01 Jul 2008
Destruir el Amazonas para seguir comiendo vacas
Entre todas las incongruencias del mundo que habitamos, la que más miedo me da podría denominarse "incapacidad humana para hacer frente a la verdad". Ejemplos de ella tenemos muchos, el más palpable el destierro al que hemos sometido a la muerte y los símbolos que la representan. Vivimos tratando de olvidar que un día moriremos, sin más. Del mismo modo, oímos las verdades más desagradables sin querer escucharlas. En la medida en que no sean repetidas, dichas verdades dejarán de existir por muy evidentes que resulten.
Jeremy Rifkin es un eminente economista de sesenta y cinco años que lleva más de quince predicando en el desierto. Su mensaje, aunque probado desde el más estricto de los criterios científicos, no ha terminado de calar... quizá sólo porque es negativo. Que nos estamos cargando el planeta es algo más o menos asumido: que lo estemos haciendo, en buena medida, por comer carne como trogloditas, no cabe en el mensaje políticamente correcto que todos queremos escuchar.
Las vacas, asegura Rifkin, producen emisiones de metano (por sus flatulencias) y de dióxido de carbono (por el entramado agrícola e industrial necesario para alimentarlas). El 39 por ciento de los campos del mundo se utiliza, de un modo u otro, para alimentar animales... a pesar de que un tercio de la humanidad se muere de hambre. Comer demasiadas vacas está calentando La Tierra.
La industria de la carne es la segunda causa del calentamiento global. La primera es el consumo en edificios. El transporte (incluyendo todos los coches, todos los trenes, todos los aviones, todos los barcos del mundo) es la tercera.
Me diréis aquello de: "vale, y qué quieres que le hagamos". Sabedlo, sólo tened conocimiento de ello. Con eso me vale.
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Los ojos de Blimunda
Sergio Manuel GutiérrezLos ojos de Blimunda ven cosas que a los demás se ocultan o que, sin más, éstos no quieren observar pese a tenerlas frente a sí.
Según Mario Benedetti, un optimista es un "pesimista lúcido"; un pesimista, "un optimista bien informado". Nadie hubiera podido describir mejor no mi personalidad, sino mis aspiraciones. Aspiraciones de lucidez, ni más ni menos. En el tiempo en que vivimos, quién sabe cuán cercano del apocalipsis medioambiental que todo lo cambiará, no es posible permanecer en la inopia colectiva: la dignidad reside en la acción, en el compromiso cotidiano con los desfavorecidos y con los que sufren y en la permanente lucha por la transformación de un mundo injusto que, para colmo, se irá a pique más bien pronto que tarde.
Machado dedicó estas palabras a los jóvenes: "O la política la hacéis vosotros, o se hará contra vosotros". Extendamos la frase del poeta a la gran mayoría de los ciudadanos y asumamos la siguiente sentencia de Goethe, en la seguridad de la nimia, y a la vez transcendental, importancia de nuestros actos: "Los hombres que piensan seria y profundamente no son bien vistos por el público".
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