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10May, 2009

Entrevista con Fernando Sáenz Lacalle, arzobispo emérito de San Salvador

Escrito por: robertogasteiz el 10 May 2009 - URL Permanente

“Estamos siendo invadidos por la perversión”


Una entrevista de Roberto Valencia y Rossy Tejada

Cuando en enero de 1985 Fernando Sáenz Lacalle fue ordenado obispo tenía ya 52 años, una edad elevada para lo que suele estilarse en el Vaticano. Eso sí, aunque tardía, su entrada en el Colegio Episcopal fue por la puerta grande. Lo consagró el mismísimo Juan Pablo II, quien desde hacía años seguía la trayectoria del vicario delegado del Opus Dei en El Salvador, el pequeño país centroamericano donde habían asesinado a su arzobispo. De los catorce obispos que hay en el país en la actualidad, solo el nuncio comparte el honor de haber sido consagrado por un Papa.

—Es un regalo de Juan Pablo –mostrará orgulloso, al final de esta entrevista, el anillo pastoral dorado que lleva en la mano derecha.

Sáenz Lacalle no disimula la admiración que sentía hacia Juan Pablo II ni tampoco la que siente hacia Benedicto XVI: “¡Qué maravilloso tener un Papa como el actual!” Y es que, aunque con estilos radicalmente distintos, los dos últimos papas se han caracterizado por su firmeza a la hora de mantener la Iglesia católica fiel a sus añejos principios morales. Y esa fidelidad es algo también que agrada sobremanera a Sáenz Lacalle, alguien a quien no le tiembla la voz para llamar “cosas comerciales” a las iglesias evangélicas que operan en El Salvador.

—La sociedad se debe apoyar en la familia, y la familia tiene que estar apoyada en el matrimonio. Así es una sociedad sana –responderá cuando se le cuestione sobre el que en las últimas semanas parece haber sido el tema más trascendental para el país: prohibir o no de forma explícita en la Constitución las uniones entre personas del mismo sexo.

Salvo el alzacuello, aparece vestido de riguroso negro –pantalón, camisa y saco– y ofrece asiento con amabilidad. La entrevista es en la sede del Opus Dei, en la urbanización Buenos Aires de San Salvador, donde ha regresado a vivir después de ocupar durante 14 años el arzobispado. Lo ha sucedido monseñor Escobar Alas, pero Sáenz Lacalle mantiene, y será así hasta el día de su muerte, el reconocimiento de arzobispo emérito.

¿Es usted el primer arzobispo emérito que tiene esta arquidiócesis?

No, monseñor Luis Chávez y González (arzobispo entre 1938 y 1977) estuvo ya como arzobispo emérito. Y cuando se retiró, trabajó unos años como párroco de Suchitoto.

¿Y qué implica ese nombramiento?

Quiere decir que se tiene el título de arzobispo, pero no se tiene el mandato o la autoridad para estar al frente de la arquidiócesis. Es una muy buena política de la Iglesia dejar los 75 años como la edad en la que se debe presentar la renuncia al Santo Padre.

Y ahora usted ha sido nombrado párroco en Santa Elena, Antiguo Cuscatlán.

Sí, pregunté al nuevo obispo qué le parecía que me hiciera cargo de la parroquia de Santa Elena, y le pareció muy bien. El sábado anterior al Domingo de Ramos fue mi imposición. Preferí que no fuera una ceremonia muy solemne, a la que asistieran todos los párrocos de la vicaría, y fue algo sencillo.

¿Está entre sus planes regresarse algún día a vivir a España?

No, desde 1962 estoy en El Salvador y desde 1966 tengo la nacionalidad salvadoreña.

Es poco tiempo aún, pero ¿qué piensa de su sucesor, monseñor Escobar Alas?

Fue un nombramiento oportuno, porque es de muy buena formación pastoral. Ha pasado muchos años como obispo en San Vicente, conoce muy bien el trabajo de la diócesis, es joven, con fuerza, tiene mucho ánimo y está trabajando tremendamente.

Él dijo al asumir que los más necesitados serán su prioridad. ¿Son los mismos principios que rigieron su período?

Ciertamente esa fue una preocupación. Yo no estuve directamente en las asociaciones del arzobispado que se dedican a la pastoral social, porque es algo absorbente, pero siempre me preocupé porque hubiera gente muy capaz encargada de impulsar todos los programas. De todos los departamentos del arzobispado, el de más amplitud y más actividad es la pastoral social.

¿Cómo ve la Iglesia de hoy?

