A modo de conclusión
Llevaba ya algún tiempo tratando de encontrar palabras para la última crónica, llevaba pensando en ella desde hace más de una semana. La experiencia me ha demostrado una vez más, que para escribir, primero hay que vivir.
Vivir una despedida no es una cosa sencilla. Cada vez que me ponía delante del papel me salían un montón de palabras bonitas, de recuerdos, se me iba el boli en hablar de la magia, de gente increíble, de cuarenta días únicos. Pero hasta hoy no he empezado a entender lo que significa "último día".
Es un nudo en la garganta y un gato en el estómago, las lágrimas afloran y un montón de pensamientos que es mejor espantar. ¿Y si no le vuelvo a ver? ¿Y si me he perdido a esta persona? ¿Cómo va a ser estar lejos de éste, éste y éste? ¿Cómo despertar solo? ¿Cómo volver a la realidad?
Una vez me dijo un amigo, cuyas palabras tomo muy en serio (hay que buscarlos un poco, pero aquí hay algo más de un sabio humilde, que son sabios por cuatro) que la magia de la Ruta es que se acaba. Son seis semanas que se resumen en seis palabras: libertad. Libertad para ser tú y para ser otro, para pensar, para entender y para hacer tanto el loco que te olvides de pensar y de entender. Es el hecho de que sea sólo un mes de nuestras vidas lo que convierte a la Ruta en la mayor lección que hemos recibido.
También me dijo que volveríamos a casa y no seríamos capaces de explicar en qué consiste esto. No ha había sido consciente de lo cortas que se quedan las palabras hasta hoy. La Ruta son canciones, gritos, risas, ampollas, diarreas, más risas, y también alguna lágrima, pero todo con un calor y una intensidad que quien no ha vivido desconoce. La Ruta es su gente, y eso lo dice todo.
La Ruta tiene un punto "sectario", porque es difícil entrar y es imposiblel salir. Hoy más que nunca, necesitamos creer que esto no acaba aquí.

La última marcha. Tuvo partes duras, empezando por una cuesta que nos dejó sin aliento a las 6:30 de la mañana, pero en total fue genial: las caminatas son la mejor ocasión para hablar de cualquier cosa (cocina, política o dibujos animados) con el que llevas delante, que quizás ni es de tu grupo ni de tu nacionalidad, pero sigue el mismo camino. Llegamos pronto a la cima del Pico de Urbión y recargamos nuestras cantimploras den el nacimiento del río Duero, y después de comer bajamos hasta la Laguna Negra (dos tardes previas de tiempo libre y una lección bien aprendida sobre las raciones de comida militar hicieron que casi todos comiéramos comida no oficial).
Esta mañana, sorprendentemente, hubo tiempo para hacer las cosas con calma, excepto para los dos autobuses de expedicionarios que se van a Portugal a hacer una actividad medioambiental y a navegar un tramo por el río Duero. Los que nos quedamos, hacemos tiro con arco, damos un paseo por Zamora y remamos (y nos volcamos unas ochenta veces, con los consiguientes problemas para volver a subir) en canoas, aunque algunos pasamos mas tiempo en el agua.
Como inolvidable es también la dulzaina en la siguiente sala y nuestro máximo ritual (una vez se han ido los reyes): cantar a voz en grito la “moza de Ruta Quetzal” y hacer la conga al son de “soy alimaña”, solo que esta vez sobre una alfombra “real”. Tras una breve visita a un baño que intimida al más diarreico (aquí no), almorzamos en el autobús y nos dirigimos a Valladolid.
Cada paso del viaje se ha incrustado en mis 
Han pasado once días desde que arrancó la Ruta Quetzal BBVA. Los expedicionarios, convertidos ya en auténticas
Despertar en Fuerte San Lorenzo, escuchar el silencio de las olas que chocan contra los muros de piedra, testigos de las andanzas del pirata Henry Morgan, y ver el nacimiento del sol en el lugar privilegiado en el que el río Chagres se encuentra con el mar Caribe es, quizás, el momento místico de la Ruta Quetzal BBVA. Olvidamos en un instante la noche de calor en una tienda de campaña y las pocas horas de sueño. Los expedicionarios también lo olvidan. El fuerte San Lorenzo nos sobrecoge por su majestuosidad.
Aún se conservan los cañones que defendieron de los ataques de los corsarios ingleses la posición estratégica de España en el istmo de Panamá. Construida en 1597, la fortaleza no pudo resistir a las fuerzas de Morgan, que en 1671 capturaron el fuerte como base para su ataque a Ciudad de Panamá. Mientras 314 españoles esperaban la llegada del pirata inglés por el Chagres o el mar Caribe, Morgan sorprendió a la avanzadilla española con un asalto por tierra, a través del Camino de Cruces. Sólo sobrevivieron 30 soldados.