La vida sigue su curso
Me senté en un banco al final de la calle de Fuencarral para descansar un poco, antes de regresar a mi casa. Era un buen momento para observar y percibir los sonidos del entorno: la gente con sus prisas, el tintineo sonoro del semáforo, el ruido del tráfico rodado, el griterío de los niños jugando en un área infantil cercana. Todos y cada uno viviendo su mundo y ajenos a lo que les rodeaba. Ni siquiera esas palomas amodorradas sobre el alféizar del edificio que tenía enfrente, se alteraron ...
Habla de: amor de juventud, vida, recuerdos





