21 Ago 2009
Despedida y cierre
Más que un cierre, se trata de un traspaso. Recojo los bártulos y me voy. A otras costas, a otros ambientes. Desde hace más de un año mantengo el mismo blog en dos plataformas: Aquí, en La Comunidad, y en Wordpress.
No me voy porque me ataque el Spam, ni porque haya un troll que no me deje respirar, ni porque la plataforma sea mala de remate, se cuelgue cada dos por tres y haya que esperar un mundo a veces para leer un comentario. En realidad La Comunidad ha sido así siempre. Tampoco me voy porque el señor Administrador Todo Poderoso haya censurado mis textos o me sienta abandonado. Eso lo ha sufrido otra gente.
Me voy porque no hay mucho que me llame la atención en La Comunidad. De los amigos de siempre quedan pocos ya y no tengo ganas de hacer nuevos. La popularidad requiere un gran esfuerzo: hay que leer y comentar mucho. Y ya, después de dos años escribiendo mis aventuras, mi ego está suficientemente aplacado. Me hubiera gustado llegar al comentario 4.000 (a un pelo me he quedado), pero, en realidad es una tontería.
Wordpress es inmenso, comparado con La Comunidad, y allí seré pequeñito otra vez.
A mis fieles lectores sólo decirles que seguiré contando cosas… pero en Wordpress. No voy a dejar de escribir, sólo voy a cambiar de plataforma.
http://srcapullo.wordpress.com/
A todos, besos y abrazos.
Nos vemos por ahí.
14 Ago 2009
Este barco es una ruina
Mi amigo el Capitán Haddock quiere pensar que su barco es un barco “escuela”. Un barco del que saldrán buenos capitanes de bergantines y galeones.
Los veleros modernos tienen toda una serie de mejoras que hacen que la navegación sea cosa de niños. Tenemos el caso del enrollafoque. Es un pequeño motor eléctrico que, pulsando un botón, enrolla la vela de delante, pongamos por ejemplo, mientras se bebe una cerveza. Pulsando otro botón, la vela mayor se guarda en un compartimento habilitado para lo mismo. Que hay que bajar el ancla… pues otro botón. Y así pasa… se puede navegar sin saber hacer un nudo.
Obviamente, el barco del Capitán Haddock no tiene nada de todo eso.
El velero del Capitán Haddock tiene más años que yo y esa es mucha edad para un barco. Tiene sus achaques. Como todos. Así que la mitad del tiempo nos la hemos pasado arreglando los pequeños problemas que iban surgiendo.
Cuando llegamos a Alicante para empezar el viaje, las baterías del barco no funcionaban. Se descargaban con mucha facilidad. Las baterías son necesarias principalmente para el motor de arranque. La entrada y la salida del puerto se tiene que hacer a motor, y sin eso no se podía salir. Además, el depósito de la Zodiak estaba roto y se salía la gasolina. No era algo imprescindible, pero no tenían la pieza que hacía falta para arreglarlo. Después de conseguir unas baterías (y colocarlas), nos hicimos a la mar sin arreglar la zodiak, con la esperanza de que se pudiera encontrar pronto en algún puerto la pieza de marras. Cuando la encontramos resultó que no era eso, sino la válvula del motor.
El primer día que fondeamos, lo dedicamos a limpiar la hélice y el casco del barco de la presencia de caracolillos, algas y otros bichos de los que se pegan a lo que sea para vivir. Normalmente se hace con el barco en tierra, pero, estando ya en plena navegación, nos tocó hacerlo a pulmón. O sea: toma aire, frota el casco con un cepillo, sal a la superficie. Repetido veinte veces tenemos lo que se llama mareo por sobre oxigenación… eso sí, reunimos una enorme cantidad de peces a nuestro alrededor. Pero sólo nos querían por nuestros caracolillos.
El único día tranquilo de viento que sufrimos nos dimos cuenta de que los dos pilotos automáticos estaban rotos. Esta fue, sin duda, la menor de las roturas, porque no hubiéramos podido usarlos ningún día. Pero, bueno, una cosa más a la lista.
