03 Ago 2012

ALEMANIA: EL FACTOR DESTRUCTIVO DE EUROPA

Escrito por: sibyllanetcom el 03 Ago 2012 - URL Permanente

Las normas se hicieron para cumplirlas, llueva, truene o haya más de 25 millones de europeos desocupados. El Banco Central alemán, el poderoso Bundesbank, frenó las iniciativas de Mario Draghi, presidente (INTERVENIDO) del Banco Central Europeo (BCE).

Berlín ni siquiera cuida ya las formas. “Somos el banco más grande e importante dentro del Eurosistema y tenemos una voz más fuerte que muchos otros bancos centrales. Eso significa que tenemos un papel diferente: somos el banco central con la voz más activa en el debate público sobre el futuro de la unión monetaria”. Es decir, quien pone el dinero da las órdenes.

Según los dirigentes alemanes (encabezados por la indigerible Ángela Merkel) El BCE está para mantener la inflación controlada en el entorno del 2% y para nada más, ni para promover el crecimiento económico, ni para solucionar los problemas del sistema bancario ni para reducir el desempleo. Esos son problemas que cada capital debe solucionar y la receta no varía: más ajustes.

Albert Einstein sostenía que la locura consiste en aquella persona que repite el mismo procedimiento una y otra vez esperando conseguir diferentes resultados; por su parte el filosofo español George Santayana afirmó: “El que no conoce su historia esta condenada a repetirla”. En suma, quienes no conocen su historia están condenados a la eterna locura. Nuestros políticos actuales hacen un insultante alarde de falta de miras al no percatarse de los muchos antecedentes que tiene la crisis europea en concreto, y la española en particular. La vieja y oxidada Europa insiste en incidir en las mismas equivocaciones, tal vez esperando distinto resultado.

En la actualidad, la homogenización monetaria que impone el euro hace imposible que países con problemas de competitividad –como España- puedan devaluar su moneda; y precisamente en 1930 un régimen monetario rígido, auspiciado por la aceptación del patrón cambio oro por parte de las grandes economías mundiales, limitó al mínimo el margen de maniobra de los germanos incapaces de evitar la fuga masiva de capitales de sus bancos. La huida de capitales con destino Francia y EEUU puso contra las cuerdas al sistema financiero alemán, y como también sucede en la España de 2012, secó el acceso al crédito de empresas y familias. Desafiando a su propia experiencia, Alemania está recomendando a España las mismas recetas fallidas que le sumieron en la mayor crisis social de su historia, la cual acabó con el alzamiento del partido Nacionalsocialista. A Merkel solo le falta pedirle a Rajoy que se deje un siniestro bigotito y que se lance a la conquista del vecino portugués.

Alemania ha sido en el último siglo el país que más se ha negado a pagar sus deudas. Estas no han sido consecuencia de las finanzas, sino como consecuencia de las dos guerras mundiales ocasionadas por ellos mismos, debido a haber invadido, destruido, saqueado y matado. Veamos.

Tras perder la Iª Guerra Mundial, por el Tratado de Versalles de 1919 fue condenada a pagar reparaciones de guerra por la cantidad de 226.000 millones de marcos de oro. Con la finalidad de que no consiguiera una rápida recuperación económica y volviera a ser un peligro para Europa.

Entre 1924-1929, la república alemana de Weimar recibió préstamos de Estados Unidos por valor de más de un billón de dólares, con la finalidad de sostenerlo y para que pudieran pagar las indemnizaciones impuestas en el Tratado de Versalles.

Debido al crack de 1929 y como Alemania no pagaba sus deudas, se aprobó el Plan Young en el año 1930, reduciéndosela a 112.000 millones de marcos de oro. Posteriormente por medio de la Moratoria Hoove y las Negociaciones de Lausana tanto Francia como el Reino Unido renunciaron a las indemnizaciones que Alemania debía pagarles.

Todo esto significó que la deuda alemana fue cancelada en un 98%. Ese 2% de la deuda que quedaba, nunca fue pagada por Alemania, porque al llegar al poder Hitler, una de sus primeras medidas fue suspender unilateralmente el pago de dicha deuda.

