06 May 2008
Tocar el cielo con las manos
El agua caía cantarina desde una altura impresionante con el vozarrón propio de una soprano entrada en carnes. Al paraje donde nos encontrábamos se le conoce como la Chorrera Negra, y es el desagüe de unas lagunas de aguas heladas que hay muchos metros más arriba. Algunas acumulaciones de nieve, lo último que quedaba de las nevadas de semanas anteriores, de este invierno tardío y extraño, todavía aguantaban los calores propios del verano de esta extraña primavera. De haber un poco más de nieve habría sido imposible acometer el ascenso.
Nuestro camino estaba claro, hacia arriba, siempre hacia arriba, junto a la cascada, y por una senda que cualquiera diría que era una acumulación aleatoria de rocas de desigual tamaño. Las piernas, pesadas por el cansancio de demasiadas horas de caminata, casi se negaban a dar un paso más, y sólo la fuerza de voluntad impedía que se detuvieran. La mala noche, el no haber ingerido alimento sólido en todo el día, hicieron que la ascensión fuera penosa y larga. Y siempre con el estruendo del agua al caer como banda sonora.
El final de la larga cuesta no es un pico escarpado y batido por el viento, sino que se llega a un bello paraje, cubierto por una hierva verde y en el que destaca una quietud propia de la mítica Shangri-La. Apenas se escucha el murmullo del agua, escapando de la prisión de hielo donde ha pasado el invierno. Aquí, en la primera de las siete lagunas, el tiempo parece detenerse y uno es consciente de que está ante un espectáculo increíble, junto a la laguna, en mitad de un circo glaciar, circundado por altas cumbres coronadas de nieve.
La decisión es complicada, porque por un lado está el objetivo de ascender al Mulhacén, y tocar con las manos el techo de la Península, y, por otro, la pradera llama al descanso del caminante con atractivos cantos de sirena y promesas de paz. Y el estómago ruge. En realidad la decisión estaba tomada de antemano: culminar el ascenso llevaría otras dos horas por lo menos, lo que no garantizaría el descenso al campamento base antes de anochecer. Habrá que repetir la ascensión con un poco más de tiempo…
Abajo, al pie de la montaña, esperan los demás miembros del grupo y, lo que es más importante, una jarra de cerveza bien fría. Por cierto: estando donde estábamos, la cerveza no podía ser otra...
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Memorias de un gusano de seda
Señor CapulloYo soy un tipo normal. Ni alto, ni bajo. Ni guapo ni feo. Ni gordo ni flaco. Ni listo ni tonto. Un tipo del montón. Del montón de los tipos normales. Si cogieran a alguien al azar como representativo de los tipos normales, me cogerían a mí. Seguro. Todo el mundo tiene un amigo que se me parece. Pero no me interpretéis mal. El hecho de ser un tipo del montón no me convierte en un ser anodino y gris. Es sólo que siempre hay a mí alrededor alguien más alto, más guapo, más inteligente y más gracioso que yo. A veces incluso son el mismo. Y, claro, así pasa… que me cuenta mucho trabajo llamar la atención del bello sexo. Sí amigos… las mujeres.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
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18 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Anita dijo
UAU!! La segunda foto es impresionante!! Lástima que para ello tenga uno que caminar tanto, jeje...
Por cierto que me acaba de entrar antojo de patatas ñam ñam, me conformaré con uno triskys que tengo aquí en el cajón...
Señor Capullo dijo
Pues aunque haya que andar mucho (unas 5 horas, todo el rato cuesta arriba) vale la pena... por las vistas... pero sobre todo por la satisfacción personal. Aunque me quedé con el resquemor de no coronar el Mulhacén... para la próxima.
Beso (y cuidado con las patatas, que son adictivas)
pat dijo
Está bien eso de tener un colega que me traiga fotos de lugares dondo yo no me veo trepando.... enhorabuena!
Señor Capullo dijo
Pat las fotos no hacen justicia al lugar. No se trata de una manera de hablar... en realidad es así: La cagué con las fotos... una cámara con tantos botones y tantas opciones puede dar lugar a meter la pata... sólo han salido bien dos o tres... las demás no valen ni los bits que ocupan. Así que es mejor que subas por ti misma y lo veas... ya te llevaré...
Noe dijo
Que pasada de paisaje... bonita aventura en bonito lugar... un besiño guapo!
elisa- dijo
Impresionantes fotos, Sr. C... qué gozada de excursión. Y después, una buena recompensa
Un beso, campeón!
