivas dentro del fútbol. Se viven con mucha emoción, sobre todo porque el gol que dio la clasificación se logró al final, y por el papel de la gente, que fue muy importante. Tú me preguntabas por la influencia que puede tener la afición en el cuadrangular, y contra Panamá ya se vio que puede ser muy importante.

¿Qué hizo cuando se marcó ese tercer gol? ¿Cómo lo celebró?
Fue una gran alegría, pero yo casi nunca celebro nuestros goles, sino que espero a que se gane el partido. Aparte, eso de celebrar tiene mucho que ver con las personas; hay técnicos que son muy efusivos cuando su equipo hace un gol, pero yo no expreso ese sentimiento, sobre todo porque sé que el fútbol es caprichoso y muchas veces las expresiones de euforia muy muy muy notables hacen perder la concentración

Ese gane se celebró como gran hazaña cuando apenas fue para clasificar al cuadrangular.

El triunfo generó una gran alegría porque, sinceramente, mucha gente nunca pensó que pudiésemos eliminar a Panamá. Incluso gente dentro del fútbol opinó que ahí iba a terminar la carrera de El Salvador, y la alegría se dio tanto por la entidad del rival como por la manera como se ganó, porque fue merecido el pase. No fue cuestión de suerte o de azar, sino que los muchachos ganaron porque fueron mejores en la cancha que el rival.

¿Está este país ávido de satisfacciones?
Mucho, mucho, mucho. De satisfacciones deportivas de todo tipo, pero más hablando de fútbol, porque El Salvador, igual que México, es un país netamente futbolero. Entonces, la gente está, como dices, ávida de poder sentirse ganadora, de disfrutar de momentos placenteros como el vivido contra Panamá, porque el fútbol es de las pocas cosas que a lo mejor puede generar alegría, y por eso se disfrutó tanto.

En Sol general, en el famoso Vietnam, el fútbol se disfruta de una manera peculiar. ¿Ve lo que allí ocurre?
No, la verdad es que uno pasa el partido muy concentrado en la cancha, y no me doy cuenta de lo que sucede en las tribunas. Sé que la gente está muy emocionada, viviendo el partido de distintas maneras, pero no tengo conocimiento real de lo que sucede al interior.

Hay campos en Europa en los que se juega sin vallas que separen a la afición de la grama. ¿Cómo está México en ese sentido?
No, aún no se ha dado ese paso. Ojalá algún día se pueda jugar con la gente esté sentada a la orilla del terreno de juego, sin temor a que se vaya a invadir la cancha, pero México todavía no ha dado ese paso.

Se lo pregunto porque acá la presión con frecuencia se convierte en lanzamiento de objetos, insultos racistas, peleas…
Eso ocurre en casi todos los lados. En algunos campos de Europa no, porque la gente probablemente ha sido educada para respetar más, pero acá, en los países latinoamericanos, sucede a veces que la inconformidad de la afición se transforma en eventos desagradables.

Ir a Vietnam con una camisola que no sea azul es exponerse a ser agredido, y entre los aficionados se tiran bolsas llenas de orina durante el partido.
No me digas, pues no sabía, no sabía nada.

¿Los partidos en casa serán la clave en el cuadrangular?
Bueno, yo siento que la clave para clasificar es poder robar puntos a algún rival de visita y, lógicamente, garantizar nuestros resultados acá, pero eso no es tan fácil, y por eso creo que los equipos deben saber jugar también de visita, debemos aspirar a sumar también fuera de casa.

En el grupo Surinam parece ser la Cenicienta, pero nos lleva 36 puestos en el rankig de la FIFA.
Sí, algo está sucediendo con ese país, sobre todo por el material humano que tiene. Los antecedentes nos dicen que es un país que ha generado grandes figuras a nivel mundial…

Jugadores surinamenses como Kluivert o Seedorf han militado en grandísimos clubes.
Sí, pero los jugadores que se van a Europa ya no pueden jugar con la selección nacional. Lo que eso quiere decir es que el material humano existe y, cuando hay calidad en ese sentido, con tener un técnico que dirija bien y explote esas virtudes, se convierte una selección sumamente complicada.

Para usted no es la Cenicienta entonces…
Yo quiero serte franco. Las expectativas hacia nuestra selección han ido en aumento, y hoy la gente espera mucho más, algo que es natural. Platico con los muchachos con frecuencia que el compromiso hoy es mayor que ayer, porque hoy se ha visto un crecimiento notable en el juego, y la gente ya está pensando en el hexagonal antes de haber comenzado siquiera el cuadrangular. Esto está sucediendo…

Habrá ya analizado los rivales.
Sí, por eso digo que va a ser muy difícil la clasificación. Ahí están Costa Rica y Surinam, y Haití, un equipo fuerte con el que jugamos dos veces este año, y trajimos buenos resultados.

Quedan vivos 12 equipos de la CONCACAF, y el rankig de la FIFA ubica a 10 por encima de nosotros.
Sí, pero hace unos meses estábamos en el lugar 20 de los 35 países que conforman la CONCACAF, por eso este año nos hicieron jugar esa ronda contra Anguila, y nos tocó contra Panamá, la serie más complicada de la segunda ronda. Ahora estamos en una mejor posición, pero en el fútbol todo es relativo.

