Escrito por fernando-navarro
22 Sep 2008 - Enlace
Norman Whitfield, la última tentación
En las últimas fechas se han sucedido una serie de obituarios, que no se me han escapado, pero no he tiempo de recordar como me hubiese gustado en su momento. Por desgracia, voy a dedicar esta semana a recordar a una serie de artistas que han muerto recientemente y que ilustran buena parte de lo mejor que se ha cosechado durante décadas por la ruta sonora norteamericana. De alguna manera, solamente son esbozos en su honor, ahora que ya no están.
Empiezo, tal vez, por el menos conocido a nivel mediático pero no por ello menos importante. El pasado 16 de septiembre moría Norman Jesse Whitfield, compositor y productor al que se le debe la elaboración del sonido de algunas de las mejores joyas negras surgidas de nada más y nada menos que de Motown, la fábrica de la música de la joven América, donde soul, gospel y pop confluían en una misma corriente con lucidez y entusiasmo en músicos como Diana Ross y The Supremes, Marvin Gaye, The Four Pops, Smokey Robinson, etc.
Nacido en Harlem, Whitfield se trasladó pronto con su familia a Detroit y allí se dejó ver por las oficinas de la Motown. Berry Gordy le contrata por su tenacidad e insistencia para formar parte del sello musical pese a que sus conocimientos en la materia son más bien escasos. A Whitfield no le llamaba un sentimiento musical sino el dinero. Veía que era más fácil ganar un puñado de dólares en Motown que de dependiente en una tienda en el Estado de Michigan. A partir de ahí su historia se escribe con letras doradas en la producción y elaboración de los sonidos de la Tamla Motown, ofreciendo su perspectiva ácida y arreglos mayúsculos, que ponían un acento funky que marcaba los nuevos horizontes negros.
Es curioso porque sin saberlo el primer contacto que tuve con este compositor fue a través del tema <<War>>, que Springsteen versionaba en su caja Live 1975/85. Una composición que el propio Sprinsgteen utilizaba con fuerza para criticar la guerra y que Whitfield, su autor, había escrito para atacar sin paliativos al presidente Richard Nixon y su catastrófica guerra de Vietnam. Me encantaba esa canción por su contundencia y enganche pero no me llevaron a investigar en Whitfield (de hecho me quedé en Edwin Starr que también la versionaba y aparecía en los créditos) hasta que cayó en mis manos un disco de los Temptations.
Ahí, el nombre de Whitfield se recogía en casi todos los créditos. Sé que de este hombre se puede y se deben decir muchas cosas pues su carrera es larga y productiva con gente como Marvin Gaye, The Valvelettes o Rose Royce, su grupo propio. Pero quiero centrarme en su labor con los Temptations. Uno de los grupos más representativos del sonido de la joven América varió de formación incontables veces pero siempre tuvo en Whitfield una piedra de toque.
Es cierto que terminaron adentrándose en la dance music, respondiendo a las perspectivas de los nuevos tiempos en los setenta y a los deseos comerciales del jefazo de la discográfica, Berry Gordy (aprovecho para recomendar la película Dreamgirls, que ilustra en parte la historia de The Supremes y de este giro musical de la compañía). Pero también se encuentra en esa discografía primera de The Temptations el peculiar sonido suave y colorido que enamora con el juego de voces y el muro de sonido con toque psicodélico. Era conocido como psychedelic soul. Hay piezas que merecen ser reescuchadas como <<Girl (Why You Wanna Make Me Blue)>>, <<How Can I Forget>>, <<Cloud Nine>>, <<Ball of Confusion>>, <<Psychedelic Shack>>, con incursiones al funk primigenio. Pero una de mis preferidas es una balada, emotiva e impactante, <<Just My Imagination>>, que The Rolling Stones, entre otros, versionaron en su álbum Some Girls. Fue una manera de Whitfield y el letrista Barret Strong de salirse del soul psicodélico.
Si se habla de The Temptations, inevitablemente siempre saldrá el clásico <<My Girl>>, pero si me tengo que quedar con un tema del grupo bajo la batuta de Norman Whitfield es <<Ain’t Too Proud To Beg>> Posiblemente el que más me cautivó sólo más escucharlo y ofrece el ritmo repleto de tentaciones de la banda.


Leo en
Con motivo del mensaje de Miguel Ángel Palomo sobre The Band y la buena acogida de este magnífico grupo, no puedo por menos que traer a esta ruta un álbum inmenso y reciente de uno de sus miembros. Quiero poner el acento y no sé cuántos signos de exclamación por el último disco de Levon Helm, ex batería de The Band, que tiene por título, Dirt Farmer. Sencillamente, es el disco al que más he recurrido posiblemente en el último año, con aroma de clásico y que ha ido creciendo a cada escucha como el aire puro va entrando en tus pulmones. Lo digo con absoluta conciencia de mis facultades: si no te emociona es mejor hacérselo mirar.