Señor Capullo dijo
El descenso fue costoso... mis rodillas están ya muy cascadas y tres horas andando cuesta abajo hacen más mella que cinco cuesta arriba... además, para más INRI, perdimos el camino y terminamos llegando al pueblo un poco como la cuesta nos dio a entender... y la cosa no fue a mayores gracias a que un lugareño nos indicó a gritos que cogiéramos el barranco "Topabajo"... eso sí, nos reímos un montón luego recordándolo delante de las cervezas... un besiño, Noe.
Ellisa, las fotos no son impresionantes. Son lo que he podido rescatar del desastre de equivocarme de botón... te puedo asegurar que en directo te deja sin palabras...un beso.
elisa- dijo
Es una suerte tener paisajes así en la propia tierra... hace falta mucha forma física para hacer algo así?
Señor Capullo dijo
Cualquier persona puede hacerlo, siempre que no tenga una gran limitación física. Lo único es que cuanto mejor preparado se esté, más se disfruta... y al día siguiente menos secuelas hay. Una chica del grupo era la primera vez que hacía algo así... cuando terminamos estaba destrozada y al día siguiente era un amasijo de agujetas... pero estaba la mar de contenta.
Ana dijo
Vaya, otro que no coronó. Habrá que organizar una expedición específica: pongamos un blogger en la cima del Mulhacén. Un beso.
Cancelado dijo
Son buenas, como siempre...me refiero a las fotos. Enhorabuena
karmen-jt dijo
Conozco ese paisaje, nunca he subido tan alto en esas montañas pero mis padres vienen de un pueblecito en las faldas de Sierra Nevada, y es un privilegio poder asomarte a la ventana y ver alli, casi encima todas esas cumbres nevadas. Bonita y cansada excursión.
Yo eso lo hize hace muuuuchos años y varias veces en Pirineos, ahora prefiero los paseos en llano. Pero sea como sea el paseo, no puede faltar al final, una cerveza fresquita. Y si es Alhambra mejor!
un-espanol-mas dijo
Instantaneas de lujo ... pensando en Nepal, vaya entrenamiento ... eso si que es vida, aire puro, colegas, sudor, piernas rotas ... ah y una cerveza helada , eso no se mide ni tiene precio ...
Señor Capullo dijo
Ninguno de mi grupo lo logró. dos lo intentaron pero se quedaron a 150 metros de la cima... había demasiado riesgo de que se hiciera de noche. Para mi gusto arriesgaron demasiado. De todas maneras lo volveremos a intentar... no me quedaré con ganas de tocar el techo de la península con las manos, Ana. A ver si te animas la próxima. Un beso.
Cyrano, gracias pero no. Esta vez no son buenas fotos... la cagué con el ISO y salen todas las fotos sin color y con mucho ruido... otra cosa más a tener en cuenta la próxima vez.
Karmen, el llano está bien, pero en la cuesta arriba hay menos gente. Y hay más aire puro... yo he descubierto que lo necesito en dosis altas. La zona de Sierra Nevada no la conocía y me ha parecido impresionante... aunque un poco pelada. La próxima vez habrá crónica desde la cumbre. Un beso
Español, en Nepal no haremos nada tan duro. Se supone que subiremos más alto, a unos 5000 metros, pero no en un día. Entre unas cosas y otras la subida y bajada al Mulhacén en el día tiene un desnivel acumulado de 3000 metros... y eso es mucho desnivel. Pero la cerveza helada compensa todo el esfuerzo...
lareichel dijo
hola k.
que no te he leido, porque ai candemor. pero luego te veo, y ya te leeré cuando pueda.
un beso praimor
Señor Capullo dijo
AHora que sé qué significa el candemor entiendo perfectamente el significado de la frase...
Ayer lo pasamos muy bien, verdad?
beso
Ali dijo
Vaya... tiene que ser increíble esa sensación de que el tiempo se para en este lugar... Sin duda, yo me habría quedado abajo guardando esa cerveza fresca...
Beso
Señor Capullo dijo
La experiencia me ha enseñado que la cerveza sabe mejor después de bajar del cielo... entra sola, sobre todo si es en jarra helada y con algunas patatillas fritas... de hecho te confieso que lo que más me gusta de la montaña no son las vistas increíbles, el aire puro o el contacto con la naturaleza... lo que más me gusta de la montaña es la cerveza helada que me tomo (una tras otra) al bajar...
Un beso
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