14 May 2008
Recordando lo que ETA dice ser
Hace apenas una semana alguien me dijo: "Los de ETA son una mafia. Si les dieran la independencia, seguirían matando y enfrentados al PNV para quedarse ellos con el poder". Lo mucho que de absurdo e ignorante tiene semejante planteamiento no le resta importancia: son los pensamientos de un tipo que intenta reflexionar antes de abrir la boca y, aunque bastante cabezón y defensor de postulados inalterables, realmente cree haber interiorizado los porqués de su afirmación.
ETA, justo es reconocerlo, dejó de ser hace tiempo una simple banda terrorista. ETA es una mafia que se organiza y se financia como tal... y que, de vez en cuando, como para no olvidar quién la forma y qué dice perseguir, mata a alguien o publica un comunicado más o menos amenazador. ¡Ey, que estamos aquí! ¡No os olvidéis de que somos malos! ¡Seguimos luchando por la liberación de nuestro pueblo!
La lógica del pasado
Analizando con crudeza los actos violentos de la banda armada-mafiosa, encontramos la lógica de la sinrazón: donde los españoles no vemos más que el loco ataque a traición a un cuartel repleto de familias, los etarras celebran la muerte de un soldado del represor estado invasor. Es así de claro: España y Francia mantienen ocupado Euskadi contra el deseo del pueblo vasco, cuya libertad de decidir por sí mismo está coartada y castigada por las falsas instituciones de representación de ambos estados. ETA nació para luchar contra la dictadura franquista: matar a un guardia civil era matar a un soldado de Franco, eliminar una traba en busca de la libertad.
La lógica del presente
Los tiempos, claro, han cambiado. Ahora hay que justificar de otra forma las muertes de personas que, por ejemplo, también lucharon contra Franco (Tomás y Valiente), que trabajaban desde la humildad por su pueblo sin pensar demasiado en las ideologías de las siglas que representaban (Miguel Ángel Blanco), que forman parte de la propia policía autónoma vasca o que, como en el caso de cualquier guardia civil en nuestros días, viva éste en el cuartel de Legutiano o en el de Bollullos del Condado, eligen vestirse de verde para tener, sin más, un sueldo fijo para toda la vida.
Y aquí es donde yo quería llegar: nos limitamos a llorar la muerte de personas, de individuos con nombre y familia, y no caemos en la cuenta de que para sus verdugos no son más que símbolos de todo aquello que oprime al pueblo que pretenden liberar.
Lo que de verdad me preocupa de cualquier asesinato de ETA no es la muerte en sí, irremediable desde el mismo momento en que estalla la bomba o es apretado el gatillo; lo que me preocupa es el proceso de justificación interna que se produce tanto en la mente del asesino como en la de todos aquellos que eligen, con mayor o menor conocimiento de causa, no condenar la violencia: yo mato porque mi pueblo está oprimido; no soy un asesino, no soy un terrorista: soy un soldado; lucho por la libertad, por la independencia de mi nación; y no me gusta matar, pero es necesario hacerlo para que algún día se diga que fuimos héroes, que sacrificamos nuestras vidas para que nuestro país alcanzara de una vez la independencia.
La cantera de la banda
ETA tiene una cantera inagotable de terroristas. A cualquier acto en homenaje de los soldados caídos acuden cinco mil niñatos dispuestos a ponerse un pasamontañas a poco que alguien con un contacto en la banda se lo sugiera. Son chavales normales, más o menos inteligentes, que han crecido con Internet, la televisión y la play-station. Van al colegio, al instituto e incluso a la universidad y tienen una vida familiar más o menos agradable. Y se creen todas las ¿mentiras? que les cuentan.
Ese mecanismo de justificación mental de los asesinatos desarrollado por un porcentaje muy importante de la sociedad vasca es el verdadero problema que Euskadi debe afrontar. Y la educación es el único medio para luchar contra él.
