14 May 2008

Recordando lo que ETA dice ser

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 14 May 2008 - URL Permanente

Hace apenas una semana alguien me dijo: "Los de ETA son una mafia. Si les dieran la independencia, seguirían matando y enfrentados al PNV para quedarse ellos con el poder". Lo mucho que de absurdo e ignorante tiene semejante planteamiento no le resta importancia: son los pensamientos de un tipo que intenta reflexionar antes de abrir la boca y, aunque bastante cabezón y defensor de postulados inalterables, realmente cree haber interiorizado los porqués de su afirmación.

ETA, justo es reconocerlo, dejó de ser hace tiempo una simple banda terrorista. ETA es una mafia que se organiza y se financia como tal... y que, de vez en cuando, como para no olvidar quién la forma y qué dice perseguir, mata a alguien o publica un comunicado más o menos amenazador. ¡Ey, que estamos aquí! ¡No os olvidéis de que somos malos! ¡Seguimos luchando por la liberación de nuestro pueblo!

La lógica del pasado

Analizando con crudeza los actos violentos de la banda armada-mafiosa, encontramos la lógica de la sinrazón: donde los españoles no vemos más que el loco ataque a traición a un cuartel repleto de familias, los etarras celebran la muerte de un soldado del represor estado invasor. Es así de claro: España y Francia mantienen ocupado Euskadi contra el deseo del pueblo vasco, cuya libertad de decidir por sí mismo está coartada y castigada por las falsas instituciones de representación de ambos estados. ETA nació para luchar contra la dictadura franquista: matar a un guardia civil era matar a un soldado de Franco, eliminar una traba en busca de la libertad.

La lógica del presente

Los tiempos, claro, han cambiado. Ahora hay que justificar de otra forma las muertes de personas que, por ejemplo, también lucharon contra Franco (Tomás y Valiente), que trabajaban desde la humildad por su pueblo sin pensar demasiado en las ideologías de las siglas que representaban (Miguel Ángel Blanco), que forman parte de la propia policía autónoma vasca o que, como en el caso de cualquier guardia civil en nuestros días, viva éste en el cuartel de Legutiano o en el de Bollullos del Condado, eligen vestirse de verde para tener, sin más, un sueldo fijo para toda la vida.

Y aquí es donde yo quería llegar: nos limitamos a llorar la muerte de personas, de individuos con nombre y familia, y no caemos en la cuenta de que para sus verdugos no son más que símbolos de todo aquello que oprime al pueblo que pretenden liberar.

Lo que de verdad me preocupa de cualquier asesinato de ETA no es la muerte en sí, irremediable desde el mismo momento en que estalla la bomba o es apretado el gatillo; lo que me preocupa es el proceso de justificación interna que se produce tanto en la mente del asesino como en la de todos aquellos que eligen, con mayor o menor conocimiento de causa, no condenar la violencia: yo mato porque mi pueblo está oprimido; no soy un asesino, no soy un terrorista: soy un soldado; lucho por la libertad, por la independencia de mi nación; y no me gusta matar, pero es necesario hacerlo para que algún día se diga que fuimos héroes, que sacrificamos nuestras vidas para que nuestro país alcanzara de una vez la independencia.

La cantera de la banda

ETA tiene una cantera inagotable de terroristas. A cualquier acto en homenaje de los soldados caídos acuden cinco mil niñatos dispuestos a ponerse un pasamontañas a poco que alguien con un contacto en la banda se lo sugiera. Son chavales normales, más o menos inteligentes, que han crecido con Internet, la televisión y la play-station. Van al colegio, al instituto e incluso a la universidad y tienen una vida familiar más o menos agradable. Y se creen todas las ¿mentiras? que les cuentan.

Ese mecanismo de justificación mental de los asesinatos desarrollado por un porcentaje muy importante de la sociedad vasca es el verdadero problema que Euskadi debe afrontar. Y la educación es el único medio para luchar contra él.

El 11-M: los atentados de los trenes

Cuando los terroristas islamistas pusieron las bombas en los trenes de Madrid, pensé: pasará mucho tiempo antes de que ETA vuelva a matar... y mucho más antes de que se atreva a matar a un inocente, a un civil. ¿Por qué me dio el tiempo la razón? ETA sólo subsiste porque sigue encontrando legitimidad en su pueblo. Los atentados de Madrid provocaron un shock en la sociedad vasca: ¿acaso estaba bien poner una bomba en medio de Vallecas o en un hipermercado, si la ponía ETA, pero mal ponerla en un tren repleto de gente? Desde aquel triste once de marzo, atacar a la población civil, por fin, está mal visto incluso en la izquierda abertzale. Algo hemos avanzado.

Por eso ETA procura avisar ahora cuando pone una bomba. Por eso ha atacado el cuartel de Legutiano a las tres de la mañana. La banda terrorista está elevando el tono de sus actos en busca del límite moral permitido por sus acólitos: poner una bomba en la calle sólo está justificado si antes avisamos, porque matar a la población civil es una salvajada; ponerla a las tres de la mañana y utilizar un detonador a distancia es mucho más seguro: a esa hora no pasa nadie por allí; ponerla en un aeropuerto y avisar es de lo mejor que hay: lástima que los dos ecuatorianos se quedaran dormidos; daños colaterales.

