01
Dic
2008
Preparados, listos, ya
1 de diciembre. Hace frío y nieva. Los informativos de televisión siguen mostrando como periodistas de ánimo impertérrito y pocas ganas de poner en duda la inteligencia del editor del programa se siguen congelando en lo alto de puertos y montañas por una patria ávida de saber como nieva en una carretera de tercera cualquiera. Las luces navideñas ya cuelgan de donde pueden, de diversas formas y colores, cada vez más modernas, cada vez menos navideñas. En los supermercados surgen, de la nada, mesas que se colocan en los ya de por si estrechos pasillos en los que mazapanes, turrones, polvorones y almendras garrapiñadas se sitúan encima del mismo mantel rojo de siempre.
La gente hace colas eternas en las administraciones de lotería, con la vana esperanza de salir de pobres o por lo menos de sobrevivir a esta crisis que ni es la primera ni será la última. Y arrasaremos fnacs, corteingleses, toysarases y media markets con una vocecita en nuestro interior que nos dirá “Tanto no, tanto no, que ya vendrá enero con sus cuestas....”
Langostinos, canapés, espárragos, marisco unos, carnaza otros, eternas cenas sin fin que se toman un descanso para dormir y que se prolongan, a modo de comida familiar, hasta las seis de la tarde del día siguiente, cuando te das cuenta de que, si hubieras comido un poco menos, serías igual de feliz.
Y llegará el 1 de enero y los sellos y el tabaco volverán a subir, las resacas serán duras y crueles, te sentirás igual que un año antes, por mucho que comas rítmicamente las uvas y cruces los dedos del pie izquierdo mientras la mano derecha toca tu ropa interior roja, bebes champán mientras te preguntas porqué, un año más, alguien sigue metiendo los anillos de oro en las copas ;-) y esperas a descubrir quién será el primer anunciante del año.....
Y digo yo. ¿No podrían ser cada cuatro años, como las olimpiadas? ¿Qué necesidad tiene el ser humano de afrontar un mes, el último del año, que mientras en una mano tu jefe te coloca la paga extra, en el otro los medios, el pueblo, la ambientación, los anuncios, la tradición, el calvo de la lotería y los Reyes Magos, Ramón García y la fresca con la que salga este año te incitan a gastar, gastar, gastar....
Fernando Pastor es un señor al que, hasta antes de ayer, no conocía nadie. Hoy por lo menos lo conocen los compañeros del colegio de su hija (de todo el colegio). Y es que un día se le ocurrió, de repente, que si su hija iba a un colegio público no tenía porqué contemplar u crucifijo, todas las mañanas, clavado en la pared. Y le dieron la razón. El problema es que si dejas de mostrar cierta confesionalidad, la dejas de mostrar del todo. Y los niños están molestos porque este año, probablemente, no haya “Día de decoración navideña”, ni día preparación de festival navideño, ni el propio festival navideño en el que las niñas tratan de emular High School Musical mientras los chicos se pelean por participar en el torneo navideño de dios sabe qué. Nunca mejor dicho. Así que en Macías Picavea de Valladolid este año no habrá Navidad.
Y digo yo (y de todos es sabido mi poco ánimo por estas fiestas): Si el estado es aconfesional y la Navidad es una fiesta de marcado carácter religioso... ¿Habrá un día alguien que levante la voz y también pida que se quiten belenes, cabalgatas de reyes y reposiciones de “Los Diez Mandamientos” en TVE? ¿Cómo le explicas a un niño que tiene compañeros, primos y amistades a los que los Reyes les han colmado de regalos, que si todos fuésemos consecuentes con nuestros predicamentos y nuestras creencias, los reyes podrían no pasar por casa a cambio de leche y galletas, sino que hay que hacer cambios “más espirituales” a lo largo de TODO el años? ¿ Es por eso que Papá Noel vuelve, cada año con más fuerza, no sólo como asimilación de la invasora cultura anglosajona sino como alternativa laica a los católicos Reyes?
Y por cierto, si ahora, treinta años después de la creación de la Constitución, nos hemos dado cuenta de que vivimos en un estado laico y aconfesional y nos afanamos en hacer algo que debimos hacer hace tres décadas, ¿cuánto nos va a costar descubrir que no debería celebrarse el 15 de agosto, el 8 de diciembre (que tanto esperamos algunos), la semana santa, la Almudena, la Purísima, los ángeles y los arcángeles? ¿ Alguien levantará la voz para decir “Disculpe, soy laico y aconfesional y esta Semana Santa mi señora y yo nos quedaremos en el tajo, en vez de ir a Benidorm, porque no nos corresponde”?
La extinguida semana blanca que hace algunos años se celebraba en la mayoría de los colegios madrileños tenía el mismo sentido que todas estas celebraciones. Y es que la semana blanca era para pasarla, como su nombre indicaba, en la nieve. Igual que la Navidad es para pasarla en la Iglesia, orando por la bondad del Señor y el nacimiento del hijo.... Bla, Bla, Bla. Porque estoy segura de que todos iremos a la misa del gallo, pondremos el nacimiento (o belén) y cantaremos “Hacia Belén va una burra, Rin-Rin, yo me remendaba, yo me remendé, yo me hice un remiendo, yo me lo quité...”
violetta
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