De la peculiar combinación de estilos, hilados con belleza y desparpajo, que presidió los mejores momentos de The Band, el forajido de Helm conserva intacta su capacidad de expresión. Ahora, en cambio, y debido al cáncer, su voz raspa el aire en unas ocasiones y susurra achacada en otras, siendo capaz de poner los pelos de punta cuando se desgañita, poseída por el ritmo, como los viejos rockeros, que nunca miden sus pasos.
La cosa pasa más o menos en 1983, cuando las radiofórmulas pinchan invariablemente a Duran Duran y Spandau Ballet, y hay gente con hombreras y pelos cardados por la calle mientras tú intentas encontrar ropa parecida a la que llevan los tíos que salen en Hair. Un día, alguien aparece con un VHS que se llama El último vals. Lo dirige Scorsese y TODOS estaban allí, en Winterland, en San Francisco. Un concierto donde, además de escuchar a tus ídolos, puedes verlos. Te enteras de qué van las canciones, porque están subtituladas. Lloras con el Helpless de Neil Young, aprendes qué era “La vieja Dixie”, sueñas con ser Rick Danko y con tener su voz ajada y abrasiva, descubres que Van Morrison es un tipo pequeñito con una voz que puede demoler edificios, y los chicos de The Band se convierten en TU GRUPO. Así que reproduces la cinta hasta el desgaste absoluto y cargas con tu vídeo hasta casa de un colega para conectarlo con el suyo y hacer una copia, por si acaso. Y esperas. Esperas el día en que puedas tener ese disco (años más tarde lo tendrás, con su carpeta amarilla y sus ¡tres! vinilos dentro). Porque el disco que te cambia la vida puede ser, ya ves, una cassette o un VHS.
A raíz de hablar la semana pasada de The Jayhawks, he recuperado este fin de semana un disco que a mi juicio fue de los mejores del año pasado y tiene como protagonista a
Contaba Olson en una entrevista a No Depression que los meses previos a este disco los gastó en recorrer parte de Europa y entrar en contacto con una pareja amiga de escritores, que le aconsejaron y alojaron en Gales tras la depresión por la ruptura de su matrimonio. El último corte, <<My One Book Philosophy>>, bien muestra la persona que hay detrás del artista. Durante un tiempo fue su propia búsqueda, y esas emociones encontradas se pueden cortar con un cuchillo en la escucha de este álbum que ayudó a sobrevivir a su autor. Corte: <<My Carol>>.
Fue Mark Olson quien me adelantó hace varios meses en una entrevista que pude hacerle para Efe Eme que él y Gary Louris volverían a tocar juntos como The Jayhawks y además sacarían un álbum. Una gran noticia que ahora se cumple en el
Seguramente mi afirmación provenga de esa parte de la música que es insustituible: la compañía. Recuerdo que
Sin Olson o con Olson, me gusta todo de la banda, pero he reconocer que son sus primeros discos, cuando Gary y Mark compartían labores y eran el alma del grupo, los que más me arrebatan. Hablo de Hollywood Town Hall y Tomorrow the Green Grass, dos obras maestras. La simbiosis de ambos es sencillamente maravillosa, cuando empastan sus voces, con arreglos sencillos y melodías que señalan horizontes lejanos. De la mejor tradición folk rock norteamericana, en la estela de formaciones como Big Star, The Byrds o The Flying Burrito Brothers.
"La de terminar una canción es todavía mi sensación favorita en el mundo” (Conor Oberst dixit)
Tiene algo de misterioso este chico, que ha reconocido en diversas entrevistas que la mayoría del tiempo se siente perdido. Observando con detenimiento alguna de sus fotografías parece guardar cierta aura de inadaptado con mucho que decir. Con motivo de la publicación de su recomendable álbum Cassadaga, bajo el nombre de Bright Eyes, recuerdo que leí una entrevista en el semanario Village Voice en la que Oberst hablaba desde su apartamento en Nueva York, con vistas a Washington Square. Daba la sensación en sus respuestas de ser un tipo sencillo y directo pero que necesitaba esconder algo, a saber el qué.
erboy Reed y Amy Winehouse (de la que se puede saber todo en el último número de
No se me ocurre mejor forma que arrancar con la ventanilla bajada y pisando fuerte para tomar la recta con el reciente disco de
Son sus dos características más reconocibles. Sin entender lo que cuenta por la barrera del idioma, el oyente puede darse cuenta que Newman transmite ironía en su música, gracias a su peculiar manera de cantar, cercana a veces a la recitación. Uno escucha lo que dice y siente que ese tipo es un viejo zorro desde mucho antes que fuese mayor de edad. En su último disco, se comprueba en cortes como <<Harps and Angels>>, <<Laugh and Be Happy>> o <<A Piece of the Pie>>. También pega todo un repaso a la Administración Bush sin dejar de ser patriota, y 