Sólo la educación, la formación, el debate y, sí, la negociación pueden acabar con ETA. Sólo la madurez democrática de la totalidad del pueblo vasco puede conseguirlo.

09 May 2008

Poesía para el pobre

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 09 May 2008 - URL Permanente

El conflicto de Líbano (aún nadie sabe si llamarlo o no, una vez más, guerra, cruda guerra civil, guerra de etnias, guerra por el poder) me lleva a reflexionar sobre el grado en que, en verdad, podemos considerar que han cambiado los tiempos. Me refiero a aquella época oscura en la que los jóvenes españoles creían tener algo contra lo que luchar. Hoy, mientras vivimos en la cómoda ilusión de nuestras democracias liberales, el mundo se consume en una espiral de sinrazón y muerte cotidianas. Lo macabro, la catástrofe, se ha convertido en costumbre, nos ha invadido vía caja tonta televisiva. No digo nada nuevo, lo sé, pero comemos a diario mientras observamos impasibles el drama ajeno, el mismo drama que no hace mucho sufríamos en nuestras carnes: ¿de verdad ha pasado el tiempo de la poesía del compromiso?

No es casualidad que un servidor haya adoptado como propio uno de los aforismos más repetidos por José Saramago, quien a su vez lo pidió prestado de Mario Benedetti. "No soy un pesimista, sino un optimista bien informado", asevera don José. Y añade, esta vez de cosecha propia: "El hombre no merece la vida".

Reproduzco a continuación un poema magnífico de Gabriel Celaya, cantado con maestría por Paco Ibáñez y titulado La poesía es un arma cargada de futuro. La poesía del compromiso, el arte comprometido, no ha pasado de moda. Por el contrario, ha de convertirse en exigencia máxima para el alma creadora. Hoy más que nunca, poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día:

boomp3.com

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

05 May 2008

Despellejando animales vivos

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 05 May 2008 - URL Permanente

Este post es un acto de contrición y arrepentimiento previos a la realización de un trabajo periodístico inmoral que ya no estoy a tiempo de rechazar. Pido disculpas al mundo, a los animales torturados y despellejados vivos y, más que a nadie, a mí mismo y a mi gatita, que no pinta nada en todo esto pero que fue un animalito maltratado en su día.

Confieso no haber tenido estómago suficiente (ni narices, ni huevos, ni ganas ni nada) para ver ni una quinta parte de este vídeo de la organización PETA (People for the Ethical Treatment of Animals). Las imágenes tienen cerca de dos años de antigüedad, pero su actualidad sigue siendo tristemente rabiosa: animales más o menos simpáticos (conejos, mapaches y cualquier bicho con piel valiosa para hacer zapatos, carteras, bolsos o cintos) son confinados en habitáculos minúsculos hasta, un buen día, ser golpeados de manera salvaje con el objetivo de romperles tantos huesos como sea posible antes de despellejarlos vivos, cuando aún agonizan y luchan por su mísera existencia. PETA denuncia que tal práctica es común y que éste es el origen de más de la mitad de las pieles importadas cada año por Estados Unidos.

¿Tenéis el estómago lleno?

Pledge to go fur-free at PETA.org.

Si os habéis quedado con ganas de más, recomiendo encarecidamente la película Earthlings ("Habitantes de La Tierra"), narrada por Joaquin Phoenix. Está disponible en youtube en diez cortes, locutada en inglés por el propio actor y subtitulada en español. El sexto corte es el dedicado a las pieles, pero cada cual es más bello, más crudo, más real y más desalentador.

Para el que no tenga tiempo, estómago o ganas de verla, dejo aquí una cita de la película, cita del premio Nobel de literatura en 1978 Isaac Bashevis Singer:


"Cada vez que Herman reflexionaba sobre la matanza de animales y peces, tenía el mismo pensamiento: en su comportamiento hacia otras criaturas, todos los humanos eran nazis".

01 May 2008

Por qué ser nacionalista es ser mala persona (II)

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 01 May 2008 - URL Permanente

El dos de mayo de 1808 el pueblo de Madrid "se levantó en útiles" (de cocina, se entiende, porque armas no tenía) contra el ejército napoleónico invasor. Para muchos historiadores, aquel día ese ente deslabazado llamado España se partió en dos. Y aquí seguimos, doscientos años después, preguntándonos constantemente si somos o no somos españoles, dónde empieza y dónde acaba nuestro país. Y aquí seguimos, esquivando las preguntas más importantes: si nuestra historia es desoladora o, sencillamente, da vergüenza, si nuestra bandera es la que es o le faltan aguiluchos o morados, si los principios de nuestra democracia son o no son válidos.

Siempre me han llamado la atención los fundamentos que configuran las identidades nacionales. Simplificando las cosas sobremanera, podemos decir que los estadounidenses creen portar el estandarte de las libertades, los franceses graban sus monedas con los principios de la igualdad y la fraternidad, los británicos consagran la monarquía hereditaria como único nexo de unión entre sí y como principio rector de su precoz desarrollo económico e imperial, los alemanes pierden guerras pero se reconstruyen como nadie, los chinos sólo piden que les dejen aislarse hasta donde sea posible, los japoneses tienen sus islas (y el rico sushi) y los italianos sufrieron tanto para ser un pueblo unido que, con deshonrosas excepciones, cabría asegurar que es lo único que tienen más o menos claro.

¿Qué nos une a los españoles?

