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29Jun, 2008

Carlo Scaramella, representante del PMA en El Salvador

Escrito por: robertogasteiz el 29 Jun 2008 - URL Permanente


“Yo he visto mucha hambre”


Por Roberto Valencia



Durante los 14 minutos que a usted le cuesta leer esta entrevista 244 personas se morirán de hambre en el mundo. Doscientos cuarenta y cuatro… aunque seguramente serán más. Y es que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) calcula en 25,000 las muertes diarias por desnutrición, pero ese cálculo lo hizo antes de que estallara la crisis alimentaria que ya nadie niega. Precio del petróleo por las nubes, mayor demanda de China e India, sequías o inundaciones en algunos países productores y la polémica apuesta por los biocombustibles se alinearon para formar lo que la directora ejecutiva del PMA, la estadounidense Josette Sheeran, bautizó el año pasado como la tormenta perfecta, concepto al que con posterioridad le salieron múltiples padrinos.

¿Y cuáles son las consecuencias de la famosa tormenta? Basta reflexionar un poco sobre el logo de la institución. Es blanco y azul. Se ve una mano que recoge un elote de maíz, dos espigas de trigo y una planta de arroz. Pues bien, el precio de esos tres pilares de la alimentación mundial se ha disparado en no menos del 40% en los últimos 12 meses.

“Yo pienso que esta es una gran oportunidad para que todos reflexionemos sobre el modelo de vida y sobre lo que es aceptable es un mundo globalizado como este. No puede ser aceptable que mil millones de personas estén viviendo en una situación permanente de pobreza.” Quien habla es Carlo Scaramella, la máxima autoridad que tiene el PMA en El Salvador. Como su apellido deja entrever, es italiano, si bien es una de esas personas a las que no cuesta etiquetar como ciudadano del mundo. Tiene 49 años, casado, se desenvuelve en cinco idiomas, no le gusta posar para fotografías y siempre tuvo claro que quería trabajar en la órbita de la cooperación internacional: “Desde joven supe que esto era lo que quería hacer”.

Pasó cinco años en África —Sudán y Angola—, y a inicios de 2006 llegó a San Salvador. Para él, el hambre no es solo algo que últimamente está robando más titulares en los periódicos y más minutos en CNN. Le ha tocado vivirlo de cerca, de muy cerca, y de sus palabras se infiere un tono de amargura por la naturalidad con la que el ser humano acepta que haya otros seres humanos que no tengan nada que llevarse a la boca. Incluso antes de llegara esta tormenta, recuerda, uno de cada seis niños salvadoreños ya estaba desnutrido.

El PMA que representa Scaramella —no está de más recordarlo— es el organismo de ayuda alimenticia del sistema de la Organización de las Naciones Unidas. Se creó en Roma en 1963, su presupuesto anual ronda los $2,700 millones, y trata de amortiguar los efectos del hambre en casi 80 países de todo el planeta. No es, por lo tanto, una organización filoizquierdosa que pretenda en la actual coyuntura preelectoral presentar un escenario de crisis. De hecho, más parece lo contrario. Durante casi una hora de entrevista, Scaramella solo usó una única vez la palabra crisis, y cuando lo hizo no estaba hablando sobre El Salvador. Lleva ya más de dos años en el país, y ya sabe que, con grabadora encendida, a alguien con pasaporte diplomático le toca ser eso: diplomático.

El hambre suele aparecer vinculado a cifras, a porcentajes. ¿Podría usted definirme el hambre en palabras?

Yo no creo que el hambre sea solo una cuestión de cifras, sino que es una condición del ser humano. Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que todavía tenemos buena parte de la población en condiciones de ‘no vida’, por decirlo de alguna manera. Es una condición en la que mujeres, hombres y niños se han vuelto dependientes de la limosna del resto de la sociedad. El hambre es pues una situación de exclusión, de falta de derechos, de marginalidad social y de absoluta ausencia de desarrollo del potencial humano.

Y es especialmente dañina con la niñez.

Claro. Las repercusiones de la desnutrición en la niñez son profundas, y los daños causados durante la primera infancia, durante los primeros cinco años de vida, son irreversibles en muchos casos.