Como consecuencia de la IIª Guerra Mundial, nuevamente Alemania es condenada a pagar grandes indemnizaciones económicas por la guerra que ella inicio. Estas deuda nunca han sido pagada por Alemania y así mediante el Tratado de Londres de 1953, se congeló dicha deuda a los alemanes.

Es curioso ver el caso de Alemania con Grecia y nos daremos perfectamente cuenta lo que hace Alemania con Grecia actualmente y su escandalosa falta de memoria histórica e incluso de ética.

Grecia fue sancionada a dar compensaciones de guerra a Alemania desde el año 1881, por sus conflictos anteriores. Estas compensaciones nunca han sido perdonadas por los alemanes. En el año 1964 con la presión alemana consiguió que los partidos mayoritarios PASOK (socialistas) y Nueva Democracia (conservadores), reconocieron estas deudas, que deben ser pagados con altísimos intereses.

Alemania tiene una deuda histórica con Grecia y nunca la ha pagado. Hitler tomó Grecia en el año 1941 y le impone la concesión de un préstamo al país heleno por la cantidad de 3.500 millones de dólares. Como consecuencia de la ocupación militar alemana y la guerra que hay se produjeron grandes destrozos en el país.

Acabada la II Guerra Mundial Alemania recompensó a Polonia en el año 1956 y a Yugoslavia en 1971 con 20.000 millones de dólares.

Grecia ha pedido nueve veces a Alemania el pago del préstamo impuesto por Hitler al país y las indemnizaciones por la destrucción nazí del país heleno. Alemania nunca ha respondido a tal petición.

Si se actualizara esta deuda desde 1944 a 2010, aplicando el interés medio de los bonos norteamericanos, se debería pagar a Grecia la cantidad de 163.800 millones de dólares, a ello debería sumar el coste de las reparaciones de guerra que se calculan en 332.000 millones, así que la cantidad estimada que Alemania debería pagar a Grecia es de 495.800 millones de dólares, cantidad suficiente para que Grecia saldará todas sus deudas actuales y evitar el gran sufrimiento que le están provocando los alemanes y la Unión Europea.

Cuando en 1990, se produce la unificación de Alemania, esta es debida a la generosidad de toda Europa, incluida Rusia, hacia los alemanes. A estas alturas parece claro que los alemanes nunca han valorado la generosidad de los europeos con ellos. La unificación alemana implicaba la obligación de retomar las indemnizaciones que habían sido congeladas. Sin embargo, la Alemania del canciller Kohl se niega a pagar dichas indemnizaciones.

Es importante que todos incluido los alemanes leyeran su historia y de esta lectura tuvieran conocimiento de esto y además analizarán otros dos aspectos de ella.

Alemania fue el país más favorecido por el plan Marshall en una muestra de gran generosidad y que permitió una rápida recuperación económica del país. Esto nunca debería ser olvidado por los alemanes.

Pero Alemania no se caracteriza por ser generosa, y sí por olvidar convenientemente a todos los que la ayudaron en sus malos momentos. Quizá en los planes de Merkel y sus seguidores esté el de dejar la conformación de la eurozona simplemente con los países que les convenga: Finlandia, Austria y Holanda. Serán autoconvencidos vasallos, y esto le conviene a esta especie de Reich merkeliano.

Quizás los que apoyaron la entrada de Alemania a la génesis de la Unión Europea: La Comunidad Europea del Carbón y del Acero no vieron que en el futuro sería la semilla de la destrucción (nuevamente) de Europa.

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21 Feb 2012

PARA LA LIBERTAD

Escrito por: sibyllanetcom el 21 Feb 2012 - URL Permanente

JOAN MANUEL SERRAT. POEMA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

El pueblo aprendió que estaba solo... El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza

El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza.

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08 Nov 2011

SI LA BELLEZA NO FUERA LA MUERTE...

Escrito por: sibyllanetcom el 08 Nov 2011 - URL Permanente

María Antonieta de Austria, reina de Francia

(Viena, 1755-París, 1793)

Decimoquinta hija de los emperadores de Austria, Maria Teresa y Francisco I. En 1770 contrajo matrimonio con el delfín de Francia, Luis, que subió al trono en 1774 con el nombre de Luis XVI. No obstante, la nueva soberana de Francia nunca tuvo a su marido en gran estima, y mucho menos estuvo enamorada de él.

