02 Dic 2008

EL NEOLIBERALISMO EN HORAS BAJAS

Escrito por: Sibylla Orsini Monmorency el 02 Dic 2008 - URL Permanente

POR SIBYLLA

Modelo económico e ideológico lanzado al mundo en 1776 por el libro de Adam Smith "La riqueza de las naciones", el liberalismo, ha tenido épocas de mayor y menor éxito en los últimos dos siglos. "Cadáver ambulante", según el vaticinio de Carlos Marx y sus seguidores; una "máquina de generar injusticias", según otros detractores. Pero también, según sus defensores, "la ideología más exitosa de la historia de la humanidad", además de una visión coherente, sistemática y, por sobre todo, "realista".

No es contradictorio, según este modelo, que la fortuna sumada de las 10 personas más ricas del mundo equivalga a una vez y media los ingresos de todos los países menos desarrollados juntos. Tampoco es contradictorio con el modelo que el 4% de los ingresos de 360 personas -que acumula tanta riqueza como la mitad de la población mundial- sea suficiente para resolver los problemas de todos los pobres; ni que la fortuna de tres de esas personas sea igual al PBI de los 48 países más pobres del planeta.

Es de sobra conocida la fórmula que echó a andar el tánden Ronald Reagan-Margareth Tatcher, y que después tuvo amplias repercusiones en todo el orbe: el desmantelamiento del Estado benefactor (Welfare State), con base en un extenso programa de privatizaciones; la fe ciega en que el mercado; la reducción de los impuestos a los grupos pudientes; ruptura del llamado pacto socialdemócrata para, en su lugar, imponer condiciones leoninas en el mercado laboral. Estas medidas, según pensaron los teóricos del neoliberalismo como Friedrich von Hayeck y Robert Nozick, darían una plena libertad a nuestras sociedades e impulsarían el crecimiento económico.


La hegemonía del liberalismo económico ha llegado a su fin. Los resultados están a la vista: una concentración brutal del poder y la riqueza en unas cuantas manos; bajo o nulo crecimiento económico; desempleo masivo; una economía desarticulada y con grandes problemas de endeudamiento; jóvenes sin esperanzas de futuro, ancianos abandonados a su suerte; jefes de familia sin un ingreso fijo; amplias zonas grises en las que campea el delito.

La pregunta ineludible es: ¿Qué modelo puede sustituir al liberalismo económico en retirada? La respuesta, de hecho, ya está en circulación: No se trata del regreso al viejo estatismo. En varios países ya se habla del posestatismo; pero también del posneoliberalismo. Se trata de una fórmula que combina las libertades individuales con la responsabilidad colectiva. En esta nueva visión es importante la complementación entre eficiencia económica y justicia social.

Es relevante la educación como factor de primer orden para el desarrollo: preparar a los jóvenes en el manejo de las nuevas tecnologías. Desde esta perspectiva, el dilema ya no se ubica tanto en la disyuntiva entre un Estado más grande o más chico, sino en alcanzar un mejor Estado que impulse el progreso con base en políticas públicas eficientes consensuadas con la sociedad civil. Ésa es la nueva época a la que se refiere Meyerson.


Resultaría irónico y hasta gracioso, escuchar a los grandes gurús de la economía mundial, retractarse de sus doctos y sabios postulados acerca de la intervención del estado, si no fuera por que estos señores han jugado con las vidas de millones de seres humanos y como el mismo McCain admintió han jugado con la economía como con un casino de apuestas y lo peor es que con dinero ajeno.

El terremoto financiero que amenaza con derrumbar el sistema abrió las puertas para cientos de interpretaciones. Una de ellas discute el tiempo que demandará el fin del ciclo depresivo. Hay quienes pronostican la perdurabilidad por diez años, como en la década del 30.

Otros proponen las bondades del intervencionismo, contrapuesto a la desregulación que terminó por inundar la economía norteamericana, la europea, la asiática y que amenaza con no tener fronteras. El reciente encuentro de la ONU facilitó discursos presidenciales que abundaron en el ataque al Consenso de Washington. Algunos jefes de Estado defendieron sus propias gestiones como si fueran de maravilla. Casi todos ocultaron o negaron la dimensión exacta de las consecuencias que se producirían con el movimiento zigzagueante de los bancos del Hemisferio Norte desde comienzos del año pasado.

