14 Feb 2011

Lobos y corazones

Escrito por: Damián G. Ponce el 14 Feb 2011 - URL Permanente

Imagínense a un tipo bajito, embadurnado de sangre en la frente y parte del cuerpo, con un taparrabos de cuero y un látigo de varias colas de lo mismo.

El arma está hecha con la piel desollada del sacrificio de un perro y un macho cabrío.

(Imagen de Rigoletto Blogero.)

Y además el tipo va por las calles gritando como un energúmeno y azotando a ¡cielos! mujeres que le ofrecen sus espaldas y manos. Madre mía como se pondrían las feministas radicales.

Y así, estos energúmenos corren por las calles de la antigua Roma, aullando y trotando alegremente, pues los los lupercos, los que celebran la lupercalia, festividad Romana de soberana importancia.

Estas correas de cuero, se llaman februa, y de ellas viene el nombre del mes en curso, o sea, febrero.

Ceremonia de fertilidad y bendición, en la que se festejaba a Romulo y Remo, a la Luperca, la loba que los amamantó. Y las mujeres que se dejaban azotar, lo hacían para recibir la bendición para el embarazo.

Actualmente esta festividad casi olvidada está tapada por un sólido muro de corazones artificiosos, de consumo masivo e inducido por un santo patrono que nada tuvo que ver con el festejo atribuido y que usado como excusa para los negocios. Un San Valentín que actualmente es huero y ñoño, carente de más significado que el de obligar a la masa a consumir los productos que -los negocios son los negocios, en eso no me meto, cada uno sobreviva con lo que pueda- ponene en los escaparates, te venden por todos lo medios de comunicación y te taladran con sus ofertas increíblemente románticas de un romanticismo romántico y lamioso que se sabe de sobra, el resto del año no existe.

En fin, que un tipo llamado Valentín fue decapitado hace siglos, que un grupo de energúmenos con látigos correteaban casi en pelotas por Roma tratando de propiciar el embarazo de las buenas mujeres y festejar la fundación de la ciudad, no importa. Importa el corazón de cartulina roja y el champán barato, las ofertas de restaurantes y supermercados, de las cuñas publicitarias de voz grave y sensual que te dice lo que tienes que hacer y sentir.

No hay culpas ni culpables, la sociedad evoluciona, pero por desgracia, a veces, lo hace en dirección a, como en este caso, festividades que no aportan historia ni identidad, sino consumo hueco y sin sentido. Ni religiosidad más que la del dinero. Ni sentimiento más que el que te ordenan tener porque es esta fecha y en esta fecha tienes que hacer lo que te digan. Ni si quiera pensar en ello, ni en los por qués. Cállate y compra.

Personalmente, me quedo con la Lupercal. San Valentín no, gracias. Ni la Iglesia se lo queda, pues lo eliminó en 1.969. Luego el calendario lo ha establecido otro. A saber quién. Le azotaba yo, pero con el de nueve colas, oiga.

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