Si alguien pasa hambre una temporada pero luego se regulariza su dieta…

No, no es tan sencillo. En muchos casos hay daños físicos y mentales que duran para siempre.

Hambrunas siempre ha habido. La decadencia de los mayas, por citar un ejemplo, se relaciona con el hambre. ¿Por qué debemos estar especialmente preocupados?

No podemos comparar la situación actual con la de los mayas o la de no sé qué. Desde que el mundo se ha industrializado, desde que el hombre ha impuesto su control sobre los medios de producción, vivimos en la convicción de que no hay metas de producción que no se puedan alcanzar. Nuestra sociedad es una sociedad que no prevé el concepto de hambre. En esta sociedad consumimos, somos impulsados a consumir, y se puede decir que los mil millones de personas que pasan hambre en el mundo no pertenecen, desde este punto de vista, a esa sociedad desarrollada. Hay un mundo que celebra su propio desarrollo y celebra su riqueza, sin contemplar la exclusión social. De hecho, ni la reconoce como parte de sí, de su presente, sino que solo la reconoce como parte del pasado, de algo que no pertenece al mundo de hoy.

Thomas Malthus en el siglo XVIII ya auguró hambrunas apocalípticas partiendo de que en algún momento habría más humanos que alimentos.

Esas teorías aplicaban al mundo de aquella época, pero hoy el mundo tiene la capacidad de producir para todos los habitantes del planeta. El problema es que la producción no se concentra en el agro porque no es muy rentable, y el capital tiende a buscar primero lo que es económicamente más rentable. Es decir, lo que el mundo está produciendo en este momento no está en función de las necesidades sociales.

Hay también quien cree que el capitalismo como sistema es el responsable de que haya hambrientos.

La historia nos ha demostrado que no hay ningún sistema económico que es cien por ciento exitoso. Lo que el mundo atraviesa ahora es claramente un problema coyuntural, pero que señala profundos problemas estructurales. Es decir, esta coyuntura nos está haciendo ver que vivimos con un nivel de pobreza tal que, apenas ocurre algo que no estaba en el guión, mucha gente entra en situación de crisis. Y más específicamente, lo que se está poniendo en discusión es un modelo de desarrollo, impulsado en las últimas décadas, en el que cada país se podía especializar en un tipo de producción e importar todo lo demás. Este modelo, desde un punto de vista teórico, es correcto, pero la teoría no siempre coincide con la realidad. Estoy convencido de que se va a dar un ajuste en el mercado, pero lograr ese nuevo equilibrio tardará unos años, cinco o diez, y lo que va a pasar es que durante esos años vamos a tener víctimas, vamos a tener a mucha gente padeciendo.

Usted ha vivido muchos años en África.

Así es.

¿Se ajusta a la realidad esa etiqueta de que es el continente pobre?

Depende de las escalas de valores. Yo pienso que África es un continente muy rico desde el punto de vista de los valores humanos. Es extraordinario. Es un continente que tiene mucho que enseñar al mundo moderno.

Y al margen de los valores…

Es evidente que en cuanto a renta per cápita están peor, pero no se tiene que subestimar el hecho de que en África hay mucha gente que sigue siendo autosostenible. En algunas áreas del llamado mundo moderno lo que tenemos son personas que viven al margen de la sociedad, que viven solo porque consiguen un trabajo por el que le pagan un salario.

Y después de tantos años en África, ¿como termina en El Salvador?

Nosotros, en el Programa Mundial de Alimentos, tenemos ciclos de estancia en los países asignados, pero naturalmente uno opina, y El Salvador para mí representaba una experiencia nueva, porque ya había vivido mucho la parte humanitaria más pura, y esto que estoy haciendo ahora es un poquito diferente.

¿Usted eligió entonces venir a El Salvador?

Sí.

¿Cuál ha sido su contacto con el hambre? ¿Más a través de informes o viendo los rostros de la desnutrición?

Yo he visto mucha hambre, y causada por varios factores.

¿Hay alguna escena que le haya marcado?

En diferentes países yo he visto el hambre por la guerra, he visto el hambre por la violencia social, y he visto el hambre por la marginalidad social.

