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18Oct, 2009

Bahía de Jiquilisco. Tan cerca y tan lejos.

Escrito por: robertogasteiz el 18 Oct 2009 - URL Permanente

Uno de los secretos mejor guardados de la cada vez más competitiva oferta turística salvadoreña es la bahía de Jiquilisco. Catalogada por la UNESCO como Reserva de la Biósfera, la bahía ofrece a quien la visita la posibilidad de rencontrarse con la naturaleza y también permite conocer de primera mano cómo se vive en una comunidad pesquera.


Por Roberto Valencia

Todo era diferente hace unas horas. El agua ha sustituido al asfalto; hay lanchas y cayucos donde antes había autobuses y carros; manglar en vez de cemento; verde en lugar de gris; quietud y no zozobra. El hace unas horas eran las agresivas calles de San Salvador. Y el ahora es un lugar llamado bahía de Jiquilisco, reducto de exuberante naturaleza situado a poco más de 100 kilómetros de la capital de El Salvador. Tan cerca y tan lejos.

Es una bahía paradisíaca pero no muchos lo saben.

—¿Y el turismo lo ven como oportunidad o como amenaza?

—Para nosotros sería una oportunidad todo y cuando el turista venga a observar nuestros recursos, no a dañar. La apuesta aquí es el turismo sostenible, el ecoturismo –dice Cristabel Flores, directora de Codepa, una ONG que trabaja en y por la bahía desde hace 11 años.

Turismo sostenible, dice.

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Bautizado por la Nobel chilena Gabriela Mistral como el Pulgarcito de América, El Salvador es el más chiquito país latinoamericano y también el más densamente poblado. Con estas variables no resulta tan sencillo hallar lugares donde el hombre no haya dejado su impronta. Situada en la zona oriental, en un departamento llamado Usulután, la bahía de Jiquilisco representa la mayor extensión de manglares de todo El Salvador. Estos son sus números: 635 km² repartidos entre seis municipios, temperatura promedio mensual superior todo el año a los 20 °C, decenas de especies de reptiles y mamíferos, cientos de especies de aves. Esteros y canales laberínticos, playas blancas e infinitas, islas desiertas e islas habitadas.

En su currículum destacan dos nombramientos. Desde 2005 forma parte del listado de humedales de importancia internacional Ramsar. Y en 2007 la UNESCO le otorgó el título de Reserva de la Biósfera. Pese a estas credenciales, y a que está a menos de dos horas de la capital, la bahía apenas está presente en la cada vez más competitiva oferta turística salvadoreña.

Walter Rojas, de la gerencia de áreas naturales protegidas del Ministerio de Medio Ambiente, prefiere destacar el importante papel ambiental que cumple la bahía, y le apuesta también a un turismo limitado: “Uno de los sueños es fomentar el ecoturismo, ese turismo que comparte con las comunidades, que ayuda a los pobladores y les genera fuentes de ingreso”.

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Amanece en la bahía. El sol no ha salido, pero ya clarea. En la comunidad La Pirraya comienza el vaivén de lanchas que singulariza a los asentamientos pesqueros. Para las más grandes y atrevidas es hora de regresar. Llegan una tras otra, cargadas con el fruto de una larga noche en mar abierto. Para las más pequeñas, al contrario, el amanecer es el arranque de la jornada, el momento ideal para adentrarse en la bahía y probar suerte. Pero todas, grandes y pequeñas, tienen en común la dependencia del mar y los vistosos colores.

El mar ahora está calmado y plateado. En la orilla los primeros en llegar desembarcan grandes peces. Hay bagres, jureles y pargos, pero en poca cantidad. La pesca, dicen todos por acá, está cada vez peor. Sentado sobre la arena, José Ovidio Perdomo, don Ovidio, observa, quizá añorando los largos años en los que él también fue pescador. Alguien muestra orgulloso un robalo de casi medio metro.

—¿Y aún puede ser más grandes?