Ir al Mundial supondría dejar fuera a Estados Unidos, México, Honduras o Costa Rica. ¿Es realista pensar que es posible?
¿Es realista pensar que podemos ir al Mundial? Bueno, es realista si lo analizamos desde el punto de vista frío en el que todos aparentemente tenemos las mismas posibilidades, porque todos vamos a competir por lo mismo.

Con esa lógica, los de Anguila hace unos meses también podrían haber aspirado a ir.
Claro… Mira, yo no puedo decir si vamos a ir o no, porque es difícil aventurarse a vaticinar qué sucederá. Yo desde que llegué a trabajar con la selección dije que nunca iba a prometer una clasificación porque había que poner los pies bien firmes en la tierra, y que debíamos de entender que estábamos lejos. Yo creo que en dos años hemos ido avanzando, pero el mensaje a la afición tiene que ser realista, sin tampoco romper la ilusión que tiene la gente, porque yo siempre digo que todos tenemos derecho a soñar, el derecho a ilusionarnos y el derecho a vivir el entusiasmo que hoy está viviendo nuestra afición. Pero a mí me gusta ser responsable en mis conceptos y no me gusta vender una idea que pueda generar una desilusión muy grande en la afición.

Lo primero que anunció al llegar a la selecta es que había que cambiar la mentalidad derrotista. ¿Se ha logrado?
Sí, se ha logrado. Cuando yo llegué, dije que teníamos que ir dando pasos, que no podíamos pensar en ser una selección ganadora cuando llevábamos mucho tiempo perdiendo. El paso previo a ser una selección ganadora es ser una selección competitiva.

¿Y eso ya se ha logrado?
Eso se ha logrado, y se ha logrado porque las estadísticas lo indican. Hablo de memoria, pero creo que de los últimos 17 partidos hemos perdido 4 nada más, y nos hemos dado cuenta de que nuestra selección recibe pocos goles.

¿Y qué le parece el papel de los medios? ¿Adulan, apoyan, obstaculizan, bombardean?
Cuando se habla de los medios hay de todo. Hay medios que sí reconocen o valoran el trabajo que se está realizando, y para otros sabe a poco lo que se ha hecho. Es decir, cada quien tiene su visión y su opinión, pero hay que reconocer que cumplen una misión fundamental en todo esto, más que nada en el hecho de informar a la gente y de hacerlo con veracidad y objetividad, para que la gente esté ubicada en el lugar que debe estar ubicada.

¿Los medios abonamos a esa mentalidad derrotista que encontró al llegar?
Yo siento que muchas veces se da más valor o más espacio a una nota con un tinte negativo que a una con un tinte positivo. Eso pasa en todo el mundo, y yo creo que tiene que ver con la propia profesión.

Usted ya ha estado en un Mundial como jugador.
Así es, en México 86.

Y se enfrentó a la Alemania de Rummenigge y Lothar Matthäus. ¿Qué se siente en un partido así?
Es una sensación muy especial, en primer lugar, porque jugábamos en casa, en Monterrey. Aquel fue un partido de cuartos de final que lo dominamos nosotros, pero el alemán tiene mucha fortaleza mental, supieron soportar y en penales nos eliminaron. Lo viví con mucha intensidad, también porque estuvimos muy cerca de pasar a semifinales, algo que México nunca ha conseguido en su historia. Uno sabe que todo el mundo está viendo un partido de esos y toma otro matiz, pero yo opino que un profesional debería de afrontar todos los encuentros de la misma forma.

El estadio más impresionante en el que ha jugado…
Sin duda alguna, el Estadio Azteca. Yo he jugado en el Maracaná de Río de Janeiro, que también es impresionante, pero el Azteca es un estadio en el que se siente más la presencia de la afición y que genera sensaciones muy especiales en los jugadores.

México también se desvive por el fútbol.
Sí, cómo no.

¿Y allá se sigue más al Real Madrid o al Barcelona que a los equipos locales?
No, no, para nada. Yo no digo que no haya aficionados que vean algún partido de la Liga española, sobre todo el clásico, pero la afición mexicana sigue a sus equipos, no a equipos de fuera. Lo que ocurre aquí yo creo que tiene que ver con el hecho de que han pasado muchos años sin que se haya logrado entusiasmar a la afición, y con los medios, que muchas veces dan demasiada cobertura a ligas de fuera del país, y la gente se acostumbra a eso, porque quiere sentirse ganadora y busca alguna referencia que le permita vivir esos momentos de sentirse ganador. Sí, lo que ocurre en El Salvador es un fenómeno muy especial, pero ojalá se vaya modificando esa conducta, y ahí los medios tienen un papel importante.

Y dentro del fútbol nacional, ¿cree que la selecta ocupa el lugar que debería ocupar?
Hoy, en este momento, sí; hace apenas unos meses, no. Cuando llegué a la selección tuve muchos problemas para lograr que los muchachos llegaran a las convocatorias.

No querían defender a su país.
Ya ha cambiado eso, pero al inicio faltaba compromiso, y no solo en los clubes, sino que también en los mismos jugadores. Hubo jugadores que incluso me llamaron para pedirme que nos los convocara, llamadas en las que me decían que no les interesaba jugar en la selección. Osea, al principio la selección no era atractiva para el jugador de fútbol salvadoreño, pero esa percepción ha ido cambiando, y los muchachos se han dado cuenta de que es una posibilidad real para darse a conocer fuera del país.