El 11-M: los atentados de los trenes
Cuando los terroristas islamistas pusieron las bombas en los trenes de Madrid, pensé: pasará mucho tiempo antes de que ETA vuelva a matar... y mucho más antes de que se atreva a matar a un inocente, a un civil. ¿Por qué me dio el tiempo la razón? ETA sólo subsiste porque sigue encontrando legitimidad en su pueblo. Los atentados de Madrid provocaron un shock en la sociedad vasca: ¿acaso estaba bien poner una bomba en medio de Vallecas o en un hipermercado, si la ponía ETA, pero mal ponerla en un tren repleto de gente? Desde aquel triste once de marzo, atacar a la población civil, por fin, está mal visto incluso en la izquierda abertzale. Algo hemos avanzado.
Por eso ETA procura avisar ahora cuando pone una bomba. Por eso ha atacado el cuartel de Legutiano a las tres de la mañana. La banda terrorista está elevando el tono de sus actos en busca del límite moral permitido por sus acólitos: poner una bomba en la calle sólo está justificado si antes avisamos, porque matar a la población civil es una salvajada; ponerla a las tres de la mañana y utilizar un detonador a distancia es mucho más seguro: a esa hora no pasa nadie por allí; ponerla en un aeropuerto y avisar es de lo mejor que hay: lástima que los dos ecuatorianos se quedaran dormidos; daños colaterales.
Sólo la educación, la formación, el debate y, sí, la negociación pueden acabar con ETA. Sólo la madurez democrática de la totalidad del pueblo vasco puede conseguirlo.
01 May 2008
Por qué ser nacionalista es ser mala persona (II)
El dos de mayo de 1808 el pueblo de Madrid "se levantó en útiles" (de cocina, se entiende, porque armas no tenía) contra el ejército napoleónico invasor. Para muchos historiadores, aquel día ese ente deslabazado llamado España se partió en dos. Y aquí seguimos, doscientos años después, preguntándonos constantemente si somos o no somos españoles, dónde empieza y dónde acaba nuestro país. Y aquí seguimos, esquivando las preguntas más importantes: si nuestra historia es desoladora o, sencillamente, da vergüenza, si nuestra bandera es la que es o le faltan aguiluchos o morados, si los principios de nuestra democracia son o no son válidos.

Siempre me han llamado la atención los fundamentos que configuran las identidades nacionales. Simplificando las cosas sobremanera, podemos decir que los estadounidenses creen portar el estandarte de las libertades, los franceses graban sus monedas con los principios de la igualdad y la fraternidad, los británicos consagran la monarquía hereditaria como único nexo de unión entre sí y como principio rector de su precoz desarrollo económico e imperial, los alemanes pierden guerras pero se reconstruyen como nadie, los chinos sólo piden que les dejen aislarse hasta donde sea posible, los japoneses tienen sus islas (y el rico sushi) y los italianos sufrieron tanto para ser un pueblo unido que, con deshonrosas excepciones, cabría asegurar que es lo único que tienen más o menos claro.
¿Qué nos une a los españoles?
Mesogobiernos
Dícese de los gobiernos de ámbito regional o intraestatal que han ido aflorando en Europa en los últimos cincuenta años, con especial fuerza en las últimas dos décadas. Tal cosa son los mesogobiernos, esferas de poder descentralizado a medio camino entre el local y el estatal. Su particularidad reside en una suerte de egoísmo insolidario: los mesogobiernos entienden en exclusiva de asuntos propios, de manera que sólo quieren saber de estructuras superiores en la medida en que éstas pueden subvencionarlos.
Por supuesto, los mesogobiernos suelen abrirse camino y hacer fortuna explotando un sentimiento identitario real o ficticio: somos un pueblo y exigimos gobernarnos como tal. En el fondo, la idea que subyace a tal exigencia es de lo más pragmático: cuantos más seamos, más recursos reuniremos y, por tanto, más ricos seremos.
Nacionalistas y de izquierdas
Habitamos un mundo injusto y mal repartido. El hombre de izquierdas, como expliqué en un post anterior, se diferencia en esencia del hombre de derechas en la defensa de una idea de justicia menos meritocrática y más igualitaria: donde la derecha justifica al rico como necesario motor común de la sociedad, la izquierda prefiere prescindir de él.