Mujer frívola y voluble, de gustos caros y rodeados de una camarilla intrigante, pronto se ganó fama de reaccionaria y despilfarradora. Ejerció una fuerte influencia política sobre su marido y, en consecuencia, sobre todo el país.

En 1781 tuvo a su primer hijo varón, y a partir de entonces residió en el palacio independiente de Trianon. Dejó de recibir en audiencia a la nobleza, acentuando la animadversión de las clases altas hacia su persona. Ignoró la crisis financiera por que atravesaba el país y desautorizó las reformas liberales de Turgot y Necker. No tuvo contemplaciones con las masas hambrientas que se concentraban ante el palacio de Versalles y envió contra ellas a sus tropas.

El pueblo siempre pensó que su reina servía a los intereses austriacos. Puso al rey contra la Revolución, y fue apoyada en sus ideas monárquicas por Mirabeau y Barnave. Rechazó las posibilidades de acuerdo con los moderados y procuró que el rey favoreciese a los extremistas para enconar aún más la lucha. Al parecer, deseaba que estallase el conflicto bélico entre Francia y Austria, esperando la derrota francesa.

En 1792 fue detenida y encarcelada junto con Luis XVI en la prisión del Temple. La Convención ordenó la ejecución del soberano el 21 de enero de 1793, mientras ella era trasladada a la Conserjería y separada de sus cuatro hijos. Condenada a la pena capital, murió en la guillotina el 16 de octubre de 1793.

Marìa Antonieta, el personaje

Su título nobiliario era el de archiduquesa. Su nombre completo fue María Antonieta Josefa Juana de Lorena y nació el 2 de noviembre de 1755 en el Palacio Imperial de Viena. Hija del emperador de Austria Francisco I y de María Teresa, María Antonieta fue apadrinada por sus hermanos José y Mariana, en nombre de los reyes de Portugal.

María Antonieta era una niña alegre y juguetona, bonita y pizpireta; era algo distraída, pero esto se entendía. Por otro lado era inteligente, sin llegar a ser sobresaliente. No era una persona inclinada a ocuparse de cosas serias, simplemente iba tomando las cosas a como iban pasando.

Es indudable que la archiduquesa debía ser educada para ser reina. Muy pronto tendría que pasar de la vida libre y familiar a la que estaba acostumbrada en Viena, a la vida típica y ceremonial de la corte francesa.

Su instructor, el abate Vermond era quien se encargaba de la educación de la princesa. Veía que era muy viva y de gran ingenio, pero bastante distraída y perezosa. Tenía instrucción escasa y, a pesar de todo, era simpática y encantadora.

Sus primeras lecciones fueron sobre literatura y dominio de la lengua francesa. Intentaba a acostumbrarla a concentrar su atención en asuntos de interés general, pero poco conseguía. María Antonieta era una joven muy inquieta.

Cuatro años fue María Antonieta delfina de Francia; en 1774 dejaría de serlo para convertirse en reina. El 10 de mayo de ese año moriría, víctima de viruela, el viejo Luis XV. Un nuevo mundo se abría ante María Antonieta y para los franceses.

La muerte del rey era para sus súbditos un alivio. Ahora tendrían como guía un joven del que todo se esperaba; su sencillez y su modestia prometían días de bienestar para la pobre y decaída Francia, pero ni Luis XVI ni su esposa se preocuparon de Francia.

El rey tenía veinte años cuando subió al trono; era alto, rechoncho, torpe y tímido; la caza era para él más interesante que cualquier otra cosa, incluidos los asuntos del Estado. La bondad y la buena voluntad eran sus virtudes, pero ambas se veían opacadas por una inteligencia bastante mediana y un carácter pusilánime.

María Antonieta, por otro lado, a quien su madre no dejaba de aconsejar por carta para que se interesara por el gobierno de su país, rindió sus buenas cualidades ante la pereza y vanidad. Jamás quiso molestarse por dirigir la política francesa y sí, en cambio, llamar la atención en el campo de la coquetería, los trajes, los peinados, los bailes y los juegos, que eran su mundo.