Mesogobiernos

Dícese de los gobiernos de ámbito regional o intraestatal que han ido aflorando en Europa en los últimos cincuenta años, con especial fuerza en las últimas dos décadas. Tal cosa son los mesogobiernos, esferas de poder descentralizado a medio camino entre el local y el estatal. Su particularidad reside en una suerte de egoísmo insolidario: los mesogobiernos entienden en exclusiva de asuntos propios, de manera que sólo quieren saber de estructuras superiores en la medida en que éstas pueden subvencionarlos.

Por supuesto, los mesogobiernos suelen abrirse camino y hacer fortuna explotando un sentimiento identitario real o ficticio: somos un pueblo y exigimos gobernarnos como tal. En el fondo, la idea que subyace a tal exigencia es de lo más pragmático: cuantos más seamos, más recursos reuniremos y, por tanto, más ricos seremos.

Nacionalistas y de izquierdas

Habitamos un mundo injusto y mal repartido. El hombre de izquierdas, como expliqué en un post anterior, se diferencia en esencia del hombre de derechas en la defensa de una idea de justicia menos meritocrática y más igualitaria: donde la derecha justifica al rico como necesario motor común de la sociedad, la izquierda prefiere prescindir de él.

Jean-Jacques Rousseau escribió:

"Precisamente porque la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, la fuerza de la legislación debe siempre tender a mantenerla".

En un marco de relaciones internacionales en el que los estados siguen siendo (aunque cada vez menos) la unidad mínima de actuación, nacionalismos y regionalismos reclaman su propia voz, defienden sus propios intereses por oposición a los del Estado que los representa. En un mundo que tiende a la integración de todos los pueblos, los nacionalismos buscan dispersión.

Apenas tres o cuatro días antes de las últimas elecciones legislativas, un dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya, por nombre Joan Tardá, afirmó en televisión poco más o menos lo siguiente: "ERC no es una formación nacionalista. ERC es izquierda republicana y catalanista, pero no somos nacionalistas. Si acaso, lo somos sólo de manera coyuntural". Hablaba tal político, leído y culto como pocos, de algo que todos podemos entender sin esfuerzo: no se puede ser nacionalista y de izquierdas, porque ser nacionalista implica necesariamente connotaciones de insolidaridad.

Los cojones del toro de Osborne

Todos los símbolos son peligrosos pues, dado que por sí mismos no pueden defenderse, se convierten en material susceptible de fácil manipulación. Cada cual, para entendernos, hace con ellos lo que le viene en gana. Banderas, enseñas religiosas e iconos históricos (desde el Cid Campeador hasta el Che Guevara) representan para los individuos valores que poco o nada tienen que ver con las ideas que motivaron su universalización. Dime con qué bandera te identificas y te diré quién eres.

Los nacionalismos periféricos son excluyentes: yo soy de mi tierra, y soy mejor que tú porque tú no lo eres y porque, aunque quieras, nunca lo serás. Por el contrario, los nacionalismos estatales pretenden unir a la fuerza: tú eres español igual que yo y, aunque te esfuerces por evitarlo, nunca dejarás de serlo. Por eso, entre todos los nacionalismos que nos ensucian el que más miedo me da es el español. Por eso, entre todas las apropiaciones indebidas la que menos entiendo es la que confunde un símbolo publicitario (el toro de Osborne) con la bandera rojigualda. ¿Cómo hemos de entender tal fusión? "España, por cojones". Que viva Fernando Alonso. Y que viva la selección, aunque nunca pase de cuartos. Total, los demás se lo pierden: aquí se vive como en ningún otro sitio, aunque no conozcamos otro lugar. Esto es España, coño. Y al que no le guste, que no mire.

28 Abr 2008

Negociando con terroristas... otra vez

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 28 Abr 2008 - URL Permanente

Los marineros del Playa de Bakio están en casa. Y yo que me alegro. Saludos a su familia, a su gente. Nadie hubiera deseado un desenlace diferente. Están sanos y enteros y, si no se los traga antes la mar (dios no lo quiera), tendrán una vida larga, sencilla y feliz. Ahora bien: ¿no eran terroristas ésos que les abordaron? ¿Acaso no llevaban metralletas y pasamontañas, igualito que los de ETA? ¿No habíamos quedado en que con los terroristas no se negocia?

El gobierno de España no ha negado el pago del rescate. Gracias a expertos de todo el mundo, hemos conocido al detalle ese rocambolesco procedimiento de pago por el que unos sucios abogados británicos comprueban en no sé qué cuentas el ingreso del dinero antes de dar la orden de liberación. Familiares de los tripulantes del atunero vasco han llegado a poner en boca de los secuestrados frases del tipo: "El armador hizo lo que tenía que hacer. El dinero llegó con rapidez". El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha esquivado las preguntas en torno al precio del rescate, pero ha ofrecido mil y un detalles sobre el trabajo de la diplomacia española y ha alabado la colaboración de los gobiernos de Francia y Estados Unidos, potencias mundiales en el trato con terroristas. ¿A alguien le queda alguna duda?

La utilidad de un buen puñado de billetes

Pongamos una cantidad: setecientos cincuenta mil euros, quizá un millón doscientos mil. En estos casos, son los secuestradores los que, valorando sus propias fuerzas, su capacidad de presión y la bandera de los secuestrados, ponen precio a la vida de las personas. Ese dinero, ya abonado, servirá para el mantenimiento del caos en Somalia, para el tráfico de armas, para el enriquecimiento de los jefes de la guerra locales y, como siempre, para consagrar el sufrimiento de la población civil de aquel país. ¿A quién le importa todo eso si nuestros marineros están en casa?

