La Ruta Norteamericana

22 Sep 2008

Escrito por fernando-navarro

22 Sep 2008 - Enlace

Norman Whitfield, la última tentación

En las últimas fechas se han sucedido una serie de obituarios, que no se me han escapado, pero no he tiempo de recordar como me hubiese gustado en su momento. Por desgracia, voy a dedicar esta semana a recordar a una serie de artistas que han muerto recientemente y que ilustran buena parte de lo mejor que se ha cosechado durante décadas por la ruta sonora norteamericana. De alguna manera, solamente son esbozos en su honor, ahora que ya no están.

Empiezo, tal vez, por el menos conocido a nivel mediático pero no por ello menos importante. El pasado 16 de septiembre moría Norman Jesse Whitfield, compositor y productor al que se le debe la elaboración del sonido de algunas de las mejores joyas negras surgidas de nada más y nada menos que de Motown, la fábrica de la música de la joven América, donde soul, gospel y pop confluían en una misma corriente con lucidez y entusiasmo en músicos como Diana Ross y The Supremes, Marvin Gaye, The Four Pops, Smokey Robinson, etc.

Nacido en Harlem, Whitfield se trasladó pronto con su familia a Detroit y allí se dejó ver por las oficinas de la Motown. Berry Gordy le contrata por su tenacidad e insistencia para formar parte del sello musical pese a que sus conocimientos en la materia son más bien escasos. A Whitfield no le llamaba un sentimiento musical sino el dinero. Veía que era más fácil ganar un puñado de dólares en Motown que de dependiente en una tienda en el Estado de Michigan. A partir de ahí su historia se escribe con letras doradas en la producción y elaboración de los sonidos de la Tamla Motown, ofreciendo su perspectiva ácida y arreglos mayúsculos, que ponían un acento funky que marcaba los nuevos horizontes negros.

Es curioso porque sin saberlo el primer contacto que tuve con este compositor fue a través del tema <<War>>, que Springsteen versionaba en su caja Live 1975/85. Una composición que el propio Sprinsgteen utilizaba con fuerza para criticar la guerra y que Whitfield, su autor, había escrito para atacar sin paliativos al presidente Richard Nixon y su catastrófica guerra de Vietnam. Me encantaba esa canción por su contundencia y enganche pero no me llevaron a investigar en Whitfield (de hecho me quedé en Edwin Starr que también la versionaba y aparecía en los créditos) hasta que cayó en mis manos un disco de los Temptations.

Ahí, el nombre de Whitfield se recogía en casi todos los créditos. Sé que de este hombre se puede y se deben decir muchas cosas pues su carrera es larga y productiva con gente como Marvin Gaye, The Valvelettes o Rose Royce, su grupo propio. Pero quiero centrarme en su labor con los Temptations. Uno de los grupos más representativos del sonido de la joven América varió de formación incontables veces pero siempre tuvo en Whitfield una piedra de toque.

Es cierto que terminaron adentrándose en la dance music, respondiendo a las perspectivas de los nuevos tiempos en los setenta y a los deseos comerciales del jefazo de la discográfica, Berry Gordy (aprovecho para recomendar la película Dreamgirls, que ilustra en parte la historia de The Supremes y de este giro musical de la compañía). Pero también se encuentra en esa discografía primera de The Temptations el peculiar sonido suave y colorido que enamora con el juego de voces y el muro de sonido con toque psicodélico. Era conocido como psychedelic soul. Hay piezas que merecen ser reescuchadas como <<Girl (Why You Wanna Make Me Blue)>>, <<How Can I Forget>>, <<Cloud Nine>>, <<Ball of Confusion>>, <<Psychedelic Shack>>, con incursiones al funk primigenio. Pero una de mis preferidas es una balada, emotiva e impactante, <<Just My Imagination>>, que The Rolling Stones, entre otros, versionaron en su álbum Some Girls. Fue una manera de Whitfield y el letrista Barret Strong de salirse del soul psicodélico.

Si se habla de The Temptations, inevitablemente siempre saldrá el clásico <<My Girl>>, pero si me tengo que quedar con un tema del grupo bajo la batuta de Norman Whitfield es <<Ain’t Too Proud To Beg>> Posiblemente el que más me cautivó sólo más escucharlo y ofrece el ritmo repleto de tentaciones de la banda.


