21 May 2008
Carta abierta al nuevo número uno de ETA
Esto... Vaya, no sé cómo empezar esta misiva. Las cartas suelen comenzar con una fórmula de tratamiento cortés del tipo "Estimado nosequién", pero, compréndeme: para mí no eres ni estimado, ni respetado ni mucho menos un amigo. Si en algo nos parecemos es en que tanto tú como yo vamos por la vida de sinceros, de comprometidos con nuestros ideales, así que permíteme la licencia de empezar de este modo:
Despreciado número uno:
No sé cómo te llamas, pero seguro que tienes uno de esos apodos que suenan a muy vasco, del tipo Txeroki, Kukuxumusu o Calagurritano... Perdona el sarcasmo, también la ignorancia. Yo en euskera sólo sé decir "putetxe", ya sabes. Pero no me malinterpretes: no te escribo para cantarte las cuarenta, sino para felicitarte. Con la caída del tal Francisco Javier López Peña, o Peña López, o como se llamara, asciendes a la dirección de ETA. Lo tuyo te ha costado, ¿verdad?
Qué lejos quedan ya aquellos días en que te enfrentabas a la policía a pedradas, quemabas un par de contenedores y algún que otro cajero y sentías que te ibas a comer el mundo. Ahora ya te lo has comido. En tu profesión, supongo, no hay nada más grande: es como si a mí me pusieran a dirigir El País. Menuda bobada. Si lo pienso, no soy digno de escribir a un tipo tan insigne como tú.
La gente, imagino, te tiene miedo. Yo diría que incluso hay cientos de chavales que te admiran. Estoy convencido de que si aparecieras por una manifa, pongamos por la justa causa de luchar contra la dispersión de los compañeros presos, se juntarían a tu alrededor decenas de niñatos dispuestos a cargarse a quien tú dijeras cuando tú lo ordenaras. Joder, menudo poder el tuyo... Ya lo quisiera yo para mí.
Porque, permíteme que me presente, yo también lucho contra el mundo, en eso también nos parecemos. ¿Sabes?, hay tantas causas justas que defender, tantos motivos para levantarse del sofá y seguir tu ejemplo, liarse la manta a la cabeza y ponerse a luchar, declarar la guerra a los opresores y jurar frente al espejo que darás tu vida por lo que sea, que lo difícil es elegir: tú has elegido defender a tu pueblo, y eso te honra. A mí, perdona la insolencia, que un tipo sea de Getxo o de Linares me la trae floja: lo que me importa es que sea mejor o peor persona.
Pero, volviendo a lo de antes, envidio tu poder, el de elegir a quién hay que matar. Desprendámonos de tapujos: tú y yo sabemos que hay mucho hijo de la gran puta suelto; lo difícil es elegir a uno al que volarle la cabeza. Por eso, aunque desprecio el punto al que has llegado, respeto a la gente como tú: en el fondo, resulta mucho más sencillo no hacer nada; tú, al menos, dices tener ideas.
Lo que nos diferencia no es que tú mates y yo no. Lo que nos diferencia es que tú estás seguro de lo que haces y a mí me asaltan a menudo las dudas: el problema de matar a alguien es que, una vez que lo has hecho, no puedes arrepentirte. Pero de eso, claro, entiendes tú mucho más que yo.
¿Dónde está el límite de lo correcto? Riszard Kapuscinski, maestro de periodistas y de seres humanos, solía decir que había visto muchos supuestos libertarios que no eran más que terroristas, y terroristas a puñados a los que la historia habría de renombrar como verdaderos libertarios. El límite entre una cosa y la otra, despreciado número uno, se encuentra en el nivel de sufrimiento del que empuña las armas: ¿cuándo está justificado asesinar al opresor? Sólo cuando el oprimido no puede más.
No dudo que el pueblo vasco esté oprimido. Al respecto, debo volver a declararme supinamente ignorante y dar la razón a quienes lo declaráis con tanta vehemencia. Pero no me vas a convencer de que la supuesta opresión de los estados español y francés niegue al vasco la misma vida. No me vas a convencer de que matas para que no te maten, para que no torturen a los tuyos. Espero que sepas apreciar mi predisposición a comprenderte: simpatizo con la idea de un movimiento revolucionario, en su día incluso habría apoyado un movimiento armado dispuesto a luchar contra Franco... Pero entiéndeme tú a mí: estando como está el mundo, el pueblo vasco, en 2008, no me da ninguna pena. Me da pena el pueblo sarahaui, me dan pena los palestinos, los sudaneses, los somalíes, los refugiados y desplazados de todo el planeta, me dan pena incluso los chinos... Pero la situación de los vascos, despreciado enemigo, la situación de los vascos no me da pena.
