Escrito por prodriguez
26 Jun 2008 - Enlace
En la selva
Son las 5.45 y suena el despertador. Hoy toca día de selva, 12 kilómetros en lo que para muchos será su primer contacto con la naturaleza más salvaje. Nos levantamos temprano para seguir el rastro del Camino de Cruces, el antiguo Camino Real por el que los españoles transportaban mercancías del Perú, Baja California y Chile. Los expedicionarios vivirán su primera gran aventura y mantienen elevado su espíritu.
(Ángel Colina)
La organización es crucial para movilizar a cerca de 400 personas. Parte a la cabeza el grupo de los quetzales, el más lento, que permitirá que los rezagados se incorporen al siguiente, los jaguares. Cerrando la expedición, caminan las águilas, los más fuertes y veloces, que se asegurarán de que nadie quede solo en la ruta. Nos acompañan además Jesús Luna, jefe del campamento y cabeza de la expedición, Edgar, uno de los guías del Parque Nacional, y de nuevo nuestro amigo Luis Puleyo, el profesor de supervivencia y el único que no usa repelente de farmacia y unta su cuerpo con un "barro antismosquitos" tan eficaz que sólo él ha terminado la marcha sin picaduras.
El camino empedrado de los primeros metros es un espejismo, que paso a paso adquiere su apariencia real y se transforma en selva. Sólo se escucha el sonido de la naturaleza, alterado por las risas de los jóvenes, que no muestran en las siete horas que dura la marcha el más mínimo gesto de desfallecimiento. Disturba también la quietud una serpiente equis, que Luna, siempre atento, ha localizado junto al sendero.
Miles de cargamentos de oro, plata y piedras preciosas pasaron antes por aquí. El Camino de Cruces fue una de las principales rutas comerciales, aunque su importancia decayó con la apertura al comercio hacia el Pacífico por el Cabo de Hornos. Estas tierras fueron testigos de las andanzas de los piratas, como Francis Drake, que en 1577 blandió su espada contra las tropas españolas.
Y la marcha sigue. Un barrizal, una charca, y cae, como no, un periodista en el lodo. Pendientes, raíces, pedregales, una nueva subida y una bajada por el fango. Otro culetazo, esta vez un rutero. Con el barro hasta las rodillas, la expedición avanza y avanza.
Después de siete horas avistamos la venta de Cruces, junto al lago Gatún. "No ha habido quejas ni protesta, los chavales son maravillosos", asegura Luna mirando con orgullo a sus alimañas. En lanchas, atravesamos el lago. Los expedicionarios han logrado la primera gran victoria.

¿Cómo construir una balsa con una funda impermeable? ¿Cómo dormir cuatro días en la selva sin ser devorado por los mosquitos? Luis Puleyo, el profesor de supervivencia de la 