Mucho ruido y pocas nueces: final.
Imitando a Bill Murray, y al igual que él, inmerso en la que creíamos literatura fantástica llevada a las pantallas, en tanto el actor vivía y revivía sus idílicas paramnesias en las que atrapado por el tiempo en el pueblo de Punxsutawney y sonando en el despertador puntual cada amanecer el I Got You Babe, intentaba cada inusual jornada conquistar a la estupenda cincuentona Andie MacDowell, yo, impotente ante las circunstancias, prestaba poder de decisión a la relajada marmota sobre las d...
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