Jean-Jacques Rousseau escribió:
"Precisamente porque la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, la fuerza de la legislación debe siempre tender a mantenerla".
En un marco de relaciones internacionales en el que los estados siguen siendo (aunque cada vez menos) la unidad mínima de actuación, nacionalismos y regionalismos reclaman su propia voz, defienden sus propios intereses por oposición a los del Estado que los representa. En un mundo que tiende a la integración de todos los pueblos, los nacionalismos buscan dispersión.
Apenas tres o cuatro días antes de las últimas elecciones legislativas, un dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya, por nombre Joan Tardá, afirmó en televisión poco más o menos lo siguiente: "ERC no es una formación nacionalista. ERC es izquierda republicana y catalanista, pero no somos nacionalistas. Si acaso, lo somos sólo de manera coyuntural". Hablaba tal político, leído y culto como pocos, de algo que todos podemos entender sin esfuerzo: no se puede ser nacionalista y de izquierdas, porque ser nacionalista implica necesariamente connotaciones de insolidaridad.
Los cojones del toro de Osborne

Todos los símbolos son peligrosos pues, dado que por sí mismos no pueden defenderse, se convierten en material susceptible de fácil manipulación. Cada cual, para entendernos, hace con ellos lo que le viene en gana. Banderas, enseñas religiosas e iconos históricos (desde el Cid Campeador hasta el Che Guevara) representan para los individuos valores que poco o nada tienen que ver con las ideas que motivaron su universalización. Dime con qué bandera te identificas y te diré quién eres.
Los nacionalismos periféricos son excluyentes: yo soy de mi tierra, y soy mejor que tú porque tú no lo eres y porque, aunque quieras, nunca lo serás. Por el contrario, los nacionalismos estatales pretenden unir a la fuerza: tú eres español igual que yo y, aunque te esfuerces por evitarlo, nunca dejarás de serlo. Por eso, entre todos los nacionalismos que nos ensucian el que más miedo me da es el español. Por eso, entre todas las apropiaciones indebidas la que menos entiendo es la que confunde un símbolo publicitario (el toro de Osborne) con la bandera rojigualda. ¿Cómo hemos de entender tal fusión? "España, por cojones". Que viva Fernando Alonso. Y que viva la selección, aunque nunca pase de cuartos. Total, los demás se lo pierden: aquí se vive como en ningún otro sitio, aunque no conozcamos otro lugar. Esto es España, coño. Y al que no le guste, que no mire.
28 Abr 2008
Negociando con terroristas... otra vez

Los marineros del Playa de Bakio están en casa. Y yo que me alegro. Saludos a su familia, a su gente. Nadie hubiera deseado un desenlace diferente. Están sanos y enteros y, si no se los traga antes la mar (dios no lo quiera), tendrán una vida larga, sencilla y feliz. Ahora bien: ¿no eran terroristas ésos que les abordaron? ¿Acaso no llevaban metralletas y pasamontañas, igualito que los de ETA? ¿No habíamos quedado en que con los terroristas no se negocia?
El gobierno de España no ha negado el pago del rescate. Gracias a expertos de todo el mundo, hemos conocido al detalle ese rocambolesco procedimiento de pago por el que unos sucios abogados británicos comprueban en no sé qué cuentas el ingreso del dinero antes de dar la orden de liberación. Familiares de los tripulantes del atunero vasco han llegado a poner en boca de los secuestrados frases del tipo: "El armador hizo lo que tenía que hacer. El dinero llegó con rapidez". El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha esquivado las preguntas en torno al precio del rescate, pero ha ofrecido mil y un detalles sobre el trabajo de la diplomacia española y ha alabado la colaboración de los gobiernos de Francia y Estados Unidos, potencias mundiales en el trato con terroristas. ¿A alguien le queda alguna duda?
La utilidad de un buen puñado de billetes
Pongamos una cantidad: setecientos cincuenta mil euros, quizá un millón doscientos mil. En estos casos, son los secuestradores los que, valorando sus propias fuerzas, su capacidad de presión y la bandera de los secuestrados, ponen precio a la vida de las personas. Ese dinero, ya abonado, servirá para el mantenimiento del caos en Somalia, para el tráfico de armas, para el enriquecimiento de los jefes de la guerra locales y, como siempre, para consagrar el sufrimiento de la población civil de aquel país. ¿A quién le importa todo eso si nuestros marineros están en casa?