El cinismo democrático, una vez más, invade y acalla conciencias a mares. Y, para colmo, tanto el armador como buena parte de la tripulación del Playa de Bakio son vascos, gente que lleva décadas sufriendo en sus calles, en el día a día, la extorsión terrorista: si no me pagas, tú y tu familia estáis en peligro.

Imaginemos que el gobierno de España hubiera dicho lo siguiente: "Somos fieles a nuestros principios. España no negocia con terroristas. Lo sentimos por las familias, pero no podemos ni debemos ceder al chantaje". Imaginemos que los secuestradores, pasados unos días de tensa espera, hubieran abandonado el barco previa ejecución de la tripulación. Imaginemos el escándalo.

Incógnitas


Me gustaría saber qué piensa de todo esto la familia de Miguel Ángel Blanco: en su caso, las negociaciones, aunque se produjeron, nunca estuvieron cerca de llegar a buen puerto. Me gustaría leer la mente de aquellos empresarios vascos a los que se les pide que no cedan a la extorsión etarra. Me gustaría escuchar la opinión al respecto de Mariano Rajoy: "Quien negocia con terroristas, siempre sale perdiendo". Me gustaría que el PP, lejos de apuntarse a la fotografía de la felicidad de los liberados, mantuviera un mínimo de coherencia política y exigiera explicaciones al gobierno: "¿No habrán negociado ustedes con terroristas... otra vez?". Me gustaría que Bush acusara a su propia diplomacia de connivencia con el terrorismo internacional, pues, tal y como ha asegurado Moratinos, los Estados Unidos han contribuido a la gestión del rescate y, por tanto, a la financiación de la organización criminal que asaltó el barco provista de todo un arsenal de armas de guerra. Me gustaría saber en cuánto se ha encarecido, según las FARC, la liberación de Ingrid Betancourt: si un barquito español vale un millón de euros, todo un fenómeno mediático como el de la secuestrada más ilustre del planeta le puede salir a Sarkozy por un ojo de la cara.

Todos estamos contentos con la liberación de "nuestros" secuestrados. Sin embargo, ha quedado de manifiesto que hay unos terroristas muy malos (los que nos infunden terror a nosotros) y otros lejanos (los que masacran pueblos enteros, pero pueblos lejanos).

25 Abr 2008

Por qué ser de derechas es ser mala persona (Parte I/VII)

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 25 Abr 2008 - URL Permanente

Inicio con este texto una serie de siete posts con títulos políticamente muy incorrectos. Mi objetivo es desmitificar algunos de los lugares comunes más nocivos para el buen desarrollo de las sociedades civiles actuales, depurar conceptos y, como siempre, provocar una reacción en el lector: no espero convencer, sólo incitar a la reflexión.

La primera de las afirmaciones que deseo enjuiciar es aquélla que asegura que las derechas son buenas, justas y necesarias en las democracias contemporáneas. Pero, ¿qué son "las derechas"?, ¿quién forma o qué define ese lado del espectro político? El diccionario de la Academia Española de la Lengua habla de "conjunto de personas que profesan ideas conservadoras". Como punto de partida, eminentemente lingüistico, tal acotación resulta más que válida. Las ciencias políticas, como ciencias sociales que son, intentan operacionalizar semejante concepto, abstracto donde los haya, por medio de instrumentos de medición de las actitudes personales: sitúese en una escala ideológica del uno al diez, teniendo en cuenta que el valor 1 representa la extrema izquierda y el valor 10 la extrema derecha. ¿En qué número os ubicáis vosotros?

Para dar una respuesta a tal pregunta es necesario conocer antes qué entiende cada cual por derecha e izquierda. Si la derecha es un conglomerado de ideas conservadoras, bien podríamos decir que la izquierda lo es de ideas progresistas. Dicho de otro modo, donde la derecha quiere inmovilismo, la izquierda aspira a la transformación. La sentencia que asegura que las derechas son necesarias se fundamenta en la preceptiva conservación de aquellas cosas buenas que el hombre ha sido capaz de crear en sociedad. La derecha, por tanto, sería depositaria de los valores que merece la pena perpetuar.

Ampliando un poco más el concepto, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la derecha es sinónimo también de protección del sistema, de jerarquía. Ante todo, la derecha teme la idea de revolución en su defensa a ultranza de las estructuras prestablecidas. Lo que ya está hecho, bien hecho está.

Los hombres de derechas tienen una idea de justicia asociada al orden: para que todo vaya bien (para que todo siga yendo bien), es preciso que cada cual asuma su papel dentro de la sociedad. Los hay favorecidos y los hay perjudicados, y las cosas son así porque así han de ser, porque así han sido toda la vida y porque no es posible que sean de otra manera. De alguna forma, el paso del tiempo es su aliado, pues la historia nos ha mostrado la evidencia de que sólo el orden garantiza la vida pacífica en sociedad.