Si nos fijamos en la alharaca que organiza la prensa mundial... Ha habido manifestaciones políticas que señalan críticas al Papa, pero nada de lo que él ha dicho en sus discursos va en contra de la dignidad de la persona humana, ni mucho menos. En realidad, se está preocupando por afrontar los problemas como los tiene que afrontar, aunque pueda haber manifestaciones anticatólicas, políticas, materialistas o lo que sea. Basta leer sus discursos y libros para ver la claridad de mente que tiene. Y les voy a contar una experiencia: en el último viaje que hice a Roma asistí al Ángelus. Y cuál fue mi sorpresa al ver que toda la plaza de San Pedro estaba también llena de gente. En cierta medida, Benedicto XVI está teniendo un atractivo que no se queda atrás ni comparado con el de Juan Pablo II, un Papa tan popular y admirado. ¡Qué maravilloso tener un Papa como el actual!

¿No cree que la secularización, sobre todo en Europa, está restándole influencia a la Iglesia en la sociedad?

Estas evaluaciones globales de la Iglesia son difíciles de hacer. Es cierto que hay una gran secularización en Europa, pero también es cierto que todas las actividades que organiza la Iglesia siempre están llenísimas. Entonces, quizá lo que está pasando es que la secularización y las críticas tienen mucha acogida en los medios, mientras que la proyección y la profundización cristiana no es noticia.

En El Salvador quizá no se pueda hablar aún de secularización, pero sí de crecimiento de las iglesias evangélicas.

Yo diría que es innegable que se organizan esas campañas que llenan estadios, pero en realidad es una religiosidad y una práctica muy acuñadas en sentimientos, basada en campañas y propagandas. Aun así, creo que la Iglesia católica no está perdiendo, se encuentra más fortificada y madura.

¿Su teoría es que las iglesias evangélicas se llenan con personas que ya habían dejado de ir a las iglesias católicas?

Es que yo no he visto que haya alejamiento, ni mucho menos. Si van a catedral un domingo, verán toda la gente que asiste. Y simultáneamente se están celebrando misas en parroquias de todo el país.

¿Y cómo es la relación entre los líderes? ¿Se reunió alguna vez con el Hermano Toby o con el pastor Carlos Rivas?

No, bueno, vamos a ver. Hay un esfuerzo de parte de la Iglesia para que haya una unidad entre los que creemos en Jesucristo. En enero, en torno a la fiesta de San Pablo, incluso se hace un Octavario por la unidad de los cristianos. Lo que pasa es que hay que distinguir: una cosa son las iglesias históricas, las que tienen un fundamento más sólido...

Como las protestantes...

Sí, luteranos, anglicanos... Y hay que distinguirlas de las otras cosas comerciales que no tienen una estructura puramente eclesial.

Pero en el país parecen tener mucha fuerza.

En el país tienen mucho seguimiento, mucho nivel económico, mucha propaganda, pero desde el punto de vista teológico no tienen fundamento eclesial. Entonces, la labor de todos los cristianos de formar una sola Iglesia se realiza con las iglesias históricas, no con las comerciales. Siempre hay un interés en llegar a la unidad.

¿Cómo califica los cuatro años de gestión que lleva ya Benedicto XVI?

Muy positivos. Sus libros marcan una extraordinaria profundidad teológica y son asombrosos, y a su edad. Además, todo el equipo de cardenales y obispos que le ayudan están muy bien organizados.

Desde dentro de la misma Iglesia ha habido oposición a su conservadurismo.

Pero es que no se pueden hacer concesiones de moralidad, por el bien de la gente, para ayudarles espiritualmente. Y lo que quiere la Iglesia es ayudar a los que se han equivocado, y para eso están todos los medios, desde las diócesis hasta las parroquias.

¿No cree que una mayor apertura no serviría para retener a más fieles?

Pero es que no está habiendo una desbandada.

¿Usted no lo cree?

Reitero: vayan el domingo a la misa de las 8 en catedral y vean. Lo que hace falta más bien es dar una ubicación especial a temas importantes, como lo es la familia. Y fortalecer la familia es al mismo tiempo fortalecer a nuestra juventud y a nuestra niñez. En ese sentido, hay muchos centros educativos católicos, pero los padres de familia deberían de responsabilizarse de la educación de sus hijos, porque estamos siendo invadidos por el paganismo y por la perversión moral a través, sobre todo, de los medios de comunicación.

¿Y no será que la Iglesia es la que no evoluciona al ritmo de la sociedad?

Cada quien tiene que dar cuenta a Dios de lo que hace, ¿verdad? Yo creo que los medios de comunicación tienen una responsabilidad moral tremenda, pero lo que hace falta es ahogar el mal, y aquí es donde digo que tenemos que procurar que en las familias haya más responsabilidad hacia los hijos, y que cada quien no se conforme solo con vivir los valores cristianos, sino que ayude a los compañeros de trabajo, a los vecinos, a los amigos, etc. Es decir, cada uno debería ser discípulo de Cristo, pero también misionero.