El cinismo democrático, una vez más, invade y acalla conciencias a mares. Y, para colmo, tanto el armador como buena parte de la tripulación del Playa de Bakio son vascos, gente que lleva décadas sufriendo en sus calles, en el día a día, la extorsión terrorista: si no me pagas, tú y tu familia estáis en peligro.
Imaginemos que el gobierno de España hubiera dicho lo siguiente: "Somos fieles a nuestros principios. España no negocia con terroristas. Lo sentimos por las familias, pero no podemos ni debemos ceder al chantaje". Imaginemos que los secuestradores, pasados unos días de tensa espera, hubieran abandonado el barco previa ejecución de la tripulación. Imaginemos el escándalo.
Incógnitas

Me gustaría saber qué piensa de todo esto la familia de Miguel Ángel Blanco: en su caso, las negociaciones, aunque se produjeron, nunca estuvieron cerca de llegar a buen puerto. Me gustaría leer la mente de aquellos empresarios vascos a los que se les pide que no cedan a la extorsión etarra. Me gustaría escuchar la opinión al respecto de Mariano Rajoy: "Quien negocia con terroristas, siempre sale perdiendo". Me gustaría que el PP, lejos de apuntarse a la fotografía de la felicidad de los liberados, mantuviera un mínimo de coherencia política y exigiera explicaciones al gobierno: "¿No habrán negociado ustedes con terroristas... otra vez?". Me gustaría que Bush acusara a su propia diplomacia de connivencia con el terrorismo internacional, pues, tal y como ha asegurado Moratinos, los Estados Unidos han contribuido a la gestión del rescate y, por tanto, a la financiación de la organización criminal que asaltó el barco provista de todo un arsenal de armas de guerra. Me gustaría saber en cuánto se ha encarecido, según las FARC, la liberación de Ingrid Betancourt: si un barquito español vale un millón de euros, todo un fenómeno mediático como el de la secuestrada más ilustre del planeta le puede salir a Sarkozy por un ojo de la cara.
Todos estamos contentos con la liberación de "nuestros" secuestrados. Sin embargo, ha quedado de manifiesto que hay unos terroristas muy malos (los que nos infunden terror a nosotros) y otros lejanos (los que masacran pueblos enteros, pero pueblos lejanos).
25 Abr 2008
Por qué ser de derechas es ser mala persona (Parte I/VII)
Inicio con este texto una serie de siete posts con títulos políticamente muy incorrectos. Mi objetivo es desmitificar algunos de los lugares comunes más nocivos para el buen desarrollo de las sociedades civiles actuales, depurar conceptos y, como siempre, provocar una reacción en el lector: no espero convencer, sólo incitar a la reflexión.
La primera de las afirmaciones que deseo enjuiciar es aquélla que asegura que las derechas son buenas, justas y necesarias en las democracias contemporáneas. Pero, ¿qué son "las derechas"?, ¿quién forma o qué define ese lado del espectro político? El diccionario de la Academia Española de la Lengua habla de "conjunto de personas que profesan ideas conservadoras". Como punto de partida, eminentemente lingüistico, tal acotación resulta más que válida. Las ciencias políticas, como ciencias sociales que son, intentan operacionalizar semejante concepto, abstracto donde los haya, por medio de instrumentos de medición de las actitudes personales: sitúese en una escala ideológica del uno al diez, teniendo en cuenta que el valor 1 representa la extrema izquierda y el valor 10 la extrema derecha. ¿En qué número os ubicáis vosotros?
Para dar una respuesta a tal pregunta es necesario conocer antes qué entiende cada cual por derecha e izquierda. Si la derecha es un conglomerado de ideas conservadoras, bien podríamos decir que la izquierda lo es de ideas progresistas. Dicho de otro modo, donde la derecha quiere inmovilismo, la izquierda aspira a la transformación. La sentencia que asegura que las derechas son necesarias se fundamenta en la preceptiva conservación de aquellas cosas buenas que el hombre ha sido capaz de crear en sociedad. La derecha, por tanto, sería depositaria de los valores que merece la pena perpetuar.
