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06 Abr 2009

"Discurso Premio Nobel de Literatura 1977"

Escrito por: seryipsico el 06 Abr 2009 - URL Permanente


"Discurso Premio Nobel de Literatura 1977"
por Vicente Aleixandre.

En una hora como esta, tan importante en la vida de un cultivador de las letras, quisiera expresar, con las palabras más bellas, la emoción que un hombre siente y la gratitud que experimenta en unos actos como los que ahora se desarrollan. Yo nací de una familia burguesa, pero tuve la suerte de su vocación, ampliamente abierta y liberal. Mi espíritu inquieto me llevó a ejercer contradictorias profesiones. Fuí profesor de Derecho Mercantil, empleado en una empresa ferroviaria, periodista financiero. Desde joven esta inquietud de que hablo me exaltaba a un placer: la lectura, y, en seguida, la escritura. A los 18 años empezó el aprendiz de poeta a escribir sus primeros versos, que furtivamente yo trazaba, en medio del fragor de una vida, que por no haberse aún centrado en su verdadero eje, yo podría llamar aventurera. El destino de mi vida, el enderezamiento de ésta lo trajo un fallo de mi cuerpo. Caí enfermo de gravedad, de una enfermedad crónica. Hube de abandonar todos mis otros quehaceres que denominaría corporales y escapar al campo, lejos de mis actividades anteriores. El vacío que esto rne dejó lo llenó rápidamente otro quehacer que no necesitaba la colaboración corporal y era compatible con el reposo que los médicos me habían recomendado. Esta invasión inolvidable, desalojadora, fue el ejercicio de las letras; la poesía ocupó plenamente la actividad vacante. Empecé a escribir con dedicación completa, y entonces, realmente, entonces, se adueñó de mí la pasión que no me había de abandonar nunca.
Horas de soledad, horas de creación, horas de meditación. La soledad y la meditación me trajeron un sentimiento nuevo, una perspectiva que no he perdido jamás: la de la solidaridad con los hombres. Desde entonces he proclamado siempre que la poesía es comunicación, empleando la palabra en ese preciso sentido.
La poesía es una sucesión de preguntas que el poeta va haciendo. Cada poema, cada libro es una demanda, una solicitación, una interrogación, y la respuesta es tácita, pero también sucesiva, y se la da el lector con su lectura, a través del tiempo. Hermoso diálogo en que el poeta interroga y el lector calladamente da su plena respuesta.
Con bellas palabras quisiera decir ahora lo que es el Premio Nobel para el poeta. No puede ser; solo me cabe expresar que estoy entre vosotros en cuerpo y alma, y que el Premio Nobel es como la respuesta, no sucesiva, no callada, sino agrupada y coincidente, súbita, de una voz general que generosamente y milagrosamente se hace única y responde a la interrogación sin tregua que ha venido dirigiendo a los hombres. Así, mi gratitud al símbolo de la voz agrupada y simultánea que la Academia Sueca me ha hecho escuchar con los sentidos del alma, y por la cual aquí públicamente le doy mis rendidas gracias.
Por otra parte, estimo que un premio como el que hoy recibo es, en toda circunstancia, y creo que sin excepciones, un premio a la tradición literaria en la que el autor de que se trate, en este caso, mi persona, se ha formado. Pues, sin duda, poesía, arte, es siempre y ante todo, tradición, de la que cada autor no representa otra cosa que la de ser, como máximo, un modesto eslabón de tránsito hacia una expresión estética diferente; alguien cuya fundamental misión es, usando otro símil, transmitir una antorcha viva a la generación más joven, que ha de continuar en la ardua tarea. Puede darse un poeta que haya nacido con las más altas prendas para llevar a término un destino. Nada o muy poco podrá hacer si no tiene la suerte de hallarse situado en una corriente artística de suficiente fuerza o entidad. Creo que, en cambio, acaso un poeta menos dotado haría mejor papel si tuviere la suerte de producirse en medio de un movimiento literario verdaderamente creador y vivo. Yo vine al mundo, en ese sentido, con buena estrella, pues desde un tiempo suficientemente