¿Hay algún hambre que duela más?

Pienso que el hambre que duele más es el de la gente que ya se siente que no importa a nadie, que no nadie se preocupa por ellos. Duele ese hambre, duele ver que la gente sabe que no hay un Estado, que no hay una autoridad pública que vele por ellos.

¿Y ese tipo de hambre lo ha visto aquí?

No.

¿Tienen el hambre y la desnutrición matices de unas regiones del mundo a otras?

¡Cómo no! El hambre que existe en América Latina es un hambre mucho más invisible. Su nombre técnico es desnutrición estructural crónica, y se llama así porque es algo que está escondido. No tiene el mismo rostro que el hambre que se da cuando ocurre un shock repentino.

¿Escondido a escala mediática te refieres?

Escondido a escala mediática y escondido también socialmente.

¿Y escondido porque lo desconocen los países desarrollados o escondido dentro del propio país?

Los dos. Pienso que Occidente se esconde porque piensa que los países de renta media son ya países completamente desarrollados que no necesitan ayuda, y sí la necesitan. El hambre es un fenómeno escondido que los países desarrollados tienden a no ver si no es en presencia de una evidencia, lo que ya se conoce como el factor CNN. El hecho de que si tú apareces en CNN te conviertes en una emergencia, pero si no estás en CNN, pues bueno, ¿de qué estamos hablando?

¿Y qué tipo de hambre ha encontrado en El Salvador?

Lo que hay aquí es un claro ejemplo de hambre estructural, que se enlaza además con el problema de la pobreza, y con un problema de falta de conciencia social. Es un problema que está escondido y, además de afectar ya a mucha gente, hay otro sector de la población vulnerable. Por eso, cuando se da un desastre natural o los precios se disparan, como está ocurriendo ahora, el impacto del hambre en el país es profundo, es muy profundo.

El PMA está desde hace 40 años en El Salvador, pero no en Costa Rica.

Sí, hace mucho tiempo que salimos de Costa Rica.

¿Y cómo es ese proceso? ¿Cuándo el PMA decide irse de un país?

Nosotros, en el PMA, estamos preparados para retirarnos de un país cuando tenemos la evidencia de que no se necesita nuestro trabajo.

Entonces, es decisión del PMA.

Es decisión del PMA, pero normalmente se hace en coordinación con las autoridades nacionales.

Si siguen aquí es porque el hambre sigue siendo un problema.

En particular, y sobre este momento concreto, el hambre se está destacando como un problema, como un problema que todavía puede agravarse más por la coyuntura que decíamos. Normalmente el hambre afecta al 16% de la niñez en promedio, aunque hay municipios en los que la desnutrición afecta al 40% de los niños. Pero la coyuntura actual amplía el número de personas afectadas, porque un enorme grupo de la población está en dificultades.

¿Y la sociedad salvadoreña está consciente del problema que tiene entre manos?

Me parece que sí, porque ahora todos están un poquito preocupados por el alza de precios, que está poniendo en dificultades miles de hogares de El Salvador.

¿Por qué cree que es necesario hacer caminatas contra el hambre? ¿Sirven de algo?

La Caminata contra el Hambre que organiza desde 2007 el PMA es un evento simbólico mundial en el que El Salvador se ha involucrado, y estamos muy agradecidos por eso. Es simbólico porque lo que se dice es que estamos conscientes de que existe un problema global, como lo que es el hambre en el mundo. Y este año la caminata tocó realizarla en unos días en los que el mismo país está entrando en una fase de dificultad en cuestión de precios y de acceso a los alimentos.

Tengo la impresión de que el PMA tiene cada vez un papel más activo en el país. ¿No están fomentando con ello la pasividad del Gobierno?

No. Nosotros creemos que El Salvador ha crecido enormemente desde que comenzamos a trabajar aquí, hace 40 años. En Centroamérica, nuestra función es apoyar a los gobiernos y complementar cuando sea necesario. Por ejemplo, frente a catástrofes de proporciones mayores a las rutinarias. Todos los países tienen un límite en su capacidad de gestión de desastres, como se vio incluso con Estados Unidos cuando el huracán Katrina. El Salvador también, y el PMA está en disposición de apoyar de manera estratégica cuando sea necesario. Para ello se trabaja con las instituciones nacionales y regionales, como el SICA.