18 Sep 2008

Escrito por fernando-navarro

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La maldición de Elliot Murphy

Es cierto que son pocos los que besan las mieles del éxito y muchos los que se cortarían un brazo por alcanzar la fama de, pongamos, Bruce Springsteen. Estoy convencido que si un músico te dice que a él no le gustaría alcanzar la repercusión del susodicho, seguro que está mintiendo. Tal vez ya no lo piense, pero en algún momento lo pensó e incluso lo deseó. Asumir que ya no te vas a comer el mundo lleva su tiempo.

Elliot Murphy tiene asumido todo esto desde hace años. Elliot Murphy, al que todos compararon con Bruce Springsteen, casi seguro pensó algún día que sería más grande que Dylan, y ha terminado recorriendo pequeños locales de aquí y allá. Sólo pisa grandes escenarios cuando el propio Springsteen, su amigo, le invita en sus conciertos. Allí está Murphy para tocar <<Better Days>>.

Comentó un lector de esta ruta que estaría bien hacer un apartado de “malditos” del rock, o al menos de gente a reivindicar por su calidad y su falta de reconocimiento. Es posible que Murphy sea un muy buen ejemplo. Más aún si uno se lee la entrevista que Javier Márquez hace a Elliot Murphy en Efe Eme. Queda claro que a este músico, de corazón neoyorquino y alma parisina, le gustaría haber subido algún escalón, pero no ha sido impedimento para dedicarse con la misma pasión al rock.

Poeta maldito del rock, último superviviente del rock, auténtico artista de culto… a Elliot Murphy se le ha etiquetado de todas estas formas y alguna más, pero lo único cierto es su música. Bien es cierto que nuestro protagonista no es famoso, pero fieles no le faltan y su legión de seguidores en España es real. Tal vez porque nos identificamos con su obra de manera más cercana, casi familiar. Al final, a la gran mayoría, supongo, nos queda más intentar ser en la vida como Elliot Murphy que como Springsteen.

Creo que la figura de Elliot Murphy se ha quemado un poco de tantas apariciones públicas, tantos conciertos programados al año en España. Casi se ha hecho una rutina falta de misterio. Y es una pena porque el rock de este cantante guarda mucho de ese sentimiento de inquietud propio de las grandes composiciones. Aprovecho para reivindicar sus primeros discos, y sus últimos. Sus primeros años son fantásticos, de un chaval que soñaba con alcanzar la tierra prometida por las calles de Nueva York, pero también lo son los de unos años a esta parte, con una experiencia certera y disfrutable, como en su último álbum, Notes from underground.

Dice Murphy en la entrevista de Efe Eme: “Todo el mundo está comparando este disco con Aquashow, mi primer disco, y no sé qué decir. Pero sí es cierto que es la primera vez en muchos años que he cogido mi vieja Stratocaster de 1961, y es la misma guitarra con la que grabé <<Last of the Rock Stars>>”. Bueno, han pasado 35 años desde aquella grabación de <<Last of the Rock Stars>>. Y, visto los resultados, dio en el clavo. Sin fama, sin sacos de dólares, pero ofreciendo buen rock a raudales, antes y ahora. Maldita mi suerte, pensará Elliot, pero bendita tu música, amigo.


15 Sep 2008

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Nueva energía: Sam Roberts

Leo en Sonic Wave Magazine la entrevista de J. F. León con Sam Roberts, la banda canadiense que estos días recorre nuestra geografía (en su myspace se pueden consultar fechas) para presentar su flamante Love at the End of the World, y uno confirma lo que ya intuía de esta formación todavía poco conocida en nuestro país: Sam Roberts es un músico con el acompañamiento de su grupo, pero todo gira en torno al intérprete canadiense (es graciosa la comparación con Bon Jovi y la explicación del propio artista para contar cómo se quedó su nombre para toda la banda).

Digo esto porque vi hace unos años a Sam Roberts en Nueva York como teloneros de Ben Kweller y daba la sensación de ser una formación con un líder claro. Por entonces apenas estaban empezando y el propio Sam Roberts canalizaba el ímpetu del grupo, pero con todo funcionaban en conjunto bastante bien. Me gustaron bastante con un sonido compacto y clásico, como unos Wilco pero sin incursiones experimentales y más cercanos a un estilo de pegada británica. Sin duda, música más que interesante.