extenso, anterior a mi nacimiento, la cultura española había venido sufriendo un importantísimo proceso de acelerada reviviscencia que hoy, creo, no es un secreto para nadie. Novelistas como Galdós; poetas como Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, y, antes, Becquer; filósofos como Ortega y Gasset; prosistas como Azorín y Baroja; hombres de teatro como Valle-Inclán; pintores como Picasso o Miró; músicos como Falla no se improvisan ni son frutos del azar. Mi generación se vio así asistida y enriquecida por ese cálido entorno, por ese manantial, por ese fecundísimo caldo de cultivo, sin el cual acaso nada seríamos ninguno de nosotros.
Desde la tribuna en la que ahora me dirijo a vosotros quiero, pues, asociar mi palabra a la de todo ese plantel generoso de compatriotas míos que desde otra edad y en las más diversas vías nos formaron y nos permitieron, a mi y a mis compañeros de generación, alcanzar un sitio desde el que pudiésemos hablar con una voz tal vez genuina o propia.
Y no me refiero solo a esas figuras que constituyen la tradición inmediata, siempre la más visible y decisiva. Aludo también a la otra tradición, la mediata, si más remota en el tiempo, capaz de enlazar cálidamente con nosotros, la tradición formada por nuestros clásicos del Siglo de Oro, Garcilaso, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Góngora, Quevedo, Lope de Vega, con la que también nos hemos sentido vinculados, y de la que hemos recibido no pocas esencias. España pudo renacer y renovarse gracias a que, a través de la generación de Galdós y luego a través de la generación del 98, se desobturó, digámoslo así, y se hizo accesible y fluyó abundantemente hacia nosotros toda la savia nutricia que nos llegaba del más remoto pasado. La generación del 27 no quiso desdeñar nada de lo mucho que seguía vivo en ese largo pretérito, abierto de pronto ante nuestra mirada como un largo relámpago de ininterrumpida belleza. No fuimos negadores, sino de la mediocridad; nuestra generación tendía a la afirmación y al entusiasmo, no al escepticismo ni a la taciturna reticencia. Nos interesó vivamente todo cuanto tenía valor, sin importarnos donde éste se hallase. Y si fuimos revolucionarios, si lo pudimos ser, fue porque antes habíamos amado y absorbido incluso aquellos valores contra los que ahora íbamos a reaccionar. Nos apoyábamos fuertemente en ellos para poder así tomar impulso y lanzarnos hacia adelante en brinco temeroso al asalto de nuestro destino. No os asombre, pues, que un poeta que empezó siendo superrealista haga hoy la apología de la tradición. Tradición y revolución. He ahí dos palabras idénticas.
Y luego la tradición, no vertical sino horizontal, la que nos acorría como aliciente y fraternal emulación desde nuestros costados, al lado mismo de nuestro camino. Me refiero a aquel otro grupo de jóvenes (cuando yo lo era también) que corría con nosotros en la misma carrera. Qué suerte la mía poder vivir y tener que hacerme junto a poetas tan admirables como los que yo hube de conocer y asumir en calidad de coetáneos míos! A todos los amé, uno a uno. Y los amé, justamente porque yo buscaba otra cosa; otra cosa que solo era posible hallar por diferenciación y contraste respecto de aquellos poetas, mis compañeros. Nuestro ser solo alcanza, su verdadera individualidad junto a los demás, frente al prójimo. Cuanta mayor calidad tenga ese contorno humano en el que nuestra personalidad se hace, tanto mejor para nosotros. Puedo decir que también aquí yo he tenido la fortuna de haber realizado mi destino desde una de las mejores compañías posibles. Hora es de nombrarla en toda su multiplicidad: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillen, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda.