¿Y por qué le pedían que no los convocara? ¿Poca paga?
No creo que fuera cuestión de dinero. Yo lo atribuía directamente a la falta de identidad que tenía el jugador con la selección. La selección ofrecía poco al jugador, y no me refiero a lo económico, sino a que le era poco atractiva. La imagen de la selección estaba muy deteriorada dentro del propio país, y los muchachos no venían a tratar de sacar esto adelante, y por eso algunos simplemente preferían eludir esa responsabilidad, para no verse criticados públicamente por los malos resultados.

Hoy en día, salvo Cheyo Quintanilla, sigue sin haber jugadores en ligas extranjeras.
Eso es cierto. Yo creo que se da, primero, porque el jugador salvadoreño no es promocionado, y nuestra liga no es promocionada. Yo veo en canales de televisión internacionales que se habla de la liga de Guatemala o de la de Honduras, pero del fútbol salvadoreño poco se menciona. Entonces, cuando no hay promoción ni gente que venga al país a conocer a nuestros jugadores, es muy difícil traspasar esa frontera.

Lo que dice suena como si hubiera calidad, pero no se conociera fuera.
Bueno, hay que decir que en realidad en El Salvador tenemos muy pocos equipos en la primera división y, si se le quitan los extranjeros, el universo de jugadores nacionales es muy reducido. Además, acá se llega al profesionalismo sin haber vivido la etapa de formación que cualquier jugador debe vivir, es decir, sin haber pasado por escuelas en las que se enseñan todos los fundamentos técnicos, físicos y de conocimiento. Sin embargo, llegan al profesionalismo por sus condiciones, y por eso creo que hay jugadores que, a pesar de no haber sido preparados en su adolescencia, logran posicionarse por sus condiciones naturales y hasta destacar.

Hay quien asegura que la selecta son Cheyo y 10 más.

No, yo no lo veo así. Eliseo es un jugador con mucha capacidad y por algo está jugando y triunfando en Costa Rica, pero eso de Cheyo y 10 más no lo veo así, porque hemos jugado muchos partidos sin él. Eliseo es un jugador que necesitamos, como se vio en el partido contra Panamá, pero sin su presencia también se ha jugado bien y se han obtenido resultados. Yo siempre he dicho que el jugador salvadoreño no tiene las mismas oportunidades que tiene, por el ejemplo, el mexicano, a quien en todos los sentidos le dan más apoyos y herramientas para desarrollar sus capacidades.

Ya para ir concluyendo, lo que nadie puede negar es que la suya es una vida entregada al fútbol.
Sí, y me considero feliz porque disfruto la vida a pesar de mis problemas, como platicábamos antes. Soy feliz porque tengo una familia sana, una mujer extraordinaria, dos hijos que son mi inspiración y por los que siempre lucho, y, además, tengo buenos amigos. Todo esto haciendo algo que me encanta, porque lo que hago ni lo considero un trabajo, sino que es algo que disfruto. Aunque, como todos los humanos, tengo mis momentos no tan buenos.

¿Es el fútbol algo más que deporte?
El fútbol es mi vida. Desde que tengo uso de razón estoy cerca del fútbol, y ha marcado mi rumbo. Hoy estoy en El Salvador tratando, desde mi posición, de aportar lo que pueda en beneficio de la selección del país, de no fallar a la confianza de la gente que me trajo, de llevar al máximo la ilusión de la gente.

Usted firmó contrato con la federación hasta 2010.
Hasta el 31 de diciembre de 2009.

Con ese contrato podría pasar que nos clasificara al Mundial, y tuviera que dejar la selecta.
El contrato se puso hasta esa fecha porque creo que es cuando termina la gestión del presidente de la federación, y supongo que él no quiso comprometer al que lo suceda con un entrenador con contrato vigente.

¿Y no es negativo que la conducción técnica y la administrativa estén tan amarradas?
Así están los hechos, y no sabemos qué ocurrirá después. Lo importante es que ojalá pueda cumplir, y lo primero es dar el paso de clasificar en el cuadrangular.


Esta entrevista apareció publicada el 17 de agosto en la revista dominical Séptimo Sentido (Página 18).

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30Jul, 2008

Las mejores fotografías de... Christian Poveda

Escrito por: robertogasteiz el 30 Jul 2008 - URL Permanente


Todo un mundo por retratar

El fotoperiodista franco-español Christian Poveda nació profesionalmente como un corresponsal de guerra, recorrió después con su cámara los principales conflictos bélicos del último cuarto del siglo XX y entabló con El Salvador una relación especial que aún hoy se mantiene. El país se ha convertido en el escenario ideal, dice, para obtener las imágenes que en esta etapa de su vida quiere inmortalizar.


Por Roberto Valencia

La palabra guerra irrumpe en la vida de Christian Poveda antes incluso de haber nacido, y será su compañera inseparable durante décadas. “Me siguen”, bromea. Este fotoperiodista tiene ya 53 años, algunas canas, unos lentes que lo singularizan, un acento inconfundiblemente francés y un currículum al alcance de pocos, de muy pocos. Su trabajo se ha publicado en muchas de las revistas más prestigiosas del mundo, como Time, Libération o L’Express. Hoy llegan a Séptimo Sentido. Y, si bien en los últimos años ha incursionado con éxito en otras temáticas, sin las guerras resulta difícil concebir su trayectoria profesional.