Ampliando un poco más el concepto, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la derecha es sinónimo también de protección del sistema, de jerarquía. Ante todo, la derecha teme la idea de revolución en su defensa a ultranza de las estructuras prestablecidas. Lo que ya está hecho, bien hecho está.
Los hombres de derechas tienen una idea de justicia asociada al orden: para que todo vaya bien (para que todo siga yendo bien), es preciso que cada cual asuma su papel dentro de la sociedad. Los hay favorecidos y los hay perjudicados, y las cosas son así porque así han de ser, porque así han sido toda la vida y porque no es posible que sean de otra manera. De alguna forma, el paso del tiempo es su aliado, pues la historia nos ha mostrado la evidencia de que sólo el orden garantiza la vida pacífica en sociedad.
Aplicado tal pensamiento a la vida económica, la derecha está necesariamente asociada a la clase dominante, pues es ésta la más interesada en el mantenimiento del orden y de las estructuras que sostienen su posición de primacía. Pero digámoslo bien, pues no se trata de un simple estereotipo: no es que la derecha apoye al poderoso, es que los poderosos, en todas las épocas y lugares, han sido la derecha. Y como quiera que el poderoso es hoy aquél que tiene dinero, la derecha está ligada en nuestros días, de forma inevitable, al capital, a la ideología liberal y al pensamiento económico del goteo: si los ricos amasan más y más dinero, ya les irá cayendo algo a los quedan por debajo, de manera que todos, en sociedad, salgamos beneficiados.
Las derechas en el tiempo
Pero no siempre ha sido así: hubo una época en que los liberales eran de izquierdas, pues luchaban contra las élites que les oprimían desde su posición de clases privilegiadas (nobleza terrateniente y clero): las derechas. Del mismo modo, las ideas han ido recorriendo todo el espectro político: los derechos individuales de la persona, la igualdad de razas y de sexos, los sistemas de protección social ante situaciones de carestía, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, los derechos de los trabajadores, las libertades de pensamiento, expresión y religión, las conquistas constitucionales... en su día enarbolados por las izquierdas, hoy forman parte del imaginario ideológico de las derechas. ¿Habrá algo más de derechas que el más puro individualismo, el mismo que inspiró a los revolucionarios franceses de 1789?
Hace treinta años, en España, la Constitución de 1978 desagradó profundamente a las derechas. Sin embargo, la derecha de hoy se declara defensora a ultranza de aquel texto constitucional tan parecido al de 1931. Los valores ecológicos y la defensa del medio ambiente eran hasta hace poco preocupaciones exclusivas de unos pocos locos de izquierdas. Hoy el mundo entero asume, al menos de boquilla, los compromisos medioambientales como parte imprescindible de los programas políticos, incluso de los países más conservadores del globo. Mientras las izquierdas se esfuerzan en la equiparación de los derechos de heterosexaules y homosexuales, las derechas van tragando y, más bien pronto que tarde, acabarán asumiendo que la sociedad ha cambiado también en ese aspecto. Incluso hay multitud de homosexuales de derechas...
El voto de derechas
La derecha, por lo tanto, siempre ha ido y siempre irá a remolque. Cambios, los justos. Dime lo que quieres y yo, que soy el poderoso, te lo daré si tú me das lo que yo te pido: tu connivencia para que yo siga siendo el poderoso, si es posible también tu voto. El voto de derechas es, por definición, egoísta: si me votas, saldrás ganando, pues yo seguiré gobernando en tu nombre, es decir, en favor de tus intereses, que no dejan de ser los míos.
La derecha siempre beneficiará al poderoso en la convicción de que sólo él tiene la llave de la convivencia y de la buena marcha de las sociedades. La derecha, en una palabra, es conservadora.
Mi pregunta es: ¿cuántas cosas de este mundo merecen ser conservadas? ¿Es acaso digno ser humano y conservador?
