Escrito por prodriguez
30 Jun 2008 - Enlace
La historia también se escribe en los pies
Cada paso del viaje se ha incrustado en mis botas. Los expedicionarios a los que conocí, mis compañeros periodistas, los médicos que acompañan a la Ruta, los monitores del campamento. Todos ellos están aquí, porque anduvimos juntos a través de la selva y descendimos a la playa del fuerte San Lorenzo. Y charlamos, descubriendo que hay una juventud que desea marcar la diferencia, con inquietudes, con sueños, con proyectos de futuro que abruman por su madurez, con la ilusión y la alegría de quienes saben aún encontrar lo que hay de bueno en los demás.
Carmen de Jerez, Leire de Navarra, Ezequiel de Montevideo... Junto a ellos recorrí el Camino de Cruces, saltando por las charcas, metiendo los pies en el fango, sufriendo las picaduras de los mosquitos y el calor húmedo de la selva. Compartimos el agua, nos resguardamos de la lluvia mientras montábamos un hornillo para calentar la comida que nos proporcionaba el Ejército español, bailamos salsa y merengue en los Dragones Rojos, nos animamos cuando estábamos cansados.
El barro de las botas son sonrisas, son abrazos, son canciones con una guitarra, son una mantis religiosa en la tienda de campaña, son águilas arpías y monos aulladores, son la niña de Portobelo que no podía sacarse una zapatilla y lloraba angustiada sin saber qué hacer. Son cocodrilos, son la pobreza de las calles de Colón, son los titiriteros y sus canciones, son el recuerdo de la Ruta Quetzal BBVA.

Aunque hoy regreso a casa, la expedición continua. Aún caminará algunos días por Panamá. Luego viajará hacia España. Cedo el testigo a Lucía Rodríguez, la joven ganadora de EL PAÍS de los Estudiantes, que narrará su propia visión de la Ruta.
Patricia R. Blanco

Dedicada en un principio a la cría de cerdos, una crisis en los años 90 hizo que los dueños de Panagator buscaran una alternativa de negocio. "Un día un cocodrilo se comió los chanchos" explica Juan Antonio, lo que, lejos de ser una desgracia, fue la pista que les indicó el camino para dedicarse a la cría de caimanes y cocodrilos, en concreto, dos subespecies, los caimanes Fuscus y los cocodrilos Acutus.
Los Acutus nos dan más miedo. Son “"o mismo que los cocodrilos del Nilo", como ya apuntó Hernando Colón, hijo de Cristóbal, en el Cuarto Viaje Colombino. Pueden llegar a vivir hasta 90 años y alcanzan una longitud de más de cinco metros. El mayor de todos ellos, está ciego y ha dejado de llorar. "Golpeaba a las barcas porque pensaba que eran presas pero no las atacaba. Cuando lo capturaron para sacrificarlo, se dieron cuenta de que había perdido la vista y lo trajeron aquí", recuerda Juan Antonio.