Poveda nace en 1955 en Argelia, en el norte de África, cuando ese territorio aún era colonia francesa. Su familia había tenido que huir de España en 1939 por estar en el bando derrotado en la Guerra Civil española. Huyeron de una guerra, y se metieron en otra: la librada por los argelinos contra los franceses para lograr su independencia. La victoria de los independentistas se concreta en 1961, y con apenas seis años, Poveda y su familia se refugian en París.

Pronto surge el interés por la fotografía, que asegura tener encendido antes de cumplir los 15 años. Su juventud discurre entre un activismo político incentivado por los dos grandes referentes de su generación: la Guerra de Vietnam y el Mayo del 68 francés. La fotografía, no está de más recordar, tuvo un papel importantísimo en la difusión de ambos.

—¿Qué fue lo primero que te publicaron?

—Fue un fotorreportaje que hice en 1977 sobre el Frente Polisario, en el Sahara occidental. Fueron 10 páginas en el semanario L’Express.

Por si a alguien le queda alguna duda, el Frente Polisario comenzaba entonces una guerra aún inconclusa, la de liberación contra los estados invasores de Marruecos y Mauritania.

Con este bautismo, parecía que no había escapatoria, y así fue. La primera mitad de la década de los ochenta Poveda se la pasa de guerra en guerra: cubre, entre otras, la que enfrenta a Irán e Iraq, la del Líbano, las dictaduras chilena y argentina, y los conflictos guerrilleros más o menos abiertos de Perú, Guatemala y El Salvador.

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06Jul, 2008

Edición #2 de Séptimo Sentido

Escrito por: robertogasteiz el 06 Jul 2008 - URL Permanente

Parto complicado, pero la criatura lloriquea. En sus manos está la segunda edición de Séptimo Sentido con una oferta que, siguiendo el guión que nos propusimos, esperamos que satisfaga un abanico de gustos lo más amplio posible. Son semanas estas en las que se está definiendo el carácter de la revista, y por eso me atrevo a solicitarles que nos sigan haciendo llegar su opinión. Suena trillado, pero no lo es: sus correos son muy importantes. La semana pasada hubo críticas ácidas, nostalgias y alguna que otra felicitación. A ver qué pasa con esta edición.

Comienzo por lo último. Vista la importancia de la fotografía en la revista, se nos ocurrió pedir a los principales fotoperiodistas del país que muestren algunas de las mejores instantáneas tomadas a lo largo de sus carreras. Hoy arranca esta sección con Luis “la Muñeca” Romero, uno de los clásicos del fotoperiodismo nacional. La idea es repetir el ejercicio con otros rostros.

En cuanto al resto de artículos, se presenta un reportaje que explora el meteórico ascenso del afroamericano Barak Obama, al que solo el republicano McCain separa de la presidencia estadounidense. Y dos crónicas de distinto signo: una, cruda, sobre el aciago presente que viven algunos periodistas salvadoreños con pasado respetable; y otra, más amable, sobre el viaje que hicimos a la Isla del Coco, un refugio de vida en medio del océano Pacífico.

Se mantiene la fuerte dosis de opinión. Hoy comienza con nosotros la escritora salvadoreña Jacinta Escudos, quien desde Costa Rica nos acompañará cada dos semanas.

Esperamos que la disfrute. Es para lectores como usted.

Lea la revista Séptimo Sentido acá

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29Jun, 2008

Carlo Scaramella, representante del PMA en El Salvador

Escrito por: robertogasteiz el 29 Jun 2008 - URL Permanente


“Yo he visto mucha hambre”


Por Roberto Valencia



Durante los 14 minutos que a usted le cuesta leer esta entrevista 244 personas se morirán de hambre en el mundo. Doscientos cuarenta y cuatro… aunque seguramente serán más. Y es que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) calcula en 25,000 las muertes diarias por desnutrición, pero ese cálculo lo hizo antes de que estallara la crisis alimentaria que ya nadie niega. Precio del petróleo por las nubes, mayor demanda de China e India, sequías o inundaciones en algunos países productores y la polémica apuesta por los biocombustibles se alinearon para formar lo que la directora ejecutiva del PMA, la estadounidense Josette Sheeran, bautizó el año pasado como la tormenta perfecta, concepto al que con posterioridad le salieron múltiples padrinos.

¿Y cuáles son las consecuencias de la famosa tormenta? Basta reflexionar un poco sobre el logo de la institución. Es blanco y azul. Se ve una mano que recoge un elote de maíz, dos espigas de trigo y una planta de arroz. Pues bien, el precio de esos tres pilares de la alimentación mundial se ha disparado en no menos del 40% en los últimos 12 meses.

“Yo pienso que esta es una gran oportunidad para que todos reflexionemos sobre el modelo de vida y sobre lo que es aceptable es un mundo globalizado como este. No puede ser aceptable que mil millones de personas estén viviendo en una situación permanente de pobreza.” Quien habla es Carlo Scaramella, la máxima autoridad que tiene el PMA en El Salvador. Como su apellido deja entrever, es italiano, si bien es una de esas personas a las que no cuesta etiquetar como ciudadano del mundo. Tiene 49 años, casado, se desenvuelve en cinco idiomas, no le gusta posar para fotografías y siempre tuvo claro que quería trabajar en la órbita de la cooperación internacional: “Desde joven supe que esto era lo que quería hacer”.