27 Mar 2008
De leyes, elecciones y sociedad civil

El 9-M, la noche del morrocotudo fracaso de Izquierda Unida en las urnas, me quedé con las ganas de escuchar de boca de Gaspar Llamazares dos frases que bien podrían expresarse del siguiente modo: "Caminamos con paso firme hacia la idiotización de las masas" y "Que nadie se atreva a despreciar a un millón de votantes". La primera afirmación está relacionada con la evolución de las democracias y la trabazón de la sociedad civil, tanto la estatal como la mundial; la segunda, con el tenebroso futuro de la izquierda española.
Me explico. A finales del siglo XVIII, el pueblo de Estados Unidos se otorgó una Constitución terriblemente innovadora. Quizá sólo su aislamiento geográfico y la convicción europea de la eterna superioridad del viejo continente permitieron el desarrollo y la consolidación de la superpotencia que hoy gobierna el mundo con mano de hierro y no poca crueldad. Sin embargo, no debemos perder de vista que el país de las barras y las estrellas fue, y de algún modo sigue siendo, símbolo leal de libertad, progreso y derechos humanos. Cuando algún dirigente occidental (léase, Sarkozy) propugna a los cuatro vientos los sacrificios que el pueblo estadounidense ha hecho por la humanidad, resulta un rato baboso, pero en el fondo le asiste la verdad. Y, a pesar de todo, para un observador de la realidad internacional mínimamente objetivo, los Estados Unidos son sinónimo del mal, de la destrucción, del dolor y del sufrimiento de los humildes.
Saco a colación a los gringos ("green, go home!") porque, salvando las distancias, son ejemplo perfecto, pionero y, esperemos, ejemplarizante del inevitable e inminente deterioro de las democracias jóvenes que, como puede ser la española, no sepan adaptar sus instituciones a los vertiginosos cambios de la sociedad civil: inmigración, mestizaje, intercambio cultural, asimilación de un sistema parlamentario cogido con pinzas de la ropa desde 1978, nuevas generaciones de españoles nacidos y crecidos en democracia y, por tanto, sin perspectiva de un pasado (guerra civil, dictadura) muy cercano pero por todos olvidado, etc.
La democracia estadounidense fue única y su constitución federal la más avanzada de la época (y, si me apuran, de la centuria que había de llegar), pero en el siglo XXI, pese a las enmiendas introducidas, es un texto anacrónico que sustenta unas instituciones ridículas y una forma de hacer política cuyo principal objetivo es anestesiar a las masas incultas, volcadas en un consumismo feroz. Del mismo modo, la Constitución Española de 1978 desprende un hedor rancio: su sistema político-electoral, como imposible encaje de bolillos en el que habían de caber nacionalismos, fascismos y comunismos, superó la prueba, ha sobrevivido tres décadas; cumplido el objetivo para el que fue creado, es menester destruirlo.
Subyace a todo lo que ando diciendo la idea, tan manida en las dos últimas semanas, de la necesaria reforma de la Ley Electoral General en busca de un sistema de representación más justo. El problema, como es fácil de imaginar, es que quienes resultarían beneficiados de esa transformación (los partidos estatales minoritarios: IU y UPyD) apenas tienen voz y, por el contrario, quienes no muestran el más mínimo interés en modificar lo que tanto les ha beneficiado (PP Y PSOE) monopolizan los medios de comunicación y la formación de la agenda pública hasta el punto de incumplir de forma sangrante la propia Ley, tal y como ha reconocido la Junta Electoral Central. En cuanto a los nacionalismos, existe la creencia generalizada de que se hallan sobrerrepresentados en el Parlamento, pero nada más lejos de la realidad: los nacionalismos son una lacra, no estatal sino mundial, pero sería necio obviar su mera existencia; por lo tanto, son necesarios en el Congreso.