Un par de días después descubrimos que entraba agua al barco. No mucha, pero la suficiente como para que fuera significativo. Eso sí: nada que la bomba de achique no pudiera solucionar. Aún así no dejaba de ser preocupante. La conclusión a la que se llegó fue que en los trabajos para quitar el caracolillo de la hélice, dañamos el eje y entraba agua por allí. La buena noticia era que sólo pasaría si navegábamos mucho a motor y, por suerte, no era el caso.
El problema es que, el día que más y mejor navegamos a vela, ese día, entraron 200 litros de agua a la sentina (que es donde se acumula el agua que entra en un barco). Obviamente no podía ser el motor… ¿pero entonces qué era? Podría ser una brecha en el casco… pero no teníamos constancia de que se hubiera golpeado el barco con nada. Y de ser así… entraría todos los días, y no pasaba. Aún así hicimos una inspección. Pensamos que podía ser una fuga del depósito de agua dulce. El depósito está en la popa y es de plástico… en principio no tiene contacto con nada, pero como nunca se sabe hicimos las pruebas de rigor. Tampoco era eso. Llegamos a pensar que podía ser la manguera con la que aguábamos o algún agujero en la cubierta que se llenaba de agua al baldearla (esto es: fregar pero en marinero).
Al final resultó ser que la bomba de achique se había soltado y por el agujero del casco entraba agua, pero sólo cuando navegábamos de ceñida de estribor (o sea: escorados a la derecha). Eso sí: lo descubrimos el último día.
Entre tanto, dos velas se descosieron por la acción del fuerte viento en dos días diferentes y tuvimos que coserlas a mano. Un trabajo más laborioso que difícil pero que requería la presencia de dos personas. La vela es enorme y alguien tenía que sujetarla mientras el otro cosía. Y otro día, la driza de la mayor (el cabo que va por el interior del palo y que permite subir y bajar la vela mayor) se rompió y tuvimos que cambiarla.
Pero sin duda, lo mejor de todo fue lo que se rompió el penúltimo día… pero eso lo contaré mañana.
Etiquetas: Capitan Haddock, velero, problemas, rotura, vela, motor, barco, vacaciones, verano, mar,
12 Ago 2009
El marinero y el capitán...
El otro día os contaba que los islotes Columbretes son un lugar ideal para hacer el amor. Tienen un aspecto parecido al de un atolón del Pacífico. De hecho, su origen es muy parecido: una erupción volcánica. No una, sino cuatro. Pero hace muchos miles de años (por lo que sigue siendo un buen lugar para hacer esas cosillas). Si no me creéis, echad un ojo al vídeo de aquí abajo.
Estos islotes deben su nombre a la inmensa cantidad de culebras que había en ellas. Cómo llegaron las culebras a unos islotes tan pequeños 30 millas alejadas de la costa es un misterio que nunca se sabrá. Las culebras fueron exterminadas por los reclusos de la cárcel en la que se convirtió el islote más grande. Y por los fareros, años después. Para terminar con ellas prendieron fuego a toda la vegetación y luego, ya sin refugio, las mataron de las maneras más imaginativas posibles.
Ya en la edad moderna, Los Columbretes han servido de blanco para prácticas de la marina, y todavía hay casquillos y obuses sin explotar en las zonas poco profundas. Aunque de los obuses sólo queda una vaga idea y son más un hogar para peces que armas de destrucción. El fondo marino está poblado de todo tipo de especies, porque los Columbretes son una zona de protección medioambiental. Zona protegida. En el edificio del faro viven 10 científicos (como Torrebruno) todo el año. También alguna científica. Y estudian a los animales de arriba y debajo de l agua.
No se puede pescar, pero si bucear. Tanto con botella como a pulmón. Esa última modalidad es la que yo practiqué (no porque no me guste la botella). Y es una experiencia interesante la de que un par de doradas (sin guarnición ni nada) te miren curiosas a poca distancia preguntándose si eso de bañador azul es un cachalote especialmente pudoroso… un espectáculo para los sentidos.
