Hay 1 artículo con el tag hiroshima en el blog Artículos de Psicología. Otros artículos en La Comunidad clasificados con hiroshima

24 Feb 2009

Hiroshima poema elegido por Sergio García.

Escrito por: seryipsico el 24 Feb 2009 - URL Permanente

HÉCTOR YÁNOVER
Argentina, 1929

HIROSHIMA

Doscientos ochenta mil muertos, compañeros.
Y una muñeca de arcilla los recuerda.
Una semana de años los recubren
a los doscientos ochenta mil muertos,
y otra vendrá, y vendrán otras,
pero nunca jamás olvidaremos.
Eran las ocho y treinta en la mañana,
un seis de agosto y fría era la muerte.
La guerra despedía sus veleros
con doscientos ochenta mil muertos
sorprendidos en la luz de su última mañana.
Sesenta millones precedían esta súbita muerte,
y eran pobres, mendigos, claudicantes,
señores, obreros y poetas;
resortes de ciudad en la mañana,
palanca de las horas venideras,
centrífugas del mal, del bien, del hambre,
del sol de fiesta, de la noche y luna.

Rociados de tormentos, de alegrías,
de días, días, días
segados en la luz de un fogonazo,
tronchados por los bárbaros del aire,
cortados por los monstruos de occidente
donde vive Walt Whitman perseguido,
donde escapa la vida de Sandino,
donde Aguirre convoca a sus hermanos
porque le van a matar su puño en alto.

Oh, América;
de ti partió esta muerte.
Aquel pobre muchacho dirigía
el rumbo de su avión hacia el oriente.
Aquel pobre muchacho pensó en su traje a cuadros,
en su corbata a rombos tricolores,
en su heladera a plazos,
y dejó sus recuerdos para mirar el cielo
que se cubrió de sangre
con la sangre de doscientos ochenta mil muertos.
Compañeros, doscientos ochenta mil murieron
y el muchacho sonrió,
¡pobre muchacho!

Antes recordaban sus muertos con más muertos
y ahora ponen en sus tumbas una muñeca de arcilla;
pero este seis de agosto
doscientas ochenta mil muñecas desataron sus vidas,
y sin amarras
poblaron todo el cielo con sus alas.
Una gigantesca muñeca de arcilla
donde nació esta muerte aterrando a los vientos,
y un llanto, un rezo, una plegaria,
por los que vieron cabalgando a la muerte
en el aire y de mañana.

Mientras tanto,
catorce signos dicen:
"dormid tranquilos,
el error no volverá a repetirse".
Doscientos ochenta mil muertos, compañeros,
y dicen: fue un error,
piden disculpas,
no volveran a hacerlo.
Pero estos doscientos ochenta mil muertos
andan por las calles
y golpean las puertas de los pueblos,
y gritan, y lloran, y claman: defendednos,
defended nuestros hijos, nuestras casas,
defended el cielo que veíamos,
el aire a que aspirábamos,
la paz,
esa paz a la que ya llegábamos.

Fue el seis de agosto en la mañana
y doscientos ochenta mil muertos
rebasaron la esclusa de los cielos,
doscientos ochenta mil muertos
componen doscientos ochenta mil lamentos,
doscientos ochenta mil muertos,
¡doscientos ochenta mil muertos!

El Japón,
aquel lejano archipiélago,
despertó a nuestros ojos
como un huracanado piélago de muertos.
El Japón,
aquella angustia vieja por nadie conocida,
nos descubrió su vida
con sus muertos.

El Japón,
sólo un grupo de Tojos, fetiches y asesinos,
nos descubrió su pueblo
con sus muertos.
Y ahora dicen: fue un error,
piden disculpas,
no volverán a hacerlo.

Que recuerden los pueblos de la tierra.
Que recuerde París,
que sus calles transitadas por mis sueños
no vean la muerte.
Recuerda Roma,
que tus siglos tuteándose en la gloria
no vean la muerte.
Recuerden Pakistán, Malasia y Bombay,
que vuestros nombres aún cubiertos en mis ojos por leyendas
no vean la muerte.
Recuerda Londres,
que tus plazas cuidadas por leones salvados por la guerra
no vean la muerte.
Recuerda Stalingrado,
que el amor por ti salvado
no vea la muerte.
Recuerden Oslo, Sofía, México y Río,
que vuestros niños tomados en las rondas
no vean la muerte.
Recuerden Madagascar, Santiago, Pekín, Buenos Aires,
que vuestros ojos mezclados en la espera
no vean la muerte.
Recuerda Madrid,
recuerda porque todos te recuerdan.
Y tú, mi Córdoba recuerda,
que no quiero que veas la muerte.
Recuerden todos:
tú, madre mía que crees en tu hijo,
y tú, mi hermano enamorado,
y tú, amigo de mis venas,
y tú, compañero que nunca he traicionado.
Recuerden, recuerden, recuerden...

Fue en Hiroshima,
un seis de agosto de hace siete años;
y doscientos ochenta mil muertos
por el aire de su última mañana,
rebasaron la esclusa de los cielos con sus alas.

Sobre este blog

Avatar de seryipsico

Artículos de Psicología

Este Blog se abre para entablar una conversación entre personas que estén interesados en la psicología, la salud, la poesía, el arte...Bienvenidos/as

ver perfil

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):