Por entonces Sam Roberts no había publicado el ya mencionado Love at the End of the World (Bittersweet), que supone un salto cualitativo importante. Un álbum de 13 cortes donde Roberts y el resto de iguales del grupo sacan a relucir su gusto sencillo y directo por las cosas bien hechas, sin estridencias ni malabarismos no siempre al alcance de todas las formaciones. El mismo Roberts lo reconoce e incluso asegura estar contento con su aspecto algo retro. Sólo en la primera escucha se capta que algo les aleja de una escena indie y les conecta más bien con otro tipo de reminiscencias. De alguna manera, lo recuerdan en su hoja promocional cuando citan una de las frases de su tema <<Them Kids>>: “No entiendo por qué los chavales no saben bailar rock’n’roll”. Yo, sinceramente, tampoco. Leches, no parece tan difícil. Suena: <<Oh, Maria>>

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11 Sep 2008

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En la granja de fuertes emociones de Levon Helm

Con motivo del mensaje de Miguel Ángel Palomo sobre The Band y la buena acogida de este magnífico grupo, no puedo por menos que traer a esta ruta un álbum inmenso y reciente de uno de sus miembros. Quiero poner el acento y no sé cuántos signos de exclamación por el último disco de Levon Helm, ex batería de The Band, que tiene por título, Dirt Farmer. Sencillamente, es el disco al que más he recurrido posiblemente en el último año, con aroma de clásico y que ha ido creciendo a cada escucha como el aire puro va entrando en tus pulmones. Lo digo con absoluta conciencia de mis facultades: si no te emociona es mejor hacérselo mirar.

Porque Levon Helm, 67 años, ha vencido a los elementos después de una radiación intensiva (hasta 28 terapias) para superar un cáncer de garganta. Ofrece un disco palpitante que testifica que por la sangre de este hombre viaja la música norteamericana, donde blues, country, gospel y rock’n’roll se cruzan con naturalidad. Sin poses ni virtuosismos, el viejo cuenta en primera línea de batalla con su hija Amy, de los interesantes Olabelle, y con el legendario Larry Campbell, multiinstrumentista que pasó varios años con Bob Dylan. Juntos dan rienda suelta a un espíritu errante que asimila con igual maestría rural las baladas folklóricas como las agitadas composiciones de bluegrass.

Un cancionero que explora el mundo musical del batería cuando de niño sus padres, guitarra en mano, le enseñaban temas tradicionales en su granja de Arkansas. Sin embargo, llevado al terreno de Helm, parece la síntesis perfecta de los secretos sonoros que aguardan tras las colinas de Woodstock, que, además de lugar de acogida de artistas y guarida de Dylan, fue la casa de inspiración de The Band.

De la peculiar combinación de estilos, hilados con belleza y desparpajo, que presidió los mejores momentos de The Band, el forajido de Helm conserva intacta su capacidad de expresión. Ahora, en cambio, y debido al cáncer, su voz raspa el aire en unas ocasiones y susurra achacada en otras, siendo capaz de poner los pelos de punta cuando se desgañita, poseída por el ritmo, como los viejos rockeros, que nunca miden sus pasos.

Buena prueba es <<Got Me A Woman>>. No es algo forzado, simplemente está en su naturaleza el vivir la música al ser esa clase de músico que esconde el secreto buscado por tantos. Su aliento rock desprende una energía inusual que llega hasta los huesos en piezas tradicionales como <<False Hearted Lover Blues>> de los Stanley Brothers, o la balada cajun <<Poor Old Dirt Farmer>> Dos pistas donde también deja constancia de que su pulso a la batería siempre fue digno de estudio.

Comunicar sentimiento no está al alcance de todos, por muchas campañas promocionales y gastos en producción. Helm graba en su pequeño estudio pero además no escatima en dejar una parte de sí mismo en cada canción, aunque sea para hacer suyas versiones de otros como en <<The Mountain>> de Steve Earle, <<Single Girl, Married Girl>> de la Familia Carter, <<Wide River To Cross>> de Budy y Julie Miller, que cierra el álbum con la promesa de que nunca nada está acabado. Será cuestión de actitud o de fe, quién sabe, pero una cosa queda clara: si amas la música y la vives, como el viejo zorro de Helm, hay lugar para la salvación en este mundo que resbala a la mínima de cambio.