—Sí –responde–. Hay veces que hasta de 60 libras. Por ahí tienen tendido uno de 25.

Don Ovidio nació junto al mar y todo indica que morirá junto al mar, en La Pirraya. Tiene 58 años, es bajito, los ojos claros y la piel requemada. Ahora trabaja como guardarrecursos, pero antes le tocó de pescador, camaronero, tortuguero y curilero. Es la voz de la experiencia.

—Don Ovidio, ¿y donde se compran estas lanchas?

—Aquí mismo se la pueden fabricar.

Rosendo Castillo –56 años, grueso y cachucha en la cabeza, como casi todos en la bahía– fabrica lanchas de fibra de vidrio, las más solicitadas. Su taller, por llamarlo de alguna manera, está sobre la línea de playa. Es una humilde construcción de palma y madera con techo de lámina que apenas sirve para proteger de la lluvia y el sol las lanchas en ciernes. Él y sus cuatro ayudantes están construyendo ahora una con nevera, para poder pasar varios días en altamar. Es de las que más trabajo requieren. Tardarán nueve días y cobrarán 3,500 dólares por el trabajo.

—A La Pirraya –dice Rosendo, orgulloso– el primero que vino es un cuñado mío que por allí vive. Después me vine yo.

La Pirraya, de hecho, es una comunidad joven y a la que solo se puede llegar en lancha. Hasta hace unas décadas acá no había casas. Pero en los primeros años de la guerra civil que afectó a El Salvador en la década de los 80, decenas de familias desplazadas terminaron aquí. Hoy la conforman más de 200 familias que en su gran mayoría dependen del mar.

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En La Pirraya no hay discotecas ni restaurantes de cinco tenedores ni polideportivos ni museos ni parques de atracciones. Lo que sobra es sol, playas, pescado y tranquilidad. Es un lugar ideal para eso que algunos llaman turismo antropológico. Eso sí, el billar que atiende Esperanza Rivas, el único en toda la comunidad, permite degustar al final del día, sobre la arena y por un dólar, la cerveza más fría y agradecida que uno pueda imaginar.

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El taller de Rosendo está a mitad de camino entre el singular muelle de madera y el vivero de tortugas. Desde hace años funciona en este sector de la bahía una red de guardarrecursos que entre mayo y diciembre están pendientes de los desoves de diferentes especies de tortuga marina: carey, golfina, prieta y baule. Don Ovidio fue por años el encargado del vivero, labor en la que hoy le ha sustituido un joven de 17 años –también de La Pirraya– llamado Moisés García.

—¿Y cuánto tarda en nacer la tortuga carey?

—El manual que nos han dado –responde don Ovidio– dice que entre 55 y 60 días después de la puesta, pero, asegún la temperatura que tenemos actualito aquí, yo sé que nacen siempre a los 55 días. Eso yo lo tengo aquí –y se señala con satisfacción la sien.

Para dentro de cuatro días esperan que una nidada eclosione.

Debido a la merma en las poblaciones, El Salvador decidió el año pasado prohibir todo tipo de comercialización de los huevos de tortugas. Este vivero ofrece a los pobladores tres dólares por cada docena que llevan, y el 100% de las tortugas que nacen son liberadas al mar. Además del beneficio medioambiental, la precisión de don Ovidio para conocer las fechas de eclosión de los huevos han convertido las liberaciones de tortugas en un prometedor reclamo turístico.

Algo similar está ocurriendo con los paseos en lancha o en kayak por el manglar. En coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente, las distintas cooperativas y asociaciones comunitarias que conforman Codepa comienzan a ver el filón. Ya se está ofreciendo a los pocos turistas que llegan, por ejemplo, que sean ellos mismos los que recolecten entre el lodo las conchas para luego elaborar cócteles.

