18 Sep 2008
Soderbergh: la vuelta al cole
Luego de casi toda mi vida viviendo en las inmediaciones de la casa del Che, en La Habana, y de tener que jurar en el matutino escolar, diariamente, que sería como él, se me quitaron las ganas de llevarlo en mi equipaje de mano, cuando realicé este viaje sin retorno.A los que tuvimos la mala suerte de estudiar en Cuba después del año 1959, el argentino se nos colocó a la fuerza en el alma, y en el alma fue que lo procesamos como una mala digestión, en la que el peso de la grasa y/o el alcohol inflama el intestino grueso y esta carga no se pierde hasta que los malos nutrientes se convierten en aire. Así de densa se nos volvió la figura del guerrillero, un símbolo nada más, hecho a la medida del gobierno que teníamos metido en casa por los cuatro costados. No hay nada que pueda asegurar que de niños queríamos ser como él. Más bien, el coro de voces que formábamos reproducía una especie de adoctrinamiento del cual ,con toda certeza, no éramos conscientes.
Ahora tenemos más de 40 años.
Jamás pensé –porque hay que dedicarse a otras cosas en la vida- que la figura de un hombre intangible nos persiguiera tanto tiempo. Primero por la calle, estampada en las camisetas de jóvenes que no saben bien a quien divulgan, y luego en incontables materiales fílmicos.
El más reciente, el largometraje de docu/ficción de Steven Soderbergh, me llevó incluso a una sala oscura el sábado por la noche al salir de mi trabajo, cansado como estaba de tener que lidiar con el rebaño que visita la tienda donde estoy. Yo no quería ir, lo confieso, pero, al mismo tiempo, no podría luego comentar con conocimiento de causa un tema que está en la calle.
La película es aburridísima. No me esperaba un material didáctico sobre la epopeya de las columnas de barbudos que tomaron la capital cubana en 1959. De ese asunto ya tuve que estudiar bastante durante casi los años que tengo. Imaginé que un cineasta como Soderbergh podía tomar el personaje para recrear una buena historia narrativa, un buen largometraje con un guión espectacular, aunque el tema me estuviera, verdaderamente, tocando los cataplines desde hace rato.
Me equivoqué.
Pero salgamos del Che como fantasma.
No es justo que paguemos más de seis euros y dediquemos más de una hora de nuestras vidas a un filme épico redundante, cuyo argumento no avanza nada y su estructura narrativa nos mantenga todo el tiempo alternando el famoso discurso de Guevara en la ONU con la toma de Santa Clara. Así, a palo seco, sin una desenvoltura dramática ni siquiera una pequeñita historia de amor –que sí aparece, pero al final. No hay manera de justificar nada en el argumento de este filme porque no se trabaja ninguna dramaturgia. Está hecho para nosotros que conocemos al dedillo de qué va la historia, y resulta que muchos de nosotros no queremos saber ya nada más de eso. Me pasé todo el tiempo pensando en el espectador no cubano, que termina viendo una caricatura de cuatro o cinco personajes aleatorios –Fidel, Camilo, Raúl, Almeida, El Vaquerito-, unos con mejor suerte interpretativa que otros.
Una amiga española, al salir del cine, me preguntó si de verdad en Cuba se fuma tanto tabaco (puros, me dijo). El largometraje no da para más comentarios, y se lo agradezco, porque me hubiera encendido los recuerdos de primaria, cuando este que escribe usaba una pañoleta roja y vociferaba querer ser, de grande, como alguien que jamás vio en persona, alguien que fue muy valiente y que también cometió graves atropellos, pero esto último no salía en el guión de las clases del colegio.
De Che, el argentino, se salva, a mi modo de ver, la actuación de Benicio del Toro –productor de la cinta- y la banda sonora. Y el esmero por calcar los escenarios de Santa Clara, que, verdaderamente, como dicen en común en España, se lo curraron mucho.
No sé qué pretendían el director y el productor de esta película. A los cubanos nos aburre el argumento, porque nos lo sabemos de memoria, y los otros seres cinéfilos tendrán que irse despertando paulatinamente con los disparos de ametralladora –que suenan bien fuertes, y en estéreo- porque cualquiera se duerme tal y como está la vida de agotadora. Luego, y a pesar de la inmensa apología a la Revolución en la película, dudo mucho que este material se pase en los cines de Cuba, solo por el “bocadillo” en el que Fidel le sugiere al Che que no se situé en primera línea de combate. Así que, hablando de disparos, supongo que a los productores le saldrá el tiro por la culata.