Aplicado tal pensamiento a la vida económica, la derecha está necesariamente asociada a la clase dominante, pues es ésta la más interesada en el mantenimiento del orden y de las estructuras que sostienen su posición de primacía. Pero digámoslo bien, pues no se trata de un simple estereotipo: no es que la derecha apoye al poderoso, es que los poderosos, en todas las épocas y lugares, han sido la derecha. Y como quiera que el poderoso es hoy aquél que tiene dinero, la derecha está ligada en nuestros días, de forma inevitable, al capital, a la ideología liberal y al pensamiento económico del goteo: si los ricos amasan más y más dinero, ya les irá cayendo algo a los quedan por debajo, de manera que todos, en sociedad, salgamos beneficiados.

Las derechas en el tiempo

Pero no siempre ha sido así: hubo una época en que los liberales eran de izquierdas, pues luchaban contra las élites que les oprimían desde su posición de clases privilegiadas (nobleza terrateniente y clero): las derechas. Del mismo modo, las ideas han ido recorriendo todo el espectro político: los derechos individuales de la persona, la igualdad de razas y de sexos, los sistemas de protección social ante situaciones de carestía, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, los derechos de los trabajadores, las libertades de pensamiento, expresión y religión, las conquistas constitucionales... en su día enarbolados por las izquierdas, hoy forman parte del imaginario ideológico de las derechas. ¿Habrá algo más de derechas que el más puro individualismo, el mismo que inspiró a los revolucionarios franceses de 1789?

Hace treinta años, en España, la Constitución de 1978 desagradó profundamente a las derechas. Sin embargo, la derecha de hoy se declara defensora a ultranza de aquel texto constitucional tan parecido al de 1931. Los valores ecológicos y la defensa del medio ambiente eran hasta hace poco preocupaciones exclusivas de unos pocos locos de izquierdas. Hoy el mundo entero asume, al menos de boquilla, los compromisos medioambientales como parte imprescindible de los programas políticos, incluso de los países más conservadores del globo. Mientras las izquierdas se esfuerzan en la equiparación de los derechos de heterosexaules y homosexuales, las derechas van tragando y, más bien pronto que tarde, acabarán asumiendo que la sociedad ha cambiado también en ese aspecto. Incluso hay multitud de homosexuales de derechas...

El voto de derechas

La derecha, por lo tanto, siempre ha ido y siempre irá a remolque. Cambios, los justos. Dime lo que quieres y yo, que soy el poderoso, te lo daré si tú me das lo que yo te pido: tu connivencia para que yo siga siendo el poderoso, si es posible también tu voto. El voto de derechas es, por definición, egoísta: si me votas, saldrás ganando, pues yo seguiré gobernando en tu nombre, es decir, en favor de tus intereses, que no dejan de ser los míos.

La derecha siempre beneficiará al poderoso en la convicción de que sólo él tiene la llave de la convivencia y de la buena marcha de las sociedades. La derecha, en una palabra, es conservadora.

Mi pregunta es: ¿cuántas cosas de este mundo merecen ser conservadas? ¿Es acaso digno ser humano y conservador?

22 Abr 2008

De tetas (y lo demás no importa)

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 22 Abr 2008 - URL Permanente

Será que vengo de vacaciones y ando un poco despistado, será que las tonterías de niña pija de la Espe (venga, o sea, que me presento... o no; que no, va, que no me presento... Bueno, sí pero no; o sea, no lo sé, ¿no?) dejaron de interesarme cuando Pablo Carbonell se cansó de tirarle los tejos; será quizá que hace ya una semana que falleció Rosario la Dinamitera o que, después de mis últimos ataques a la divinidad, prefiero mantenerme en la retaguardia de la crítica papal por si acabo de cabeza en el infierno. Será lo que sea, pero hoy hablo de lo que me apetece hablar. Ahí las tenéis: son las tetas de Leonor Watling. ¿Qué esperabais? Había demasiado nudista feo en las playas de Lanzarote...

Las tetas: ese par de órganos glandulosos y salientes cuya misión natural es la secreción de leche (aclaración para incautos malpensados: el término secreción viene de segregar, de producir líquido, en este caso leche, no de esparcirla por encima de...). ¡Oh, bellos engrosamientos que adornáis con gracia el cuerpo de la mujer! ¡Valéis más que las pesetas! ¡Tetas! ¡Tiráis más que dos carretas!

Pura poesía

¿Acaso está mal pronunciar tal palabra? ¿Quizá pasó ya el tiempo de la poesía de las tetas? Rafael Alberti escribió: Por el puente de las tetas / se asoman las venecianas. / Eran tetas, no manzanas, / las del puente de las tetas. Miguel Hernández comparó un seno con un limón, agrio fruto que, sin embargo, provocaba en su sangre dulces calenturas, en especial si alcanzaba a ver un pezón, esa "punta de seno duro y largo". Neruda, más comedido, se limitó a cantar: Para mi corazón basta tu pecho. Digámoslo alto y claro: ¡Vivan las tetas!

Chabacana actualidad

Uno no sabría decir si han generado más comparaciones, gracietas, chistes fáciles, lugares comunes, tópicos y frases hechas las tetas o los cojones. Digamos que, si en los genitales masculinos ha estado siempre la fuente de la fuerza y de la autoridad, convendréis conmigo en que el secreto del verdadero poder reside en un buen par de tetas. Desde el antiquísimo chiste del perro que se llamaba Mistetas (si alguien no se lo sabe, que acuda urgentemente al frenopático o, en su defecto, que se vea de un tirón todos los programas de "No te rías que es peor") hasta la muy actual sentencia que asegura que sin tetas no hay paraíso, las tetas han estado en boca de todos. Una vez más, espero que me entendáis bien: las tetas pueden y deben estar en la boca de la gente, pero hay bocas que no quieren para nada un par de tetas y, por supuesto, tetas y bocas no tienen por qué ponerse de acuerdo, pues a veces ni siquiera hay tetas para todas las bocas, aunque jamás faltan bocas para tantas tetas como sea dable imaginar.