El año pasado el PMA dio alimentos a afectados por las inundaciones de La Unión, que fueron muy localizadas.

Sí, el año pasado intervenimos en La Unión, y también en México, en Nicaragua y en Belice. Intervenimos porque nos pidieron apoyo, porque esa es nuestra misión exactamente.

Pero este año El Salvador redujo el presupuesto asignado a Protección Civil…

Claro, si me preguntas sí el país tiene que invertir más en protección civil, cómo no. No hay límite para eso, ¿eh?

Volvamos al hambre. Es obvio que desde hace unos meses está en la agenda pública. ¿Hay que estar ahora más preocupados que hace cinco años?

Yo estoy convencido de que tenemos que estar más preocupados; primero, porque nos confirma que no se han logrado los resultados que se plantearon, no se ha reducido el número de personas que padece hambre. Y el segundo aspecto por el que debemos preocuparnos es porque el alza de precios nos está evidenciando la vulnerabilidad en la que vive muchísima gente, mil millones de personas en todo el mundo. Esto que está sucediendo ahora es como una alerta más que amarilla para el mundo, para hacernos ver que el equilibrio sobre el que estamos asentados no es tan equilibrado.

La pregunta era porque hace tres años, Naciones Unidas advirtió sobre la inminente llegada de una pandemia de gripe aviar.

Sí, también hace cinco o seis meses desde Naciones Unidas se habló mucho sobre el cambio climático.

¿Y no ocurrirá ahora algo parecido? ¿Qué al final no sea para tanto?

No, esto es real. Es real y va a continuar por más tiempo. Esto no es algo que pueda o no pueda pasar, es algo que ya está pasando. Sí te doy la razón en que hay picos de atención sobre temas globales, y que después se olvidan. Y que suceda esto, en sí mismo, es también motivo de preocupación. Yo opino que los políticos deberían de ser capaces de trabajar en varios asuntos estratégicos al mismo tiempo, y la impresión que tengo es que, como sociedad, somos incapaces de enfocarnos en más de uno.

Intentando ver algo positivo, que se hable tanto del hambre quizá sirva para aumentar los donantes.

Yo pienso que esta es una gran oportunidad para el mundo, para la clase política, para la sociedad, para que todos reflexionemos sobre el modelo de vida y sobre lo que es aceptable es un mundo globalizado como este. No puede ser aceptable que mil millones de personas estén viviendo en una situación permanente de pobreza, y que estén expuestos a todos los eventos que pueden ocurrir. ¿Es tolerable eso? Y el hambre está relacionada con el problema de la migración, con el problema de los derechos humanos, con el problema de que haya una verdadera ciudadanía global. Esta situación que estamos viviendo destapa otros problemas, y alguna vez tendremos que pensar en la equidad desde un punto de vista global, pensar en permitir que todos vivan con dignidad, pensar en un desarrollo más equitativo para todo el mundo.

La web del PMA cifra en 53 millones las personas que pasan hambre en América Latina.

Pero esas son de antes de esta coyuntura. Ya se ha identificado desde la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dependiente de Naciones Unidas) que es real el riesgo de que esta situación produzca nueva pobreza, y que a esos 53 millones se sumen 26 millones de pobres adicionales. Y eso significa un retroceso dramático.

¿Y tiene números de El Salvador?

No hay aún cifras específicas. El PMA está ahora finalizando un estudio regional sobre el impacto de los precios, y algo que nos adelantaron de este estudio es que el año pasado entre Guatemala y El Salvador se sumaron 500,000 nuevos pobres. Se trata de un estimado, pero resulta preocupante saber que ya entramos en una fase en la que estamos produciendo pobres, en vez de reducirlos.

Antes de todo esto, el PNUD ya calificó de poco probable que el país logre la meta referida a desnutrición infantil de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Y sigue siendo poco probable. De hecho, el PMA contribuyó al análisis que presentó el año pasado el PNUD. La situación sigue igual o peor, porque existe la preocupación de que esta situación de precios altos impacte aún más sobre el indicador de desnutrición infantil…

Me desubica. Hace unos minutos creí entenderle que el Estado salvadoreño es un alumno ejemplar.

