07 Ago 2007

La enfermedad del cotilleo

Escrito por: Sebastían Martin Recio el 07 Ago 2007 - URL Permanente


La enfermedad del cotilleo


En estos tiempos de primacía de la prensa y programas llamados rosas, donde el cotilleo se adueña de la opinión, es bueno reflexionar sobre los espacios de comunicación que estamos creando entre todos. Uno de los efectos que la crítica razonada advirtió sobre estos programas era la facilidad con que denostaban la vida íntima y personal de tanta gente, pues, aunque se refieran sólo a personajes más o menos famosos, lo cierto y verdad es que nunca fue tanto el escarnio público, el zarandeo mediático y el desprecio por la vida privada de las personas, incluso aunque éstas pagasen montajes para dar actualidad a sus nombres.


Sin embargo, fíjense lo que les digo, tan grave como el efecto contra la vida particular y reservada de cada cual, es el relieve que han tomado los autores de estas tropelías. Y me explico: peor que la mala fama adquirida por culpa del cotilleo, está la profesión, como modelo y pauta de comportamiento, del cotilla en sí. El cotilla aparece en horas de máxima audiencia, casi siempre de la mano de alguien con credibilidad, para ilustrar a los espectadores de un sinfín de sandeces que exacerban su morbo y curiosidad, propiciando que la dimensión más miserable de la persona prevalezca sobre el sentido común. Y, encima, el cotilla, gracias a esta audiencia, adquiere credibilidad; así se cierra el círculo: más credibilidad del cotilla, más dosis de cotilleo. En estos programas, no sabemos el porqué, juegan un papel relevante algunas personas que incluso exageran su capacidad expresiva, para revestir de marujeo la farándula de los dimes y diretes que ofrecen en cada tertulia.


No todos son iguales. Hay cotillas, como lenguas viperinas, que insultan y agraden sutilmente con sus chismes y enredos, que crispan ofensivamente y excitan al auditorio con una fuerte dosis de bilis y mala leche, proyectada contra la víctima de turno. Otros, por el contrario, hablan con voz cálida al oído, como si fuera un aparte de complicidad directa que se distancia del resto, para compartir confidencias al margen de los demás. Unos y otros simultanean afirmaciones propias con habladurías ajenas, opiniones no contrastadas con fuentes inciertas, pero, eso sí, su barómetro específico está en la capacidad de asombrar con el daño producido. Pues bien, estos perfiles de cotillas, que quizás tengan su fuente de imitación en esos líderes de audiencia, abundan en todos los estratos sociales y en todos los ámbitos de la condición humana.


El cotilla, por su incontinencia verbal, jamás guardará un secreto; guárdese por ello de mostrarle sus sentimientos más íntimos. Tarde o temprano acabarán en el mar de las indiscreciones, vistos a ojos de todo el mundo. Sin embargo, suele ocurrir que el buen cotilla inspira confianza al principio, pues establece el apropiado ambiente para la confesión; eso lo consigue a expensas de abrir las tripas de alguien que no está presente. Ahí tiene la prueba más evidente: si de un tercero habla mal sin darle opción a defenderse, sepa que otro día le tocará a usted. No confíe nunca en un cotilla.


El cotilla es disolvente, pues rara vez cohesiona un grupo. Casi siempre lo fragmenta, dividiéndolo en camarillas, corros o pandillas. No hace falta un espía ni un delator, el cotilla, inconscientemente, cumple ese papel. Por eso, si quiere formar un grupo que trabaje con eficacia, evite la presencia, o al menos el protagonismo, de los cotillas: acabarán destrozando el grupo, impregnándolo de malos entendidos, envidias insospechadas y a veces odios cruzados. El cotilleo es una enfermedad, sencillamente un defecto de la comunicación, pero hace estragos cuando el cuerpo, o el alma, donde se asienta son débiles porque carecen de convicciones y de fuerza. El cotilleo lo creamos nosotros mismos con nuestras palabras vacías, las hemos dejado huecas y ese humo entró en nosotros convirtiéndonos en nubes al socaire del viento.



Sebastián Martín Recio

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mdgozalez dijo

SEBASTIAN QUE RELATO MÁS SENCILLO, VERÍDICO, QUE BIEN LO DESCRIBES ...CON ELEGNACIA DICES TODO LO QUE SE PUEDE DECIR DE ESE MUNDILLO ...ME HA GUSTADO MUCHO...

guille

guille dijo

Muy bueno,muy cierto.Cada vez que visito Espanha me quedo mas alucinado de la cantidad de marujeo que hay en casi todos los canales.Siempre el mariquilla malintencionado y frustrado,unas pocas fulanas maquilladasimas y un auditorio que se caga la perra.INFAMES,ME DIJERON QUE LA HIJA DE fULANO.CARRONHA PAL COCO.Nada mejor que apagar la cajaboba y pensar,leer o dormir.Cualquier cosa menos eso,puaj!!

mar-sanfrancisco dijo

Dices verdades y muy bien espresadas.Si te contara la de veces que me han intentado hacer daño gente como la que describes,yo no me lo podia creer pero cuando vine a vivir a este pueblo me di cuenta que la gente no tiene otro tema de conversacion que hablar de la vida de uno y de otro,llevo unos siete años por aqui y eso de que todo el mundo sepa quien eres pues no me acustumbro.Creo como tu que es una enfermedad,pero no se si tiene cura.Yo cuando la conversacion de las personas se centran en " mira, te has enterado lo que le paso a fulanita?",pues simplemente digo no ni me interesa y me voy,con sentimiento de sere una antipatica?,pero luego agradezco el haberme ido y mi alma tambien,un abrazo

fernandomaria dijo

Es evidemnte que del cotilla hay que huir y, por supuesto, no comentarle nada de nuestra vida, porque entonces la hemos arreglado. Sí, es verdad que se nota que eres médico porque describes el síndrome del cotilla muy bien. por cierto ¿sabes si se está en proceso de descubrimiento de la vacuna "anticotilleo?.Un saludo Sebastián.

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Sobre este blog

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AL BORDE DE LA CORNISA Sebastián Martín Recio

Soy médico de cabecera, de familia o de atención primaria.. Es decir, el primero que te ve para lo que quieras, pero que, además, termina conociéndote como persona, sabiendo de tu familia, de tu trabajo y de tu vida. Y todo para intentar aliviar o consolar un poco, porque lo que se dice curar, sólo a veces y parcialmente.

Soy ciudadano del mundo y he vivido en lugares diferentes, Mi infancia y mi adolescencia transcurrieron en pueblos de Andalucía, mineros, de pescadores, vitivinícolas, de campiña, de colonización... Municipios pequeños y ciudades medias. Y estudié en Sevilla... Desde hace veintiseis años vivo en Carmona.

Escribo artículos, ensayos, reflexiones,.. dibujo, pinto y me gusta la comunicación.

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