Y como era de esperar: en el casting clasificaron Jorge Perugorría y Luis Alberto García, los dos únicos histriones verdaderamente buenos con que cuenta la isla de Cuba. No hay más opción: el contacto con los actores de categoría comienza por ellos y termina por los dos. Mal vamos, Soderbergh.
Acabo de confirmar que toda aquella parafernalia sobre el Guerrillero Heroico sirve también para jugar al monopolio. Tal vez me equivoco, pero esta empresa concreta de Del Toro –una historia que promete continuar en el cine- se quedará en un partido de mesa.
04 Sep 2008
Hay otros Gorki
Solo de pasada a todo tren por el blog de mi querida Ivis, me doy cuenta de que no soy el único contrariado con las noticias sobre Cuba. Un ciclón con nombre de pintor austriaco y un músico punk con apelativo de novelista ruso forman un cóctel demasiado postmoderno. El primero trazando una ruta que conocemos los caribeños, más o menos grados a la izquierda o a la derecha, y dejando como siempre inundaciones y corte de luz y teléfono a su paso, para que los que nos fuimos del país estemos aún más incomunicados con nuestros familiares. Y el gobierno, a través de la Defensa Civil, demostrando su capacidad movilizativa y poco reparadora en estos casos. Porque no debemos olvidar que, cada año, el meteoro de turno destartala más la isla y así se queda para la posteridad.
Paralelamente, el mundillo de Internet, del cual formo parte a mi manera, haciendo zafra con la noticia de la detención del Gorki Águila, creyéndose salvador por la pujanza de estos medios electrónicos a día de hoy. No nos equivoquemos: a Gorki lo liberaron porque no conviene retenerlo demasiado tiempo, porque la época es diferente a aquellos duros años 80 y 90 en los que los artistas y librepensadores con temeridad absoluta iban a la cárcel y nadie decía nada públicamente, ni este que escribe.
Hubo un aspecto en las declaraciones que hizo el propio Gorki cuando lo “soltaron”. Dijo algo así como que sus palabras, su discurso reivindicativo y, en fin, las criticonas letras de sus canciones pertenecen solo a su pensamiento. Y así exculpó de conjura a todos los demás cubanos. Habría que comenzar por decir que esas letras expresan el pensar del 90 por ciento de la población. Pero, claro, todavía no es posible explayarse.
Quiero decir que, mientras la dinastía de los Castro esté en el poder, sería una especie de suicidio colectivo. Nadie, ni siquiera un servidor, está o estuvo dispuesto a ofrecer la primera gota de sangre. Ni siquiera Gorki, que sí brindó un poco de sal y saliva al asunto.
El motivo de estas líneas apuradas, escritas desde el ordenador de mi tienda en el horario de almuerzo – o comida, en una parte de España- es recordar que antes de Gorki otros artistas se plantaron cuando el terreno estaba mucho más árido y verde a la vez. Aquí no vale la metáfora porque me refiero concretamente al color del uniforme de la dictadura.
Recuerdo especialmente en estos días la triste historia de dos hermanos muy talentosos que tocaban la guitarra clásica como dioses, de oído, a los que llamaban Místers Acordes. Hacían verdaderas virguerías con las manos.
Un día decidieron sentarse pacíficamente frente a la Plaza de la Revolución, para significar su desacuerdo con el gobierno. Luego de varias horas, los retiraron a la fuerza. Entonces se marcharon a casa con una advertencia de castigo. Y el castigo les llegó a los pocos días, pues un operativo policial los secuestró en su barriada del Cerro, cerca del preuniversitario de ese municipio.
Fueron a parar a la cárcel acusados más o menos de lo mismo que acusaron a Gorki. En la prisión pasaron varios años. Uno de los hermanos enfermó y murió entre rejas. El otro salió a la calle al cabo de un tiempo largo y enloqueció.
No es para menos.
No recuerdo sus nombres, y creo que podría encontrarlos en Google.
Por favor, si alguien que lee estas crónicas lo sabe, agradecería enormemente el detalle de la información para completar mis condolencias en absoluta intimidad durante estos días de septiembre.
Como había dicho antes, tengo en la tienda una brigada de obreros cubanos haciendo reformas generales. Estamos abiertos al público mientras tanto, porque el dueño de la empresa decidió que, solo vendiendo unas pilas para radios, estábamos ganando algo. En estos precisos instantes, los veo colgados de una escalera. En cuanto ponga el punto final, me acercaré a los compatriotas para preguntarles si conocen la triste historia de los hermanos Místers Acordes.
