22 Abr 2008

De tetas (y lo demás no importa)

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 22 Abr 2008 - URL Permanente

Será que vengo de vacaciones y ando un poco despistado, será que las tonterías de niña pija de la Espe (venga, o sea, que me presento... o no; que no, va, que no me presento... Bueno, sí pero no; o sea, no lo sé, ¿no?) dejaron de interesarme cuando Pablo Carbonell se cansó de tirarle los tejos; será quizá que hace ya una semana que falleció Rosario la Dinamitera o que, después de mis últimos ataques a la divinidad, prefiero mantenerme en la retaguardia de la crítica papal por si acabo de cabeza en el infierno. Será lo que sea, pero hoy hablo de lo que me apetece hablar. Ahí las tenéis: son las tetas de Leonor Watling. ¿Qué esperabais? Había demasiado nudista feo en las playas de Lanzarote...

Las tetas: ese par de órganos glandulosos y salientes cuya misión natural es la secreción de leche (aclaración para incautos malpensados: el término secreción viene de segregar, de producir líquido, en este caso leche, no de esparcirla por encima de...). ¡Oh, bellos engrosamientos que adornáis con gracia el cuerpo de la mujer! ¡Valéis más que las pesetas! ¡Tetas! ¡Tiráis más que dos carretas!

Pura poesía

¿Acaso está mal pronunciar tal palabra? ¿Quizá pasó ya el tiempo de la poesía de las tetas? Rafael Alberti escribió: Por el puente de las tetas / se asoman las venecianas. / Eran tetas, no manzanas, / las del puente de las tetas. Miguel Hernández comparó un seno con un limón, agrio fruto que, sin embargo, provocaba en su sangre dulces calenturas, en especial si alcanzaba a ver un pezón, esa "punta de seno duro y largo". Neruda, más comedido, se limitó a cantar: Para mi corazón basta tu pecho. Digámoslo alto y claro: ¡Vivan las tetas!

Chabacana actualidad

Uno no sabría decir si han generado más comparaciones, gracietas, chistes fáciles, lugares comunes, tópicos y frases hechas las tetas o los cojones. Digamos que, si en los genitales masculinos ha estado siempre la fuente de la fuerza y de la autoridad, convendréis conmigo en que el secreto del verdadero poder reside en un buen par de tetas. Desde el antiquísimo chiste del perro que se llamaba Mistetas (si alguien no se lo sabe, que acuda urgentemente al frenopático o, en su defecto, que se vea de un tirón todos los programas de "No te rías que es peor") hasta la muy actual sentencia que asegura que sin tetas no hay paraíso, las tetas han estado en boca de todos. Una vez más, espero que me entendáis bien: las tetas pueden y deben estar en la boca de la gente, pero hay bocas que no quieren para nada un par de tetas y, por supuesto, tetas y bocas no tienen por qué ponerse de acuerdo, pues a veces ni siquiera hay tetas para todas las bocas, aunque jamás faltan bocas para tantas tetas como sea dable imaginar.

Arte y nudismo

Cuando Tiziano pintó a su bellísima Venus de Urbino, revolucionó la pintura clásica: nunca antes se había visto un desnudo humano integral. Tetas y culos eran considerados tabú. Sólo ángeles y mártires tenían derecho a la desnudez, en muchos casos deliberadamente confundida con la agonía y la muerte en una suerte de masoquismo ultrarreligioso. Pero Tiziano pintó un bello desnudo por el simple placer de pintarlo, con el objetivo único de ensalzar las tetas y el vientre de esta dulce señorita que vemos recostada en su diván en actitud laxa, poco menos que pecaminosa, en la quietud de su estancia y encuadrada en una escena costumbrista de lo más común: sólo dos elementos tan intranscendentes y cotidianos como un perro durmiendo y una joven buscando algo en un baúl pueden encajar a la perfección con la misma naturalidad del desnudo de la Venus de Urbino. Y, sin embargo, la transgresión de los cánones establecidos era mayúscula.

Volviendo a Lanzarote

Siglo XXI. Isla de Lanzarote. Paseo con tranquilidad por las playas de arena multicolor. Huyo del turismo más tradicional porque quiero disfrutar, ante todo, de la quietud de la isla volcánica. Escucho con atención el eterno runrún del oleaje como si éste impartiera una lección magistral que no debo olvidar. Y trato de no prestar atención a los escasos elementos que pueden distorsionar mi ejercicio reflexivo: algún que otro bañista, extranjeros en su mayoría, nudistas en algunos casos. Es un momento de paz como no he disfrutado en mucho tiempo y, sin embargo, mi atención inevitablemente abandona el mar y se dirige a la arena. ¿Qué he visto? ¿Acaso un buen par de tetas? No, no os equivoquéis, acostumbro a enfadarme conmigo mismo si ejerzo de mirón. ¿De qué se trata, entonces? Un viejo nudista recoge piedrecitas de la arena. Está agachado, a unos cien metros de mí, mostrándome sin quererlo su rojo culo y, sobre todo, su desproporcionada (por inmensa) bolsa escrotal. Tiene dos huevos colganderos como nunca he visto. Y los menea al ritmo de sus pequeños pasitos, cabeza agachada, mirada aguzada en busca de más y más piedrecitas.

