Escrito por fernando-navarro
09 Jul 2008 - Enlace
Ry Cooder, sin planes preconcebidos
"No puedo hacer un disco con un plan preconcebido, ni tratar de sonar de una manera determinada. Simplemente escribo y grabo lo mejor que puedo, y es esto lo que me sale”.
Lo que le sale últimamente a Ry Cooder puede considerarse fantástico. Y así su último testimonio sonoro no desmerece su grandeza. Pocos discos han sonado tanto en las últimas semanas en mi reproductor como el reciente I, Flathead (Nosesuch/Warner Music), el tercero de esa trilogía de aúpa formada por Chávez Ravine y My Name is Buddy.
Ry Cooder es un músico mayúsculo. Inquieto y dotado como ninguno, es un extraño caso de tener un pie en el rock y otro en sonidos dispares, mientras en su cabeza fluye el pasado y el futuro. Al músico de Los Ángeles le ha invadido esta vez el espíritu de una California de ficción que hiere como si fuera de carne y hueso, con su aspecto derrotado, el músculo de su sencillez anónima y las promesas por cumplir.
Sin embargo, Cooder se aleja de los pasajes musicales sobrios, de la rigidez sonora propia de los cantautores de película de domingo. En I Flathead, no pierde sus dotes instrumentales y vuelve a exponer su capacidad para adentrase en la canción mestiza, donde insufla con igual riqueza los acentos del boogie, el swing, el tex-mex o la pachanga. Una sola escucha sirve para reconocer un disco que está destinado a crecer en las siguientes reproducciones, como un trayecto con diferentes caminos. Perfecto para un verano sin planes preconcebidos.
El siguiente corte, <<Drive Like I Never Been Hurt>>, abre el álbum.

Corría el año 1964 cuando un joven Dylan hizo estas declaraciones a la revista New Yorker. Se encontraba el músico grabando nuevo material en los estudios neoyorquinos de la Séptima Avenida con la calle 52. Era la voz de la música folk, el representante con mayor impacto dentro y fuera de la escena, pero cómo ya señalaba para la publicación estadounidense estaba preparando otro avatar, que pasaría por una revolución sonora y eléctrica, pero que no dejaba de ser a fin de cuentas la esencia de su naturaleza inquieta e independiente.
El último número de
Podría haber sido la canción de un grupo clásico, incluso mítico, un referente en la cultura popular o uno de los muchos padrinos de la música contemporánea, pero como no planeamos ni elegimos nuestra primera vez, debemos acatar la realidad. Los más astutos y avezados lectores habrán descubierto que hablo de los franceses Mano Negra, y de su canción <<King Kong Five>>, una demoledora canción que en escasos dos minutos y medio, cambió mi vida. Me abrió la mente a la música, e indirectamente, impulsó a hacer lo que hoy en día se ha convertido en un placer, escribir sobre lo que me gusta y entretiene, sin límites ni cortapisas. Se me olvidaba, con este colorista álbum también inaugure mi nutrida y particular colección de vinilos.
Hay pocos multiinstrumentistas como en él en la música negra, igual toca el piano, la guitarra, la batería y la armónica con la misma maestría. Tiene como referencia a Ray Charles, al que llegó a dedicar un disco entero, y que como él es ciego y como él tiene la cualidad de crear composiciones soul que enganchan, ágiles y animadas. Las del fallecido Charles son más de R&B clásico mientras que las de Wonder están orientadas hacia el funk, siendo uno de los primeros artistas que hace un correcto e interesante uso de los sitentizadores, que más tarde terminarían por desvirtuar buena parte del rock.
Neil Young 
Para mí, Lofgren lo tiene todo. Ingresó con 17 años en la banda de Neil Young, cantando y tocando el piano y la guitarra en nada menos que en esa delicia titulada After The Gold Rush. Luego formó parte brevemente de los Crazy Horse. También estuvo presente en ese subterráneo disco de Young llamado Tonight’s The Night. Como músico de sesión, dejó su sello para Rod Stewart, Carl Perkins y Ringo Starr hasta que Bruce Springsteen le llamó para sustituir a Little Steven en la E Street Band.
De Nick Lowe se pueden decir tantas cosas que casi uno no sabe por donde empezar, y todas son geniales. Como músico en solitario tiene trabajos sublimes como Jesus of Cool (recientemente reeditado). Píldoras melódicas, bellas entre el pop en mayúsculas y el rock’n’roll primigenio. Esto lo último lo desarrolló aún más y con un atino estremecedor con Rockpile, la banda magnífica que lideró junto a Dave Edmunds, surgida en mitad de la ola punk y new wave y que tiene una obra maestra como Seconds of Pleasure. También como productor Nick Lowe ha demostrado su gran olfato, poniéndose en los controles con gente como Elvis Costello, Graham Parker y Dr. Feelgood.
Hace unos días se confirmó que Jeff Tweedy, cantante y guitarrista de
La música de
Pero The Brooklyn Side es un involuntario recorrido por la música americana blanca, por lo que no desdeña influencias: también están el irónico aire country de <<Idiot´s Revenge>>, el vals de <<Young lovers in town>>, el cortante recitado en la balada <<What more can I do>> (“Esta noche, nena, ten por seguro que te golpearé otra vez”) o el precioso himno de retirada <<I wanna come home>>.