Nota: no puede esperarme, y al llegar a casa busqué algo sobre la vida de estos músicos. La historia es bastante amarga. Se puede leer en la página:
http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&friendid=320185047
28 Ago 2008
Adela:cara y cruz
El universo lorquiano me obliga a interrumpir la serie estival propuesta en estas “páginas”. ¿Qué mejor pretexto para realizar un paréntesis dentro de la venta al detalle de electrodomésticos?La vasta obra de Federico transcurre casi toda en el oscuro espacio de la España más dura y más cruel, la más tradicional y la más arcaica. Nada que ver, pues, con los aparatitos hipercómodos que hoy nos “endulzan” la vida, desde el entretenimiento puramente lúdico hasta la terapia ocupacional más básica que pudiera ser un afeitado correcto, una depilación general o un masaje exfoliante en tardes de fiestas. Y, con estos cacharros intergalácticos, así y todo, ocurren crímenes pasionales porque no basta la corriente eléctrica para entretener un alma desesperada. Volver a Lorca siempre es volver a sentir lo que por primera vez notamos en sus textos: el frío de una noche eterna en la que transcurre toda una vida; una vida, eso sí, desbordada de pasión.
Cada vez que pienso y escribo el nombre del poeta me viene a la cabeza una directora cubana de escena que se llama Berta Martínez. Ella se apasionó con el repertorio lorquiano y, desde la insularidad caribeña, lo entendió y lo adaptó a unas tablas que sufren mucho el paso de los años. Lo iluminó con escasos focos y muchas velas para lograr una estampa realista de una época llena de prejuicios; en fin, un terreno anquilosado. Y no es otro que el que hoy se conoce como La España Profunda.
Lorca visto desde España ofrece otra perspectiva. Ya no es la rigurosa Berta Martínez quien nos lleva de la mano, sino el sentido de la propia atmósfera que respiramos en la idiosincrasia de este país de países; pero no es menos cierto que Lorca se refería a la aridez, por ejemplo, de Extremadura, o a la noche andaluza en la que ladran los perros sin parar. Y ese es más o menos el decir de los telediarios de hoy, con sus bodas de sangre interminables, por un lado, y sus eventos de cocina mediterránea por otro. En el medio del gran mural electrónico, tal vez, aparece una hermosa mujer depilándose las piernas con un aparatito inalámbrico y dotado de un rayo ultravioleta.
La modernidad es una camisa de fuerza que nos obliga a ser originales incluso sin perder las tradiciones. Anoche lo viví en el teatro Romea, cuyo escenario es un tipo de oasis en el corazón del Raval. Volví a Lorca, a la Casa de Bernarda Alba, a Adela y sus hermanas, al campo, al claustro y al hecho de sangre, al teatro y a la danza. El espectáculo, que concluye este fin de semana, es uno de los más logrados que he visto; en una hora y veinte minutos se pasea por la casa de Bernarda, y eso es muy difícil de conseguir. La compañía Metros Angar, con la dirección y coreografía de Ramón Oller, me ha dejado el preciso sabor que uno busca como ciudadano de este mundo nuestro. Es muy reconfortante que funcione la comunicación y que el tiempo no te aniquile con excesos de pretensiones. La puesta en escena está ajustadísima al espacio lorquiano y es un bello regalo para los ojos. Hay austeridad y elegancia a la vez, estilo, sin desbordar el patio andaluz, pues se trata de danza contemporánea. Hay espectáculos que se quedan en la memoria para toda la vida, y no exagero si digo que este será uno ellos, porque no sobra nada, ni el tiempo, ese metraje que traiciona tan a menudo a los directores. La escena del suicidio de Adela es fundamentalísima: nos tuvo en un hilo de nervios y nos sacó la sal por los ojos. Amo la sencillez, el buen gusto. No dejo de ser consciente de que estas dos posibilidades estéticas son tan relativas como que estábamos en el entorno del Raval, barrio duro, difícil, oscuro. El alma de aquella España que Lorca se empeñó en retratar hasta la saciedad, pasa volando, dibujada o desdibujada por un trazo distinto. Un pretexto para no olvidar aquel pasado reciente que no hubiéramos escogido jamás.
