Escrito por prodriguez
30 Jun 2008 - Enlace
La historia también se escribe en los pies
Cada paso del viaje se ha incrustado en mis botas. Los expedicionarios a los que conocí, mis compañeros periodistas, los médicos que acompañan a la Ruta, los monitores del campamento. Todos ellos están aquí, porque anduvimos juntos a través de la selva y descendimos a la playa del fuerte San Lorenzo. Y charlamos, descubriendo que hay una juventud que desea marcar la diferencia, con inquietudes, con sueños, con proyectos de futuro que abruman por su madurez, con la ilusión y la alegría de quienes saben aún encontrar lo que hay de bueno en los demás.
Carmen de Jerez, Leire de Navarra, Ezequiel de Montevideo... Junto a ellos recorrí el Camino de Cruces, saltando por las charcas, metiendo los pies en el fango, sufriendo las picaduras de los mosquitos y el calor húmedo de la selva. Compartimos el agua, nos resguardamos de la lluvia mientras montábamos un hornillo para calentar la comida que nos proporcionaba el Ejército español, bailamos salsa y merengue en los Dragones Rojos, nos animamos cuando estábamos cansados.
El barro de las botas son sonrisas, son abrazos, son canciones con una guitarra, son una mantis religiosa en la tienda de campaña, son águilas arpías y monos aulladores, son la niña de Portobelo que no podía sacarse una zapatilla y lloraba angustiada sin saber qué hacer. Son cocodrilos, son la pobreza de las calles de Colón, son los titiriteros y sus canciones, son el recuerdo de la Ruta Quetzal BBVA.

Aunque hoy regreso a casa, la expedición continua. Aún caminará algunos días por Panamá. Luego viajará hacia España. Cedo el testigo a Lucía Rodríguez, la joven ganadora de EL PAÍS de los Estudiantes, que narrará su propia visión de la Ruta.
Patricia R. Blanco

Aquí es donde viaja la prensa. Son los populares autobuses panameños, los diablos rojos. No existen dos iguales. Cada conductor personaliza con un mimo extremo su bus con dibujos, frases dedicadas a algún amor platónico y el más amplio repertorio de refranes y dichos. Los cuidan como a su objeto más preciado, evitando que cualquier roce o salpicadura pueda desfigurar su diseño único. El interior, decorado con toda clase de detalles, no desmerece la carrocería. El de la prensa, en concreto, lleva una colección de corazones de peluche. Más allá de las críticas que los acusan de exceso de velocidad en su intento de captar clientes, su colorido y su gracia son un reflejo del afectuoso carácter panameño.