Escrito por fernando-navarro
04 Sep 2008 - Enlace
The Jayhawks, horizontes melódicos
Recuerdo como si fuera hoy el día que un muy buen amigo me pasó a petición propia un disco de los Jayhawks. Resulta que estaba oyendo hablar de ellos y no tenía nada que llevarme a los oídos de los susodichos. Mi amigo me hizo una selección exclusiva de sus temas preferidos y este escribiente se quedó prendado, pasmado, ante la belleza melódica y vocal de esta banda. La música de The Jayhawks es de esa que te llega a hacer sentir que te cambia la vida.
Fue Mark Olson quien me adelantó hace varios meses en una entrevista que pude hacerle para Efe Eme que él y Gary Louris volverían a tocar juntos como The Jayhawks y además sacarían un álbum. Una gran noticia que ahora se cumple en el Azkena Rock que se celebra desde hoy y hasta el sábado en Vitoria. Dentro de un cartel bastante interesante, la reunión de los primeros Jayhawks, aunque no los originales, con ese magnífico dúo formado por Mark Olson y Gary Louris, me parece lo más atractivo, por encima de bandas míticas como Sex Pistols y Sonics o grupos con el punch de The Lemonheads, Gutter Twins, Dinosaur Jr. o Jon Spencer Blues Explosion.
Seguramente mi afirmación provenga de esa parte de la música que es insustituible: la compañía. Recuerdo que un lector de este blog me preguntaba a raíz de un mensaje sobre la nueva gira de Jeff Tweedy quiénes me gustaban más entre Wilco o Jayhawks. En mi caso, es como elegir entre papá y mamá, respondí. Y seguro que hoy por hoy son las dos bandas norteamericanas de los noventa que más me han impactado, pero sí es cierto que The Jayhawks me cegaron de primeras aún más que Wilco. También han sido una de las bandas que más me han acompañado en la vida desde el primer día que los descubrí.
Sin Olson o con Olson, me gusta todo de la banda, pero he reconocer que son sus primeros discos, cuando Gary y Mark compartían labores y eran el alma del grupo, los que más me arrebatan. Hablo de Hollywood Town Hall y Tomorrow the Green Grass, dos obras maestras. La simbiosis de ambos es sencillamente maravillosa, cuando empastan sus voces, con arreglos sencillos y melodías que señalan horizontes lejanos. De la mejor tradición folk rock norteamericana, en la estela de formaciones como Big Star, The Byrds o The Flying Burrito Brothers.
Carretera y manta al atardecer. Algunos de los mejores momentos que me ha regalado el rock se guardan en joyas como <<Blue>>, <<Bad Time>>, <<Waiting for the Sun>> o <<Clouds>>. Si en el Azkena Rock ofrecen algún destello de los que se recogen en algunas de esas composiciones, entonces, afortunados los que asistan, y, por favor, que lo cuenten. Servidor, por desgracia, no puede ir hasta Vitoria, aunque siempre queda el reproductor. Ahí va: <<Wainting for the Sun>>.

"La de terminar una canción es todavía mi sensación favorita en el mundo” (Conor Oberst dixit)
Tiene algo de misterioso este chico, que ha reconocido en diversas entrevistas que la mayoría del tiempo se siente perdido. Observando con detenimiento alguna de sus fotografías parece guardar cierta aura de inadaptado con mucho que decir. Con motivo de la publicación de su recomendable álbum Cassadaga, bajo el nombre de Bright Eyes, recuerdo que leí una entrevista en el semanario Village Voice en la que Oberst hablaba desde su apartamento en Nueva York, con vistas a Washington Square. Daba la sensación en sus respuestas de ser un tipo sencillo y directo pero que necesitaba esconder algo, a saber el qué.
erboy Reed y Amy Winehouse (de la que se puede saber todo en el último número de
No se me ocurre mejor forma que arrancar con la ventanilla bajada y pisando fuerte para tomar la recta con el reciente disco de
Son sus dos características más reconocibles. Sin entender lo que cuenta por la barrera del idioma, el oyente puede darse cuenta que Newman transmite ironía en su música, gracias a su peculiar manera de cantar, cercana a veces a la recitación. Uno escucha lo que dice y siente que ese tipo es un viejo zorro desde mucho antes que fuese mayor de edad. En su último disco, se comprueba en cortes como <<Harps and Angels>>, <<Laugh and Be Happy>> o <<A Piece of the Pie>>. También pega todo un repaso a la Administración Bush sin dejar de ser patriota, y
Los diez primeros puestos de esa lista son los siguientes:
La música sería su refugio, y la compañía Stax Records, en pleno guetto negro de Memphis, su hogar. En la que fue la casa de los sonidos más excitantes que ha dado la música negra, Hayes se convirtió a principios de los setenta en uno de los músicos más solicitados. Tras tocar con varias bandas por garitos de la ciudad, empezó a colaborar en grabaciones del sello. Al poco tiempo pasó a ser uno de los más activos pianistas de sesión de la casa, sin olvidar en ningún momento su faceta como letrista, lo que le llevó a formar parte de más de 200 colaboraciones. Recibió su primer sueldo de Stax tocando el piano para Otis Redding, con el que grabaría el magnífico Otis Blue.
Me mandaba el otro día un amigo un correo electrónico con sugerencias de algunos de esos discos que no deben escaparse por estas fechas, tal vez, porque suenan especiales y hacen caer a uno de manera más directa en la grandeza de los mismos. Reconozco que es época de mínimos, con el depósito de gasolina en la reserva, y ya sólo se piensa en la llegada de las vacaciones, para los que todavía no las han tenido como yo, pero es imposible que el espíritu no se altere con el inmenso, palabras textuales de mi amigo, Live at the Harlem Square Club, de
Azorado por la posibilidad de llevarme a casa por fin alguno de aquellos discos, comía literalmente las palabras dedicadas a músicos que no conocía de nada, buscando algún resquicio de luz que me diera una señal, una pista y por fin:
"Siempre intenté actuar, ser un actor en escena, he escrito monólogos para mí mismo, ya sabes, en los que puedo interpretar un papel. Obviamente no rompí el brazo a nadie, no estoy en la cárcel. Es escritura, no ocurrió realmente, es un Berlín de la mente, lo que no significa que no sea real”. 