Adentrarse en el manglar es toda una experiencia. Con un buen guía y marea alta, uno puede llegar en lancha a canales de agua por los que apenas pasa la embarcación. Sea la hora que sea, ingresar en este laberinto de raíces supone un contacto directo con uno de los ecosistemas más productivos del planeta. La vida se respira. La temperatura baja de forma súbita y el sol se desvanece, al punto que las cámaras fotográficas comienzan a exigir el flash para garantizar imágenes iluminadas.

—Entre más caminemos para adentro, más cerrado –advierte Miguel Rodríguez, el lanchero.

Es hora de retirarse.

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El manglar circunda Puerto Parada, el cantón al que se dirige la lancha y que funciona como una de las dos puertas de acceso y salida a toda la bahía. La otra es Puerto El Triunfo, otro municipio en el que tener una lancha es más codiciado que tener un carro.

Al llegar a Puerto Parada, un grupo de jóvenes ha formado cadenas humanas que se tiran de forma vertiginosa pero sincronizada los cocos llegados a bordo de una barcaza. Hay bromas y buen humor. Los cocos, la única actividad agrícola en todo el sector oriental de la bahía, terminarán casi todos en San Salvador. Al fin de cuentas, la capital y su asfalto y sus carros y su cemento y su gris y su zozobra están a menos de dos horas. Tan cerca y tan lejos de la bahía.


Esta crónica apareció publicada en la edición de octubre de la revista Panorama de las Américas.

20Abr, 2008

Las siete maravillas del mundo natural

Escrito por: robertogasteiz el 20 Abr 2008 - URL Permanente

Hace siete semanas, por este mismo medio se informaba que el lago de Coatepeque aspiraba a ser una de las siete maravillas del mundo. Entonces, estaba en el puesto 219. El boca a boca parece haber funcionado, y Coatepeque ya está entre los 15 más votados.Un sueño que se podría abortar...


Por Roberto Valencia

Son ya 26 años sin ir a un mundial de fútbol. En béisbol, cero a la izquierda; en baloncesto, ídem; y en natación, y en tenis, hasta en el golf. ¿Alguien ha visto un guanaco en la Fórmula 1? ¿Alguien puede siquiera imaginarlo? Tampoco hay salvadoreños entre los actores más taquilleros, ni entre los cantantes que más venden ni entre las modelos más cotizadas. Raro —rarísimo— es el ránking internacional en el que el país aparece bien posicionado cuando de atributos positivos se trata.

Por eso extraña esta noticia, por eso maravilla. Condensada, es así. A mediados del año pasado se abrió la votación para elegir las siete maravillas del mundo natural. Hay 276 competidores de todo el planeta inscritos, y el lago de Coatepeque estaba el viernes en el puesto número 17...y y subiendo.

Para hacerse una idea de lo que supone esta votación, basta echar un vistazo a la lista de aspirantes. El lago santaneco estaba el viernes (18 de abril) en el puesto 17, y en los puestos 18 y 19 se ubican las cataratas del Niágara y el cañón del Colorado. Palabras mayores. Contra ese tipo de atractivos se está midiendo hoy la propuesta salvadoreña. Y con mucho menos apoyo, con menos votos, se encuentran referentes como el escocés lago Ness, el tanzano monte Kilimanjaro, las suramericanas cataratas de Iguazú, el ecuatoriano archipiélago de la Galápagos
y otros muchos lugares que suenan a exotismo, a documental de National Geographic.

El Salvador, en este ránking, sí está en las ligas mayores.

Detrás de la competencia está una fundación privada con sede en Suiza que se llama Nuevas 7 Maravillas. Son los mismos que hace dos años eligieron las siete maravillas del mundo, en las que se encumbró a Machu Picchu, a la Muralla China, a Chichén Itzá y al Cristo del cerro de Corcovado. Ahora se han propuesto algo parecido, pero lo que elegirán son siete lugares que la naturaleza, y no la mano del hombre, ha moldeado. Por ahora, el olimpo de los lugares más queridos lo ocupan sitios como el río Amazonas o el monte Everest.