Arte y nudismo

Cuando Tiziano pintó a su bellísima Venus de Urbino, revolucionó la pintura clásica: nunca antes se había visto un desnudo humano integral. Tetas y culos eran considerados tabú. Sólo ángeles y mártires tenían derecho a la desnudez, en muchos casos deliberadamente confundida con la agonía y la muerte en una suerte de masoquismo ultrarreligioso. Pero Tiziano pintó un bello desnudo por el simple placer de pintarlo, con el objetivo único de ensalzar las tetas y el vientre de esta dulce señorita que vemos recostada en su diván en actitud laxa, poco menos que pecaminosa, en la quietud de su estancia y encuadrada en una escena costumbrista de lo más común: sólo dos elementos tan intranscendentes y cotidianos como un perro durmiendo y una joven buscando algo en un baúl pueden encajar a la perfección con la misma naturalidad del desnudo de la Venus de Urbino. Y, sin embargo, la transgresión de los cánones establecidos era mayúscula.

Volviendo a Lanzarote

Siglo XXI. Isla de Lanzarote. Paseo con tranquilidad por las playas de arena multicolor. Huyo del turismo más tradicional porque quiero disfrutar, ante todo, de la quietud de la isla volcánica. Escucho con atención el eterno runrún del oleaje como si éste impartiera una lección magistral que no debo olvidar. Y trato de no prestar atención a los escasos elementos que pueden distorsionar mi ejercicio reflexivo: algún que otro bañista, extranjeros en su mayoría, nudistas en algunos casos. Es un momento de paz como no he disfrutado en mucho tiempo y, sin embargo, mi atención inevitablemente abandona el mar y se dirige a la arena. ¿Qué he visto? ¿Acaso un buen par de tetas? No, no os equivoquéis, acostumbro a enfadarme conmigo mismo si ejerzo de mirón. ¿De qué se trata, entonces? Un viejo nudista recoge piedrecitas de la arena. Está agachado, a unos cien metros de mí, mostrándome sin quererlo su rojo culo y, sobre todo, su desproporcionada (por inmensa) bolsa escrotal. Tiene dos huevos colganderos como nunca he visto. Y los menea al ritmo de sus pequeños pasitos, cabeza agachada, mirada aguzada en busca de más y más piedrecitas.

Vuelvo de Lanzarote, una isla maravillosa en la que he pasado cuatro días repletos de pequeñas aventuras, y todo lo que os cuento es esta anécdota surrealista que, para colmo, poco tiene que ver con tetas. ¿Conclusión? Por mucho que queramos, aún no estamos acostumbrados al desnudo humano. ¡Cuánto nos queda por avanzar!

15 Abr 2008

14 de abril de 1931

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 15 Abr 2008 - URL Permanente


En un nuevo aniversario de la proclamación de la Segunda República, os invito a reflexionar brevemente sobre el verdadero sentido de aquella aventura que desembocó en tragedia: ¿mereció la pena? ¿Fue una inconsciencia? La evidencia, la más cruda historia, nos revela sin remedio que fue una equivocación: sin República, no habría habido guerra civil, pues quienes se levantaron en armas (a veces es menester seguir recordándolo) no fueron los republicanos, sino aquéllos que se oponían a tal sistema: básicamente, las élites militar, eclesiástica y económica.

Si es tan sencillo, ¿por qué sigue habiendo tanto soñador republicano suelto? ¿A qué viene eso de la recuperación de la memoria? ¿Qué valores evocamos cada 14 de abril? Si en la República se mascaron los años más vergonzosos de la vergonzosa historia de nuestro país, ¿a qué tanto nostálgico?

Como hoy no me quiero extender, me limito a reproducir las palabras de Leandro Pérez, un simpático viejete que, ya con más de 90 años, cuando se le pidió que recordara aquella lejana pero crucial etapa de su vida y de su juventud, afirmó:


"Hoy intento no acordarme de la guerra, porque para mí fue terrible. Pero, desde luego, si volviera a haber otra guerra, no querría ser zapador minador. La única conclusión que saco de esta guerra es que hay que evitarlas a toda costa. Yo, que fui del Movimiento y que luché convencido, hoy pienso que si hubiéramos sabido que en España era posible vivir como se vive ahora, que hay elecciones o huelgas y que no pasa nada... ¡Si yo hubiera sabido que la democracia era esto!".

Y no digo más.

¡Salud y República!

PD: La foto, por supuesto, no corresponde al 14 de abril de 1931. El pueblo español proclamó la República de forma mucho menos marcial. Digamos que la República empezó porque dejó de haber rey, sin más. La imagen que he elegido corresponde en realidad al día más dramático y uno de los más hermosos de nuestra historia: el de la despedida en Barcelona, el 15 de noviembre de 1938, de los héroes que formaron las Brigadas Internacionales y que, perdida ya la guerra, abandonaron España para evitar el derramamiento inútil de su propia sangre, mientras los barceloneses, en nombre de todos los españoles de bien, abocados a la represión o al exilio, les tributaban el más hermoso de los reconocimientos.