¿Algo así como que uno se sienta orgulloso de su religiosidad?

Y que además ayude al otro. Y despertar sobre todo a los padres de familia, porque muchas veces ni apagan la televisión cuando sus hijos están viendo cosas terribles.

Su nombramiento en 1995 también levantó críticas dentro de la Iglesia salvadoreña.

No sé, a mí la verdad es que nadie me vino a decir nada. Bueno, quizá alguien en alguna misa dio gritos, pero a mí el Papa me nombró arzobispo, asumí la responsabilidad e intenté hacer las cosas de la mejor manera. Que la gente opine si está de acuerdo o no lo está ya es problema de ellos. Además, un arzobispo nunca está solo, lo acompaña un consejo de vicarios y consejeros para tomar decisiones, y siempre está el apoyo de la Conferencia Episcopal, donde están todos los obispos de El Salvador.

¿Quién es Monseñor Romero para monseñor Sáenz Lacalle?

Yo desde luego fui muy cercano a Monseñor Romero. El mismo día de su asesinato estuvimos juntos. En 1980 yo era un sacerdote de la arquidiócesis y, como vicario del Opus Dei en el país, solía organizar reuniones y paseos. A principios del mes de marzo, él me dijo que quería asistir al siguiente encuentro porque necesitaba descansar, pero me pidió que lo retrasásemos un poco. El paseo lo hicimos el mismo 24 de marzo y nos fuimos a la playa 10 o 12 sacerdotes y Monseñor Romero. Estuvimos departiendo, leyendo, y recuerdo que después de almorzar platicamos sobre los mártires cristeros.

¿Está convencido de que fue un santo?

Él murió en las circunstancias, digamos así, más favorables. Estuvo todo el día en una actividad fraterna con sacerdotes; después dicen que se fue a confesar a Santa Tecla; y después, estaba celebrando la misa y cuando terminaba la homilía, en el altar, le dispararon.

Entonces, ¿está convencido de que Monseñor Romero fue un santo?

Son señales de una predilección, o sea, que el mal, el demonio, puede organizar todas sus marañas, pero Dios puede arreglar las cosas de manera que todo sea para bien. Y en este caso concreto, si a un sacerdote le preguntan cómo quisiera morir, si en la cama o celebrando la misa, la respuesta es obvia. Y Monseñor Romero murió así. A mí sí me parece que es una señal de predilección.

A Romero se le relaciona con la Teología de la Liberación, con la que usted discrepa.

Pero es que la teología de Monseñor Romero es muy sólida y tradicional. Ciertamente yo creo que su figura ha sido muy manipulada, pero sus escritos y su predicación, viendo todo el contexto de su vida, son de una teología muy apegada al Vaticano. Además, no podemos sacar de su contexto histórico los acontecimientos, porque las circunstancias propias de aquellos años supusieron una serie de tensiones y de influencias.

El teólogo Jon Sobrino es sacerdote de esta arquidiócesis. ¿Qué relación mantiene con él?

Él jamás vino a verme a mi despacho. Quizá lo he saludado alguna vez, pero no he hablado con él, no he tenido mayor relación.

Parece que El Salvador va a tener ahora un presidente devoto de Romero...

No es el primero. El presidente actual (Antonio Saca) también es devoto de Monseñor Romero, es acólito suyo.

¿Lo es?

Yo creo que sí. De todas maneras, lo peor que ahora podría pasar para la causa de su canonización es que un partido utilizara su figura, su martirio o su muerte a su favor. Lo único que hay que hacer es pedirle favores, rezar la oración de la estampa y comunicar los favores recibidos a la Oficina de la Causa de Canonización del arzobispado. Esa es la mejor manera de demostrar la amistad hacia Monseñor Romero, lo otro es explotar su personalidad a favor de las ideas de cada quien.

¿Usted se ve a sí mismo como alguien de ideas conservadoras?

Vamos a ver, los temas de la fe y la moral son eternos, como los diez mandamientos. Los principios morales son eternos y jóvenes a la vez; por lo tanto, cualquier modernidad que suponga ir en contra de la buena doctrina, de los dogmas de la Iglesia o de la moral no es un adelanto ni un progreso, sino un retroceso.

Eso nos lleva al tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo...

Un tema en el que hay que ser positivos. Hay que ser pro vida, en vez de estar contra el aborto. Y con el tema de los matrimonios homosexuales ocurre lo mismo. A uno por estar defendiendo lo positivo lo ponen como que está discriminando, como que está atacando a la gente. Y no es así.

¿Usted cree que no hay discriminación en la actitud de la Iglesia?

