Se hace diario al andar
Aprovecha siempre que tiene un rato para echar mano al boli y al papel y plasmar las vivencias que la Ruta Quetzal BBVA le va dejando. Al pie del Acueducto de Segovia, en el puerto de Cádiz o en cualquier polideportivo, monte o explanada. Allí donde los ruteros montan sus tiendas de campaña.
Se llama Gabriela y viene de Rumania, donde ha aprendido español gracias a las clases del colegio y a clases particulares que toma cada semana con profesores españoles. Su talento y su tesón la han convertido en expedicionaria este verano, una experiencia para vivirla. Y para contarla.
Cada expedicionario tiene un cuaderno como el de Gabriela. El diario de viaje es una de las misiones que han de cumplir en la Ruta. Relatar sus experiencias, desde su punto de vista, para no olvidarlas. Y porque al escribirlas, pasan por el tamiz de la reflexión: son tantas las emociones y vivencias acumuladas en el camino, que a veces los ruteros no consiguen darse cuentas de cuanto tienen alrededor.
En la Ruta Quetzal BBVA se sabe bien del valor de la crónica, elemento sustancial de toda expedición. Por eso Jesús Garrido ayuda a los chavales en el arte de narrar. Este jesuita acompaña a la Ruta desde 1993, pero no en misión evangelizadora. Lo suyo son los consejos de una buena crónica de viajes. Cualquiera que dude como relatar una parada, retratar un personaje o esbozar un paisaje con palabras, acuden a la sabiduría de Jesús, docto en la materia. Para los más perezosos en el ejercicio del relato, hay un incentivo: el autor del mejor cuaderno de la expedición tiene la oportunidad de repetir Ruta al año que viene. Los ruteros no lo pierden de vista.
En esto de la crónica de viajes hay maestros para dar y tomar a lo largo de la historia. Significativo para la Ruta es el caso de Hernando de Colón, hijo de Cristóbal Colón. Acompañó a su padre en su cuarto viaje. Fruto de su paciencia y su reflexión queda la posteridad La historia del Almirante, que Hernando escribió entre 1537 y 1539.
Otro episodio de viajes y crónicas, más cercano en la historia, y modelo inspirador para Miguel de la Cuadra-Salcedo a la hora de idear la Ruta Quetzal: el Crucero Universitario por el Mediterráneo, que realizó un grupo de más de ciento ochenta estudiantes y profesores en 1933. Fue un viaje de estudios auspiciado por el espíritu cultural de la República. Estudiantes de arqueología, arabistas, poetas, futuros historiadores y arquitectos viajaron a bordo de la motonave Ciudad de Cádiz en busca de las raíces de la cultura mediterránea. En esa universidad flotante los viajeros no dejaron de lado los cuadernos. El premio a las mejores crónicas fue su publicación en el libro “Juventud en el mundo antiguo”. Recogía los relatos de tres futuros intelectuales de alto vuelo, por entonces aún estudiantes: Carlos Alonso del Real, Julián Marías y Manuel Granell.
Diarios que hicieron historia. E historias, como las de los expedicionarios por tierras españolas en este tórrido verano de 2009, que hacen diarios.