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|
Escrutado |
2008 | 2004 | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Escaños | Votos | % vot. | Escaños | Votos | % vot | |
| PSOE | 169 | 11.064.524 | 43,64 | 164 | 11.026.163 | 42,59 |
| PP | 153 | 10.169.973 | 40,11 | 148 | 9.763.144 | 37,71 |
| CiU | 11 | 774.317 | 3,05 | 10 | 835.471 | 3,23 |
| EAJ-PNV | 6 | 303.246 | 1,20 | 7 | 420.980 | 1,63 |
| ERC | 3 | 296.473 | 1,17 | 8 | 652.196 | 2,52 |
| IU | 2 | 963.040 | 3,80 | 5 | 1.284.081 | 4,96 |
| BNG | 2 | 209.042 | 0,82 | 2 | 208.688 | 0,81 |
| CC-PNC | 2 | 164.255 | 0,65 | 3 | 235.221 | 0,91 |
| UPyD | 1 | 303.535 | 1,20 | - | - | - |
| Na-Bai | 1 | 62.073 | 0,24 | 1 | 61.045 | 0,24 |
| 2008 | 75,3% |
|---|---|
| 2004 | 75,6% |
| 2000 | 68,7% |
Nulos: 0,64% En blanco: 1,12%
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En resumen: si no cambiamos la Ley Electoral (y otras tantas instituciones baldías o de función equivocada, el Senado a la cabeza), si no conseguimos que las voces minoritarias (no sólo nacionalistas) tengan cabida en el discurso político estatal, estaremos abocados al desastre, a la idiotización de la sociedad civil española entre dos discursos (PP y PSOE) diferentes en las formas pero calcados en el contenido, como idiotizado está desde dios sabe cuándo el autodenominado "pueblo americano".
Izquierda Unida planteará en el seno del grupo mixto la transformación de la Ley Electoral General. Rosa Díez apoyará la moción... Y nadie se dará por aludido. Y todo el mundo mirará para otro lado. Y pasaremos otros cuatro años de bombas y reproches mutuos, que si el muerto es tuyo o es mío, que si tú tienes la culpa, que si nosotros aumentamos el gasto social y bajamos los impuestos (¿cómo carajo se hará eso?), que si vosotros dijisteis tal cosa y ahora mantenéis lo contrario, que si corruptos, que si fascistas... Y dentro de cuatro años España volverá a votar a los mismos, tengan unas siglas u otras.
Y nada cambiará. Y al final, todos idiotas, acabaremos comiendo hamburguesas a mansalva, bebiendo Coca-Colas tamaño extragrande, criando niños obesos que, sin sanidad pública, tendrán que elegir entre un seguro dental y un tratamiento milagroso contra la celulitis y nos despertaremos cada mañana pensando, si no lo hacemos ya de un tiempo a esta parte, en esos terroristas malos que, nadie entiende por qué, quizá sólo porque son muy, muy malos, ponen bombas en los rascacielos o en los trenes repletos de inocentes de nuestro muy bondadoso país.
Perdonen el sarcasmo, ¿pero es que nadie piensa mover un dedo?
Sobre este blog
Los ojos de Blimunda
Sergio Manuel GutiérrezLos ojos de Blimunda ven cosas que a los demás se ocultan o que, sin más, éstos no quieren observar pese a tenerlas frente a sí.
Según Mario Benedetti, un optimista es un "pesimista lúcido"; un pesimista, "un optimista bien informado". Nadie hubiera podido describir mejor no mi personalidad, sino mis aspiraciones. Aspiraciones de lucidez, ni más ni menos. En el tiempo en que vivimos, quién sabe cuán cercano del apocalipsis medioambiental que todo lo cambiará, no es posible permanecer en la inopia colectiva: la dignidad reside en la acción, en el compromiso cotidiano con los desfavorecidos y con los que sufren y en la permanente lucha por la transformación de un mundo injusto que, para colmo, se irá a pique más bien pronto que tarde.
Machado dedicó estas palabras a los jóvenes: "O la política la hacéis vosotros, o se hará contra vosotros". Extendamos la frase del poeta a la gran mayoría de los ciudadanos y asumamos la siguiente sentencia de Goethe, en la seguridad de la nimia, y a la vez transcendental, importancia de nuestros actos: "Los hombres que piensan seria y profundamente no son bien vistos por el público".
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