A los islotes Columbretes llegamos navegando a vela, como dicen los marineros, “a todo trapo”. Y era así de verdad, porque no podíamos poner más velas. El viento era constante dirección noroeste, de fuerza 4 a 5 (yo creo que tuvimos incluso más en ocasiones). Había un poco demasiado viento, pero nos arriesgamos y la cosa fue muy bien. Llegamos dos horas antes de lo previsto.
Esto que os cuento escrito lo digo de palabra en el video, donde se me ve como timonel del barco. En el vídeo parece que voy remando… pero os juro que es un barco velero. Lo que pasa es que para mantener el rumbo por las olas había que hacer esos movimientos…
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Evidentemente yo soy el marinero y el Capitán Haddock... es el capitán. Y Atenea dista mucho de ser rubia, ni de bailar al compás. Pero vamos, que mientras dirigía el barco con rumbo firme, a veces canturreaba esta canción de los Rodriguez (una de mis favoritas, a pesar del vídeo, que no había visto antes).
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10 Ago 2009
Un lugar ideal para hacer el amor
A veces olvidamos que detrás de toda esa contaminación lumínica hay millones de estrellas. Toda una vía láctea repleta de ellas. Ya sea por pereza o por la falta de costumbre, o porque casi siempre dan cosas buenas por la televisión, pero a penas miramos el cielo ya.
En los islotes columbretes podemos decir que no hay otra posibilidad. No hay televisión, no hay cobertura de móvil y cuando el sol se va, las estrellas atraen la mirada irremediablemente. Como si fuera un accidente de tráfico en el otro carril. A 30 millas de la costa y sólo con la intermitente luz del faro como fuente lumínica, el espectáculo del cielo era impresionante.
El capitán Haddock se había retirado a sus aposentos hacía un rato. Y Atenea y un servidor, tumbados en las colchonetas de popa, hacíamos casi lo único que se podía hacer: Mirar el cielo.
Si al marco incomparable añadimos una leve brisa marina que apenas mecía el velero, una conversación agradable, un buen vino en la mano y el estómago calentito con un impresionante arroz negro, cortesía del Capitán Haddock, no es de extrañar que el Sr K dijera:
- Este es un momento y un lugar ideal para hacer el amor… ¿No te parece Atenea?
Atenea se quedó en silencio unos segundos. Sin decir nada se levantó de su colchoneta y se acercó a la mía. Y me dijo:
- El amor no… pero si quieres, te vas a proa y te haces una pajilla. Y ahora no mires, que voy a mear por la borda.
Lo dicho… el mismo romanticismo que tiene una alpargata de esparto. Para que luego digan que las mujeres son románticas…
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03 Ago 2009
De vuelta a la realidad
He llegado ahora, como quien dice, de mis vacaciones. Vamos… el tiempo justo de poner una lavadora, leer el correo y pasar por el baño. No precisamente en ese mismo orden. Para quien no lo sepa, porque lo cierto es que tampoco lo he ido publicitando por ahí mucho, he estado algo más de dos semanas navegando por el Mediterráneo en un barco velero.
Sé que suena muy bien. Uno pone la palabra “velero” junto a la palabra “Mediterráneo” e inmediatamente se piensa en “sol”, “viento”, “mar”, “copita de Martini con aceituna” (o vermú de grifo, o cervecita fresca… que de todo hay en la viña del señor) y uno puede escuchar el romper de las olas por la quilla del barco y casi ver la arena prácticamente blanca de una cala recóndita. Y, bueno, algo de todo eso sí que ha habido.
Pero también ha habido mucho trabajo. Porque el barco no se lleva solo. Porque hay que izar la mayor, asegurar el foque, o cambiarlo por el Génova. Porque hay que subir el ancha a pulso o adujar todos los cabos. Porque la caña del barco, o sea, el palo que se agarra y que mueve el timón, no lleva dirección asistida… y cuando el viento inclina el barco hasta casi hacer que entre agua en la bañera (que no es un artilugio de aseo personal, sino el lugar donde se está normalmente cuando se navega), hay que hacer mucha fuerza para mantener el rumbo…
Iniciamos la navegación en Alicante y yo la terminé en Tarragona. Otros se encargarán de llegar hasta el final. Aún así han sido más de 300 millas, cerca de 580 kilómetros. Y la mayor parte de ellos a vela. Quitando un par de días en Valencia con visita al Oceanográfico y a una bloguera (y su cachondo socio) y otro par de días fondeados en los islotes Columbretes, el resto del tiempo ha transcurrido navegando a las ordenes del Capitán Haddock, ya conocido por otras aventuras marineras que conté hace tiempo. Nos acompañaba Atenea, otro miembro insigne de la galería de personajes que pululan por estas páginas.