Y el por ahora tiene importancia, porque esto va para largo. Hasta el 31 de diciembre de 2008 hay tiempo para votar vía internet y para formar el comité oficial de apoyo —el comité oficial de apoyo— del sitio candidato. Entre los más votados y que tengan su comité, un grupo de expertos seleccionará en enero los 21 finalistas. Entonces, comenzará de cero otra votación, siempre vía internet, que concluirá en agosto de 2010. Faltan más de dos años.

El lago de Coatepeque lleva buen ritmo, y se ha abierto la posibilidad de dar a conocer al mundo entero un anzuelo turístico. Cabe señalar que lo que se mide no es la belleza objetiva, algo casi imposible de medir, sino el número de votos. Fue así como el Cristo de Río de Janeiro logró desbancar a emblemas como la Torre Eiffel o la Acrópolis en el concurso anterior. Está comprobado que, además de la proyección internacional, hay margen para sorpresas.

El lago tiene su gancho. Visto desde la altura, desde Google earth, se asemeja a un huevo estrellado, en el que a la isla de Teopán le correspondería asumir el papel de yema. Es la zona sur del departamento de Santa Ana, zona cafetalera, y todavía hay suficientes árboles en los alrededores. Pero lo que más sorprende a vista de pájaro, sin embargo, es el sinnúmero de muelles de embarque, de zonas engramadas, de piscinas y de ranchos de lujo que se esparcen por su ribera, sobre todo en el arco situado más al norte.

Si se prescinde de la computadora, una de las vistas más impresionantes del lago es la que se tiene desde el parque natural Cerro Verde. En un día despejado, sus aguas adquieren un tono azul cielo, que contrasta con el verdor que lo rodea. “Los Bosques y el Lago son Nuestros Amigos”, reza el letrero situado en el mirador construido para apreciar Coatepeque desde ese parque.

¿Y desde adentro? Pues parece que pierde algo de atractivo. Jorge Saade tiene 33 años y ha realizado cientos de inmersiones. Es submarinista. Durante dos años fue el instructor de la empresa El Salvador Divers en el ahora aspirante a maravilla del mundo. “Por arriba es bonito, pero para buceo, para arqueología y para geología es mucho mejor el lago de Ilopango”, dice Saade. También dice que el fondo del Coatepeque no se caracteriza por su limpieza.

Así es, abocetada, la apuesta salvadoreña para esta peculiar competición, una oportunidad de aterrizar al fin esa vaga idea de que Coatepeque es uno de los lagos más bellos del mundo. Si uno se sumerge en internet, aparecen decenas de artículos periodísticos, de blogs, de llamados de empresas del sector turístico que lo mencionan entres los 10 más bellos del mundo, entre los cinco más bellos, entre los tres. Pero esas aseveraciones no se sustentan.

Ahora se abrió la posibilidad. ¿Y quién lo hizo? ¿Quién pensó que Coatepeque podría ser una maravilla? Se quiso despejar la duda, pero no se consiguió. Se preguntó a los organizadores, y no se tuvo la respuesta buscada pero, a cambio, llegó una información mucho más sorprendente. Esto fue lo que respondió Stephanie Mc Namara, del equipo de comunicaciones de la fundación: “Quisiera informarle que, por el momento, el lago de Coatepeque no tiene un el comité oficial de apoyo y, sin él, NO podrá considerarse para la próxima fase de las siete maravillas del mundo natural, será automáticamente excluido”.

Más claro, agua. Si no se crea pronto un comité de apoyo local a la candidatura del lago de Coatepeque, no importa que sea la más votada, la propuesta será excluida, eliminada, suprimida, expulsada, rechazada, descartada. Ahogada.

Este es el periodismo que se está haciendo en un país como El Salvador, en el centro de Centroamérica. Formo parte de la generación autodidacta, la que partió de cero, la que partió de la guerra civil, y la que carece de referentes locales. Por ello, internet es la herramienta indispensable para dar a conocer lo que por acá se está haciendo, y sus comentarios son especialmente bienvenidos.

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