Vuelvo de Lanzarote, una isla maravillosa en la que he pasado cuatro días repletos de pequeñas aventuras, y todo lo que os cuento es esta anécdota surrealista que, para colmo, poco tiene que ver con tetas. ¿Conclusión? Por mucho que queramos, aún no estamos acostumbrados al desnudo humano. ¡Cuánto nos queda por avanzar!

09 Abr 2008

Declarando la guerra a dios (para no molestar con tanta política)

Escrito por: Sergio Manuel Gutiérrez el 09 Abr 2008 - URL Permanente

En otra época, escribir "dios" sin la preceptiva mayúscula me hubiera costado un buen coscorrón correctivo. Si jamás lo hice fue por mi carácter sumiso, pues el miedo que me embargaba cada vez que semejante idea revolucionaria rondaba mi mente no provenía, en realidad, de los nudillos del sátrapa que dirigía mi laico y público colegio, sino de esa difusa idea de divinidad vengativa que desde los tiempos de Constantino I de Roma acalla mentes creadoras: si no te portas bien, Dios, que todo lo ve, te castigará. Con el tiempo, la idea de un dios ordenador del universo, del que todo depende y cuya voluntad todo lo maneja, fue dando forma a las paradojas que, supongo, tanto han de ocupar a los teólogos: si su voluntad es todopoderosa, el mal ha de provenir necesariamente de ella; si dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, tan nefasto ha de ser aquél como éste. La indignidad del mundo humano, para colmo, podía hallar sus propias raíces, bien mirada, en la misma crueldad de la naturaleza según Darwin: sólo los más fuertes han de perpetuarse. Puestos a crear un mundo nuevo, con su cielo y su tierra, sus días y sus noches, sus estrellas, árboles, pájaros y demás, a dios, en su bendita omnisciencia, no se le ocurrió que las especies vivieran en armonía en vez de hacerlo en lucha eterna por su supervivencia: en su santa sabiduría, digo yo, podría haber creado leones y tigres herbívoros. Y, por supuesto, ya que inventaba al hombre, se podría haber ahorrado que éste dedicara buena parte de su tiempo a matar moscas cojoneras, genocidio innecesario desde todo punto de vista: una vez más queda demostrado que determinados insectos son un calamitoso error de la creación. Será que en el cielo no existen o que dios, en el fondo, es un tipo despistado que no puso demasiada atención en los detalles.

Stirner sentenció: "Dios no es nada fuera del hombre". Dicho de otro modo, si el hombre muere, dios lo hará con él, pues sólo el hombre sabe de su existencia, nadie más le venera y, por supuesto, sólo él ha desarrollado la capacidad de temerle. Desde esta perspectiva antropomórfica, el hombre, que no deja de ser el producto estrella de la creación (el Sugus de los caramelos, el Guernika de los cuadros, el Saramago de los escritores, la Leonor Watling de las bellezas), tiene en su mano la propia vida de dios, puede acabar con él cuando le plazca. Es el monstruo Frankenstein que toma el aspecto físico y hasta el apellido de su creador, Víctor Frankenstein, que se sabe más fuerte que él y que tarde o temprano le hará pagar con la vida sus crímenes.

Escribo todo esto para dejar patente mi furibunda crítica a ese dios que se rasca la barriga desde el mismo séptimo día de la creación. Artaud escribió: "Hay demasiados horrores en este mundo y, decididamente, la tierra no ha realizado ningún progreso y la barbarie de los tiempos primitivos se ha limitado a cambiar de cara y los suplicios abiertos de los tiempos pretéritos no han hecho más que ganar en extensión con un matiz más profundo y más hipócrita que en los tiempos pasados". Suscribo palabra por palabra tal afirmación y le echo la culpa de todo ello a dios: sólo él es culpable, y no el hombre, porque es su voluntad quien todo lo dispone; sólo dios podría arreglarlo; sólo él estima que el sufrimiento de los inocentes merece la pena (¡que les regale el cielo sin pasar hambre!), que la riqueza de los culpables es efímera (su propia iglesia es rica, grotescamente rica); sólo dios conoce el código que permite desencriptar el sentido de tantos siglos de estulticia y sinrazón. Él fue, en definitiva, quien creó a esta extraña y cruel criatura llamada hombre.

Dios, dicho con claridad, es un auténtico hijo de la gran puta.

Y otro día hablamos del hombre.

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Los ojos de Blimunda

Los ojos de Blimunda ven cosas que a los demás se ocultan o que, sin más, éstos no quieren observar pese a tenerlas frente a sí.

Según Mario Benedetti, un optimista es un "pesimista lúcido"; un pesimista, "un optimista bien informado". Nadie hubiera podido describir mejor no mi personalidad, sino mis aspiraciones. Aspiraciones de lucidez, ni más ni menos. En el tiempo en que vivimos, quién sabe cuán cercano del apocalipsis medioambiental que todo lo cambiará, no es posible permanecer en la inopia colectiva: la dignidad reside en la acción, en el compromiso cotidiano con los desfavorecidos y con los que sufren y en la permanente lucha por la transformación de un mundo injusto que, para colmo, se irá a pique más bien pronto que tarde.

Machado dedicó estas palabras a los jóvenes: "O la política la hacéis vosotros, o se hará contra vosotros". Extendamos la frase del poeta a la gran mayoría de los ciudadanos y asumamos la siguiente sentencia de Goethe, en la seguridad de la nimia, y a la vez transcendental, importancia de nuestros actos: "Los hombres que piensan seria y profundamente no son bien vistos por el público".

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