08 Jul 2008
Cualquiera resbala y cae
Entre los egresados que he seguido de la "academia" Operación Triunfo está Manu Tenorio. Siempre confié en él, porque se desmarcaba de toda la parafernalia televisiva que trivializa el canto en sí mimo. En lo visual, su estilo me resultaba interesante, y en lo interpretativo, a pesar de contar con una pequeñita voz, entregaba, o entrega, un “color” especial. Tenorio era el rompecorazones de las mujeres maduras, el caballero seductor que destacaba por su prestancia en medio de una pléyade de chiquillos locos por la fama. Y era –es-, además, el sevillano discreto que estaba faltando en el panorama artístico español, a mitad de camino entre el flamenco y el pop.Su disco de boleros Con tres palabras desplazó rápidamente un viejo archivo en mi apartito reproductor de música en formato comprimido, el cacharro diminuto que viaja en el metro con este servidor, en esos trayectos largos de la línea 5 que me sirven para leer o ponerme al día con las novedades musicales, porque, como a la mayoría de la gente, el tiempo no me alcanza.
Mi escucha de Con tres palabras ha resultado una decepción. Creo que los productores se equivocaron con Manu Tenorio. Si bien se le puede aceptar en un par de boleros, ese no es un género que le vaya como anillo al dedo. Lo prefiero en las baladas, en las baladas intimistas rodeado de ese halo misterioso de la discreción. El bolero requiere de un amplio espectro de registros, incluso necesita de la grandilocuencia interpretativa, aun cuando los compases sean lentos. Hay que tener una voz potente para interpretar ciertos temas antológicos, y Manu los deja muy mal parados. También me decepcionaron las orquestaciones y la ejecución de éstas. O sea, lo que se conoce como acompañamiento. (¡Esa versión de Gracias a la vida, que termina en una salsita, es de orquestas escolares!)
Supongo que con Tenorio quisieron fabricar otro Luis Miguel, con la misma fórmula de revisar en el pentagrama tradicional, vestirlo elegante, al intérprete, y tirar p’lante a ver qué pasa. Luego –lo peor, a mi juicio-, lo subieron a un automóvil viejo de esos tuneados que todavía ruedan por La Habana, y lo pasearon por allí como antes pasearon a Compay Segundo, como una reina del carnaval. Lleno de tópicos ese video clip de Toda una vida, aquella cámara que pasa en travelling por las paredes descascaradas, los graffitis populistas del Ché y la Revolución, la gente negra, como siempre, haciendo olas, y, en fin, todo lo siempre visto en las fotografías en blanco y negro de la capital de Cuba. Rodar en mi querida isla, si se consiguen los permisos oficiales, resulta baratísimo, porque los escenarios vetustos no hay que fabricarlos, están allí como parte de la vida, y la gente se presta sola para lo que haga falta; al menos eso fue lo que dejé hace unos siete años.
Acabo de recordar que yo también caí en los tópicos cubanos cuando regresé a La Habana con mi mujer, quien no conocía el “escenario”, porque es “gallega”; o sea, catalana. Y, a la sazón, escribí una crónica inspirada en los almendrones (1).
03 Jul 2008
Salsita del barrio
Sin lugar a dudas, la sala de baile tropical más referenciada en Barcelona se llama Antilla. Allí me llevaron enseguida los anfitriones emergentes que tenía a mano hace siete años, cuando llegué con una maleta pequeña debajo del brazo. En ese lugar bailé hasta el amanecer y dejé parte de mi exigua cuenta corriente, e, incluso, desde Antilla salí un amanecer directo al trabajo, con el alcohol todavía en las venas y las piernas tambaleantes.Digamos que descubrí una parte de Barcelona desde una sala de baile; que me reencontré con gente de la isla (1) a la que había perdido de vista, y además debo confesar que, junto con la inocencia típica de un advenedizo, bailar salsa funcionó como una maravillosa válvula de escape. El tiempo –ese que arregla o desconchinfla todo-, se encargó de alejarme de allí cuando ya supe a ciencia cierta todo lo que había que hacer para sobrevivir como emigrante y, sobre todo, ponerme al día en otros asuntos menos lúdicos. Comprendí que Antilla –o todo lo que se parezca- debería quedar como una opción, como una fuga, y no como un objetivo. De hecho, aún no he llevado a mi mujer por ese local cuasi sicodélico de la calle Aragón.
El domingo pasado, sin buscarlo, nos pusieron en las manos un par de invitaciones para la gran fiesta de celebración de los quince años de vida de Antilla. Y fuimos, medio hechos polvo por el cansancio acumulado durante la semana. Nos citaron para una sala de espectáculos de la avenida Paral’lel, detrás del Teatro Apolo, y eso nos olía a glamour. Mi mujer no sabía cómo vestirse. Le dije, pues, que se tirara cualquier trapo por encima, que el ambiente de Antilla suele ser ecléctico. En efecto: la portada era glamurosa, con limusina alquilada por los organizadores(2), pero en el interior encontramos de todo. A pesar del insoportable calor del antiguo teatro, aguantamos casi toda la noche, multiplicando –sin exageraciones- todo lo que mi mujer y este que escribe realizamos en casa, en materia de danza.