El viaje ha estado muy bien, en términos generales. La entrada en Gandía fue un poco con demasiado viento y, quizá, demasiada poca práctica. O el incidente del Ancla en el Delta del Ebro todavía me hace despertar por las noches empapado en sudor. Aunque eso es porque no hay aire acondicionado y está haciendo mucho calor.
Eso sí, tengo que reconocer cierta decepción. Yo había invitado a compartir estos días conmigo a tres mujeres. No a todas a la vez, no… eso habría sido una locura. Las tres se declararon encantadas con la propuesta, y las tres la declinaron. Una, por falta de dinero. Otra, por falta de tiempo. Y la tercera, por tener al padre ingresado en el hospital. Por desgracia para ella, lo del padre no era una excusa y realmente está en el hospital.
Este año se ha dado una circunstancia nueva. Tras 6 años consecutivos viajando durante las vacaciones con Lentillas, este año no lo he hecho. Y lo cierto es que me ha resultado un poco raro.
Así que, con estas premisas, os contaré alguna de las cosas que fueron pasando…
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26 Jun 2009
El último Mohicano
Esta tarde se celebra la despedida de soltero de Bob el silencioso. Y como ya conté en otra ocasión, estos acontecimientos son especiales. Al menos cuando el que se “despide” es un amigo de toda la vida. A Bob le conozco desde que tenía 13 años. Hace más tiempo que le conozco que lo contrario... así que Bob es un amigo de toda la vida.
Nosotros éramos cuatro. Los cuatro mosqueteros nos llamaba mi padre. Podría haber elegido los “cuatro fantásticos” pero mi padre ha tenido una educación basada en los clásicos. Y por clásicos me refiero a Roberto Alcazar y Pedrín y el Guerrero del antifaz. Zipi y Zape ya le pilló mayor.
Éramos inseparables aunque, como ciertas moléculas, combinábamos mejor de dos en dos. Panceta y Yo y Bob el silencioso y Amadeus. Ellos eran más de su misma cuerda y Panceta y yo nos entendíamos mejor.
El primero en caer fue Panceta. Me refiero a casarse. Pero como lo hizo en plan íntimo (y no me refiero a que se casaran en pelotas), como no hizo ceremonia ni nada (en el juzgado, una mañana… triste y fría mañana), como ni invitó a unas cañas un viernes por la tarde (ni ningún otro día), no hubo despedida de soltero. En realidad la cosa fe más o menos así:
Ring Ring
Diga?
Que me he casado
Ya?
Ya
Vale
Esa despedida de soltero la habría preparado con mucho cariño. Se suponía que Panceta era mi mejor amigo. Lleva ya casado más tiempo del que puedo recordar. En realidad eso es fácil… no le veo desde entonces… más o menos. Es que para su novia, perdón, para su mujer, yo era una mala influencia. Debe ser. No sé.
El segundo en caer fue Amadeus. Se casó con La Rubia. Y esa relación merecería un post entero. Y la boda otro. Sólo decir que ella se casó de rosa. Y fue una visión de esas que se te quedan grabada en la retina el resto de tu vida. La Rubia, por cierto, será testigo en la boda de Bob. Igual que yo. Sólo espero que no pidan hacer un baile entre testigos.