11 Abr 2008

Getafe: la contracrónica del desencanto

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 11 Abr 2008 - URL Permanente

Cuentan en mi familia que de pequeño yo solía actuar como ese enano de la foto consolado por su madre: si mi equipo perdía, era capaz de sentir verdadera tristeza, de llorar y hasta de irme a la cama sin cenar. Por lo tanto, que nadie me acuse de insensible: estuve en Getafe, presencié en el Coliseum la injusta victoria del Bayern de Múnich y reconozco que, si hubiera sido todavía un niño, habrían podido fotografiarme de esa guisa.

Pero ya no soy un niño. Ahora vivo el fútbol como un entendido desapasionado, como un crítico soberbio y desalmado. Es cierto: la profesión que elegí me ha elevado a una pequeña atalaya de pseudosabiduría deportiva. Desde este asiento privilegiado, me declaro legitimado para afirmar, hoy más que nunca, que el fútbol, entendido a la española, es una de las mayores desgracias de éste nuestro tan amado país.

El Coliseum

El nudo sur siempre fue la zona humilde de la Comunidad de Madrid: obreros, votantes de izquierdas, gente llana, sencilla, directa. En el Coliseum, por supuesto, había de todo, que Getafe ya no es lo que era y no todo tiene que seguir igual para siempre. Sólo resalto aquello de la humildad para que se me entienda bien: para mí, la gente humilde es la gente buena. Y, desde luego, me siento mil veces más seguro paseando por Lavapiés, rodeado de moros y terroristas, que por el barrio de Salamanca, donde los ladrones llevan chaqueta y corbata. Insisto: si hay un estadio de primera división en el que pueda sentirme a gusto, ése es el Coliseum.

¿Cuánta gente cabe en ese campo? ¿Diecisiete mil? ¿Dieciocho mil? ¿Veinte mil, quizá? Antes de desarrollar un mínimo de razón adulta ya me impresionaba que el deporte, el fútbol en concreto, pudiera aunar las voluntades de masas ingentes de aficionados. Creía que, si todas esas personas, tan diferentes entre sí, eran capaces de viajar tan lejos, de acudir cada domingo al estadio, de vivir sus vidas en buena medida por y para su equipo, de reír o llorar, de generar admiraciones y odios, de vacilarse a diario, de ser fieles a unos colores hasta la muerte..., creía que si todas esas cosas sucedían era porque aquello debía ser realmente importante.

El fútbol es la guerra

En un campo de fútbol, si no es por la diferente cuantía del valor de las entradas, no hay personas de izquierdas ni de derechas, jefes ni empleados, ricos ni pobres. En un campo de fútbol, los educados se quedan callados y los lenguaraces atropellan el diccionario, insultan por doquier y se dejan notar. Todos, sin excepción, son amigos, pelean en el mismo bando. Por supuesto, tienden a ver la realidad distorsionada según les conviene: si uno de los nuestros cae, es penalti; el delantero centro de ellos, aunque sea una bellísima persona, es un hijo de la gran puta; el árbitro, sin excepción, es muy malo y va con el rival. Los nuestros son los buenos; los otros, aunque no les conozcamos, los malos. La alegría reside en la victoria de mi equipo, aunque el rival haya sido mejor, aunque los del otro lado lo necesiten más o reúnan mayores méritos.

¿Qué es mi equipo? Una sociedad anónima. ¿Qué representa? Aparte del capital privado en ella invertido, quién sabe, dicen que sentimientos. ¡Sentimientos! Una vez más, ahora como adulto un poco menos ignorante y algo más consciente del estado del mundo en que vive, me sorprende semejante derroche de energías: ¡cuántas lágrimas vertidas por el resultado de un espectáculo deportivo! ¿Quién carajo inventó eso de que el fútbol es pasión? ¡El fútbol es ignorancia, es un negocio, pero no es pasión! ¡Nadie puede ser del Getafe porque el Getafe no existía hace muy poco!

Los japoneses van al fútbol para apoyar a un futbolista, a su jugador favorito, y se van contentos a casa si éste lo ha hecho bien, aunque su equipo haya caído. Los estadounidenses, por falta de costumbre, acuden al estadio como a la cancha de baloncesto: quieren ver acciones sin par, retener en la memoria tal o cual detalle, pasar un par de horas de ocio gracias a las habilidades de unos tipos de cualidades superiores. Para los ingleses, el fútbol es cultura, algo tan arraigado en su estilo de vida y en sus tradiciones que resulta imposible desengancharlo, por ejemplo, de las fiestas navideñas. ¿Qué coño es el fútbol para los españoles? El opio que nos dio la dictadura. Una forma de hacer la guerra contra el enemigo, sea quien sea.

¿No podríamos emplear todas esas energías en algo más productivo?

Ese niño que lloraba desconsolado pese a los esfuerzos de su madre, ¿qué lección habrá aprendido? ¿La próxima vez se van a enterar?, ¿el mundo es injusto porque nosotros lo merecíamos más? o, quizá, ¿dejadme que me vaya a la cama sin cenar porque la tristeza puede conmigo? Alguien debería decirle que el fútbol es un simple espectáculo. Que está ahí para que nos divirtamos. Y que es indigno desde todo punto de vista tomárselo tan en serio.