Hablo, pues, de solidaridad, de comunión, y también de contraste. Tal ha sido, por otra parte, el sentimiento que se halla más profundamente inserto en mi alma, y el que late, de un modo u otro, con más fuerza, detrás de la mayoría de mis versos. Es natural entonces que tenga mucho que ver con esto el modo mismo con que entreveo al hombre y a la poesía. El poeta, el decisivo poeta, es siempre un revelador; es, esencialmente, vate, profeta. Pero su "vaticinio" no es, claro está, vaticinio de futuro: porque puede serlo de pretérito: es profecía sin tiempo. Iluminador, asestador de luz, golpeador de los hombres, poseedor de un sésamo que es, en cierto modo, misteriosamente, palabra de su destino.
En definitiva, el poeta es así un hombre que fuese más que un hombre: porque es además poeta. El poeta está lleno de "sabiduría", pero no puede envanecerse, porque quizá no es suya: una fuerza incognoscible, un espíritu habla por su boca: el de su raza, el de su peculiar tradición. Con los dos pies hincados en la tierra, una corriente prodigiosa se condensa, se agolpa bajo sus plantas para correr por su cuerpo y alzarse por su lengua. Es entonces la tierra misma, la tierra profunda, la que llamea por ese cuerpo arrebatado. Pero otras veces el poeta ha crecido, ahora hacia lo alto, y con su frente incrustada en un cielo habla con voz estelar, con cósmica resonancia, mientras está sintiendo en su pecho el soplo mismo de los astros. Todo se hace fraterno y comunicante. La diminuta hormiga, la brizna de hierba dulce sobre la que su mejilla otras veces descansa, no son distintas de él mismo. Y él puede entenderlas y espiar su secreto sonido, que delicadamente es perceptible entre el rumor del trueno.
No creo que el poeta sea definido primordialmente por su labor de orfebre. La perfección de su obra es gradual aspiración de su factura, y nada valdrá su mensaje si ofrece una tosca o inadecuada superficie a los hombres. Pero la vaciedad no quedará salvada por el tenaz empeño del abrillantador del metal triste.
Unos poetas - otro problema es éste, y no de expresión sino de punto de arranque - son poetas de "minorías". Son artistas (no importa el tamaño) que se dirigen al hombre atendiendo, cuando se caracterizan, a exquisitos temas estrictos, a refinadas parcialidades (¡ qué delicados y profundos poemas hizo Mallarmé a los abanicos!); a decantadas esencias, del individuo expresivo de nuestra minuciosa civilización.
Otros poetas (tampoco importa el tamaño) se dirigen a lo permanente del hombre. No a lo que refinadamente diferencia, sino a lo que esencialmente une. Y si le ven en medio de su coetánea civilización, sienten su puro desnudo irradiar inmutable bajo sus vestidos cansados. El amor, la tristeza, el odio o la muerte son invariables. Estos poetas son poetas radicales y hablan a lo primario, a lo elemental humano. No pueden sentirse poetas de "minorías". Entre ellos me cuento.
Por eso, el poeta que yo soy tiene, como digo vocación comunicativa. Quisiera hacerse oir desde cada pecho humano, puesto que, de alguna manera, su voz es la voz de la colectividad, a la que el poeta presta, por un instante, su boca arrebatada. De ahí la necesidad de ser entendido en otras lenguas, distintas a la suya de origen. La poesía sólo en parte puede ser traducida. Pero desde esa zona de auténtico traslado, el poeta hace la experiencia, realmente extraordinaria, de hablar de otro modo a otros hombres y de ser comprendido por ellos. Y entonces ocurre un hecho inesperado. El lector se instala, como por milagro, en una cultura que en buena parte no es la suya, pero desde la que siente palpitar con naturalidad su propio corazón, que de este modo se comunica y vive en dos dimensiones de la realidad: la suya propia y la que le concede el nuevo asilo que le acoge. Lo cual sigue siendo cierto, me parece, vuelto del revés, y referido, no al lector, sino al poeta vertido a otro idioma. También el poeta se siente como esos personajes de los sueños que tienen, perfectamente identificadas, dos personalidades distintas: Así el autor traducido que siente en sí dos personas: la que le confiere la nueva vestidura verbal que ahora le cubre y la suya genuina, que, por debajo de la otra, aún insiste y es.
Termino así recabando para el poeta una representación simbólica: la de cifrar en su persona el anhelo de solidaridad con los hombres, para cuyo logro fue instituido, precisamente, el Premio Nobel.

