Bajo el sol vigoroso de las cinco de la tarde, Lara, una de las trescientas expedicionarias, camina tirando de un cordel. Su acompañante, un asno patizambo, parece sufrir más que ella las inclemencias del clima estivo de la Sierra madrileña. Pero Lara no se desanima. Es el primer día de marcha de la Ruta, y todavía queda mucho camino.
La Ruta Quetzal BBVA 2009 llegó ayer noche a la Comunidad de Madrid, donde los chavales pasarán dos días antes de llegar a Segovia. Hasta ahora los ruteros han cubierto una primera etapa por tierras andaluzas. Por el día han podido conocer la historia y los paisajes de varias ciudades. Por la noche, han dormido en los camarotes del buque Galicia, que les ha servido de vehículo. Pero se acabaron los tiempos de crucero. Ahora toca caminar.
Los expedicionarios, provistos de sus inseparables botas de montaña y su sombrero Panamá, comienzan el día con muchas ganas. A eso de las diez menos cuarto de la mañana, los monitores consiguen poner en orden a la marea humana. Desde Valdemanco, inicia la marcha del día: un paseo a buen paso por una cañada. Como verdaderos rebaños, los chavales van a conocer en sus propios pies el significado de estos caminos.
“Son vías para el ganado, que por fuerza ha de moverse en los países de clima cambiante: tras el invierno húmedo y lluvioso, los pastores reconducen a sus rebaños hacia el norte”. Fernando se sabe al dedillo la lección, aunque esquiva el tono docto. Él y otros compañeros son los encargados de que los ruteros les puedan ir poniendo nombre a los varios lugares en los que ponen la bota. Allí, donde la vía se estrecha, las ovejas se veían obligadas a pasar en una hilera estrecha. Así era fácil contarlas. Y del recuento, se calculaba el tributo a pagar al rey. Porque pasar por la cañada tenía un precio. Más allá, en una zona llana, se abre un descansadero.
Fernando y sus compañeros despliegan toda su sabiduría. Son guías de interpretación de la Dirección General de Vías Pecuarias. Además de las cañadas, hablan de vegetación, de animales. Los chicos les escuchan interesados mientras intentan no perder el ritmo de la marcha. Luego llega la recompensa. La caminata de 20 km culmina en Río Sequillo, o lo que es lo mismo: un lugar donde comer y pegarse un chapuzón en las piscinas naturales al borde del embalse. Nacho, Edgar y Patrick, tres grumetes del grupo 13, devoran la ensalada campera y las albóndigas con las que Argi, la cocinera de la Ruta, ha avituallado hoy a los caminantes. Todavía les queda hueco para unas natillas y tiempo para una siesta en el césped de las piscinas.
De vuelta a Buitrago, Pancha, una de las monitoras, intenta que las chicas a su cargo no rompan filas y esperen con paciencia su turno para entrar al polideportivo que les servirá de dormitorio esta noche.
- ¿Y ahora a donde vamos?
- A escuchar una maravillosa conferencia.
- ¿Y después?
- Cena y paseo por el casco histórico de Buitrago.
-¿Y cómo vamos?
- A pie, claro.
- ¿¿Andando??
- Sí, y no olvidéis coger la mochila con el forro polar.
- ¡¿La mochila, a cuestas?!
- Chicas, el buque del amor ya terminó. Ahora empieza la verdadera ruta.