Tampoco hicimos despedida de soltero. Tendría que haberla organizado Bob, Amadeus es su mejor amigo, pero siendo sinceros, no sé si me gustaría ir a una despedida de soltero organizada por Bob. Es buen tío, pero es muy soso. Así que, o la organizó y no se lo dijo a nadie, o no la organizó. Aunque parezca mentira, la primera opción no es tan descabellada como parece. De la boda me enteré de milagro y, la verdad, fui por puro compromiso. Amadeus y yo no hemos hablado mucho en los últimos años. Vidas dispares, se llama.
El penúltimo en caer ha sido Bob el silencioso. En realidad no sé cómo ha ido la cosa. No he querido preguntar, la verdad. Pero me imagino que la escena fue, más o menos así:
Ella: ¿Nos casamos?
Él: (encogimiento de hombros)
Ella: Lo tomaré por un sí.
Y digo esto porque ha sido ella la que se ha movido para organizarlo todo. Y ha sido ella la que se lo ha dicho a todo el mundo. Hasta a mí., cuando lo lógico habría sido que Bob me lo dijera, a ser posible delante de unas cañas. Incluso ella me pidió que dijera unas palabras en el brindis… así que será mi segundo monólogo, parece. Esta será la boda que ella siempre soñó y en la que Bob habrá tenido muy poco que decir. Menos de lo habitual, se entiende.
El caso es que esta noche nos vamos de despedida.
Los tres mosqueteros (en realidad dos, porque Panceta, como de costumbre, tiene un compromiso previo de su mujer… ¿qué puede haber más importante que la despedida de soltero de un amigo de toda la vida? Seguramente ir al Carrefur o algo igualmente emocionante). Bueno, nos vamos de despedia los tres mosqueteros y…
El último Mohicano.
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22 Jun 2009
Me has puesto los cuernos
La escena no podía ser más desalentadora. Ella, posiblemente guapa, con el rostro desencajado y llorando. Él, sentado justo enfrente, con cara de circunstancias. Ella sólo hacía que decir que no le creía. Al menos eso era lo que llegaba a nuestros oídos, sentados dos mesas más allá. Ni que decir tiene que seguíamos los acontecimientos con interés, y con disimulo.
Por lo visto él le había puesto los cuernos. Eso parecía deducirse de las palabras de ella. En realidad, ella creía que él le había puesto los cuernos, y él se defendía. Aunque no muy vehementemente. Simplemente estaba allí aguantando el chaparrón. A ver si escampa.
Ella se tranquilizó algo y empezaron un diálogo más pausado. Al menos en apariencia, porque desde lejos se destacaba la vena del cuello de ella, como el cartel de neón rosa de un club de carretera. Él seguía allí, esperando a que el temporal escampase.
Mi amiga decía que él era culpable. Que lo tenía escrito en la cara. Yo debe ser que no sé leer, porque no veía la culpabilidad escrita en la cara. Sólo una barba bien cuidada y un entrecejo peludo. Y una nariz un poco demasiado larga. Creo que mi amiga se veía reflejada en la escena. A lo mejor incluso se veía a sí misma sentada allí con la cara desencajada y la vena del cuello al 120% de su capacidad. Quizá por la solidaridad de género, todas las mujeres del mundo se verían allí, sentadas, llorando, delante del barbudo unicejo, echándole en cara su infidelidad más que manifiesta.
La solidaridad de género también actuó conmigo. Defendí ante mi amiga la inocencia del tipo. En realidad, casi como su abogado, defendí su no culpabilidad: No teníamos pruebas concluyentes de que hubiera adornado la, por otra parte, bonita cabeza de la chica con dos protuberancias óseas de considerables proporciones.
Pero en el fondo yo veía su culpabilidad, pero no en la cara. En sus actos. Me explico:
Supongamos que él no hubiera hecho nada. Digamos que se había tomado una copa con una chica y, al final, la hubiera acompañado a su casa. Corren tiempos peligrosos y no es bueno que una dama camine sola por la calle. Pero dos besos en el portal, castos y puros besos en la mejilla, casi sin contacto, apenas el gesto, y cada cual a su casa. Él, a ponerse una película en el DVD o, a lo mejor, ver un partido de balonmano de un equipo alemán contra uno griego en el canal de deporte. O sea: No hizo nada de nada.