Para ser sinceros: los teloneros, el grupo mestizo La Sucursal SA, nos gustó más que Africando, una alineación bastante famosa de músicos subsaharianos que viajaron por primera vez a España para este cumpleaños.
La Sucursal SA, según me han dicho los veteranos, surgió a la sombra del “movimiento” salsero de Barcelona, con integrantes españoles y de Latinoamérica, y esto demuestra que la música es un lenguaje, además de abstracto, universal, desprejuiciado.
Con el segundo tema de los Africando nos marchamos a conseguir un taxi en el Paral’lel, misión bastante complicada en esa zona de ambiente, la misma noche en que este país vivía la fiebre de haber conquistado horas antes la copa europea de fútbol.
Agradezco a Antilla(3) –a todo su envoltorio, incluyendo sus rostros fugaces y la alegría de seres, como yo, medio tiempo-, agradezco la oportunidad de recapitular mentalmente una época de inocencia en la que no fui tan feliz.
(2) Mi teléfono móvil, con 2 megapíxeles de resolución, capturó la imagen a las puertas de la sala de baile Apolo.
(3) Antilla comenzó en una pequeña estancia de la calle Muntaner. En 1998 se trasladó a la actual sede de Aragón. Con motivo de su 15 cumpleaños, según leo en Antilla News, revista propia, convoca a un concurso literario, de relato breve, cuyo primer premio está dotado de mil euros en metálico y un billete de ida y vuelta a Cuba. La publicación, quizá para demostrar que no se anda con noticias pequeñas, le dedicó su penúltima portada al presidente militar Hugo Chávez. Para mayor información, y para ampliar la promoción no remunerada de este bloggers, puede usted dirigirse a http://www.antillasalsa.com/
18 Jun 2008
Los plañideros del flamenco
Se veía venir una saga de Lágrimas Negras, el disco que por fin legitimó la concordancia entre el flamenco y el son. Hay quien piensa que la rumba catalana –frase o especie hecha por un grupo de gitanos de los barrios de Gracia y cercanìas del Mercado de San Antonio, en Barcelona-, es similar a la rumba afro-cubana, mientras, en realidad, a lo que se parece es al son. Lo que habría que buscar, estudiar, si no lo han hecho ya, es cuál de los dos fenómenos musicales surgió primero, o si surgieron en paralelo.Tuve una novia muy flamenca, una morenaza, como se conoce en el argot popular a este tipo de mujer altiva, generalmente de cabello negro largo, derivación de lo morisco pero aderezada con acento andaluz. La primera vez que bailamos un son, nos entendimos tan bien que la chica dijo, al final, emocionada:
-¡Pero si es lo mismo!
Y en realidad es lo mismo, aunque interpretado de otra manera y con otros instrumentos o parte de un grupo de instrumentos. Ya se ha demostrado que, para clasificar un tipo de manera de hacer, en esa maraña de música que es la isla de Cuba, hay que ir al formato. Arsenio Rodríguez, El Cieguito Maravilloso, se puso las botas con sus innovaciones al agregarle un piano y un par de tumbadoras a su septeto Bellamar. Dio lugar, sin querer, al formato de Conjunto. Y lo hizo porque era ciego, y buscaba un sitio en su grupo para su hermano/lazarillo, que era tumbador. La adición del piano, sin lugar a dudas, tuvo más que ver con su cosmos musical, amplísimo y desbordado para el uso de los primeros años 30. Hasta que encontró a un guantanamero llamado Luis Martínez Griñán, Lilí -con sobrenombre de mujer-, que fue el definitivo golpe de suerte para llegar a lo que hoy se conoce como tumbao, en la genérica salsa.
Muchos años después, ocurre un fenómeno natural tan necesario como éste que está llevando a cabo El Cigala. Desde que descubrió la flexibilidad del piano y su amplísimo espectro armónico lo llevó al flamenco, al cante gitano de su estirpe, y no lo suelta.
En una entrevista que publicó ayer la CNN española, confesó que le había pedido permiso a Bebo Valdés para buscar otro tecladista de raza, porque el viejo está cansado. Y lo halló en Alemania, a Guillermo Rubalcaba, otro cubano, otro anciano lúcido y activo. Otra gloria de nuestra música agregada a la diáspora nacional.
