Ruta Quetzal

30 Dic 2009

Escrito por martafc

30 Dic 2009 - Enlace

"Los más grandes viajes son geográficos y humanos"

Según el programa previsto la Ruta no debería haber llegado hasta esta noche a Santiago para poner punto y final a la expedición 2009 y saludar al 2010. Sin embargo esta crónica ya se escribe desde la capital. Una recepción inesperada con Michelle Bachelet, la presidenta de Chile ha hecho que la masa humana rutera haya hecho sus maletas antes de tiempo y haya aprovechado la noche para llegar cuanto antes a Santiago.
Soñolientos después de una noche en carretera, Santiago nos ha recibido con cálidos brazos. Atrás hemos dejado la lluvia y el frío de la Araucanía. Los termómetros rozan los treinta grados y el sol del mediodía pica sobre las mejillas. La temperatura es reconfortante y augura una mañana especial. Al fin y al cabo, vamos a tener el privilegio de pisar un lugar lleno de historia y de saludar a un personaje que también está a punto de salirse del presente para formar parte de la memoria de su pueblo. Bachelet dejará de presidir a partir de enero de 2010, cuando se resuelvan las elecciones en las que el país sigue inmerso. De momento, el candidato derechista Sebastián Piñera se ha impuesto frente al candidato sucesor de Bachelet por la Concertación de centro-izquierda, Eduardo Frei.
El Palacio de la Moneda resalta con sus paredes blancas el día agradable. Cuesta imaginar que es el escenario de los sangrientos acontecimientos que marcaron treinta años de la historia reciente del país. El 11 de septiembre de 1973 a las órdenes de Augusto Pinochet, militares golpistas bombardearon el Palacio. Dentro, el presidente Salvador Allende prefirió quitarse él mismo la vida antes que caer a manos de los asesinos. Siguieron 17 años de dictadura. Murieron 3.197 personas y hubo 1.197 detenidos desaparecidos.
Desde 1990 Chile ha pasado página a esos años atroces. Pero el pasado no se olvida. Michelle Bachelet es la mejor prueba de que los chilenos aún siguen haciendo justicia para que las miles de historias irreparables que la dictadura trajo consigo no se borren, ni se perdonen. Entre las víctimas del régimen pinochetista figura el general de Brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, padre de la presidenta. Y la propia mujer que está a punto de recibirnos vivió en primera persona el secuestro y la tortura, métodos a la orden del día durante años.
Son precedentes que cargan de significado el encuentro con Bachelet. Pero aún así, se respira verano, relajación y Navidad. En el Palacio de la Moneda la Ruta ha encontrado su acomodo en el patio central, cubierto por un toldo para proteger del sol. Los chavales comentan y sonrién. En el centro, los chicos despliegan las banderas. En una esquina, los ruteros que forman el coro de la expedición ensayan las canciones que interpretarán. Todo está a punto.

Bachelet ha aparecido sonriente y con la distensión y espontaneidad que la caracterizan. Esta mujer parece alérgica a todo tipo de impostura. Ha hablado sobre la Ruta y para la Ruta, en un dialogo cercano y sencillo. Ha conseguido que nos sintiéramos cómodos saltándose los protocolos y la frialdad de los actos oficiales.
La presidenta confesaba que, con la llegada de trescientos ruteros a la Moneda, no ha podido dejar de lanzar una mirada por la ventana. Le han sorprendido las energías que los chavales conservaban después de 20 días de intensa actividad. Y su breve discurso ha sido un aliento para que esa chispa y esas ganas se mantengan vivas.
Todo viaje supone un descubrimiento. Pero no sólo de lugares, sino de personas y culturas. Un encuentro con el otro con el que es posible “constatar la diferencia y valorarla”, según Michelle Bachelet. Esa es la gran oportunidad que una iniciativa como la Ruta Quetzal BBVA brinda a los chavales, y que no deben dejar de aprovechar. La travesía transatlántica que los chavales han cumplido es, según las palabras que Bachelet nos ha brindado esta mañana, “una gran forma de conocimiento personal”, porque “los más grades viajes son geográficos y humanos”.
Los ruteros han agradecido las palabras sencillas y cercanas de Michelle Bachelet con dos villancicos. Uno de ellos, el chileno, se ha sentido especialmente en la Moneda. La propia presidenta entonaba las estrofas con los chavales.
Después de los fastos matutinos, el día continúa en un Santiago tórrido. En las calles, las guirnaldas navideñas y las figurillas de Papá Noel conviven con los helados, las sandalias y la camiseta de tirantes. Se oye fiesta callejera en las vías santiaguinas. Y sin embargo, una cierta melancolía impregna a la Ruta desde su llegada a esta ciudad que tan amorosamente nos ha acogido. Porque el discurso de Bachelet le ha puesto palabras a los sentimientos que seguramente la mayor parte de los ruteros han experimentado en este viaje que empieza a tocar su fin. En una de sus reflexiones finales, Bachelet hablaba de esa experiencia universal que supone un encuentro y una despedida. Y ha traído a colación los tres primeros versos de “La carta en el camino”, de Pablo Neruda. Una estrofa que empieza a cobrar sentido en este ultimísimo tramo de la aventura.
“Adiós, pero conmigo
serás, irás adentro
de una gota de sangre que circule en mis venas.”

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Marta Fernández-Caparrós acompaña a la Ruta Quetzal BBVA 2009 en su tramo final: las regiones de la Araucanía y Biobío de Chile. Unas Navidades insólitas en tierras indígenas y en compañía de 270 expedicionarios de todas las partes del mundo.

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