08 Ene 2009

Palestina: un Estado ocupado, un pueblo masacrado.

Escrito por: santi-casal el 08 Ene 2009 - URL Permanente

Europa reaccionará tarde , como sucedió con Kosovo, Croacia, Bosnia Herzegovina, Ruanda... Antes tienen que morir muchos miles más de palestinos. Tienen que perder la vida no en el campo de batalla, cual sucede en las guerras. Sino en los campos de concentración en que han convertido los judíos su territorio. Perderán la vida no en la lucha cuerpo a cuerpo sino bajo la lluvia del “plomo fundido”, que es el nombre con que han bautizado la nueva campaña desde Tel Aviv.
Las potencias occidentales lavaron su conciencia y de paso aliviaron un problema doméstico depositando en tierras santas a buena parte de los supervivientes del holocausto. Se ponía fin a dos mil y pico años de epopeya judía. Les habían echado de España los Reyes Católicos, que en el fondo necesitaban hacer caja, y casi los aniquila Hitler en tiempos de crisis económica para expoliar las riquezas que habían amasado con sus buenas dotes para el comercio, el prestamismo y la artesanía, actividades de gran valor añadido en las que se destacaron sobremanera, lo cual les hizo odiosos a los ojos de los anfitriones en tiempos de crisis económica, siempre propiciadores de sentimientos xenófobos.
Las potencias occidentales depositaron la patata, caliente, en el mismo territorio sagrado foco de conflictos tribales entre árabes y hebreos dos mil quinientos años atrás. Con la diferencia que los sionistas llegaron hartos de su papel de perdedores, y, a partir de su etiqueta –real- de víctimas inocentes, se han pasado por el forro los mandatos de la ONU para que devuelvan a Palestina el status de nación libre y soberana.
El genocidio actual tiene sus comienzos en la ocupación de sus tierras y casas, arrasamiento de cultivos, olivares, envenenamiento de los pozos y acuíferos, enloquecimiento de la población con tácticas sutiles o abiertas de acoso, provocaciones, trabas para el ejercicio de las rutinas, vuelo rasante de los cazas a diario, registros masivos con asesinatos indiscriminados y sistemáticos y violación de los tratados de Ginebra y La Haya. A modo de los campos de concentración nazis, los judío construyeron un muro vergonzante y taparon los túneles para bloquear la llegada de recursos alimentarios y sanitarios vía Egipto, país al que han puesto nuevamente de rodillas con el apoyo de la Administración Bush.
Israel lanza ataques disuasorios y preventivos porque tiene miedo: miedo a quedarse nuevamente sin territorio, dado el empuje demográfico palestino. Miedo a una alianza islámica contraria a sus intereses y que, con su actuación, alientan día a día.Y miedo al propio monstruo militar que han ido construyendo, conscientes de que el alcance por misiles enemigos de sus almacenes de ojivas nucleares sería más grave que los ocho muertos causados en la última década por los Catuxa lanzados por Hamás con cañerías de pluviales.
Por eso, desde el gobierno de Tel Aviv, tanto como desde la Casa Blanca y la CEE, se ha venido subvencionando fuertemente a Al-Fatah, hasta provocar la confrontación civil entre palestinos y adjudicarles así la vitola de ingobernables necesitados de la intervención exterior. Es un protocolo que también ha tenido éxito en Líbano e Iraq, quedando los pozos de agua y petróleo bajo control de los invasores.
La solución que preconizan aquí y allá sesudos politólogos de dudosa independencia, abundando en el establecimiento de unidades de cascos azules una vez concluida la Operación Plomo Fundido es, nuevamente en la Historia, absurda por insuficiente. El pueblo palestino quiere recuperar su patria, su libertad. Necesita cultivar su tierra, beber el agua de sus pozos, replantar sus olivos y visitar a sus parientes. Necesita derribar el Muro de la vergüenza para Israel y Occidente.
Y es por eso por lo que los palestinos siguen votando mayoritariamente y en las urnas a Hamás. Por mucho que sus misiles hayan matado a ocho israelíes desde que empezara la última intifada, por mucho que sus acciones suicidas provoquen la reacción multiplicada del enemigo, para el pueblo palestino no se trata de la organización terrorista que Bush catalogó entre las más execrables del planeta. Él, que puso la soga en el cuello de Sadam –que, dicho sea de paso, gaseó a los kurdos con el apoyo de su padre- tendría que responder algún día de sus apoyos a través de la CIA a la emergencia de gobiernos afines a los intereses de las grandes petroleras, de las que es accionista, y de los fabricantes de armamento pesado, asegurándose plusvalías para una economía viviendo por encima de sus posibilidades.
Para el pueblo palestino el terrorismo despreciable, abusador, es el de Estado, el del Estado de Israel, no por la tan cacareada desproporción de fuerzas, sino porque, en origen, responde sólo al ejercicio puro de la usurpación del territorio pese a quien pese.
Por eso, la solución al conflicto palestino israelí tiene que ser necesariamente política, y la policía quedaría sólo para garantizar que se cumplen los acuerdos, y nunca como fuerza de ocupación. Es preciso retomar las directivas de hace seis décadas y, sobre todo, hacer que Israel las cumpla. Una vez puesto cada pueblo en su territorio, veremos como los Catuxa dejan de volar. Es preciso parar el genocidio del pueblo palestino y es responsabilidad de todos que esto ocurra, desde la medida de nuestras posibilidades. Si luchamos por nuestros puestos de trabajo, o por disfrutar de paz social en nuestro país, no podemos mirar hacia otro lado asistiendo al espectáculo de matanzas en África, Oriente Medio, Pakistán. La insensibilidad de hoy hacia los problemas de los demás es la antesala de nuestra vulnerabilidad ante los problemas propios. Nada nos es ajeno ya en esta aldea global. ¡Manifestémonos, boicoteemos, elijamos a nuestros compañeros de viaje...!
Pero, al mismo tiempo, también proclamo sin acidez alguna mis deseos de que Israel y Palestina dispongan de sus territorios, suficientes para unas poblaciones que necesitan la paz, los primeros superando su terror a ser a apátridas y los segundos para dejar de ser presos, esclavos viviendo en préstamo. Emerge un relativo hastío de la población judía, que ve como su calidad de vida también merma por la factura de la guerra y como la disponibilidad de mano de obra barata se ve afectada por la construcción del muro. Un deseable cambio en la composición del Gobierno con mayor presencia de tesis moderadas podría ser la puerta de entrada a una mesa de negociación con intermediación lo más neutral posible y con un giro radical en la política de la Casa Blanca. O eso, o los prolegómenos de una confrontación con afectación en todo el planeta. Obama y su pulso con los judíos tendrán la última palabra. El mundo islámico espera.

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