En cierta medida, como te he dicho, te envidio: tú estás convencido. Has heredado el liderato de la banda, así que me temo que, ahora más que nunca, defenderás sus postulados hasta que la poli te trinque. Yo, que me declaro revolucionario en potencia igual que tú, espero que te trinque pronto, aunque tampoco me cabe la menor duda de que detrás de ti vendrá otro, y después otro, y así hasta que os deis cuenta de que, puestos a luchar, hay causas mucho más justas que la vasca.
Un desafectuoso saludo...
Sergio M.
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Los ojos de Blimunda
Sergio Manuel GutiérrezLos ojos de Blimunda ven cosas que a los demás se ocultan o que, sin más, éstos no quieren observar pese a tenerlas frente a sí.
Según Mario Benedetti, un optimista es un "pesimista lúcido"; un pesimista, "un optimista bien informado". Nadie hubiera podido describir mejor no mi personalidad, sino mis aspiraciones. Aspiraciones de lucidez, ni más ni menos. En el tiempo en que vivimos, quién sabe cuán cercano del apocalipsis medioambiental que todo lo cambiará, no es posible permanecer en la inopia colectiva: la dignidad reside en la acción, en el compromiso cotidiano con los desfavorecidos y con los que sufren y en la permanente lucha por la transformación de un mundo injusto que, para colmo, se irá a pique más bien pronto que tarde.
Machado dedicó estas palabras a los jóvenes: "O la política la hacéis vosotros, o se hará contra vosotros". Extendamos la frase del poeta a la gran mayoría de los ciudadanos y asumamos la siguiente sentencia de Goethe, en la seguridad de la nimia, y a la vez transcendental, importancia de nuestros actos: "Los hombres que piensan seria y profundamente no son bien vistos por el público".
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
lola-gj47 dijo
Yo le deseo cadena perpetua ...y que no salga a la calle en su puñetera vida ...he celebrado el arresto de esta bestia....
un saludo
albertosch dijo
las actuales penas son muy escasas pero hay que pensarse dos veces lo de la cadena perpetua.
un saludo!
El Feo dijo
El "movimiento revolucionario vasco" ETA, ya sabes lo que opino, nos tal "movimiento revolucionario" que tu indicas en tu carta, sólo se trata de una Mafia muy bién estructurada escudada en unos ideales como los que pueda tener yo respecto a ciertas cosas (políticas o no) y usando la bombas para recordarnos que están ahí y las pistolas para sembrar su simiente del miedo con la cual recogerán su cosecha de tributo.
Un saludo.
Sergio Manuel Gutiérrez dijo
Pues sí, es una mafia, llamadlo así si queréis. Yo, en parte, estoy de acuerdo. Pero os olvidáis de que ninguna otra "mafia" cuenta con el respaldo explícito de un porcentaje muy elevado de la sociedad vasca. A eso no se le puede llamar sólo mafia: la excusa que les permite seguir subsistiendo como banda armada, como banda mafiosa, es que luchan por su pueblo; si sólo lucharan por, pongamos, ganar dinero, el pueblo vasco no les apoyaría. Y eso es lo que debemos tratar de comprender, aunque nos resulte difícil.
Manuel J. Romero dijo
"Movimiento de liberación del pueblo vasco" es la imagen del producto, puro márketing.
Colombino dijo
TOLERANCIA CERO A LA TORTURA Y EL MALTRATO ANIMAL. Acabemos de una vez con la aberrracion de las corridas de toros. Esto es otro tipo de terrorismo.
Sergio Manuel Gutiérrez dijo
Hombre, Colombino, no había visto tu comentario, pero lo agradezco y me declaro comprometido. Algún día haré un post antitaurino. De momento, y como quiera que me hago pasar en la vida por periodista deportivo, te dejo mi más simpático concepto de la fiesta de los toros: ¿cómo puede ser deporte un espectáculo que siempre acaba con seis a cero en el marcador? Las pocas veces que los míos pierden sólo por 5 a 1 me dan ganas de ir a Cibeles...
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