22 May 2008

LA CASA DE LOS LÍOS

Escrito por: Sibylla Orsini Monmorency el 22 May 2008 - URL Permanente

POR DRYA

Esta semana se dio a conocer que arqueólogos estadounidenses descubrieron en el estado de Oregón restos humanos de 14.300 años de antigüedad, lo que probablemente significa que murieron justo a tiempo para perderse el principio de la batalla por la nominación demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 2008.

Se produce por tanto el espectáculo casi kafkiano de varios millones de votantes que acuden a las urnas, de cientos de periodistas y analistas que cubrirán el proceso durante más de seis horas, de los especiales en CNN y Fox y MSNBC, de los titulares de mañana del New York Times y el Washington Post y el Wall Street Journal... todo para unas elecciones que no parecen tener ninguna importancia. Ya vimos lo que sucedió hace una semana con las primarias de West Virginia; al día siguiente de que Hillary venciera por el margen más amplio de todo el proceso de las primarias, salieron John Stewart y los paripés del Daily Show presentando a los votantes de aquel estado como unos racistas furibundos. Gran parte de los medios progresistas siguieron el ejemplo y pintaron la victoria de Hillary como una victoria del racismo de los habitantes de zonas rurales. Claro, tan amargados ellos, ¿cómo no iban a identificarse con alguien que lleva toda su vida preparándose para ser presidenta y que ve al final cómo le derrota un don nadie fotogénico?

Los argumentos de la senadora Clinton se basan en una serie de suposiciones, especialmente en la idea de que los votos de las primarias de Florida y Michigan -que fueron invalidados por los líderes demócratas debido a que estos dos estados adelantaron sus elecciones en violación de las reglas del partido- se deben contar en su totalidad.Además, los partidarios de Clinton también plantean que ella ha obtenido buenos resultados en los estados que tienen primarias (es decir, elecciones reales), mientras que muchas de las victorias de Obama han sido en estados con caucuses (que parecen más bien reuniones informales de municipalidades y que cuentan con una asistencia mucho menor).

Todo esto se enmarca en un proceso que empezó más o menos en las primarias de Ohio y Texas, cuando la victoria de Hillary en dos de los estados más poblados de Estados Unidos (y con mayor número de votos en el colegio electoral) se presentó no tanto como un golpe importante sino como un ligerísimo contratiempo en la marcha triunfal del bebé mesiánico de Illinois hasta la Casa Blanca. Fue allí que se marcó una pauta que se ha venido siguiendo a rajatabla: si gana Obama, es señal de que está arrasando a Hillary; si gana la Clinton, es señal de que en Estados Unidos siguen existiendo zonas racistas y atrasadas, que sin embargo no lograrán detener el cambio milagroso que se avecina.Los votantes de Kentucky y Oregon que acuden a las urnas se encuentran en la misma paradoja en que se ve toda persona que ejerce su derecho al voto: la paradoja de que un solo voto no puede cambiar el signo de unas elecciones. Pero su situación se vuelve aún más esperpéntica cuando las elecciones mismas no importan: su resultado ya ha sido precedido por estudios y encuestas, sus consecuencias determinadas por periodistas y expertos como un nimio ejercicio político, un referéndum inconsecuente, una forma de llenar los informativos de las siete.

En todo esto, el papel de los superdelegados ha sido bastante interesante. Al principio estaban dedicados a la Clinton, dispuestos a darle todo el respaldo que necesitara para llegar a la Casa Blanca. Entonces Obama encadenó nueve victorias seguidas y sus partidarios salieron en todas las cadenas de television advirtiendo de las graves consecuencias que tendría que los altos dignatarios del partido no escucharan la voz de la calle. Y tanto les acomplejó a los superdelegados que les acusaran de elitistas y autoritarios, tanto les dolió a los antiguos alumnos de las Ivy Leagues que les dijeran que estaban desoyendo la "voz popular," que han acabado volcándose a favor de Obama. Tanto, que han silenciado a la voz popular del otro lado, la que les ha demostrado en Texas, en Ohio, en Pennsylvania, en Indiana, en West Virginia y quizás en Kentucky que Hillary podría ser mejor candidata para las generales. Todo esto resulta particularmente irónico ya que los superdelegados están donde están para asegurarse de que el partido Demócrata elija al mejor candidato posible y no solamente al que mejor resultado obtenga en las primarias. Pero todo esto es ya cosa del pasado: ahora sólo queda la inevitabilidad de Obama.

Los demócratas están tan convencidos de que con un país con dos guerras abiertas en Afganistán e Irak y con una economía en recesión ganarán las elecciones presidenciales que no les importa que los republicanos se hayan decidido ya, elegido a un duro oponente como John McCain y que tengan tiempo suficiente para preparar su campaña de destrucción contra Hillary Clinton o Barack Obama.

Hasta que no se solucionen estas diferencias McCain es el hombre más feliz del mundo. Hace cuatro meses tuvo que aparcar el autobús con el que recorre el país porque no tenía un dólar para gastarse en gasolina y hoy es el candidato del Partido Republicano. Y con sus rivales divididos, atacándose durante las próximas semanas y amenazando que si pierden es muy posible que sus seguidores se queden en casa el 4 de noviembre. Y entonces McCain, con dinero, con sus votantes convencidos de que pueden vencer y con sus sicarios listos para destruir a su oponente, ganará las elecciones y en vez de cambio habrá más de lo mismo. Es decir de George Bush III en la Casa Blanca.

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

rusbel dijo

Kafkaiano… absurdo, ridículo, pero evidente… Un sistema de elecciones muy americano… “Has lo que quieras, que luego al final yo, are lo que me de la gana… Muy de política estadounidense.
Un besote bicho.

Anónimo

Anónimo dijo

Si digo lo que pienso me van a machacar en la comunidad.

Drya

Drya dijo

Saludos Rusbel, gracias por pasarte por aquí.
Mano Negra no te muerdas la lengua.
Saludos a los dos

jpolinya dijo

No hace mucho, pero antes de que iniciaran las primarias, en una entrevista a Noah Gordon, éste, demócrata militante, apostaba por Clinton, aunque confesaba que le gustaría Obama, aunque pensaba que no tenía posibilidades frente a ésta.

Y la defensa que hacía de Barama era precisamente la ilusión que transmitía, comparándolo con John Kennedy.

Es posible que Clinton sea mejor candidata, pero lo que parece que esté triunfando, dejando aparte la mercadotecnia inevitable, es ese mensaje de nueva frontera.

Pero no son mis elecciones.

Un saludo

Anónimo

Anónimo dijo

No lo que pienso no lo puedo decir, aqui hay muchos politicamente correctos.

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Con mis amigos Drya y Verdatù aportaremos aquello que hemos descubierto dejàndonos llevar por nuestra curiosidad. Así que este es un blog de tres personas: DRYA: CATALANA, RESIDE EN BARCELONA VERDATU: GATO MADRILEÑO, VIVE EN LONDRES POR TRABAJO SIBYLLA: VIVO EN MADRID Y UN POCO EN VARIOS SITIOS

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