Un sabio dijo una vez: "los seres humanos son inteligentes; las masas, estúpidas y peligrosas".

09 Abr 2008

Declarando la guerra a dios (para no molestar con tanta política)

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 09 Abr 2008 - URL Permanente

En otra época, escribir "dios" sin la preceptiva mayúscula me hubiera costado un buen coscorrón correctivo. Si jamás lo hice fue por mi carácter sumiso, pues el miedo que me embargaba cada vez que semejante idea revolucionaria rondaba mi mente no provenía, en realidad, de los nudillos del sátrapa que dirigía mi laico y público colegio, sino de esa difusa idea de divinidad vengativa que desde los tiempos de Constantino I de Roma acalla mentes creadoras: si no te portas bien, Dios, que todo lo ve, te castigará. Con el tiempo, la idea de un dios ordenador del universo, del que todo depende y cuya voluntad todo lo maneja, fue dando forma a las paradojas que, supongo, tanto han de ocupar a los teólogos: si su voluntad es todopoderosa, el mal ha de provenir necesariamente de ella; si dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, tan nefasto ha de ser aquél como éste. La indignidad del mundo humano, para colmo, podía hallar sus propias raíces, bien mirada, en la misma crueldad de la naturaleza según Darwin: sólo los más fuertes han de perpetuarse. Puestos a crear un mundo nuevo, con su cielo y su tierra, sus días y sus noches, sus estrellas, árboles, pájaros y demás, a dios, en su bendita omnisciencia, no se le ocurrió que las especies vivieran en armonía en vez de hacerlo en lucha eterna por su supervivencia: en su santa sabiduría, digo yo, podría haber creado leones y tigres herbívoros. Y, por supuesto, ya que inventaba al hombre, se podría haber ahorrado que éste dedicara buena parte de su tiempo a matar moscas cojoneras, genocidio innecesario desde todo punto de vista: una vez más queda demostrado que determinados insectos son un calamitoso error de la creación. Será que en el cielo no existen o que dios, en el fondo, es un tipo despistado que no puso demasiada atención en los detalles.

Stirner sentenció: "Dios no es nada fuera del hombre". Dicho de otro modo, si el hombre muere, dios lo hará con él, pues sólo el hombre sabe de su existencia, nadie más le venera y, por supuesto, sólo él ha desarrollado la capacidad de temerle. Desde esta perspectiva antropomórfica, el hombre, que no deja de ser el producto estrella de la creación (el Sugus de los caramelos, el Guernika de los cuadros, el Saramago de los escritores, la Leonor Watling de las bellezas), tiene en su mano la propia vida de dios, puede acabar con él cuando le plazca. Es el monstruo Frankenstein que toma el aspecto físico y hasta el apellido de su creador, Víctor Frankenstein, que se sabe más fuerte que él y que tarde o temprano le hará pagar con la vida sus crímenes.

Escribo todo esto para dejar patente mi furibunda crítica a ese dios que se rasca la barriga desde el mismo séptimo día de la creación. Artaud escribió: "Hay demasiados horrores en este mundo y, decididamente, la tierra no ha realizado ningún progreso y la barbarie de los tiempos primitivos se ha limitado a cambiar de cara y los suplicios abiertos de los tiempos pretéritos no han hecho más que ganar en extensión con un matiz más profundo y más hipócrita que en los tiempos pasados". Suscribo palabra por palabra tal afirmación y le echo la culpa de todo ello a dios: sólo él es culpable, y no el hombre, porque es su voluntad quien todo lo dispone; sólo dios podría arreglarlo; sólo él estima que el sufrimiento de los inocentes merece la pena (¡que les regale el cielo sin pasar hambre!), que la riqueza de los culpables es efímera (su propia iglesia es rica, grotescamente rica); sólo dios conoce el código que permite desencriptar el sentido de tantos siglos de estulticia y sinrazón. Él fue, en definitiva, quien creó a esta extraña y cruel criatura llamada hombre.

Dios, dicho con claridad, es un auténtico hijo de la gran puta.

Y otro día hablamos del hombre.

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Los ojos de Blimunda

Los ojos de Blimunda ven cosas que a los demás se ocultan o que, sin más, éstos no quieren observar pese a tenerlas frente a sí.

Según Mario Benedetti, un optimista es un "pesimista lúcido"; un pesimista, "un optimista bien informado". Nadie hubiera podido describir mejor no mi personalidad, sino mis aspiraciones. Aspiraciones de lucidez, ni más ni menos. En el tiempo en que vivimos, quién sabe cuán cercano del apocalipsis medioambiental que todo lo cambiará, no es posible permanecer en la inopia colectiva: la dignidad reside en la acción, en el compromiso cotidiano con los desfavorecidos y con los que sufren y en la permanente lucha por la transformación de un mundo injusto que, para colmo, se irá a pique más bien pronto que tarde.

Machado dedicó estas palabras a los jóvenes: "O la política la hacéis vosotros, o se hará contra vosotros". Extendamos la frase del poeta a la gran mayoría de los ciudadanos y asumamos la siguiente sentencia de Goethe, en la seguridad de la nimia, y a la vez transcendental, importancia de nuestros actos: "Los hombres que piensan seria y profundamente no son bien vistos por el público".

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