Yo particularmente creo que el Estado salvadoreño se ha enfocado mucho en los últimos años en la cuestión de la pobreza. Ahora, ¿lo que se ha hecho es suficiente para lograr el objetivo de reducir la desnutrición? El informe del PNUD lo decía claro, y es que no, que no es suficiente, por lo que el objetivo permanece poco probable. Entonces, ahora toca intensificar, sumar, complementar acciones para intentar que se alcance.

Hablemos sobre el papel en la crisis de otros organismos multilaterales. El Banco Mundial, por ejemplo, vino a señalar el problema, pero para ofrecer préstamos.

El Banco Mundial tiene un mandato y tiene una serie de instrumentos operacionales que son esos: los préstamos, y en menor medida, las donaciones. Para hacer frente a esta situación, ellos usarán los instrumentos que tienen hasta que no se haga una reforma estructural del organismo.

¿Y no es en cierta medida querer hacer negocio con el hambre?

Mire, es un hecho que llegará un momento en el que el Banco Mundial y también el PMA se tendrán que reformar para adecuarse a las necesidades del presente. Pero a mí ahora más importante que eso me parece destacar que ha habido una coincidencia en los análisis, y en el llamado unánime a enfocarse en la protección social de los más necesitados y a fortalecer la parte productiva.

Estados Unidos es desde hace años el principal donante del PMA, pero sus donaciones este año se han desplomado. ¿Por qué?

No hay una razón en particular. Yo pienso que aún estamos a tiempo, porque por esta coyuntura hemos hecho un fuerte llamado para el financiamiento del PMA, precisamente para poder responder. Y en este marco hemos recibido una respuesta positiva de muchos donantes, y Estados Unidos ha anunciado que hará una fuerte contribución adicional, por lo que estamos aún en una fase dinámica de la elaboración del presupuesto para este año.

En el lado positivo está Arabia Saudí, que aportará $500 millones.

Extraordinario. Estamos muy complacidos con ellos, porque ha sido una contribución fundamental.

¿Y no resulta irónico que justo ahora, cuando se habla de crisis, Occidente esté radicalizando sus políticas migratorias?

Escasez de alimentos y políticas migratorias están íntimamente relacionadas. A esto me refería antes cuando decía que, frente a un problema como el que tenemos ahora, tenemos que desarrollar una visión diferente de la globalidad. La famosa globalización es algo que ofrece retos y oportunidades, y el reto que tenemos que tomar es que no podemos seguir viviendo en un mundo en el que hay desigualdades tan profundas, porque las desigualdades son la fuente principal de los conflictos por un lado, y por otro, de un enorme sufrimiento, el sufrimiento de la gente que padece hambre y el sufrimiento de la gente que deja su hogar para emigrar a un futuro incierto.

Italia, su país, es de los que tiene un discurso más intransigente…

Desafortunadamente sí. Personalmente es algo que no apoyo, a pesar de ser italiano. Yo pienso que la única manera con la que Europa puede hacer frente a un fenómeno tan complejo como la migración es concebir las soluciones junto a los países exportadores de migrantes, y que a la base esté una visión de desarrollo de esos países. No se puede seguir pensando en vivir encerrados en sus propios privilegios.

Pero el debate actual en Europa es entre gobierno europeos. No han invitado a los gobiernos de los países de los que salen los migrantes.

Y deberían de estar en ese debate, porque en Europa se necesitan nuevas visiones para los retos que tenemos por delante, porque esos retos no se pueden combatir con las herramientas del pasado.

Esta entrevista fue publicada el 29 de junio en la revista Séptimo sentido.

Este es el periodismo que se está haciendo en un país como El Salvador, en el centro de Centroamérica. Formo parte de la generación autodidacta, la que partió de cero, la que partió de la guerra civil, y la que carece de referentes locales. Por ello, internet es la herramienta indispensable para dar a conocer lo que por acá se está haciendo, y sus comentarios son especialmente bienvenidos.

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