Dos lágrimas, la reciente entrega, es más de lo mismo. Esto significa más fusión coplera/sonera/bolerística. El Cigala también confesó haber quedado boquiabierto con un disco de Rolando Laserie que alguien le suministró en Cuba. Descubrió, o corroboró, que se trata de lo mismo que había bebido, pero, en lugar de por bulerías o por soleá, por boleros, por guaguancó, por danzón. Letras desgarradas, sufridas, y alguna que otra desagradable. Quizá por eso haya incorporado a su más reciente álbum un tema tan repelente como Bravo, arriesgada letra que, entre otros despechos, dice “…te odio tanto”. Desde mi humilde opinión, Dos lágrimas, teniendo un antecedente tan fuerte como Lágrimas negras, no sería “nada del otro mundo” si no incluyera dos curiosidades: la fabulosa versión en tiempo de guaguancó de Dos gardenias –un título que aquí en España el pueblo atribuye a Machín, pero es de Isolina Carrillo-, y la tanguera de Caruso, con bandoneón incluido.
También sirvió para decirle adiós a un legendario percusionista, Tata Güines, a quien tenemos como virtuoso tres o cuatro generaciones de cubanos, precisamente desde la época en la que el cieguito Arsenio, en los años 40, lo puso a tocar en sus estrellas juveniles, un conjunto paralelo que protegió y difundió como una especie de benefactor.
TataGüines, a pesar de su “mala vida”, duró más de lo esperado, y El Cigala lo aprovechó; creo que lo quiso, pues se le atragantó la palabra al mencionarlo en la entrevista televisiva. Solamente con esta versión de Dos gardenias me basta para comprimir los once surcos del álbum en mi MP3. Hacia la mitad del “metraje” en la versión particular de El Cigala, luego de un floreo medio flamenco medio jazzístico de la guitarra de El Morao, surge un poco la gozadera, el tumbao perverso y retozón de ese jolgorio extrovertido que se conoce como cubaneo.
Es una lástima que la larga entrevista que incluye el disco, texto de Juan Cruz, no haya sido bien revisada. Además de su enrevesada redacción en las primeras páginas, se cuela un error imperdonable. “Beni Moret”, (por Benny Moré), un apellido que, tal y como está escrito, a los que vivimos cerca de los Pirineos nos suena catalán.
Diego, El Cigala, está feliz. Se vio así en la tele. Las cien mil copias fabricadas para vender el diario de la propia plataforma donde escribo, El País, se agotaron en menos de una semana. Porque la única manera de adquirir el soporte musical, legalmente, era comprando este periódico. Un raro experimento para lanzar un disco que advierte la no muy lejana extinción de la prensa impresa.
Nota: A ella no le gustó esta foto, no sé por qué. Aprovecho la oportunidad para, como se dice en el cubaneo, publicar su foto en la prensa. Sin su permiso, pero con respeto. Hace mucho tiempo que no sé nada de su vida.
15 Jun 2008
Perdidos
Cuando salí de La Habana (1) todavía pensaba que al llegar aquí, y establecerme, un día me iba a encontrar por la calle a Joan Manuel Serrat. Lo daba por hecho. Su álbum En tránsito, de 33 revoluciones, en vinilo, como se le denomina en España al acetato, acompañó a mi padre y a mí en interminables parrafadas en su balcón del Vedado, mirando al Caribe, al Malecón, que en realidad pertenece más al océano Atlántico que al mar tibio local. Nos bebíamos los surcos de aquel long play descifrando al poeta en cada interjección y en cada licencia del verbo. Llegamos a adorarlo.Muchos años después, supe que esos autores son tan recogidos que apenas salen en televisión –inteligencia viva, porque ser mediático cuesta caro-, y que de rapsodas les queda poco, porque el tiempo y su obra los han convertido en hombres de negocios.
En una ciudad de más de dos millones de habitantes no te vas a encontrar a tus ídolos tan fácilmente, porque ellos están y no están; no suben al metro tan a menudo, o a los autobuses, espacios en los que te puedes crear un catálogo de rostros cotidianos. También hay que tener en cuenta que los poetas que rozan con la fama suelen ser tímidos y evitan las multitudes, así como los enlaces de estaciones en el transporte público. Ha pasado el tiempo y terminé por asumir la desaparición de Serrat junto con los discos negros. En su lugar me llega una serie de versiones de aquella Habana –que sigue igual de vieja- en tiempo de son, salsa, timba, guajira, bolero, fusión afro-hispana-antillana. Cuba le canta a Serrat (dos volúmenes) va conmigo en al aparatito individual que casi todos llevamos enganchados al oído, y del que nadie conoce su contenido.
También recuerdo al trovador en un concierto en el Teatro Nacional de Cuba, entrados los 90, bastante cabreado porque el aire acondicionado estaba demasiado frío, al punto de decir, literalmente, que le calaba hasta el culo.