Pasó cinco años en África —Sudán y Angola—, y a inicios de 2006 llegó a San Salvador. Para él, el hambre no es solo algo que últimamente está robando más titulares en los periódicos y más minutos en CNN. Le ha tocado vivirlo de cerca, de muy cerca, y de sus palabras se infiere un tono de amargura por la naturalidad con la que el ser humano acepta que haya otros seres humanos que no tengan nada que llevarse a la boca. Incluso antes de llegara esta tormenta, recuerda, uno de cada seis niños salvadoreños ya estaba desnutrido.

El PMA que representa Scaramella —no está de más recordarlo— es el organismo de ayuda alimenticia del sistema de la Organización de las Naciones Unidas. Se creó en Roma en 1963, su presupuesto anual ronda los $2,700 millones, y trata de amortiguar los efectos del hambre en casi 80 países de todo el planeta. No es, por lo tanto, una organización filoizquierdosa que pretenda en la actual coyuntura preelectoral presentar un escenario de crisis. De hecho, más parece lo contrario. Durante casi una hora de entrevista, Scaramella solo usó una única vez la palabra crisis, y cuando lo hizo no estaba hablando sobre El Salvador. Lleva ya más de dos años en el país, y ya sabe que, con grabadora encendida, a alguien con pasaporte diplomático le toca ser eso: diplomático.

El hambre suele aparecer vinculado a cifras, a porcentajes. ¿Podría usted definirme el hambre en palabras?

Yo no creo que el hambre sea solo una cuestión de cifras, sino que es una condición del ser humano. Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que todavía tenemos buena parte de la población en condiciones de ‘no vida’, por decirlo de alguna manera. Es una condición en la que mujeres, hombres y niños se han vuelto dependientes de la limosna del resto de la sociedad. El hambre es pues una situación de exclusión, de falta de derechos, de marginalidad social y de absoluta ausencia de desarrollo del potencial humano.

Y es especialmente dañina con la niñez.

Claro. Las repercusiones de la desnutrición en la niñez son profundas, y los daños causados durante la primera infancia, durante los primeros cinco años de vida, son irreversibles en muchos casos.

Si alguien pasa hambre una temporada pero luego se regulariza su dieta…

No, no es tan sencillo. En muchos casos hay daños físicos y mentales que duran para siempre.

Hambrunas siempre ha habido. La decadencia de los mayas, por citar un ejemplo, se relaciona con el hambre. ¿Por qué debemos estar especialmente preocupados?

No podemos comparar la situación actual con la de los mayas o la de no sé qué. Desde que el mundo se ha industrializado, desde que el hombre ha impuesto su control sobre los medios de producción, vivimos en la convicción de que no hay metas de producción que no se puedan alcanzar. Nuestra sociedad es una sociedad que no prevé el concepto de hambre. En esta sociedad consumimos, somos impulsados a consumir, y se puede decir que los mil millones de personas que pasan hambre en el mundo no pertenecen, desde este punto de vista, a esa sociedad desarrollada. Hay un mundo que celebra su propio desarrollo y celebra su riqueza, sin contemplar la exclusión social. De hecho, ni la reconoce como parte de sí, de su presente, sino que solo la reconoce como parte del pasado, de algo que no pertenece al mundo de hoy.

Thomas Malthus en el siglo XVIII ya auguró hambrunas apocalípticas partiendo de que en algún momento habría más humanos que alimentos.

Esas teorías aplicaban al mundo de aquella época, pero hoy el mundo tiene la capacidad de producir para todos los habitantes del planeta. El problema es que la producción no se concentra en el agro porque no es muy rentable, y el capital tiende a buscar primero lo que es económicamente más rentable. Es decir, lo que el mundo está produciendo en este momento no está en función de las necesidades sociales.

Hay también quien cree que el capitalismo como sistema es el responsable de que haya hambrientos.

La historia nos ha demostrado que no hay ningún sistema económico que es cien por ciento exitoso. Lo que el mundo atraviesa ahora es claramente un problema coyuntural, pero que señala profundos problemas estructurales. Es decir, esta coyuntura nos está haciendo ver que vivimos con un nivel de pobreza tal que, apenas ocurre algo que no estaba en el guión, mucha gente entra en situación de crisis. Y más específicamente, lo que se está poniendo en discusión es un modelo de desarrollo, impulsado en las últimas décadas, en el que cada país se podía especializar en un tipo de producción e importar todo lo demás. Este modelo, desde un punto de vista teórico, es correcto, pero la teoría no siempre coincide con la realidad. Estoy convencido de que se va a dar un ajuste en el mercado, pero lograr ese nuevo equilibrio tardará unos años, cinco o diez, y lo que va a pasar es que durante esos años vamos a tener víctimas, vamos a tener a mucha gente padeciendo.

Usted ha vivido muchos años en África.

Así es.

¿Se ajusta a la realidad esa etiqueta de que es el continente pobre?

Depende de las escalas de valores. Yo pienso que África es un continente muy rico desde el punto de vista de los valores humanos. Es extraordinario. Es un continente que tiene mucho que enseñar al mundo moderno.

