19 May 2008
Vigas y pajas
Todos los pueblos tienen sus desgracias y sus desgraciados, y siempre ha
sido más fácil mirar la paja en el ojo del vecino que la viga en el propio.
El caso es que nuestra viga ya la conocemos, y tristemente adopta aires
costumbristas, y la paja del vecino me resulta, cuanto menos, apestosa.
Andan los máximos mandatarios de Italia y del país en el que nos
encontramos, enredados en discernir quién tiene una política de inmigración,
o anti-inmigración, más dura. Y todo porque el otro día, y tras observar que
los medios ocupaban alguna línea en ello, más bien pocas en mi opinión, la
sra. De La Vega, opinó, gratuitamente, qué le parecía la política de
inmigración del país de la pizza. Vino a decir, la rubia, que no compartía
la política de expulsiones de Italia porque no respeta la ley ni los
derechos de los inmigrantes y que el gobierno español rechaza la violencia,
el racismo y la xenofobia, por lo que no puede compartir lo que está
sucediendo en Italia.
Para los que no se sitúen recordar que el gobierno italiano, con el
incalificable de Berlusconi a la cabeza, ha llevado a cabo redadas en todo
el país, que se saldaron con 400 inmigrantes detenidos y 53 expulsados. Sin
entrar en si eran o no los "malotes del barrio", porque ante que eso son
personas y creo que todo gobierno, democrático o no, debe partir de ello,
esta ola de limpieza, que muy especialmente se centra en rumanos y búlgaros,
gitanos en su mayoría, está llevando a que muchos italianos se tomen la
justicia por su mano y se ocupen, personalmente, de desalojar el personal.
Entrando en los asentamientos, provocando disturbios y quemándolos. Como si
nada. Y el ministro de Reformas del Ejecutivo, Umberto Bossi, al respecto,
ha dicho que es normal, "porque la gente hace lo que no logra la clase
dirigente". Lo que no dice el gafotas este es que las constructoras de la
mafia edificarán sobre el suelo quemado próximamente. Hasta tal punto llega
la fiebre anti-inmigración que se están planteando suspender la aplicación
del Tratado de Schengen, que facilitaría la expulsión de dichos ciudadanos.
El Bossi incluso ha dicho que de qué vamos a hablar nosotros, si nos
dedicamos a disparar a los inmigrantes... Supongo que se referirá a los ya
lejanos incidentes de la valla. El caso es que en Italia se han molestado
muchísimo y piden rectificaciones, mientras el ministro de Trabajo,
Corbacho, continúa metiendo el dedo en el ojo, diciendo que Berlusconi
discrimina a los inmigrantes en vez de gestionar la inmigración. Cada uno a
lo suyo.
Y mientras tanto, en Nápoles, huele feo. Recuerdo cuando llegué a dicha
ciudad, situada al sur del país, y tuve la sensación de haber llegado a
Grecia. Mi italiano no era para cantarme "Oh, Sole Mío" con total corrección
lingüística, pero aquello estaba bastante lejos de ser italiano. El desorden
reinaba sobre el asfalto (y yo he estado en Portugal), y todo tenía cierto
aspecto anárquico, como si no formasen parte de una península y un país,
sino fuesen ellos mismos y estuviesen situados, sin ofender a nadie, en
medio del continente africano. Pues dicha ciudad, de la que mi injusta
memoria me devuelve imágenes más o menos desordenadas de descontrol,
Mc´Donalds y una extraña habitación de hotel, disfruta, por gentileza del
gobierno y de la Camorra, de una huelga de basureros sin precedentes en
cualquier país civilizado. 4.200 toneladas (TONELADAS) de basura se acumulan
en las calles, después de que ya se hayan retirado dos mil. Y todo ello
porque la camorra lleva 30 años descargando ilegalmente la basura de norte
del país (encima de pobres, apaleados) a bajo precio, provenientes de
multinacionales que campan a sus anchas. Hasta tal punto ha llegado el
descaro que el territorio se ha ido envenenado y la incidencia del cáncer en
la zona ha aumentado un 20%, con lo que los vecinos se niegan a que se
construya un nuevo vertedero.
Y todo esto me recuerda a cierta secuencia de la bien recordada por todos
"Amelié", cuando se preguntaba porqué el tonto mira al dedo que señala, en
vez de a donde señala. Porque, a mi modo de ver, el dedo que señala se
escuda en la política anti-inmigración, que tanto ha vendido el gobierno
durante la campaña, porque son ellos quienes traen problemas a todos
aquellos cuya opción política se inclina, bruscamente, a la derecha, pero
apunta a Nápoles, como escandalosa imagen de la realidad de un país.
Y a De La Vega no le dejan expresarse. ¿Querrá el tito Silvio que si alguien
levanta la voz, dentro de este gobierno tan rosa, como él lo calificó, sea
una mujer del estilo de su querida ministra de Igualdad de Oportunidades,
Mara Carfagna? Esa que da lo mejor de si misma en la portada de Interviú de este mes...
f-menorca dijo
Ellos que tanto critican el efecto llamada. Lo han hecho y de la peor manera, todos los indeseables de la camorra se han unido al Berlusconi en su lucha contra los más debiles y desfavorecios. No hay como dar ideas y poder a los ignorantes y a los miserables para que campen a sus anchas. Triste Italia con un fascismo en progresion.
violetta
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