Allá esa palabra suena muy mal.
En las dos Castillas, y hasta en el Mediterráneo catalán, es bastante normalita, pero nosotros no lo sabíamos.
Se me derrumbó el mito, entonces, y así comencé a perderlo de vista.
Notas: (1): “Cuando salí de La Habana, de nadie me despedí, solo de un perrito chino, que anda tras de mí…”, entona la canción.
13 Jun 2008
El tiempo lo cura todo (no siempre)
Ahora que ha vuelto Risto Mejide (1) a la pantalla de casa, con su personaje de zorro capcioso tan bien elaborado, he pensado toda la semana sobre lo que estamos dispuestos a aceptar por una ilusión. Las televisiones se nutren constantemente de la gente joven y no tan joven que ve el fenómeno mediático como un posible camino para el desarrollo personal. También, por qué no, para ganar dinero, entendiendo tales ingresos como parte del crecimiento individual.Por otro lado está la verdadera vocación retenida o en ciernes, urgida de un descubridor que a veces, la mayoría de las veces, no llega. Y el talento puesto en manos de estos depredadores que son los espectáculos de la pequeña pantalla. Siempre habrá gente dispuesta a pasar por la piedra afilada y seca de esta maquinaria, de la misma manera que hay un público esperando por tales propuestas, aburridos o hastiados de trabajar, en el sofá como búhos que somos chupando por nuestras pupilas la puesta en escena de turno. Prefabricadas y manejadas por hilos invisibles, con toda la tecnología de punta a su servicio, pero, puestas en escenas al fin y al cabo, a veces se presentan fisuras.
Este año el inexplicable Risto ha tenido una tanda de muchachos respondones, algo que le ha dado más juego al programa/academia, que de lo segundo ya tiene muy poco. Hemos visto más atrevimiento en los participantes, y he estado recordando a la mulatica virtuosa y echá p’lante que se presentó en otro reality, el de danza, en otro canal. Los cubanos, lo sabe bien mi mujer, somos demasiado hedonistas como para permitirnos que alguien nos avergüence en público, y nos lanzamos contra la pared si es necesario, aun perdiendo el medio juego o el partido completo. Parte de idiosincrasia, mitad de malformación revolucionaria que nos enseñó a mirarnos poco más lejos del ombligo, lo cierto es que nos cuesta perder la dignidad por el camino, aunque perdamos, a veces, un empleo, un puesto de trabajo.
La flaquita, que bailaba muy bien –todo hay que decirlo-, prefirió encararse a unos de sus compañeros cuando la enviaron a limpiar los baños de la “academia”. Limpiar un baño no es humillación si te apetece limpiarlo o si te urge hacerlo en tu casa, o si te toca por programa general en una vivienda de convivencia; lo que sí es humillante que te toque hacerlo como castigo. Y ella tomó los utensilios con mucha fuerza, pues sabía lo que se estaba jugando, aunque no permitió la burla. Se plantó a uno de sus homólogos y le dijo:
-¡Fíjate bien, yo soy negra, pero no soy esclava! Así que te vas pa’ la pinga!
Eso en televisión, en Cuba, es imposible decirlo, porque todos los programas son diferidos y se trata de una mala palabra mayor. Lo cortan simplemente. Aquí pasó a la audiencia, que no sabía el significado de la frase, pero, así y todo, no la perdonó por su soberbia y la echó de la competencia a través de mensajitos SMS.
Se llama Massiel y baila muy bien, y tiene la boca salá.
Notas: (1): Publicista devenido en bestia negra de los concursantes de Operación Triunfo, el programa surtidor de talentos vocales que a veces entronca con la telebasura. Risto se ha vuelto un personaje mediático utilizando palabras duras y faltas de respeto. Su presencia en televisión es un signo agudo del Todo vale que, por lo menos a quien escribe estas líneas, asusta tanto.