Pues si no era culpable… ¿A santo de qué aguantar semejante escena, lloros y moqueos incluidos? Siendo, además, en público, en una concurrida cafetería del centro. Vamos, que si no era culpable sólo tenía que decirle “Yo no he hecho nada y todo está en tu cabeza. Así que vete a llorar a tu casa y, cuando te tranquilices, me llamas y hablamos como las personas humanas. Además, que dudes de mi fidelidad, de mi amor por ti, tú que lo eres todo para mí, mi vida… me duele…”
Veredicto: culpable.
No sé como terminó la historia. Nos fuimos antes del final.
¿Se reconciliaron?

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03 Jun 2009
La sustituta
En tercero de BUP yo tenía una profesora de lenguaje a la que llamábamos "La Garrapata". Era un mote heredado de cursos anteriores, así que muy bien no sé a qué venía. Unos decían que era por la inmensa verruga que tenía en la cara, de esas verrugas peludas que parecen tener personalidad propia, y una opinión bien formada sobre política. Una verruga hipnótica que, aún sin tener con qué hacerlo, te da la sensación de que te está mirando... y no bien, precisamente. Otros decían que la llamaban así porque era ligeramente contrahecha y pequeña. Y fea como su mote. Yo me inclino a pensar que simplemente alguien le puso ese mote porque le pareció especialmente desagradable.
Lo cierto es que con ella mis posibilidades de aprobar se podían equiparar a las de un emigrante recién llegado del África más profunda, sin saber castellano y, posiblemente, con alguna deficiencia auditiva aguda. Algunas sillas sacaban mejores notas que yo. Con ella todo el mundo estaba suspenso y, al menos en mi caso, no hacía falta que demostrara lo contrario. En realidad a mí no me preocupaba lo más mínimo suspender lenguaje... a fín de cuentas yo siempre he sido de ciencias. Pero a mis padres nunca les gustó que yo suspendiera nada, así que cada vez que llevaba las notas a casa había conflictos generacionales en los que siempre se terminaba oyendo "jovencito, yo a tu edad ya estaba trabajando". Pero no sólo por el lenguaje, sino por el resto de asignaturas que suspendía, que no eran pocas. Nunca fui un alumno muy aplicado.
El tercer trimestre "La Garrapata" se puso mala. Ese hecho supuso que corrieran muchos rumores sobre las posibles enfermedades de la pobre mujer. Algunos realmente imaginativos. Al final resultó ser Hepatitis, lo que la mantuvo de baja durante el resto del curso. Para ella fue una mala noticia, pero para nosotros abría un resquicio a la esperanza. El profesor de sustitución que pone la compañía de seguros desde el kilómetro cero no podía ser peor que la señora de la verruga.
El profesor fue en realidad una profesora. Era joven y guapa. Pero sobre todo joven. Bueno, y guapa. Y entró en clase el primer día con un estilo diferente. Para empezar se sentó en la mesa del profesor con las piernas cruzadas. Se presentó y empezó a contarnos una historia sobre su primer día de clase en la facultad. Era una historia divertida, con algunos reveses y contada de una manera muy interesante. Ni que decir tiene que la clase se pasó volando. Ella había usado su presentación para enseñarnos lo que haríamos el resto del trimestre: Escribir historias.
Ahí me ganó.
Por primera vez escuché palabras como "presentación-nudo-desenlace", trama, relato clásico... comedia, drama. Yo había leído siempre mucho, pero jamás se me había ocurrido pensar que las historias se tienen que contar de una manera concreta, que hay una estructura, y que se viene haciendo de la misma manera desde siempre. Entre otras cosas porque no hay otra forma de hacerlo, sobre todo si se pretende que la gente se entere o no se aburra. Y, lo mejor de todo: los deberes eran escribir relatos. No hace falta que diga que esos deberes los hacía sin rechistar.
El primer relato que hicimos hubo que leerlo en voz alta delante de toda la clase. A mi grupo nos había tocado hacer un drama. Y en cierta forma era un drama. Visto desde lejos. Trataba sobre venganza de un poli al que matan a su compañero. Lo sé, no era muy sofisticado y, bueno, se han hecho mil y una películas sobre lo mismo. Algunas hasta aceptables y todo. Sobre todo las que no están hechas en Hong Kong. Ese relato tuvo dos cosas buenas.
