Escrito por prodriguez
28 Jun 2008 - Enlace
Historias de piratas
Despertar en Fuerte San Lorenzo, escuchar el silencio de las olas que chocan contra los muros de piedra, testigos de las andanzas del pirata Henry Morgan, y ver el nacimiento del sol en el lugar privilegiado en el que el río Chagres se encuentra con el mar Caribe es, quizás, el momento místico de la Ruta Quetzal BBVA. Olvidamos en un instante la noche de calor en una tienda de campaña y las pocas horas de sueño. Los expedicionarios también lo olvidan. El fuerte San Lorenzo nos sobrecoge por su majestuosidad.
Las paredes respiran historia. Es fácil imaginar las batallas de piratas que luchaban por arrebatar a España las riquezas que extraía de la recién descubierta Perú, transportadas por el Camino Real que unía Portobelo con la Ciudad de Panamá. Y es que el control de las rutas comerciales era crucial para mantener la posición de dominio.
Aún se conservan los cañones que defendieron de los ataques de los corsarios ingleses la posición estratégica de España en el istmo de Panamá. Construida en 1597, la fortaleza no pudo resistir a las fuerzas de Morgan, que en 1671 capturaron el fuerte como base para su ataque a Ciudad de Panamá. Mientras 314 españoles esperaban la llegada del pirata inglés por el Chagres o el mar Caribe, Morgan sorprendió a la avanzadilla española con un asalto por tierra, a través del Camino de Cruces. Sólo sobrevivieron 30 soldados.
La Corona española reconstruyó la fortaleza a una altura menor para protegerse de los cañones de los barcos enemigos que habían aumentado su potencia. Pero el almirante inglés Edward Vernon logró en 1740 superar la avanzadilla española y reconquistar la fortaleza, cuyo último uso fue el de una prisión.
El fuerte de San Lorenzo oculta un secreto más. Una senda de algo más de dos kilómetros conduce a través del bosque hasta la playa de La tortuguilla, una cala delimitada por un dique natural junto a la corriente de un río. Escondida a las orillas del Caribe, se convierte hoy en nuestro refugio.
Patricia R. Blanco

Fueron antiguas ruteras. Kioma (derecha) y Jacqueline (izquierda) acompañan a los expedicionarios en Colón, una de las ciudades más pobres de Panamá, marcada con dureza por la pobreza y la delincuencia. Quienes las conocen no pueden creerlo: son novicias en Colón de la Fraternidad de la Divina Misericordia de los Sagrados Corazones de Jesús y María, una congregación panameña que también opera en Gibraltar.
A sus 76 años, Miguel de la Quadra Salcedo está convencido de que "el mundo es pequeño". Es incapaz de responder "qué viaje le queda por hacer" pero asegura que “la gran aventura "está en nuestro interior". A pesar de su bastón, de la Quadra, el alma mater de la 