Escrito por prodriguez
24 Jun 2008 - Enlace
Diplomados en 'alimañismo'
Los expedicionarios empiezan a transformarse en pequeñas alimañas. Que no se ofenda nadie. Quien no se convierte en uno de estos "animalejos" no es un verdadero rutero. Las alimañas abandonan en la Quetzal el significado que les otorga la Real Academia de "animal perjudicial a la caza menor" o aún peor, el de "persona mala y despreciable" por el de miembro de honor de la Ruta. Sólo quien ha interiorizado el verdadero espíritu de aventura y camaradería puede tomarse la licencia de atribuirse el título de alimaña.
Y nuestros jóvenes ya son diplomados en alimañismo. Lo demostraron anoche en el campamento cuando una fortísima lluvia –en Panamá es la temporada de las tormentas- amenazó la estabilidad de las tiendas. Los expedicionarios aseguraron las piquetas, protegieron todas sus pertenencias y pasaron estoicos una noche amenazadora. Jesús Luna, el jefe de campamento, debe sentirse orgulloso de las nuevas alimañas, que ya pueden cantar el himno que los titiriteros han hecho famoso en las ediciones anteriores:
"Soy alimaña,
y en Panamá, lo confirmé,
soy alimaña con caché.
Yo sudo y huelo mal,
pero a mí me da igual".
La metamorfosis de la alimaña comienza con la primera ducha. Olviden los baños tradicionales con mampara y agua caliente. Las verdaderas alimañas se asean en comuna, con el bañador puesto y bajo el agua a presión que cada mañana y cada noche les enchufa un camión de bomberos. Puede parecer incómodo, pero les aseguro que es la hora de la fiesta.

Las alimañas lavan y secan su ropa, friegan sus platos, montan sus tiendas y hamacas y se preocupan de que en el campamento reine el orden. Pero todo ello caería en el vacío si no aprendieran a cuidar de sí mismos y de sus compañeros. En realidad, todos deberíamos ser alimañas. Los expedicionarios ya se han diplomado. Después de 40 días de ruta, serán doctores en alimañismo.
Patricia R. Blanco