01 Mar 2009

Goethe: El auténtico oscurantismo no consiste en impedir la difusión de lo verdadero, claro y útil, sino en poner en circulación lo falso.

Escrito por: seryipsico el 01 Mar 2009 - URL Permanente

AFORISMOS

JOHANN WOLFGANG VON GOETHE
Alemania, 1749


- Por muy retirados que vivamos, antes de darnos cuenta ya somos deudores o acreedores. - Comunicarse es naturaleza; recibir lo comunicado tal como nos lo dan es cultura.

- Nadie hablaría mucho en sociedad si advirtiera con qué frecuencia entiende mal a los demás.

- Si tergiversamos tanto las palabras ajenas al repetirlas es sólo porque no las hemos entendido.

- Toda palabra pronunciada suscita su contrario.

- El hombre inteligente encuentra ridículo casi todo; el hombre racional, casi nada.

- Uno se deja echar en cara sus defectos y está dispuesto a que lo castiguen y a sufrir pacientemente por ellos; pero se impacienta cuando tiene que abandonarlos.

- Las pasiones son defectos o virtudes, sólo que potenciadas.

- En el mundo se toma a cada cual por lo que pretende ser, pero ha de pretender ser algo. Se prefiere soportar a los incómodos que tolerar a los insignificantes.

- La familiaridad en lugar del respeto es siempre algo ridículo. Nadie se quitaría el sombrero inmediatamente después de hacer una reverencia si supiera lo cómico que eso resulta.

- La conducta es un espejo en el que cada cual muestra su imagen.

- Nunca estamos más alejados de nuestros deseos que cuando nos imaginamos poseer lo deseado.

- Basta con que alguien se declare libre para que al punto se sienta condicionado. Pero si se atreve a admitir sus condicionamientos, se sentirá libre.

- Frente a los grandes méritos de otro no hay más medio de salvación que el amor.

- Un gran hombre del que los necios se enorgullecen es algo terrible.

- Dicen que no hay héroe para su ayuda de cámara. Pero esto sólo se debe a que el héroe no puede ser reconocido sino por otro héroe.

Es, sin embargo, probable que el ayuda de cámara sepa apreciar a sus iguales.

- Los locos y los sabios son igualmente inofensivos. Sólo los semilocos y los semisabios son peligrosísimos.

- Sembrar no es tan dificultoso como cosechar.

- Para que el hombre pueda cumplir con todo lo que se le exige, deberá tenerse en más de lo que es.

- El trabajo hace al aprendiz.

- Algunos libros parecen escritos no para que uno aprenda de ellos, sino para que sepa que el autor sabía algo.

- La mayor muestra de respeto que un autor puede darle a su público es no ofrecerle nunca lo que éste espera, sino lo que él mismo, en las diversas etapas de la formación propia y ajena, considere justo y provechoso.

- Si me equivoco, cualquiera puede notarlo; si miento, no.

- No hay pelo, por mínimo que sea, que no arroje su sombra.

- Nos conoceríamos todos mucho mejor si no quisiéramos equipararnos siempre unos con otros.

- Lo importante en el mundo no es conocer a los hombres, sino ser, en el momento adecuado, más hábil que aquél a quien tengamos delante. Todas las ferias y sus pregoneros dan testimonio de ello.

- El error está muy bien mientras somos jóvenes, pero no debemos arrastrarlo hasta la vejez.

- Cuando el hombre reflexiona sobre su estado físico o moral, se encuentra por lo general enfermo.

