Escrito por fernando-navarro
20 Jun 2008 - Enlace
Bottle Rockets, anclados en su gran rock
"Parada para repostar" se detiene en una banda genuina del rock norteamericano de los noventa. Esteban Hernández pasa por esta ruta con un disco de raíces y nervio puro.
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La música de Bottle Rockets está anclada en el entorno en el que viven. Nace en la ciudad rural y la combate, es fruto del amor y el odio por una atmósfera que les oprime y con la que, al tiempo, se identifican. Es música de bar, asentada en el rock de raíces, nada pretenciosa y muy efectiva. Se formaron en 1993, cuando Brian Henneman, roadie, vendedor de camisetas, intérprete de mandolina y mil cosas más para Uncle Tupelo, le pasó una maqueta al manager de la banda, Tony Margherita. Pero The Brooklyn Side es su obra maestra, la definición de lo que son y hacen, una mezcla de rock de toda la vida, influencias country y melodías pop que marcó la pauta en su estilo durante bastante tiempo.
El disco se abre con tres pegadizas gemas cercanas al pop de raíces: esa insidiosa melodía que va abriéndose espacio en tu cabeza, <<Welfare Music>>; el single del álbum (reproducido al final del texto), <<Gravity fails>>, perfecta introducción radiofónica, (con ese juego de palabras, there´s something in my jeans, there´s something in my genes); y <<I´ll be coming around>>, con su bonito estribillo cerrado y repetitivo.
A partir de ahí dejan paso a su lado más duro con <<Radar gun>> y su batalla con el poli de tráfico que te odia con <<Sunday Sports>> y su retrato del hombre casado que hace deporte en el sofá, con las clásicas guitarras rocanroleras de <<Take to me to the bank>>, una canción de esas que eran habituales en toda banda de los setenta (ready for a night of rock and roll), la simple y efectiva glorificación de la diversión y el estilo; o con el ritmo heavy y el arrastrado estribillo de <<Stuck in a rut>>.
Pero The Brooklyn Side es un involuntario recorrido por la música americana blanca, por lo que no desdeña influencias: también están el irónico aire country de <<Idiot´s Revenge>>, el vals de <<Young lovers in town>>, el cortante recitado en la balada <<What more can I do>> (“Esta noche, nena, ten por seguro que te golpearé otra vez”) o el precioso himno de retirada <<I wanna come home>>.
Decía Henneman que si oyeras 365 veces el álbum, podrías ver lo aburrido que puede ser un año en la vida de un pueblo de Missouri. Henneman es de esa clase de personas que va a ver a sus ancianos padres y les corta la hierba una vez a la semana, que no se despega de su espacio natural porque ama ese tipo de vida, pero que no puede dejar de extrañarse de los sinsentidos y las estrecheces que esa clase de existencia trae consigo. Podríamos aventurar que esa afirmación no es más que un lado del asunto, que si oyeras The Brooklyn Side unas cuantas veces también podrías apreciar las cosas positivas que encuentran en esa vida.
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TEXTO: Esteban Hernández (redactor de Ruta 66 y el diario La Vanguardia)


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