La Iglesia no discrimina a nadie. La Iglesia no es antiaborto, sino pro vida. Igual, está a favor de la familia, por ser una institución fundamental en la sociedad. Y la familia se sustenta en el matrimonio, algo tan inherente a la naturaleza humana que está desde la misma creación. Por eso desde la Iglesia estamos pidiendo, rezando, para que se apruebe la reforma que asegura la estructura matrimonial entre un hombre y una mujer.

Pero los matrimonios gay ya están prohibidos. ¿Ameritaba tanta movilización?

Sí, porque las leyes secundarias pueden ser manipuladas, y no estorba una reforma constitucional para definir mejor la naturaleza del matrimonio. Ahora ha quedado claro que es entre un hombre y una mujer así nacidos. ¿Por qué estorba esa aclaración? ¿A quién le estorba? Lo que se ha querido es asegurar el matrimonio y la familia. Ahora bien, si hay parejas de homosexuales, tienen su derecho a estar juntos, nadie los está atacando, pero eso no es un matrimonio. Repito: estamos por la familia y por el matrimonio, no contra los gays. La Iglesia está por lo que Dios ha dispuesto y queremos que se defienda, porque es el mejor apoyo que pueda tener la sociedad salvadoreña.

Homicidios, migración... ¿Cree que El Salvador puede ponerse como ejemplo de sociedad armoniosa?

Con razón de más para defender el matrimonio y la familia.

¿Sugiere que este sería un país peor si se permitieran las uniones civiles?

La reforma lo que pretende es salvaguardar el matrimonio para bien de la sociedad.

España, su país natal, ya...

¡Pero España no es ningún ejemplo!

¿La sociedad española es peor que la nuestra por permitir esos matrimonios?

Es un hecho muy lamentable en cuanto a la moralidad, y genera inseguridad social. Es muy penoso y no es para nada un ejemplo a seguir. Y no es un asunto que afecta a la Iglesia en exclusiva, sino a cualquier buen ciudadano que se preocupa por entender que la sociedad se debe apoyar en la familia, y la familia tiene que estar apoyada en el matrimonio. Así es una sociedad sana, y por eso es importantísimo aprobar la reforma constitucional.

Monseñor, ¿por qué los países más secularizados son también los más desarrollados?

No sabría decirte. Pero desde luego, el hecho de que haya familias bien constituidas es beneficioso para cualquier tipo de sociedad.

Para ir finalizando, ¿cuál considera que ha sido su mayor legado?

Si me piden que elija uno, quizá elegiría que ordené a más de 100 sacerdotes durante mis 14 años. Quiero decir con esto que ha habido una gran preocupación por la formación de los seminaristas. Creo que es para dar gracias a Dios, aunque lógicamente no es una labor personal mía, sino de un equipo, pero sí ha habido una preocupación por la formación de sacerdotes jóvenes y por visitar luego cada una de sus parroquias. Va creciendo la población y cada vez es mayor la migración hacia las ciudades.

¿Cambió mucho la sociedad en 14 años?

Todo cambia, pero si he de elegir algo, quizá sea el tema de los medios de comunicación, porque ha habido un empeoramiento, ahora están llenos de violencia y sexo. Pero también creo que ha habido una mayor conciencia entre la gente y que se ha avanzado en muchos sentidos, aunque a veces contracorriente.

No prevé cambios al interior de la Iglesia.

La Iglesia no debe trabajar en sentido negativo, pensando exclusivamente en evitar que se vayan los feligreses. A ver, hay gente que ve televisión y si se alejan de los valores de la Iglesia, pues no se puede tampoco poner paredes al campo.

Vista la aceptación de las uniones gay en cada vez más países, ¿la reforma de aquí no es precisamente poner paredes al campo?

Si otros países lo aceptan es problema de ellos, pero no es muy sano para un país tener una legislación en la que la institución familiar no esté bien asentada. El matrimonio es el cimiento para una buena sociedad.

La última: ¿es tiempo ya de que haya un Papa no europeo?

Me encantaría que fuese negrito. Pero es el Espíritu Santo el que elige, aunque desde luego que ya ha habido cardenales africanos al frente de congregaciones del Vaticano.


Esta entrevista se publicó el 10 de mayo de 2009 en la revista salvadoreña Séptimo Sentido. Puede verla pulsando acá (páginas 6 a 11).


Este es el periodismo que se está haciendo en un país como El Salvador, en el centro de Centroamérica. Formo parte de la generación autodidacta, la que partió de cero, la que partió de la guerra civil, y la que carece de referentes locales. Por ello, internet es la herramienta indispensable para dar a conocer lo que por acá se está haciendo, y sus comentarios son especialmente bienvenidos.

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