28 Feb 2009

Los motivos del lobo fue un libro censurado en el franquismo porque subvertía el cuento clásico de caperucita roja.

Escrito por: seryipsico el 28 Feb 2009 - URL Permanente

LOS MOTIVOS
DEL LOBO

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo
las fauces de furia, los ojos de mal;
el lobo de Gubbia, el terrible lobo,
rabioso ha asolado los alrededores,
cruel ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.
Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más breves perros,
como de cabritos y de corderillos.
Francisco salió;
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: "¡Paz, hermano
lobo!" El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: "¡Está bien, hermano Francisco!"
"¡Cómo! -exclamó el santo-. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?"
"La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
¿no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te han infundido, acaso, su rencor eterno
Luzbel o Belial?"
Y el gran lobo, humilde: "¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y a veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre, que iban a cazar."
Francisco responde: "En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia, es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"
"Está bien, hermano Francisco de Asís."
"Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata."
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero
y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.
Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: "He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios." "¡Así sea!",
contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asis al convento.
Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.

Rubén Darío

24 Feb 2009

Hiroshima poema elegido por Sergio García.

Escrito por: seryipsico el 24 Feb 2009 - URL Permanente

HÉCTOR YÁNOVER
Argentina, 1929

HIROSHIMA

Doscientos ochenta mil muertos, compañeros.
Y una muñeca de arcilla los recuerda.
Una semana de años los recubren
a los doscientos ochenta mil muertos,
y otra vendrá, y vendrán otras,
pero nunca jamás olvidaremos.
Eran las ocho y treinta en la mañana,
un seis de agosto y fría era la muerte.
La guerra despedía sus veleros
con doscientos ochenta mil muertos
sorprendidos en la luz de su última mañana.
Sesenta millones precedían esta súbita muerte,
y eran pobres, mendigos, claudicantes,
señores, obreros y poetas;
resortes de ciudad en la mañana,
palanca de las horas venideras,
centrífugas del mal, del bien, del hambre,
del sol de fiesta, de la noche y luna.

Rociados de tormentos, de alegrías,
de días, días, días
segados en la luz de un fogonazo,
tronchados por los bárbaros del aire,
cortados por los monstruos de occidente
donde vive Walt Whitman perseguido,
donde escapa la vida de Sandino,
donde Aguirre convoca a sus hermanos
porque le van a matar su puño en alto.

Oh, América;
de ti partió esta muerte.
Aquel pobre muchacho dirigía
el rumbo de su avión hacia el oriente.
Aquel pobre muchacho pensó en su traje a cuadros,
en su corbata a rombos tricolores,
en su heladera a plazos,
y dejó sus recuerdos para mirar el cielo
que se cubrió de sangre
con la sangre de doscientos ochenta mil muertos.
Compañeros, doscientos ochenta mil murieron
y el muchacho sonrió,
¡pobre muchacho!

Antes recordaban sus muertos con más muertos
y ahora ponen en sus tumbas una muñeca de arcilla;
pero este seis de agosto
doscientas ochenta mil muñecas desataron sus vidas,
y sin amarras
poblaron todo el cielo con sus alas.
Una gigantesca muñeca de arcilla
donde nació esta muerte aterrando a los vientos,
y un llanto, un rezo, una plegaria,
por los que vieron cabalgando a la muerte
en el aire y de mañana.

Mientras tanto,
catorce signos dicen:
"dormid tranquilos,
el error no volverá a repetirse".
Doscientos ochenta mil muertos, compañeros,
y dicen: fue un error,
piden disculpas,
no volveran a hacerlo.
Pero estos doscientos ochenta mil muertos
andan por las calles
y golpean las puertas de los pueblos,
y gritan, y lloran, y claman: defendednos,
defended nuestros hijos, nuestras casas,
defended el cielo que veíamos,
el aire a que aspirábamos,
la paz,
esa paz a la que ya llegábamos.