10 Sep 2008

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El último vals

"Parada para repostar", la sección que exprime con todo el cariño del mundo a la mejor gente que ama la música rock en todas sus variantes, tiene el privilegio de contar esta vez con una persona de altura: Miguel Ángel Palomo. Me confieso admirador de Palomo, con el que tuve el gusto de trabajar en la radio y al que sigo desde mis primeros años universitarios como crítico de cine en la sección de programación de películas en El País. Las píldoras cinematográficas de Palomo, en cuatro líneas a lo sumo, no tienen desperdicio. Hoy dedica más palabras a hablar de otro tiempo ya pasado y una banda, LA BANDA. Nunca existirá otra igual, pero como cuenta nuestro protagonista, nos dejaron el mejor último vals de la historia. La Biblia de esta ruta norteamericana.

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Imaginemos por un momento un mundo sin Internet. Un mundo sin televisiones privadas, sin DVD y… ¡sin CD! La música no es omnipresente y no está a tu alcance inmediato. Se escucha en vinilos y cassetes y sólo se obtiene en las tiendas de tu ciudad. Y en las habitaciones de los hermanos mayores de tus amigos, santuarios prohibidos a los que accedes a escondidas para escuchar música desconocida. En esas habitaciones, y en cintas grabadas que circulan por el barrio, descubres a Bob Dylan, a Neil Young, a Van Morrison, a muchos… y a The Band. Y sabes que aunque te flipen los cantautores, lo del rockerío es otra historia, más tremebunda, más apabullante.

La cosa pasa más o menos en 1983, cuando las radiofórmulas pinchan invariablemente a Duran Duran y Spandau Ballet, y hay gente con hombreras y pelos cardados por la calle mientras tú intentas encontrar ropa parecida a la que llevan los tíos que salen en Hair. Un día, alguien aparece con un VHS que se llama El último vals. Lo dirige Scorsese y TODOS estaban allí, en Winterland, en San Francisco. Un concierto donde, además de escuchar a tus ídolos, puedes verlos. Te enteras de qué van las canciones, porque están subtituladas. Lloras con el Helpless de Neil Young, aprendes qué era “La vieja Dixie”, sueñas con ser Rick Danko y con tener su voz ajada y abrasiva, descubres que Van Morrison es un tipo pequeñito con una voz que puede demoler edificios, y los chicos de The Band se convierten en TU GRUPO. Así que reproduces la cinta hasta el desgaste absoluto y cargas con tu vídeo hasta casa de un colega para conectarlo con el suyo y hacer una copia, por si acaso. Y esperas. Esperas el día en que puedas tener ese disco (años más tarde lo tendrás, con su carpeta amarilla y sus ¡tres! vinilos dentro). Porque el disco que te cambia la vida puede ser, ya ves, una cassette o un VHS.


Texto: Miguel Ángel Palomo, crítico de cine de El País y Onda Madrid en el programa "Madrid se mueve".

08 Sep 2008

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Mark Olson y el método de supervivencia

A raíz de hablar la semana pasada de The Jayhawks, he recuperado este fin de semana un disco que a mi juicio fue de los mejores del año pasado y tiene como protagonista a Mark Olson. Me refiero a The Salvation Blues, donde Olson, que dejó todo en la banda de Minneapolis por seguir su propio camino, testifica su magnífico temple y hermosas composiciones.

Han pasado doce años desde que Olson abandonó The Jayhawks y parece mentira que hasta el año pasado no se pudiese hablar de un disco de este músico en solitario. Al menos, con todos los rigores, pues los publicados hasta entonces giraban en torno a Creekdippers y la presencia influyente de su ex esposa Victoria Williams.

El álbum, grabado en un rincón perdido de Joshua Tree, es un tesoro de country moderno. Se puede decir que el viento del desierto por el que habita el espíritu de Gram Parsons ha volado ligero hasta el estudio de grabación de Olson, donde factura su obra más honesta y emotiva, en la misma línea que él siempre se ha marcado. Además cuenta con músicos de lujo como el mismísimo Gary Louris, en <<Poor Michael's boat>>, y el estupendo productor Ben Vaughn.