1) Me pusieron un ocho. El primer ocho en lengua de la historia de la familia. Conseguí sacar más puntos con ese relato que la suma de todas las notas desde el colegio.
2) El rotundo aplauso de mis compañeros, y alguna que otra carcajada de la profesora (en los momentos en los que tenía que hacerlo). Algo que, sin duda, engancha...
El relato lo perdí. Al menos no lo encuentro. Pero ya se sabe... las madres lo guardan todo, así que posiblemente esté en el montón de papeles del trastero. Curiosamente el nombre de la profesora no lo recuerdo, aunque creo que no sería difícil averiguarlo. Si alguna vez consigo publicar alguna cosa... mejor... cuando consiga publicar alguna cosa, buscaré su nombre para dedicárselo... a fin de cuentas ella tendría parte de la culpa ¿no?

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15 May 2009
¿Cuanto tengo que esperar para entrarla?
Después de casi dos años de bloguero profesional (y no porque haya recibido más emolumentos que el cariño de los lectores, cierto reconocimiento social y la sonrisa de cientos de emoticonos amarillos, esa clase de valores por las que dan una rentabilidad de mierda en el ING DIRECT), he descubierto que el lector tipo es, en realidad, lectora. Escribo de, por, y para mujeres (y no ante, bajo, contra, en, sin… mujeres... perdonad la tontería).
He estado pensando sobre esto. Si escribiera sobre lo que sé de las mujeres habría dejado de ser bloguero a la semana de haber empezado. Porque es más lo que no sé que lo que sé. En realidad, como dijo Descartes: “sólo sé que no sé nada”… pues yo ni eso. Supongo que escribo sobre lo que no sé de ellas. Así me garantizo tema para el resto de la eternidad. Y sin repetirme, ojo.
Estos días me ha asaltado una duda existencial. Ya sé que dos mujeres se parecen entre sí igual que dos copos de nieve (y, algunas, son igual de frías), y que no es posible generalizar, pero me gustaría saber una cosa: ¿cuánto dura el luto?
No me refiero al luto tradicional de vestir de negro, no. Me refiero al luto después de haber terminado una relación. Sí, ya sé… depende. Me imagino que dependerá de la mujer en cuestión y de si ha sido ella la que ha terminado con la relación o no. Por pura lógica (lógica masculina, por supuesto, y me temo que no aplicable) si ha sido la dejada, el luto durará más que si ha sido ella la que tomó la decisión de dejarlo. Más que nada porque a lo mejor la situación le vino de sorpresa. O sea: ¿Cuanto tiempo tiene que esperar un tío para entrar a una chica de luto?
Vamos a suponer que en este caso, por elegir una situación, ella ha sido la que lo ha dejado… pero por poner un caso.
Otra duda que me surge es la de cómo debe de comportarse un tío en esta situación. Estando ella de luto… ¿Qué es mejor?
- a)Hacer de amigo comprensivo y, sobre todo, diferente.
- b)Ir a saco
- c)Desaparecer sin dejar rastro y esperar en la sombra a que pase el luto.
Me interesa bastante el tema. Por supuesto es una curiosidad meramente científica… no es que vaya a tener aplicación en el mundo real ni nada… eh… supongo.
¿Podéis ayudarme?

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Etiquetas: cortejar, dejar, entrar, luto, mujeres, relaciones
04 May 2009
Falta de cariño
Este fin de semana largo he estado practicando mi deporte favorito en los Pirineos. Concretamente en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Una maravilla natural que todo el mundo tendría que ver antes de morir.
No voy a entrar en detalles sobre lo que hice o dejé de hacer o lo que vi o dejé de ver. Para eso están las fotos que he puesto y que espero que os gusten. Sólo voy a contar algo que pasó la primera noche en el refugio de Goritz.