Y al margen de los valores…

Es evidente que en cuanto a renta per cápita están peor, pero no se tiene que subestimar el hecho de que en África hay mucha gente que sigue siendo autosostenible. En algunas áreas del llamado mundo moderno lo que tenemos son personas que viven al margen de la sociedad, que viven solo porque consiguen un trabajo por el que le pagan un salario.

Y después de tantos años en África, ¿como termina en El Salvador?

Nosotros, en el Programa Mundial de Alimentos, tenemos ciclos de estancia en los países asignados, pero naturalmente uno opina, y El Salvador para mí representaba una experiencia nueva, porque ya había vivido mucho la parte humanitaria más pura, y esto que estoy haciendo ahora es un poquito diferente.

¿Usted eligió entonces venir a El Salvador?

Sí.

¿Cuál ha sido su contacto con el hambre? ¿Más a través de informes o viendo los rostros de la desnutrición?

Yo he visto mucha hambre, y causada por varios factores.

¿Hay alguna escena que le haya marcado?

En diferentes países yo he visto el hambre por la guerra, he visto el hambre por la violencia social, y he visto el hambre por la marginalidad social.

¿Hay algún hambre que duela más?

Pienso que el hambre que duele más es el de la gente que ya se siente que no importa a nadie, que no nadie se preocupa por ellos. Duele ese hambre, duele ver que la gente sabe que no hay un Estado, que no hay una autoridad pública que vele por ellos.

¿Y ese tipo de hambre lo ha visto aquí?

No.

¿Tienen el hambre y la desnutrición matices de unas regiones del mundo a otras?

¡Cómo no! El hambre que existe en América Latina es un hambre mucho más invisible. Su nombre técnico es desnutrición estructural crónica, y se llama así porque es algo que está escondido. No tiene el mismo rostro que el hambre que se da cuando ocurre un shock repentino.

¿Escondido a escala mediática te refieres?

Escondido a escala mediática y escondido también socialmente.

¿Y escondido porque lo desconocen los países desarrollados o escondido dentro del propio país?

Los dos. Pienso que Occidente se esconde porque piensa que los países de renta media son ya países completamente desarrollados que no necesitan ayuda, y sí la necesitan. El hambre es un fenómeno escondido que los países desarrollados tienden a no ver si no es en presencia de una evidencia, lo que ya se conoce como el factor CNN. El hecho de que si tú apareces en CNN te conviertes en una emergencia, pero si no estás en CNN, pues bueno, ¿de qué estamos hablando?

¿Y qué tipo de hambre ha encontrado en El Salvador?

Lo que hay aquí es un claro ejemplo de hambre estructural, que se enlaza además con el problema de la pobreza, y con un problema de falta de conciencia social. Es un problema que está escondido y, además de afectar ya a mucha gente, hay otro sector de la población vulnerable. Por eso, cuando se da un desastre natural o los precios se disparan, como está ocurriendo ahora, el impacto del hambre en el país es profundo, es muy profundo.

El PMA está desde hace 40 años en El Salvador, pero no en Costa Rica.

Sí, hace mucho tiempo que salimos de Costa Rica.

¿Y cómo es ese proceso? ¿Cuándo el PMA decide irse de un país?

Nosotros, en el PMA, estamos preparados para retirarnos de un país cuando tenemos la evidencia de que no se necesita nuestro trabajo.

Entonces, es decisión del PMA.

Es decisión del PMA, pero normalmente se hace en coordinación con las autoridades nacionales.

Si siguen aquí es porque el hambre sigue siendo un problema.

En particular, y sobre este momento concreto, el hambre se está destacando como un problema, como un problema que todavía puede agravarse más por la coyuntura que decíamos. Normalmente el hambre afecta al 16% de la niñez en promedio, aunque hay municipios en los que la desnutrición afecta al 40% de los niños. Pero la coyuntura actual amplía el número de personas afectadas, porque un enorme grupo de la población está en dificultades.

¿Y la sociedad salvadoreña está consciente del problema que tiene entre manos?

Me parece que sí, porque ahora todos están un poquito preocupados por el alza de precios, que está poniendo en dificultades miles de hogares de El Salvador.

¿Por qué cree que es necesario hacer caminatas contra el hambre? ¿Sirven de algo?

La Caminata contra el Hambre que organiza desde 2007 el PMA es un evento simbólico mundial en el que El Salvador se ha involucrado, y estamos muy agradecidos por eso. Es simbólico porque lo que se dice es que estamos conscientes de que existe un problema global, como lo que es el hambre en el mundo. Y este año la caminata tocó realizarla en unos días en los que el mismo país está entrando en una fase de dificultad en cuestión de precios y de acceso a los alimentos.

Tengo la impresión de que el PMA tiene cada vez un papel más activo en el país. ¿No están fomentando con ello la pasividad del Gobierno?

No. Nosotros creemos que El Salvador ha crecido enormemente desde que comenzamos a trabajar aquí, hace 40 años. En Centroamérica, nuestra función es apoyar a los gobiernos y complementar cuando sea necesario. Por ejemplo, frente a catástrofes de proporciones mayores a las rutinarias. Todos los países tienen un límite en su capacidad de gestión de desastres, como se vio incluso con Estados Unidos cuando el huracán Katrina. El Salvador también, y el PMA está en disposición de apoyar de manera estratégica cuando sea necesario. Para ello se trabaja con las instituciones nacionales y regionales, como el SICA.

