18 Dic 2007

LA BARBERA DE SEVILLA

Escrito por: medioloco el 18 Dic 2007 - URL Permanente

Ayer pasé por una peluquería nueva que han abierto en el barrio y vi que decía Peluquería Unisex, o sea que era para los dos sexos por lo que debía llamarse Peluquería Bisex porque de lo contrario sería para un solo sexo o los unisexuales serían bisexuales y los homosexuales unisexuales o que se yo (ya me estoy liando), pero no entraré en esos detalles que ni me van ni me vienen y que no voy a resolver. El caso es que a través de los cristales de la entrada vi una morena preciosa, delgada, con un pelo negro y unos ojazos, como me la recetó el doctor, con una bata blanca que me recordaba a mi sicóloga y decidí serle infiel a “mi” barbero de siempre (todos tenemos “mi” peluquero o “mi” barbero, “mi” médico de cabecera que cambia con frecuencia y los famosos “mi” abogado) y entrar a que me cortara el pelo aunque no tenía necesidad de ello.

Como es un negocio de reciente apertura estaba vacío, por lo que no tuve que esperar y enseguida estaba aquella Paz Vega faenando en mi cabeza, mientras su acento andaluz me acariciaba el oído y mis ojos cerrados me permitían aislarme y sentir el olor de aquella preciosura que me tenía tonto.

Un rato después me llevó a una especie de lavamanos donde me recostó y empezó a lavarme la cabeza. Como servidor tiene algunos prejuicios jamás había puesto su cabeza en manos de una peluquera, ni un peluquero me la había lavado, pero debo confesar que me sentí en el paraíso cuando aquellas manos masajeaban mi cráneo suavemente con sus dedos finos, trasmitiéndome un calorcillo y quizás un erotismo inesperado y delicioso que ahuyentaba el frío exterior y me obligaba a cantar internamente "Figara, figara, figara" para no llegar a males mayores.

Cuando vine a ver ya me estaba secando y peinando y yo deseando que volviera a empezar, y que continuara hablándome de su Sevilla natal, sentir su aliento y que me matara si quería mientras me mirara con aquellos ojazos que me estaban torturando, aunque para ello tuviera que pelarme al cero con tijera. Pobre mi barbero, ha perdido un cliente, quien lo manda a ser gallego.

07 Dic 2007

MI AMIGA LA PILINGUI

Escrito por: medioloco el 07 Dic 2007 - URL Permanente

Las oficinas están cerradas y los teléfonos no contestan por lo que me toca puentear a mi en la búsqueda de empleo, pero no en lo de salir a caminar y observar la gente y la ciudad. Ayer volví a encontrar a mi amiga La Pilingui y nos tomamos un café “por los viejos tiempos” que fueron hace muy poco. Pilingui es el nombre con el que la llamaban cuando ambos estudiábamos juntos en la escuela cerca de donde viven mis padres y los suyos, pero Pilingui se llama Pilar. La peña le decía así modificando su nombre y porque de verdad era putísima y ella no se enojaba sino que se reía respondiendo “Pilingui si, pero contigo no”, y al menos conmigo fue verdad.

Había dejado de verla durante años después que me cambié a casa de la abuela hasta que hace alrededor de seis meses volvimos a encontrarnos en situaciones diferentes. Me había ido de putas con un colega y mis cuarenta euros hasta un pisito de estudiantes que él conocía y la Mami nos había hecho pasar a un cuartito explicando las tarifas según tiempo de servicio antes de llamar a sus chicas a que se presentaran para que escogiéramos. Empezó el desfile de chicas jóvenes y guapas escasas de ropa que de una en una se presentaban a saludarnos con dos besos: Hola yo soy Marta, muak, muak, Yo soy Ana, muak, muak hasta que entró la sexta y última, Soy Daniela, muak, muak y vi que era la Pilingui y ella que era yo. No se a cual de los dos le dieron más deseos de salir huyendo si a ella o a mí. Cuando la mami vino a preguntarnos cual era nuestra selección pedí rápidamente a Daniela y mi amigo se decantó por una rumanita. Pagamos los 30 euros y cada uno fue a la habitación asignada a esperar a ser “atendido”.

Estaba sentado en la cama esperando entristecido cuando entró Pily con su sabana desechable, no incluida en el precio, y sus cositas y tras cerrar la puerta me espetó “Eres un hijo de puta, ¿Me desvisto ya?” a lo que respondí “No jodas, Pily, que sabes que pagando no te haré nada, que si entré contigo fue porque ya no se me pondría dura con ninguna después de verte aquí y para que supieras que por mí nadie va a saber nada en el barrio, que yo ni sabía que te dedicaras a esto cuando vine, además, más hija de puta eres tú, que me has jodido el polvo y los treinta euros sin hacer nada. Y que conste que sigues estando tan buena como antes aunque te hayas cambiado el nombre”. Me tiró la sabana a la cara riendo y estuvimos hablando sin desvestirnos de mil cosas menos de su nuevo oficio hasta que tocaron a la puerta para avisar que se había acabado el tiempo. Ella enrolló la sábana para tirarla y yo salí de la habitación haciéndome el satisfecho cuando en realidad tenía deseos de llorar por Pily, por mí, por los treinta euros y por el casquete que no eché. Me despidió en la puerta con dos besos y en lugar del acostumbrado Vuelva cuando desee, Pily-Daniela me dijo Gracias.