Fue el seis de agosto en la mañana
y doscientos ochenta mil muertos
rebasaron la esclusa de los cielos,
doscientos ochenta mil muertos
componen doscientos ochenta mil lamentos,
doscientos ochenta mil muertos,
¡doscientos ochenta mil muertos!

El Japón,
aquel lejano archipiélago,
despertó a nuestros ojos
como un huracanado piélago de muertos.
El Japón,
aquella angustia vieja por nadie conocida,
nos descubrió su vida
con sus muertos.

El Japón,
sólo un grupo de Tojos, fetiches y asesinos,
nos descubrió su pueblo
con sus muertos.
Y ahora dicen: fue un error,
piden disculpas,
no volverán a hacerlo.

Que recuerden los pueblos de la tierra.
Que recuerde París,
que sus calles transitadas por mis sueños
no vean la muerte.
Recuerda Roma,
que tus siglos tuteándose en la gloria
no vean la muerte.
Recuerden Pakistán, Malasia y Bombay,
que vuestros nombres aún cubiertos en mis ojos por leyendas
no vean la muerte.
Recuerda Londres,
que tus plazas cuidadas por leones salvados por la guerra
no vean la muerte.
Recuerda Stalingrado,
que el amor por ti salvado
no vea la muerte.
Recuerden Oslo, Sofía, México y Río,
que vuestros niños tomados en las rondas
no vean la muerte.
Recuerden Madagascar, Santiago, Pekín, Buenos Aires,
que vuestros ojos mezclados en la espera
no vean la muerte.
Recuerda Madrid,
recuerda porque todos te recuerdan.
Y tú, mi Córdoba recuerda,
que no quiero que veas la muerte.
Recuerden todos:
tú, madre mía que crees en tu hijo,
y tú, mi hermano enamorado,
y tú, amigo de mis venas,
y tú, compañero que nunca he traicionado.
Recuerden, recuerden, recuerden...

Fue en Hiroshima,
un seis de agosto de hace siete años;
y doscientos ochenta mil muertos
por el aire de su última mañana,
rebasaron la esclusa de los cielos con sus alas.

17 Feb 2009

OSCAR WILDE. AFORISMOS

Escrito por: seryipsico el 17 Feb 2009 - URL Permanente

OSCAR WILDE
irlanda, 1856


-Todos vivimos en el cieno, pero algunos levantamos los ojos
hacia las estrellas.

–El camino de la paradoja es el camino de la verdad. Para probar la verdad de las cosas hay que verlas en la cuerda floja. Cuando las verdades se hacen acróbatas, entonces podemos juzgarlas.

–Son los escogidos aquellos para quienes las cosas bellas sólo significan belleza.

–No hay libros morales ni inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Simplemente.

–Nada tan peligroso como ser demasiado moderno. Corre uno el riesgo de quedarse súbitamente anticuado.

–El hombre es menos él mismo cuando habla en su propia persona. Dadle una máscara, y os dirá la verdad.

–Sólo deberían cantar la muerte aquellos cuyo canto es más fuerte que la muerte.

–La más alta como la más baja forma de crítica, es siempre una especie de autobiografía.

–Parecer discreto vale tanto como entender una cosa, y es mucho más fácil.

–Si no se habla de una cosa, es como si no hubiera ocurrido. Sólo la expresión da realidad a las cosas.

–Es mucho más difícil hablar de una cosa que hacerla. Todo el mundo puede hacer historia: sólo un gran hombre puede escribirla.

–La realidad no debe ser más que un telón de fondo.

–El fin del arte no es la verdad simple, sino la belleza compleja.

–Vicio y virtud son para el artista materiales de un arte.

–Tener una norma estricta y severa respecto a lo que debe y no debe leerse, es absurdo. Más de la mitad de la cultura moderna depende de lo que no debería leerse.

–Los libros que el mundo llama inmorales son libros que muestran al mundo su propia vergüenza.