El año pasado el PMA dio alimentos a afectados por las inundaciones de La Unión, que fueron muy localizadas.

Sí, el año pasado intervenimos en La Unión, y también en México, en Nicaragua y en Belice. Intervenimos porque nos pidieron apoyo, porque esa es nuestra misión exactamente.

Pero este año El Salvador redujo el presupuesto asignado a Protección Civil…

Claro, si me preguntas sí el país tiene que invertir más en protección civil, cómo no. No hay límite para eso, ¿eh?

Volvamos al hambre. Es obvio que desde hace unos meses está en la agenda pública. ¿Hay que estar ahora más preocupados que hace cinco años?

Yo estoy convencido de que tenemos que estar más preocupados; primero, porque nos confirma que no se han logrado los resultados que se plantearon, no se ha reducido el número de personas que padece hambre. Y el segundo aspecto por el que debemos preocuparnos es porque el alza de precios nos está evidenciando la vulnerabilidad en la que vive muchísima gente, mil millones de personas en todo el mundo. Esto que está sucediendo ahora es como una alerta más que amarilla para el mundo, para hacernos ver que el equilibrio sobre el que estamos asentados no es tan equilibrado.

La pregunta era porque hace tres años, Naciones Unidas advirtió sobre la inminente llegada de una pandemia de gripe aviar.

Sí, también hace cinco o seis meses desde Naciones Unidas se habló mucho sobre el cambio climático.

¿Y no ocurrirá ahora algo parecido? ¿Qué al final no sea para tanto?

No, esto es real. Es real y va a continuar por más tiempo. Esto no es algo que pueda o no pueda pasar, es algo que ya está pasando. Sí te doy la razón en que hay picos de atención sobre temas globales, y que después se olvidan. Y que suceda esto, en sí mismo, es también motivo de preocupación. Yo opino que los políticos deberían de ser capaces de trabajar en varios asuntos estratégicos al mismo tiempo, y la impresión que tengo es que, como sociedad, somos incapaces de enfocarnos en más de uno.

Intentando ver algo positivo, que se hable tanto del hambre quizá sirva para aumentar los donantes.

Yo pienso que esta es una gran oportunidad para el mundo, para la clase política, para la sociedad, para que todos reflexionemos sobre el modelo de vida y sobre lo que es aceptable es un mundo globalizado como este. No puede ser aceptable que mil millones de personas estén viviendo en una situación permanente de pobreza, y que estén expuestos a todos los eventos que pueden ocurrir. ¿Es tolerable eso? Y el hambre está relacionada con el problema de la migración, con el problema de los derechos humanos, con el problema de que haya una verdadera ciudadanía global. Esta situación que estamos viviendo destapa otros problemas, y alguna vez tendremos que pensar en la equidad desde un punto de vista global, pensar en permitir que todos vivan con dignidad, pensar en un desarrollo más equitativo para todo el mundo.

La web del PMA cifra en 53 millones las personas que pasan hambre en América Latina.

Pero esas son de antes de esta coyuntura. Ya se ha identificado desde la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dependiente de Naciones Unidas) que es real el riesgo de que esta situación produzca nueva pobreza, y que a esos 53 millones se sumen 26 millones de pobres adicionales. Y eso significa un retroceso dramático.

¿Y tiene números de El Salvador?

No hay aún cifras específicas. El PMA está ahora finalizando un estudio regional sobre el impacto de los precios, y algo que nos adelantaron de este estudio es que el año pasado entre Guatemala y El Salvador se sumaron 500,000 nuevos pobres. Se trata de un estimado, pero resulta preocupante saber que ya entramos en una fase en la que estamos produciendo pobres, en vez de reducirlos.

Antes de todo esto, el PNUD ya calificó de poco probable que el país logre la meta referida a desnutrición infantil de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Y sigue siendo poco probable. De hecho, el PMA contribuyó al análisis que presentó el año pasado el PNUD. La situación sigue igual o peor, porque existe la preocupación de que esta situación de precios altos impacte aún más sobre el indicador de desnutrición infantil…

Me desubica. Hace unos minutos creí entenderle que el Estado salvadoreño es un alumno ejemplar.

Yo particularmente creo que el Estado salvadoreño se ha enfocado mucho en los últimos años en la cuestión de la pobreza. Ahora, ¿lo que se ha hecho es suficiente para lograr el objetivo de reducir la desnutrición? El informe del PNUD lo decía claro, y es que no, que no es suficiente, por lo que el objetivo permanece poco probable. Entonces, ahora toca intensificar, sumar, complementar acciones para intentar que se alcance.

Hablemos sobre el papel en la crisis de otros organismos multilaterales. El Banco Mundial, por ejemplo, vino a señalar el problema, pero para ofrecer préstamos.

El Banco Mundial tiene un mandato y tiene una serie de instrumentos operacionales que son esos: los préstamos, y en menor medida, las donaciones. Para hacer frente a esta situación, ellos usarán los instrumentos que tienen hasta que no se haga una reforma estructural del organismo.

¿Y no es en cierta medida querer hacer negocio con el hambre?