En el Washington Post, periódico considerado como una de las publicaciones más importantes del conservadurismo en EU, Harold Meyerson escribió el pasado primero de octubre un artículo titulado "Lento despertar de una nueva época". Su ensayo comienza con una afirmación contundente: "Estamos situados, precisamente en este momento, entre dos épocas. El viejo orden —la era dominada por las instituciones que Reagan construyó bajo la premisa de que el mercado no puede estar errado y el gobierno no puede estar en lo correcto— está muriendo. Un nuevo orden, en el que Wall Street juegue un papel menos importante y Washington desempeñe una función más relevante, está despuntando, pero el proceso será doloroso y prolongado."

Desde la izquierda, explícitamente, y desde la derecha, tácitamente, el grito es “vuelta a Keynes". No es una situación nueva. El Partido Republicano gobernó EE UU (Eisenhower, Nixon) durante años aplicando un keynesianismo implícito. Enterrado en los años setenta, Keynes resucita, y neokeynesianos son varios recientes premios Nobel de Economía. Sin embargo, no en vano han transcurrido más de 70 años desde que Keynes publicara la Teoría General. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Tres parecen especialmente relevantes: una, el grado de globalización de la economía; dos, el stock de materias primas, y tres, los cambios en la morfología social.

El problema central para dar respuesta a la recesión económica que se entrevé en el horizonte surge de la fragmentación de los marcos políticos frente a la globalización económica. La solución keynesiana exige actuar sobre la demanda acentuando la propensión al consumo y el incentivo a la inversión. En crisis esto sólo lo puede hacer el Estado, y los Estados son muchos, dirigidos por políticos con ideologías muy diferentes y en situaciones socioeconómicas muy variadas. Pero no caben soluciones individuales. Ningún país puede alimentar su consumo y su inversión elevando su deuda pública si los demás, estando en la misma situación, no lo hacen a su vez. Estaría cavando su fosa. ¿Es posible una coordinación de medidas económicas entre los diferentes países similar a la que se ha producido en el ámbito financiero? Ése es el reto. Se necesita un cambio de modelo.

El segundo asunto, excesivamente obviado en los análisis circulantes, es el precio de las materias primas. Entre las teorías que pretendieron explicar los misteriosos ciclos económicos del capitalismo antes del año 29, una, la de Jevons, situaba el origen de las fases bajistas en las cosechas agrícolas. Una idea nada desdeñable en el siglo XVIII y parte del XIX. Keynes, con acierto, cambia en el Libro VI de su Teoría General cosechas por materias primas. La subida de precios de las materias primas hace bajar la tasa marginal de ganancia del capital y ello desencadenaría la fase descendente. Así comenzó la crisis de 1973. En la actual, el factor desencadenante ha sido, según la mayoría, el mercado hipotecario estadounidense y la burbuja inmobiliaria que le acompañaba. Creo que se olvida la galopada al alza de todas las materias primas, con el petróleo a la cabeza. El tema no es baladí. La incorporación de China, India, Brasil, etcétera, a las pautas de consumo de los países ricos, significa multiplicar por tres, como mínimo, el potencial de consumo. Iniciada la recuperación, las materias primas volverán a la escalada de precios, y dificultarán la misma. La rigidez de la oferta irá contra el resurgir de la demanda.

Queramos o no, esta crisis nos va a poner sobre el escenario varios de los problemas estructurales que marcarán el siglo XXI. Cambio climático, agotamiento a la vista de la energía de los hidrocarburos fósiles, límites ecológicos del planeta, etcétera. O sea, la sostenibilidad de nuestros modelos de crecimiento. Serán necesarios cambios tan profundos como difíciles. También en esto se necesita cambio de modelo.

Y finalmente la política. El keynesianismo acompañó durante los “treinta gloriosos” años de posguerra un predominio político de las ideas socialdemócratas. La Teoría General suponía conceder la primacía a la “economía política” sobre la “teoría económica” de la doctrina clásica. Esa primacía de la política encontraba eco en las texturas de la sociedad industrial. Hoy las pautas sociales en la sociedad informacional son muy otras. De las clases estructuradas para la producción hemos pasado al individuo ligado a los consumos, de apostar por el gran día futuro de los relatos ideológicos, a las exigencias del aquí-ahora. Las sociedades postmodernas son “sociedades del acontecimiento” donde sólo el Estado parece poder ser “el guardián de los relojes".