En 11 pistas, afronta con intensidad el suicidio de su padre en <<Keith>>, o canta con belleza a ese vínculo de la inocencia y <<Sandy Denny>>, la gran voz de Fairport Convention, en un corte que lleva por título el nombre de la musa del folk británico. <<Clifton bridge>>, un tema que fue escrito sobre una servilleta al más puro estilo novelista de café y cigarrillo, cuenta con la colaboración de Cindy Wasserman, vocalista del grupo Dead Rock West.

Contaba Olson en una entrevista a No Depression que los meses previos a este disco los gastó en recorrer parte de Europa y entrar en contacto con una pareja amiga de escritores, que le aconsejaron y alojaron en Gales tras la depresión por la ruptura de su matrimonio. El último corte, <<My One Book Philosophy>>, bien muestra la persona que hay detrás del artista. Durante un tiempo fue su propia búsqueda, y esas emociones encontradas se pueden cortar con un cuchillo en la escucha de este álbum que ayudó a sobrevivir a su autor. Corte: <<My Carol>>.

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04 Sep 2008

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The Jayhawks, horizontes melódicos

Recuerdo como si fuera hoy el día que un muy buen amigo me pasó a petición propia un disco de los Jayhawks. Resulta que estaba oyendo hablar de ellos y no tenía nada que llevarme a los oídos de los susodichos. Mi amigo me hizo una selección exclusiva de sus temas preferidos y este escribiente se quedó prendado, pasmado, ante la belleza melódica y vocal de esta banda. La música de The Jayhawks es de esa que te llega a hacer sentir que te cambia la vida.

Fue Mark Olson quien me adelantó hace varios meses en una entrevista que pude hacerle para Efe Eme que él y Gary Louris volverían a tocar juntos como The Jayhawks y además sacarían un álbum. Una gran noticia que ahora se cumple en el Azkena Rock que se celebra desde hoy y hasta el sábado en Vitoria. Dentro de un cartel bastante interesante, la reunión de los primeros Jayhawks, aunque no los originales, con ese magnífico dúo formado por Mark Olson y Gary Louris, me parece lo más atractivo, por encima de bandas míticas como Sex Pistols y Sonics o grupos con el punch de The Lemonheads, Gutter Twins, Dinosaur Jr. o Jon Spencer Blues Explosion.

Seguramente mi afirmación provenga de esa parte de la música que es insustituible: la compañía. Recuerdo que un lector de este blog me preguntaba a raíz de un mensaje sobre la nueva gira de Jeff Tweedy quiénes me gustaban más entre Wilco o Jayhawks. En mi caso, es como elegir entre papá y mamá, respondí. Y seguro que hoy por hoy son las dos bandas norteamericanas de los noventa que más me han impactado, pero sí es cierto que The Jayhawks me cegaron de primeras aún más que Wilco. También han sido una de las bandas que más me han acompañado en la vida desde el primer día que los descubrí.

Sin Olson o con Olson, me gusta todo de la banda, pero he reconocer que son sus primeros discos, cuando Gary y Mark compartían labores y eran el alma del grupo, los que más me arrebatan. Hablo de Hollywood Town Hall y Tomorrow the Green Grass, dos obras maestras. La simbiosis de ambos es sencillamente maravillosa, cuando empastan sus voces, con arreglos sencillos y melodías que señalan horizontes lejanos. De la mejor tradición folk rock norteamericana, en la estela de formaciones como Big Star, The Byrds o The Flying Burrito Brothers.

Carretera y manta al atardecer. Algunos de los mejores momentos que me ha regalado el rock se guardan en joyas como <<Blue>>, <<Bad Time>>, <<Waiting for the Sun>> o <<Clouds>>. Si en el Azkena Rock ofrecen algún destello de los que se recogen en algunas de esas composiciones, entonces, afortunados los que asistan, y, por favor, que lo cuenten. Servidor, por desgracia, no puede ir hasta Vitoria, aunque siempre queda el reproductor. Ahí va: <<Wainting for the Sun>>.


