02 Oct 2008

EL ÁRBOL DE LÁZARO

Escrito por: suri el 02 Oct 2008 - URL Permanente



Samdaban - Audace
(por Mopassoli)


Conocí a Lázaro hará unos dieciocho años. Debido a su manera de andar, a sus gestos y a su forma de hablar enseguida me percate de su homosexualidad, y este destacado rasgo de su personalidad valió para que le encasillara con la consabida etiqueta. A pesar de su avanzada edad sobresalía por su alegría, por un cierto punto de rebeldía y por una indisimulada picardía. A pesar del gratuito etiquetado, desde el primer día sentí una especial simpatía por él.

Con el tiempo, la simpatía se fue convirtiendo en afecto. Más que por otra cosa, fue su generosidad, su expresividad y su cariño hacia todo ser viviente lo que me ganó. Y con todo el mundo le ocurría igual, excepto con aquellos que le rechazaban por su condición de homosexual.

Nuestra amistad -si es que se le puede llamar así- nunca fue más allá de intercambiar unas pocas palabras. Tan solo nos cruzábamos con él durante el verano y no siempre llegábamos a coincidir en el mismo lugar. Sin embargo todos los años recibíamos una postal tempranera por Navidad. Todos los años le contestamos. Hubo un año, unos cuatro después de conocerle yo, que nos regalo un bello árbol de piedrecillas pulidas, de unos veinte centímetros de alto. Poco después murió. Según supe después, sus últimos meses estuvieron llenos de dolor, abandono y soledad.

Ese árbol, el árbol de Lázaro, ha permanecido en nuestra casa desde entonces. Y desde entonces, cada vez que reparo en su presencia, pronuncio la misma reivindicativa frase: “te recuerdo con cariño, Lázaro”.

Te recuerdo con cariño, Lázaro. Y ese árbol permanecerá cerca de mí mientras viva. Y mientras yo viva contarás con mi recuerdo y mi afecto.

Suri, l’apprendista

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Bolsa

Bolsa dijo

Curioso la historia del Arbol de lazaro, muy bueno y sobre todo, el video es bastanet bueno! ;)

Un saludo.

Diana

Diana dijo

Tu conmovedora historia de Lázaro me ha traído a la memoria a Matías, mi más querido amigo de la adolescencia. Él sufrió el rechazo frontal de su familia y decidió desaparecer, fundirse en el olvido... Pero yo le sigo recordando. También guardo un valioso y estremecedor testimonio de su amistad: un libro de Dostoievski. “Cartas a su mujer” desde la pasión infernal del juego...

Saludos,
Diana

(Gracias por el vídeo)

suri dijo

El tiempo es polvo, Diana… y se deposita lentamente sobre los recuerdos hasta hacerlos invisibles. Pero los recuerdos, como las emociones que un día sentimos, tienen vida en nuestro interior y nos convocan de tanto en tanto para que recuperemos lo mejor de nosotros mismos y para que lo entreguemos a quien más se lo merece.

Lázaro y Matías saben de nuestro recuerdo… y de nuestra lealtad.

Suri l'apprendista

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L'apprendista di trovatore

Aunque soy aprendiz de todo -por más que la vida colme de conocimientos a este curioso incorregible- en este rincón dedico mi tiempo al bello arte de la palabra, que no es otro –como todo arte- que el de transmitir emociones.

Como no puede ser de otra manera, pretendo equilibrar, lo más atinadamente posible, la profundidad del mensaje con el acierto en la elección del mensajero (la propia palabra) con el fin de agradar los sentidos e inflamar el ánimo del lector.

Y pretendo transmitir mi alegría, mi espíritu inquieto, mi pasión desmedida, mi coraje verbal y vital…

Soy aprendiz de trovador… Feliz me haría hacer de la trova mi camino y mi sustento… Pero eso no está en mis manos… el buen lector sentenciará…

Suri

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