La postmodernidad nació acompañada de un liberalismo tanto social como económico en el que se mezclaban Adam Smith con Mayo del 68. Pero a los neoliberales pronto le sucedieron los neocon y el liberalismo económico extremo ha ido de la mano de fundamentalismos religiosos y el conservadurismo más rancio. A los 30 “gloriosos” y keynesianos años de posguerra le han sucedido otros 30 de hegemonía liberal-conservadora. Keynes y Kant bajaron a las catacumbas mientras Friedman y Nietzsche campaban por sus respetos. Muchos pensaron que las sociedades dispersas, ligadas al consumo y la información, serían ya siempre juguetes en manos de los mercados sin capacidad de reacción política. Las elecciones americanas acaban de demostrar que las miríadas de individuos-consumidores también son capaces de imponer los valores de la racionalidad política. Una vez más, donde surge el peligro allí está la salvación.

El mundo inercial que nos proponían los augures del fin de la historia ha tenido un recorrido corto. Lejos de toda grandilocuencia refundacional hay mimbres para recuperar el equilibrio entre la política y la economía, que siempre fue la mejor característica de las democracias liberales. Cambio de modelo. Que algo cambie para que todo cambie.

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

c-m-paton dijo

Mucha teoría y poca acción. Cuando termina el terremoto viene la solución, una nueva construcción de teorías políticas y económicas sustentadas en la base más importante: el bienestar de los seres humanos. El mundo cambio y todo tiene que volver a delinearse con lo bueno y malo de las teorías económicas que fracasaron en el pasado. El mercado buscará su rumbo con barómetro digital y satelital; al final el desatado consumo y mala distribución del ingreso encontrarán su justa medida.

Eli

Eli dijo

Es que creo que todos los extremos son malos. El modelo neoliberal fue llevado a sus extremos más infames, con el resultado de crisis mundial (aunque el PP le arrime todo a ZP) y si se aplica el excso del control del mercado, que sría el modelo de Keynes, sería el mismo resultado, por asfixia. Hay que encontrar un modelo ecléctico que aune las ventajas de estos dos modelos, evitando caer en excesos. Como Licenciada en Económicas me encanta leer una entrada tan bien hecha. Felicitaciones Sibylla

Mordecai

Mordecai dijo

Después de leer esta entrada, me doy cuenta de la grantidad de cosas que desconozco; pero si algo tengo claro es que no se le puede dejar a la gente de las finanzas tanta libertad sin freno, porque nos estrellamos todos.

Liberal

Liberal dijo

Es evidente que para Adam Smith, la ciencia económica abarcaba mucho mas que la teoría de precios, producción, distribución moneda, banca y finanzas, comercio Internacional, y crecimiento económico, campos que hoy en día se consideran como especialidades en si mismas naturalmente que todos estos temas se discuten en el libro de la Riqueza de las Naciones, pero también incluye detalladas discusiones sobre tópicos tan diversos como historia eclesiástica, demografía, política educacional, ciencias militares, agricultura y asuntos coloniales estos 2 puntos son los que nos competen desarrollar en este análisis. Este básicamente nos ilustra como se desenvuelven la relación reciproca entre la ciudad y el campo, la evolución de la agricultura, la relación laboral entre el terrateniente o propietario de la tierra con sus colonos, y como a través de la libertad dentro una sociedad se llega a la máxima riqueza. Pero es sólo por su propio provecho que un hombre emplea su capital en apoyo de la industria; por tanto, siempre se esforzará en usarlo en la industria cuyo producto tienda a ser de mayor valor o en intercambiarlo por la mayor cantidad posible de dinero u otros bienes... En esto está, como en otros muchos casos, guiado por una mano invisible para alcanzar un fin que no formaba parte de su intención. Desgraciadamente hoy en día, esa mano invisible es una mano de corrupción, codicia, y bribonería

julio navarro (jpolinya)

julio navarro (jpolinya) dijo

Magnífico post. Con esa pizca de optimismo con que termina la teoría del shock (o del choque) de Naomi Klein.

Creo que como conclusión bien valdría darle cierto valor de realidad al chiste sobre el oficio más viejo del mundo: el de economista.

Ya lo dice bien claro el Génesis: En el principio era el caos. Y ¿quién más capaz de provocar el caos que un economista?

Salut y que los dioses nos cojan confesados. Soy enormemente pesimista en cuanto a la variación del paradigma de la sociedad de consumo, salvo que venga una catástrofe tan gorda que nos deje sin nada que consumir.

Sebastián Puig dijo

Interesante blog y trabajada reflexión. Un saludo.

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Con mis amigos Drya y Verdatù aportaremos aquello que hemos descubierto dejàndonos llevar por nuestra curiosidad. Así que este es un blog de tres personas: DRYA: CATALANA, RESIDE EN BARCELONA VERDATU: GATO MADRILEÑO, VIVE EN LONDRES POR TRABAJO SIBYLLA: VIVO EN MADRID Y UN POCO EN VARIOS SITIOS

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