09 Jun 2008
Estado (y paseo) de gracia
Volví a desandar las calles de Barcelona de noche, a redescubrir algunos rincones de la bohême tan plácida o tan cañera, con una botas negras acordonadas con fuerza, y la pisada firme y los pasos perdidos, como alguna vez hice sin saber hacia dónde ir y así entré en los bares que cierran a las tres de la madrugada, y de ellos pasé a los reductos claroscuros con el humo aun más trasnochado; lo que ayer sabía perfectamente el camino y gozaba de cierta inmunidad; aunque mis venas ya no toleran tanto ni el alcohol ni el tabaco quemado. Vale la pena volver a hacerlo con la distancia cómoda que dan los años, mirar todo con el equilibrio de un artista escénico que guarda el pánico para las horas posteriores de su actuación, y así encuentras mejor tu lugar entre copas, filosofando con un amigo sobre las apuestas que hacemos cada día por esta ciudad, para evitar que se nos echen encima los años y la propia población, el vulgo, el odio, las zancadillas cotidianas de nuestros compañeros de trabajo. Salimos de todo eso durante una larga jornada, hasta que se interpuso en nuestra ruta un zapato gigante de mujer anclado en una rotonda, en un obelisco que marca si se quiere todas las vueltas realizadas desde que llegamos aquí hace casi siete años. Y entonces, en la punta del tacón de aguja, nos amaneció. Mi amigo, entre copas, contó sus verdades, y yo las mías, abriéndonos como una calabaza en dos mitades perfectas…
Nota: La escultura de la foto está expuesta en la intersección del Paseo de Gracia con la avenida Diagonal, con motivo de una jornada artística de Portugal en Barcelona. Ha sido realizada totalmente con cazuelas de metal, de diferentes tamaños.
04 Jun 2008
Pagarse el último billete
Un sobre de correo tradicional llegó a mi buzón para recordarme que algún día moriré. La misiva, con el membrete de “la Caixa”, mi banco, se atrevía a ofrecerme una póliza de seguro de repatriación post mortem, por el módico precio de seis euros mensuales. “Asegúrese el regreso a su tierra, junto a los suyos”, se titula el folleto promocional, adjunto a una carta estándar firmada por el director de la oficina bancaria, que está ubicada en la propia manzana donde resido.Desde que dejé de cuidar ancianos a domicilio, hace cerca de un año, ya no pienso en la muerte. Y creo que es lo más normal, o al menos lo más aconsejable. Antes sí, porque trabajaba cotidianamente en la zona de declive de las personas. Varias veces me encontré en la necesidad de escribir sobre el deceso o el pre-deceso de alguien; me poseía la impotencia de no poder hacer nada y de tener que trabajar en algo que no elegí por vocación, sino por necesidad. La senectud fue mi compañera durante mucho tiempo, y por ella supe, de primera mano, hacia dónde vamos y cómo sembrar mejor en el transcurso de los años mozos.
Pasado un período “geriátrico” no sé si necesario aunque sí fortalecedor, cambié de camino en cuanto pude. Reorganicé las energías y descubrí todo un mundo de cosas por hacer y unas fuerzas increíbles en las piernas. Ya no miro atrás, salvo contadas ocasiones. Ahora busco un estudio que me permita optimizar el tiempo para intentar ponerme al día; quiero decir: aprovechar mis potencialidades ocultas para encontrar mi lugar más allá de la emigración, de los gobiernos planetarios y de mi propia base familiar. Uno se puede encontrar dentro de sí mismo, más si cuenta con la buena circunstancia de gozar de ciertas libertades, y no me refiero al dinero.
Por supuesto, no responderé a la invitación de “la Caixa”. Gracias, banqueros, pero, en todo caso, preferiría regresar definitivamente a mi país vivo.
Según como están todavía las cosas, el futuro cercano en Cuba pinta negro y con pespuntes grises. Sé que los míos me entenderán si no retorno por el momento.
Sobre este blog
Segunda Naturaleza
Jorge IgnacioSoy un cubano que vive desde hace seis años en Barcelona permanentemente. Fui periodista durante una década en mi país en la prensa escrita y, con tal de no perder mi oficio, me propuse reflejar mis experiencias mediante crónicas personales asociadas siempre a la ciudad de Barcelona, y también como parte de mis memorias de La Habana.
En un principio, escribía sólo para no perder la práctica, y los relatos quedaban en una carpeta almacenados. Luego, alguien me sugirió la idea de compartir mis memorias mediante un blog. Y digo memorias por utilizar un género más o menos adecuado, pues soy joven y parecería pretencioso plasmar una vida a mi edad.
Pero las circunstancias en las que me vi envuelto motivaron estos textos.
Se trata de ofrecer la visión de un profesional emigrante que tiene que reinventarse, adaptarse y sobrevivir en una ciudad cosmopolita marcada por las grandes oleadas migratorias.
Les invito a pasar por esta Segunda Naturaleza que dio nombre al blog. Encontrarán descargas existenciales y comentarios de espectáculos, libros, situaciones de la calle, personajes reales disfrazados con un nombre cualquiera, y un pequeño toque de actualidad periodística. De lo humano y lo divino, en fin.
Me pueden escribir a cronistabnc@gmail.com
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