03 Sep 2008

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Las sensaciones de Conor Oberst

"La de terminar una canción es todavía mi sensación favorita en el mundo” (Conor Oberst dixit)

Sólo por esta frase, supongo, Conor Oberst merece ser escuchado. Pero que el oyente no agarre el nuevo disco de este joven cantautor de Nebraska como una escucha forzada, porque Conor Oberst (Wichita/Nuevos Medios) es un trabajo lleno de sensaciones, estupendas sensaciones.

Apenas 28 años y Oberst se reivindica con su propio nombre en el título de su nuevo disco. Abandona el seudónimo que le ha acompañado hasta ahora, Bright Eyes, y se presenta bajo sus propias iniciales y un material palpitante y asombroso, donde elabora un folk rock que trae a la memoria nombres como Ryan Adams, Jayhawks o Wilco.

Tiene algo de misterioso este chico, que ha reconocido en diversas entrevistas que la mayoría del tiempo se siente perdido. Observando con detenimiento alguna de sus fotografías parece guardar cierta aura de inadaptado con mucho que decir. Con motivo de la publicación de su recomendable álbum Cassadaga, bajo el nombre de Bright Eyes, recuerdo que leí una entrevista en el semanario Village Voice en la que Oberst hablaba desde su apartamento en Nueva York, con vistas a Washington Square. Daba la sensación en sus respuestas de ser un tipo sencillo y directo pero que necesitaba esconder algo, a saber el qué.

Ahora se presenta con su nombre, sin Bright Eyes. Conor Oberst parece mostrarse más a tumba abierta, conjugando un estilo entre nervioso y frágil que en su punto medio rebosa una brillantez propia de un artista que entrega su corazón a cada canción. Es una imagen soberana, tanto para los temas más desmelenados, como <<NYC Gone Gone>>, <<Moab>> o <<Souled Out!!>>, como para los medios tiempos más profundos, tales como <<Get Well Cards>> o <<Lenders in the Temple>>. En su conjunto, un álbum que ofrece la posibilidad de despertar una de las sensaciones más bonitas del mundo: disfrutar del arte de la música. Ejemplo de ello es el siguiente corte <<Eagle on a Pole>>.

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02 Sep 2008

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Eli 'Paperboy' Reed, soul con entrañas

Es más que recomendable el artículo que ayer escribía Xavi Sancho para El País bajo el título Un imberbe loco por el soul triunfa en Europa. La razón es su protagonista que responde al nombre de Eli Paperboy Reed. Lo que se ha dado en llamar neo-soul tiene en este chico un auténtico referente. Así lo dijo Nick Lowe a la revista Mojo, asegurando que su canción del momento era una de este tipo de Massachusetts, pero también así lo marcó hace tiempo la propia publicación cuando quiso sacar a relucir los nuevos talentos del soul a raíz del huracán Amy Winehouse y así lo han hecho distintos medios de comunicación anglosajones que se han rendido al talento negro de este chaval blanco de 24 años. En España ha sucedido lo mismo.

Al perfil con declaraciones del artículo de El País, recomiendo para los que no conozcan a este músico otro artículo más amplio que escribe Ignacio Julia en el último número de Ruta 66. Es interesante el recordatorio y conexión que usa Julia sobre Eli Paperboy Reed y Amy Winehouse (de la que se puede saber todo en el último número de Rolling Stone). De alguna manera, toda la explosión de Winehouse ha traído un nuevo interés por la música de tintes negros, como si ésta no hubiese existido en los últimos años. Lo que sucede es que la música soul ya estaba muy viva de un tiempo a esta parte gracias al buen hacer de viejos clásicos.

Si bien es cierto que el soul está muy alejado hace años de sus mejores épocas en los sesenta y setenta, cuando había auténticas factorías como Atlantic, Stax y Motown, también lo es que el siglo XXI ha visto algunos de los trabajos más brillantes de este género en mucho tiempo sin necesidad de venir empapelados por el marketing. Sólo cito algunos nombres, que seguro tendrán su espacio en esta ruta porque son imprescindibles: Bettye LaVette, Solomon Burke, Mavis Staples, Sharon Jones, Swamp Dogg o Sam Moore.