–El hecho de que un hombre sea un envenenador no dice nada contra su prosa. Las virtudes domésticas no son los verdaderos cimientos del arte.

–Mentir bellamente es un arte; decir la verdad es obrar según la naturaleza.

–Es mejor ser hemoso que ser bueno; pero es mejor ser bueno que ser feo.

–Un hombre que no piensa en sí mismo, no piensa en nada.

–Al Estado cumple hacer lo que es útil. Al individuo, hacer lo que es bello.

–El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o una nación.

–El verdadero inconveniente del matrimonio es que lo hace a uno menos egoísta.

–Nunca debe uno fiarse de una mujer que le dice a uno su verdadera edad. Una mujer capaz de decir eso, es capaz de decirlo todo.

–Las lágrimas son el refugio de las mujeres feas, pero la ruina de las bonitas.

–Me gustan los hombres que tienen un futuro y las mujeres que tienen un pasado.

–Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, y abominablemente presumidos cuando no lo son.

–Cuando se está enamorado, comienza uno por engañarse a sí mismo y acaba por engañar a los demás. Esto es lo que el mundo llama una novela.

–Los que aman sólo una vez en su vida son realmente los superficiales. Lo que llaman constancia y fidelidad, podría llamarse letargia de la costumbre o falta de imaginación.

–Los hombres siempre se empeñan en ser el primer amor de una mujer. Tal es su tosca vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil de las cosas. Prefieren ser la última novela de un hombre.

–Todo el mundo es capaz de simpatizar con las desgracias de un amigo, pero para simpatizar con los éxitos de un amigo se requiere una delicadísima naturaleza.

–Lo que le consuela a uno hoy en día no es el arrepentimiento, sino el placer. El arrepentimiento está completamente anticuado.

–En este mundo sólo hay dos tragedias. Una, el no conseguir lo que se desea; la otra, el conseguirlo. Esta segunda es, con mucho, la peor; ésta es una verdadera tragedia.

15 Feb 2009

LA ENAMORADA

Escrito por: seryipsico el 15 Feb 2009 - URL Permanente

LA ENAMORADA

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues

hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

PIZARNIK

12 Feb 2009

La proyección. No puedo hacerte responsable. Alejandra Menassa.

Escrito por: seryipsico el 12 Feb 2009 - URL Permanente

POEMA. NO PUEDO HACERTE HOY RESPONSABLE:

No puedo hacerte hoy responsable de mi sueño, ni de nada.

Crucé mares de oxígeno en tu búsqueda, tú no estabas,

quise encontrarte muchas veces, tanto quise, que dibujé fantasmas.

En el marasmo de mis ocupaciones cotidianas,

te perdiste, celoso, irreverente, pequeño camarada del fracaso,

amante de la sangre derramada, adalid de las nubes, viento frío en la cara,

mi centinela acorralado por su propia existencia figurada.

No puedo hacerte hoy responsable del tropiezo ni de la ciega dicha,

Mi amor te transformó en un príncipe, y la corona que puse

sobre el hombro, pesaba demasiado, famélica figura que se escapa,

fui yo que te pintaba, fui yo que te escribía, fui yo que te escondí,

como un retazo de sol que envuelve a la mañana rosas blancas,

tras el ozono azul de mis palabras, mentira que refulge a la luz del desamor,

cuando cae el telón de la ignorancia, y la verdad nos ciega con su luz tan extraña...

No eras hermoso, en mis ojos la belleza descansaba, no eras siquiera bueno,

yo quería tanto que lo fueras...., que dibujé fantasmas.

07 Feb 2009

misceláneas

Escrito por: seryipsico el 07 Feb 2009 - URL Permanente

Misceláneas

Letrajos sobre un papel molido,

Abogan por la separación de nuestras almas.

Y si fuese la salutación de un mundo carnal, cercano, ya acaecido que sube y sube una escalera de caracol sin final.

Y si fuese el recuerdo de un dolor

indómito de juventud.

