Una moneda para Caronte
Tus labios, tus ojos, tu sonrisa que tanta luz me ha dado y, gracias a los dioses, me sigue regalando cada día. Aquella tarde, como muchas otras, te observaba entera y tu ser todo me reconfortaba. Mientras bebías, pausada, una cálida y aromada infusión, se animó mi ego de viajero y te mostré la moneda, sí la moneda, la única moneda, una lira maltesa, recuerdo de las suaves brisas de las islas de la Diosa. -¡Qué moned...