De igual forma creo que eso no quita para aplaudir a Eli Paperboy Reed. Sin conocer su edad, la primera vez que lo escuché pensé que era un tipo de otra época, que había sido un maldito toda su vida y ahora sacaba este disco. Luego, me enteré de su edad y ciertamente me quedé con la boca abierta. Son varios los adjetivos que a uno le salen para calificar el soul nacido de las mismas entrañas de este chico. Me quedo con uno: prodigioso. Su álbum Roll With You puede ser la mejor compra de este nuevo mes, cargado siempre de algún propósito. Sólo por poner un ejemplo: nunca bajar a la lavandería fue algo tan gratificante.


01 Sep 2008

Escrito por fernando-navarro

01 Sep 2008 - Enlace

De vuelta con Randy Newman

El motor del coche de esta ruta ha estado al ralentí en el último mes hasta el punto de permanecer el vehículo aparcado alrededor de dos semanas por el placer de las vacaciones. Siento la inactividad no anunciada. Pero terminado el periodo vacacional, ya se intenta recuperar el pulso al trabajo. Ciertamente, uno llega con energías renovadas y mucha ilusión por transitar de nuevo la ruta norteamericana, en buena parte porque son muchas las ideas que flotan en el aire y más aún por los interesantísimos y variados comentarios que se han ido dejando sobre lo que más nos gusta, la música. Así da gusto partir de nuevo por este viaje sonoro que espera ofrecer más propuestas que en estos primeros meses de contacto.

No se me ocurre mejor forma que arrancar con la ventanilla bajada y pisando fuerte para tomar la recta con el reciente disco de Randy Newman. Harps and Angels (Warner Music/Nonesuch) es el último trabajo de este cantautor iconoclasta, a medio camino entre George Gershwin y Bob Dylan. Desde que salió publicado el pasado 19 de agosto ha llenado muchas escuchas durante los días de tranquilidad de las vacaciones.

A Newman se le puede considerar un genuino artista de culto. Desde sus comienzos ya mostró un estilo diferente a los cantautores de su generación en la década de los setenta que le otorgaba un añadido interesante pero lo desubicaba a oídos del gran público. Además, desde que publicó su primer elepé que llevaba su nombre, Randy Newman ya guardaba las dos premisas fundamentales de todo músico de culto: vendía poco y era referencia e influencia para compañeros de profesión.

Miembro de una familia de actores, es uno de los músicos más mordaces de la escena norteamericana, lo que le ha acarreado más de un problema y ha llegado a desorientar a más de un oyente. Desde que comenzó se las ha visto crudas para salir adelante con su música de autor que se adentra en los arreglos jazz, folk o country con igual talento (algo le han salvado sus composiciones para películas, desde hace un tiempo para Disney también).

Son sus dos características más reconocibles. Sin entender lo que cuenta por la barrera del idioma, el oyente puede darse cuenta que Newman transmite ironía en su música, gracias a su peculiar manera de cantar, cercana a veces a la recitación. Uno escucha lo que dice y siente que ese tipo es un viejo zorro desde mucho antes que fuese mayor de edad. En su último disco, se comprueba en cortes como <<Harps and Angels>>, <<Laugh and Be Happy>> o <<A Piece of the Pie>>. También pega todo un repaso a la Administración Bush sin dejar de ser patriota, y así lo cuenta y lo canta.

Pero más importante es su estilo. Newman es un músico que tiene una gran elegancia. Sus baladas pueden alumbrar las noches más oscuras. Creo que su disco Sail Away es el mejor testimonio al respecto. Sin embargo, en este último álbum vuelve a mostrar momentos arrebatadores como ese precioso <<Feels Like Home>> o ese corte dos, <<Losing You>>. El propio autor cuenta (en inglés) la historia que hay detrás de esa pieza para luego interpretarla al piano. Recuerda al Tom Waits de los primeros tiempos, a ese baladista atormentado de calor de bar con toda la carretera por delante, sólo que Newman es ese viejo zorro de vuelta de todo que únicamente pone al descubierto sus relatos familiares y sus desastres románticos.

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Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz...
Un recorrido sonoro transitado por Fernando Navarro, redactor de El País Digital y Rolling Stone. También colaborador habitual de la revista Ruta 66 y Efe Eme.

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