28 Nov 2007

SOY FETICHISTA

Escrito por: medioloco el 28 Nov 2007 - URL Permanente

Ayer me convencí, soy fetichista, pero no de una sola cosa sino de varias. La cosa comenzó cuando delante de mi se paró a conversar con otra, una morita con un velo blanco impoluto en la cabeza que dejaba ver un par de ojazos que Dios se los bendiga y unos labios que Alá, la paz sea sobre Él, mantenga así por muchos años. Descubrí que los ojos y el velo o la morita en su conjunto eran algo que me atraía y no lo vi como fetichismo, pero cuando en un descanso de los ojos, que miraban sin parpadear y con descaro, bajé la vista y vi sus pies aún con sandalias a esta altura del otoño creí volverme loco. ¡¡¡Que pies!!! Esos si me pusieron al borde de la desesperación. Se veían limpios, delicados, con aquellos deditos parejos, las uñas recién cortadas, sin el menor asomo del maltrato de los zapatos y sin un callito o una rugosidad. Imaginé su olor y pensé que si los ángeles tienen pies debían ser como esos. Ensimismado en aquella visión traté de mantenerlos en mi memoria para describirlos, cuando los ví que empezaban a moverse y desaparecieron de mi campo visual. Dude en seguirla para contemplarlos un rato más pero me quedé sentado para no dar el cante de acosador y me puse a pensar en qué otros fetiches tengo además de el de los pies.

Descubrí mi afición por los cuellos largos, los cabellos cortos casi al cero, la excitación que me producen las dentaduras ligeramente imperfectas con aquellos colmillitos que rompen la monotonía de esas dentaduras de ortodoncia, la atracción por las chicas de mirada algo asimétrica (No hablo de las bizcas sino de las que a veces tienen un ojo tonto al que de cuando en cuando se le va la olla) y descubrí también que hay cosas que no me ponen especialmente, aunque son el fetiche de muchos, como la lencería, los tacones finos, el latex o la ropa de cuero.

Estaba en eso cuando la cagada de una paloma en mi camisa me hizo interrumpir mis pensamientos y volver a la realidad. Me puse de pie maldiciendo y mientras me limpiaba la mierda emprendí el camino a casa.

26 Nov 2007

Por culpa de un porro y unas pastillas

Escrito por: medioloco el 26 Nov 2007 - URL Permanente

El viernes terminé muy mal el día, con esa sensación desagradable que deja pensar en el futuro cuando es tan incierto como el mío.

El sábado en la noche quedé con un colega para ir a dar una vuelta y tomar algo (“que yo invito que tengo curro y después te quedas en casa”), por lo que no pude negarme o no quería y nos fuimos de marcha, condones en la cartera y música en el coche.

De madrugada, después de unos cubatas y alguna pastilla, ya el cansancio y el sueño me traían por la calle de la amargura así que fui a tumbarme un rato al coche de mi colega, mientras él intentaba rematar la faena con una chica huidiza que era el cuarto o quinto intento infructuoso de esa noche. Un rato más tarde se apareció con dos tías vestidas en plan heavy o gótico, con ojos y labios negros y cara blanca, que con mis ojos soñolientos apenas distinguía en la penumbra del parking: Que te necesito tío, que si una no liga la otra tampoco, no me hagas ese feo, que vamos a mi piso, y otros más fueron sus argumentos mientras una de ellas se bajaba los pantalones y meaba detrás del coche. Los míos que estaba hecho polvo de toda la semana y que no se me iba a poner dura, lo confieso.

Nos sentamos los cuatro a compartir un porro dentro del coche, dos delante y dos detrás, a hablar de las mismas cosas impersonales que son el prólogo del encame y aun yo me mostraba indeciso, hasta que mi amigo dijo que iba a buscar algo regresando un rato después con bebida y con dos de esas pastillas azules que todos conocemos, de las cuales en secreto me pasó una.

No les cuento el efecto que hizo la pastillita en mi cuando estábamos ya en su casa, sólo les digo que parecía que mi entrepierna tenia pilas duracell para alegría mía y de la gótica cariblanca que me tocó. El problema fue cuando a mediodía me despertaron unas caricias que no esperaba y vi aquella cara en que el maquillaje había desaparecido. ¡Madre mía, que tía tan fea! Tenía más bigote que el Aznar y sin embargo me estaba poniendo cachondo a pesar de todo, así que ya sin los efectos de porros ni pastillas continué sirviéndole de cuarta pata de la mesa a mi colega por el resto de la tarde. Pero como dijo el Padrino, ahora me debe un favor.

19 Nov 2007

El sexo que me come el seso

Escrito por: medioloco el 19 Nov 2007 - URL Permanente

No escribí el finde como había prometido. Estuve demasiado ocupado pensando cosas, leyendo y dándole la vuelta al mundo de mis pensamientos y en un asqueroso vaivén de dudas sobre que hacer, descubrí que necesitaba sexo, pero no el sexo virtual que solo termina en una masturbación ni la masturbación sin cibersexo. Ni siquiera puedo decir que lo que necesitara fuera amor. No, necesitaba sexo, sexo animal, tener conmigo una chica guapa que al menos supiera que yo en ese momento no necesitaba otra cosa que estar con ella y compartir el calor de su cuerpo, así que me fui de putas y ahogando todos los prejuicios que me habían estado martirizando, escogí la que más se parecía a la que querría tener siempre a mi lado, le pagué y la hice mía, aunque fuera solo el tiempo que estuvimos juntos sin decirle una palabra. Luego regresé a casa mucho más relajado y me dormí como un niño.

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