Mire, es un hecho que llegará un momento en el que el Banco Mundial y también el PMA se tendrán que reformar para adecuarse a las necesidades del presente. Pero a mí ahora más importante que eso me parece destacar que ha habido una coincidencia en los análisis, y en el llamado unánime a enfocarse en la protección social de los más necesitados y a fortalecer la parte productiva.

Estados Unidos es desde hace años el principal donante del PMA, pero sus donaciones este año se han desplomado. ¿Por qué?

No hay una razón en particular. Yo pienso que aún estamos a tiempo, porque por esta coyuntura hemos hecho un fuerte llamado para el financiamiento del PMA, precisamente para poder responder. Y en este marco hemos recibido una respuesta positiva de muchos donantes, y Estados Unidos ha anunciado que hará una fuerte contribución adicional, por lo que estamos aún en una fase dinámica de la elaboración del presupuesto para este año.

En el lado positivo está Arabia Saudí, que aportará $500 millones.

Extraordinario. Estamos muy complacidos con ellos, porque ha sido una contribución fundamental.

¿Y no resulta irónico que justo ahora, cuando se habla de crisis, Occidente esté radicalizando sus políticas migratorias?

Escasez de alimentos y políticas migratorias están íntimamente relacionadas. A esto me refería antes cuando decía que, frente a un problema como el que tenemos ahora, tenemos que desarrollar una visión diferente de la globalidad. La famosa globalización es algo que ofrece retos y oportunidades, y el reto que tenemos que tomar es que no podemos seguir viviendo en un mundo en el que hay desigualdades tan profundas, porque las desigualdades son la fuente principal de los conflictos por un lado, y por otro, de un enorme sufrimiento, el sufrimiento de la gente que padece hambre y el sufrimiento de la gente que deja su hogar para emigrar a un futuro incierto.

Italia, su país, es de los que tiene un discurso más intransigente…

Desafortunadamente sí. Personalmente es algo que no apoyo, a pesar de ser italiano. Yo pienso que la única manera con la que Europa puede hacer frente a un fenómeno tan complejo como la migración es concebir las soluciones junto a los países exportadores de migrantes, y que a la base esté una visión de desarrollo de esos países. No se puede seguir pensando en vivir encerrados en sus propios privilegios.

Pero el debate actual en Europa es entre gobierno europeos. No han invitado a los gobiernos de los países de los que salen los migrantes.

Y deberían de estar en ese debate, porque en Europa se necesitan nuevas visiones para los retos que tenemos por delante, porque esos retos no se pueden combatir con las herramientas del pasado.

Esta entrevista fue publicada el 29 de junio en la revista Séptimo sentido.

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21Jun, 2008

Peruanos, suspicacias y otras hierbas

Escrito por: robertogasteiz el 21 Jun 2008 - URL Permanente

Por Roberto Valencia



Un peruano llamado Julio Villanueva Chang vino al periódico a finales del año pasado para impartir una capacitación. Ese peruano era, y lo sigue siendo, uno de los editores más respetados de América Latina, asiduo ponente en las mesas más selectas en las que se discute hacia dónde va esa droga llamada periodismo. Pues bien, me atrevo a interpretar que Villanueva Chang se sorprendió muy gratamente al conocer la revista dominical Enfoques, al conocer que en un país que pinta nada en el mapa periodístico mundial se hace algo como esta revista que hoy expira. La interpretación tiene su sustento. Semanas después de marcharse, el peruano contactó al que entonces era el editor de la revista, Saúl Vaquerano, y le ofreció participar en un proyecto conjunto en México.

A veces cuesta verlo cuando se está dentro, pero Enfoques se despide habiendo alcanzado un siempre debatible pero interesante grado de madurez. Son diez años en los que el suplemento, con sus lógicos altibajos, logró labrarse un nombre, logró labrarse un respeto. En sus páginas ha cabido el periodismo investigativo, el periodismo de profundidad y el periodismo narrativo, y sus artículos consiguieron destacarse entre el resto de las páginas del diario por la simple lógica de que el tuerto es rey en país de ciegos. Con sus defectos y sus virtudes, desaparece uno de los logos más respetados de la prensa nacional.

Y muere Enfoques en un momento delicado, un momento idóneo para los porqués, para las suspicacias. Hay, de hecho, un feo antecedente. Vértice, el hermano gemelo de Enfoques en El Diario de Hoy, fue finiquitado hace más de dos años, y su sustituto fue un producto que renunció a la esencia del periodismo.

Eso no ocurrirá esta vez. Habrá cambios, pero el equipo humano que integra la revista que se despide es el mismo que estará detrás del proyecto que verá la luz el próximo domingo. Siempre habrá quien lo objete, pero si el espíritu de Enfoques era la apuesta inequívoca por el buen periodismo, esa seña de identidad no desaparece hoy.

Esta columna fue publicada en la edición del 22 de junio de la revista Enfoques.

www.robertogasteiz.blogspot.com

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Este es el periodismo que se está haciendo en un país como El Salvador, en el centro de Centroamérica. Formo parte de la generación autodidacta, la que partió de cero, la que partió de la guerra civil, y la que carece de referentes locales. Por ello, internet es la herramienta indispensable para dar a conocer lo que por acá se está haciendo, y sus comentarios son especialmente bienvenidos.

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