Visita a los Mapuches Lafkenche (y sorpresa inesperada)
En torno al enorme lago Budi hay penínsulas, ensenadas y humedales. Allí se asientan las comunidades que conforman la mayor concentración de Mapuches de todo Chile. La Ruta Quetzal BBVA se ha adentrado desde Puerto Saavedra hacia esta zona rural para conocer a este pueblo en su hábitat natural.
Los ruteros han sido recibidos por un grupo representativo de varias comunidades (Pubudi, Piedralta, Isla Wapi, entre otras tantas). El pueblo Mapuche Lafkenche quería mostrar lo más distintivo de su modo de vida a los visitantes foráneos. Por eso han compartido con los expedicionarios un baile, un partido deportivo y una merienda a base de alimentos mapuches. Las tres propuestas han arrancado vítores casi por igual. Sin duda la comida ha sido el gran éxito de la tarde. Aunque en un principio los ruteros deberían haber esperado hasta el final de las actividades para hincar el diente, la lluvia inesperada ha obligado a adelantar la merienda. Había tortas, panes, salsa picante y jugos de varias frutas.
También ha habido bailes folklóricos. Un grupo de todas las edades ha sacado a bailar a varios ruteros. Y en un campo despejado, los mapuches han cogido unos palos similares a un stick. El Palin, deporte típico del pueblo mapuche, se asemeja al hockey en una versión mucho más espontánea y campestre.
El día parecía redondo, completo y prácticamente finiquitado. Sólo quedaba llegar a Temuco para asentar el nuevo campamento. Pero si algo es seguro en la Ruta es que todo está sujeto al cambio. La sorpresa venía en forma de barrizal. El camino pedregoso por el que habíamos descendido para adentrarnos en zona mapuche se había convertido después de las lluvias de la tarde en un charco de lodo. Los ocho autobuses que mueven a la Ruta, encallados, no conseguían subir hacia arriba. Una hora y media nos ha costado la inocentada del día. Pero los chavales no perdían fuelle ni espíritu de colaboración. Han buscado todo tipo de piedras para, de manera rudimentaria, conseguir allanar el camino. Se han desplazado carretera arriba, carretera abajo. Al final era necesaria la colaboración de los carabineros chilenos. Una máquina parecida a un tractor grande allanaba el camino, y los autobuses de la Ruta conseguían sortear el obstáculo y ponerse en marcha hacia Temuco.
Son las once y media de la noche, aún no hemos cenado y seguimos en la carretera en busca de una ciudad en la que atracar. Así es la Ruta y su espíritu aventurero.

Con una temperatura veraniega, ataviados con sus camisetas, botas, y pantalones desmontables, parecería que los chicos están a punto de subir una montaña, irse a la piscina o echarse un partido de fútbol. Pero aunque los indicios sean dudosos, esta noche es Nochebuena. Y por eso un centenar de gorritos rojos adornan las cabezas de los expedicionarios.
“Cuando estás fuera de casa, y de tu país, de repente te entran ganas de hacer estas locuras”, explica Pablo, un expedicionario que hasta hoy le tenía algo de alergia a los cánticos navideños. Pero la Ruta es otra historia. Y si hay magia, también hay magos que la propician. Cuco, Julián y Salvador, los titiriteros de la Ruta Quetzal BBVA, hoy tienen noche de faena, y han acudido preparados. Con la dulzaina, el bombo y el acordeón a punto, los tres juglares en ruta animan, jalean y entonan a los chavales. Aunque los chicos necesitan poca cuerda. Duermen cuatro o cinco horas diarias, se duchan con agua fría y aún así no pierden el ánimo para pasar la mayor parte del día caminando. Cantar hasta caer rendidos en Nochebuena es pura diversión, y para eso, y para lo demás, siempre les sobran fuerzas.