Los despilfarros de la corte eran exagerados. Al principio del reinado se había intentado resarcir la economía, pero los programas, como los «pactos», no habían tenido efecto práctico alguno. Había, infinidad de cargos palaciegos; la casa civil del rey estaba compuesta por 4.000 personas, y, la militar por 10.000.

Además, los sueldos reglamentarios, las pensiones y los donativos, los subsidios y los sobresueldos ocasionaban grandes dispendios. Por ejemplo, en una semana se llegaban a otorgar 128.000 libras de pensión exclusivamente en lo que concernía a las damas de la corte.

En 1777 aún no se había consumado el matrimonio de Luis XVI y María Antonieta. El peligro que acechaba a la reina, rodeada de jóvenes galantes, era evidente. Algo se tenía que hacer. Ese año visita Francia José II, emperador de Austria. Su hermano le da buenos consejos, aunque ella poco los toma en cuenta. Deseaba que fuese una reina dedicada, trabajadora y razonable, pero María Antonieta no era de ese carácter.

Si bien no logró mucho en sus consejos, si obtuvieron que María Antonieta y Luis XVI consumaran el matrimonio. El 19 de diciembre de 1778 nacería una princesa y, aunque no era el ansiado heredero al trono, las fiestas fueron innumerables.

La situación económica de Francia era inaguantable: la administración confusa y heterogénea, estaba dominada por la trivialidad y la corrupción; la justicia se administraba de un modo sumamente parcial y arbitrario; la nobleza y el clero poseían privilegios de abuso; el comercio estaba lleno de trabas; el campesino y el obrero se hallaban en la miseria y pedían pan como primera solución a sus problemas.

A pesar de todo, los franceses no pensaban todavía en una República. Todas sus ansias iban encaminadas a reorganizar la monarquía, a reformar la administración del país en todos sus aspectos. Aún creían en que los de arriba podían hacer algo, pero poco a poco se dieron cuenta de que no era así.

En marzo de 1785 nace el príncipe Luis, que había de ser proclamado delfín. Al año siguiente tuvo María Antonieta su último hijo, la princesa Sofía Beatriz, que sólo vivió once meses.

El 5 de mayo de 1789 tiene lugar en Versalles la solemne ceremonia de apertura de los Estados Generales. Los reyes acuden a la inauguración y María Antonieta se ve obligada a soportar la frialdad, los desaires y hasta abucheos de la gente. Nobleza, clero y pueblo (las tres órdenes que constituían los Estados Generales) no se ponen de acuerdo. El 17 de junio, el tercer Estado, el pueblo, se constituye en Asamblea Nacional, y el 20 proclama el principio de revolucionario de la soberanía del pueblo. El 9 de julio la Asamblea toma el calificativo de Constituyente y se crea una comisión que trabaja para la formulación y redacción de una Constitución. El 14 de julio el pueblo de París, amotinado, se apodera de la Bastilla, la prisión del Estado. Empieza la revuelta y la libertad de Francia.

A principios de 1790 muere su hermano, el emperador José II. Con él pierde María Antonieta su más fuerte apoyo en el extranjero. Todo se desmorona, los reyes tienen que regresar a París. El viaje de vuelta es lento y penoso. Su entrada a París se ve plagada de insultos y vituperios para ambos, aunque especialmente dirigidos a María Antonieta.

Más tarde, todo vuelve a derrumbarse. Al triunfo de la República, toda esperanza muere para Luis XVI. Era el 21 de septiembre de 1792. Poco después el rey era separado de su familia, sometido a proceso y condenado y sentenciado a muerte. El 20 de enero de 1793 se le permite reunirse con su familia. Se trataba de la despedida. Al día siguiente el rey era guillotinado en la plaza de la Revolución, hoy plaza la de Concordia.

María Antonieta es guillotinada el 16 de octubre de 1793. Vestida de blanco, cubiertos sus cabellos por una cofia, María Antonieta recorre el camino desde la Conserjería hasta la plaza de la Revolución (La Concordia), sobre la carreta del verdugo, afrontando las burlas de la gente.

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