Un refugio de montaña es una da las cosas más espartanas que existen. Se prima la supervivencia por encima del confort. Porque el que haya 72 personas repartidas en 3 habitaciones, significa que compartes habitación con otras 23 personas… y eso es muy poco confortable. La gente que duerme en un refugio se divide en dos tipos. Están los que roncan, y los que no roncan… pero no porque no estén preparados, sino por el simple hecho de que los otros se han dormido antes.
Yo era uno de esos.
El viento soplaba con fuerza y una ventana mal cerrada golpeaba, como lo haría una ventana en una película de terror. Y la película podría ser de terror porque no tenía ni idea de quien era la persona con la que compartía litera. De hecho éramos tres en esa cama y para mí eran dos bultos debajo de una manta. Pero no era una película de terror, así que estaba pensando en mis cosas sin meterme con nadie y, sobre todo, sin pensar en la hora que debía de ser y lo poco que estaba durmiendo.
Alguien encendió un frontal para buscar algo y la habitación se iluminó ligeramente. Y la repentina luz coincidió con que el bulto a mi derecha se movió y pude verle la cara. En realidad verla, porque era una mujer. Cara ovalada, nariz pequeñita y labios bonitos. Y porque la imaginación es libre y soñar es gratis, ojos verdes. Sí, podría decir que era guapa. Y estaba dormida. Bueno… desde luego era mucho mejor que un tío con barba. Aunque podría hacer con ella las mismas cosas: O sea, nada.
Por suerte el cansancio me venció y conseguí dormirme. Aunque no sé cuanto duró ese sueño porque algo me despertó repentinamente. Ese algo era un brazo. El de mi compañera de catre. Lo había puesto sobre mi pecho, a la vez que hundió su cara en mi cuello. Y allí se quedó, dormidita y relajada. El que ya no estaba dormido y definitivamente tampoco estaba relajado era yo.
Supuse que la chica adolecía de lateralidad y había confundido derecha con izquierda y, queriendo abrazar a su novio a la derecha, abrazó al extraño de su izquierda. Luego pensé que la situación era un ejemplo práctico de la física de Newton: un cuerpo de mayor masa atrae a otros cuerpos… sobre todo si son pequeños como el de la chica. Luego llegué a la conclusión de que como soy una especie de estufa con patas, la chica inconscientemente se había acercado a la mayor fuente de calor de la habitación… porque tenía frío. Y luego…
La cosa se agravó un poco cuando, además, puso su pierna sobre las mías… y zonas adyacentes. Todo parecía indicar que estaba a gustito la chica. Lógico, ya que no soy de piedra. Y el problema era precisamente ese: yo no estaba siendo indiferente al contacto.
¿Por qué no me retiré o la aparté? Pues por dos motivos: primero porque la pared no me dejaba poner más distancia entre los dos y porque me estaba gustando la sensación. De hecho me estaba excitando. Lo sé… un poco patético, teniendo en cuanta que había dos mantas y un saco entre los dos. Y un novio a menos de un metro, roncando a pierna suelta. Y, bueno, también estaba el detalle de que ella estaba dormida y que todo estaba siendo involuntario… pero es que no estoy en mi mejor racha en estos momentos y el contacto era agradable.
De la misma manera que había llegado el contacto se fue. Y yo me quedé despierto pensando en que tengo una gran falta de cariño…
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Sobre este blog
Memorias de un gusano de seda
Señor CapulloYo soy un tipo normal. Ni alto, ni bajo. Ni guapo ni feo. Ni gordo ni flaco. Ni listo ni tonto. Un tipo del montón. Del montón de los tipos normales. Si cogieran a alguien al azar como representativo de los tipos normales, me cogerían a mí. Seguro. Todo el mundo tiene un amigo que se me parece. Pero no me interpretéis mal. El hecho de ser un tipo del montón no me convierte en un ser anodino y gris. Es sólo que siempre hay a mí alrededor alguien más alto, más guapo, más inteligente y más gracioso que yo. A veces incluso son el mismo. Y, claro, así pasa… que me cuenta mucho trabajo llamar la atención del bello sexo. Sí amigos… las mujeres.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
La Taberna del Escocés
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