Oh, misceláneas en mis ojos, gemidos inoíbles en mi boca que retrasan el paso

de tus besos.

Pájaros apuñalados por el viento

de la locura y el mar se abre con cantos de sirenas.

Sergio García Soriano

03 Feb 2009

HIPERACTIVIDAD, DEPRESIÓN Y OTROS MALESTARES PSÍQUICOS

Escrito por: seryipsico el 03 Feb 2009 - URL Permanente

HIPERACTIVIDAD, DEPRESIÓN Y OTROS MALESTARES PSÍQUICOS.

El DSM es un manual diagnóstico y estadístico para los trastornos mentales y no existiendo una definición precisa, los autores establecieron la siguiente: “Un trastorno mental es un síndrome o un patrón comportamental psicológico de significación clínica que aparece asociado a un lestar, a una discapacidad o a un riesgo significativamente aumentado de morir, sufrir dolor, pérdida de liberad o discapacidad”. Y como la vida es casi siempre una paradoja, es la aplicación del DSM la que está actualmente poniendo en entredicho la libertad del sujeto y su derecho al malestar. Es decir, que no se le permite deprimirse como parte de un proceso para elaborar una pérdida o distraerse y no presentar atención en el colegio cuando se siente desbordado por una situación que lo que requiere es una resolución y no medicación.

La sociedad ha cambiado a velocidades vertiginosas y una escolaridad obsoleta que al no poder adecuarse a los tiempos modernos se aferra a criterios que no se corresponden a esta época. Algunos profesionales sanitarios y educativos ante su impotencia se refugian en los diagnósticos DSM, en la medicación y tiran la toalla y piden la baja laboral.

FÁRMACOS

Los investigadores médicos, entre ellos el Doctor Masand, advierten que “el bloqueo de recapatación de noradrenalina, serotonina y dopamina produce una toxicidad neurológica que puede producir crisis epilépticas” y expone que el 62% de los pacientes que reciben un IRS (antidepresivo) tienen una disfunción sexual.

Se habla de sobreutilización de TAC, Resonancia Magnética nuclear y se subraya que en la ciencia neurológica un biomarcador puede ser la fisiopatología, la histopatología o la presencia de microorganismos patógenos en el sistema nervioso, y que los biopsiquiatras reconocen e no pueden demostrar ninguno de estos biomarcadores en las categorías del DSM. Ni en TDAH, ni depresión…

La inexistencia de biomarcadores debería llevarnos a la conclusión de que esos síntomas no tienen causa orgánica o biológica.

01 Feb 2009

Versos elegidos

Escrito por: seryipsico el 01 Feb 2009 - URL Permanente

MUERTE EN EL OLVIDO. Angel González en Palabra sobre palabra

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos, con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

NO INUTILMENTE. José Angel Valente en Noventa y nueve poemas

Contemplo yo a mi vez la diferencia,
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la justicia,
la candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.
Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra,
quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra, para cambiar, no inutilmente, el mundo.

TENGO ESTOS HUESOS HECHOS A LAS PENAS. Miguel Hernández, en El rayo que no cesa.

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en tí siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

LA CONDENA. Felipe Benitez Reyes, en El Equipaje Abierto.

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.

Aquel que halló el lugar piensa marcharse.
El que no lo halló nunca
es desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras que le cifren
halla sólo palabras.

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.

ÍTACA. Konstantino Kavafis, en Poesías Completas.

Si vas a emprender viaje hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimientos.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante tí los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Legar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañara Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.

EL PILOTO PERDIDO. Rafael Alberti, en Marinero en Tierra

¡TORRERO, que voy perdido
y está apagado tu faro!
Noroeste. Nada claro
por el cielo, ¡y te has dormido!

¡Que se ha dormido el torrero
y nadie del astillero
talar su sueño ha querido!
¡Corre, ve, viento marero,
y dile a algún marinero
que el faro no está encendido!

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