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    <body>&lt;H4&gt;&lt;IMG class=imgizqda id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/cosa-publica/Snapshot_20090210_6.jpg"&gt;Jos&#233; Gregorio Hern&#225;ndez Galindo&lt;/H4&gt;






Como lo acredita la historia, las constituciones, en especial las escritas, nacieron sobre la base de que los gobernados necesitaban un instrumento de garant&#237;a de sus libertades y derechos, y se establecieron para asegurarles que habr&#237;a restricciones a los gobernantes y reglas moderadoras del poder, con el fin de evitar la arbitrariedad y el despotismo.
La separaci&#243;n funcional es garant&#237;a de equilibrio en el ejercicio del poder, y bien vale la pena recordar c&#243;mo la conceb&#237;a Montesquieu:
&#8220;La libertad pol&#237;tica de un ciudadano depende de la tranquilidad de esp&#237;ritu que nace de la opini&#243;n que tiene cada uno de su seguridad. Y para que exista la libertad es necesario- que el Gobierno sea tal que ning&#250;n ciudadano pueda temer nada de otro.
Cuando el poder legislativo est&#225; unido al poder ejecutivo en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que el monarca o el Senado promulguen leyes tir&#225;nicas para hacerlas cumplir tir&#225;nicamente.
Tampoco hay libertad si el poder judicial no est&#225; separado del legislativo ni del ejecutivo. Si va unido al poder legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos ser&#237;a arbitrario, pues el juez seria al mismo tiempo legislador. Si va unido al poder ejecutivo, el juez podr&#237;a tener la fuerza de un opresor.
Todo estar&#237;a perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo de personas principales, de los nobles o
del pueblo, ejerciera los tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones p&#250;blicas y el de juzgar los delitos o las diferencias entre particulares&#8221;.(1)

Aqu&#237; debemos repetir, entonces, lo que escrib&#237;amos en 2001:

&#8220;Lo que justifica la existencia de la Constituci&#243;n, que es simult&#225;neamente un producto hist&#243;rico y un logro de la democracia, es la necesidad de establecer reglas seguras sobre c&#243;mo se puede acceder al poder pol&#237;tico y un dique para el ejercicio del mismo.
El Estado de Derecho, en efecto, tiene entre sus caracter&#237;sticas la de sujetar el poder al Derecho, y la expresi&#243;n m&#225;xima de &#233;ste no es otra que la Constituci&#243;n.
Ese sometimiento del Gobierno y de quienes lo desempe&#241;an a un orden objetivo, establecido previamente, no tiene a la vez justificaci&#243;n sino en la b&#250;squeda de garant&#237;as eficientes para los derechos y libertades de los gobernados, cuya existencia, subsistencia y desarrollo son lo de menos en el Estado autoritario&#8221;. (2)

Una condici&#243;n y la otra &#8211;la delimitaci&#243;n de los poderes del gobernante y las garant&#237;as para la libertad y los derechos de los gobernados- se encuentran &#237;ntimamente ligadas en la democracia y en el constitucionalismo, y lo cierto es que la experiencia en muchas sociedades demuestra que la p&#233;rdida de las segundas est&#225; frecuentemente combinada con la inexistencia de la primera. De modo que bien se puede afirmar que hay una relaci&#243;n inversamente proporcional: a mayor concentraci&#243;n del poder en el gobernante, menos libertades para los gobernados; a menor poder del Gobierno, merced a los controles, restricciones y separaci&#243;n funcional, mayor libertad para los gobernados.

Es la Constituci&#243;n Pol&#237;tica la que permite que ese equilibrio subsista, pero para que el ideal democr&#225;tico que condujo a su expedici&#243;n no se convierta en vana ilusi&#243;n, frustrando a generaciones enteras, la Constituci&#243;n debe imperar en la vida real, y producir con certeza los efectos que se derivan de sus normas. Una constituci&#243;n te&#243;rica y formal no es otra cosa que un estatuto est&#233;ril, rey de burlas. Va perdiendo vigencia en la medida en que se la irrespeta, y queda sepultada en cuanto el irrespeto sea consentido por los &#243;rganos previstos para preservarla.

Precisamente el control de constitucionalidad est&#225; contemplado para salvaguardar ininterrumpidamente el imperio de la Constituci&#243;n, y su debilitamiento, o la p&#233;rdida de independencia de los magistrados llamados a ejercerlo implican necesariamente la desprotecci&#243;n de los ciudadanos y el triunfo de las tendencias autoritarias.

Otro tanto puede afirmarse del hecho, infortunado en grado sumo, de que el gobernante de turno tome posesi&#243;n de los &#243;rganos de control o consiga neutralizar a los jueces por la v&#237;a de la manipulaci&#243;n de sus decisiones, o mediante sistemas de amedrentamiento.

O tambi&#233;n puede ocurrir, en perjuicio de la libertad, que la misma sociedad reclame o prohije pol&#237;ticas o pr&#225;cticas autoritarias con el &#225;nimo de atacar otros males como la subversi&#243;n o la inseguridad. V&#233;ase, por ejemplo, que un pa&#237;s democr&#225;tico como los Estados Unidos, como reacci&#243;n colectiva ante los ataques del 11 de septiembre de 2001, se inclin&#243; peligrosamente hacia la consagraci&#243;n de ordenamientos contrarios a elementales derechos que hacen parte del patrimonio humanitario del mundo, y no se olvide que el Presidente Bush expidi&#243; el &#8220;Plan Patriota&#8221;, recort&#243; las libertades, defendi&#243; la tortura como medio para combatir el terrorismo, desoy&#243; y desacat&#243; las sentencias de la Suprema Corte sobre Guant&#225;namo, la presunci&#243;n de inocencia, el debido proceso y el derecho de los procesados a la igualdad en los procesos y a la imparcialidad de sus jueces. Todo con el pretexto de combatir el terrorismo.

La genuina garant&#237;a del Derecho y de las libertades; el respeto a la a la dignidad de la persona, a la legalidad y a los jueces; el imperio de la justicia material y de la igualdad, son objetivos de toda democracia, a la vez justificaci&#243;n de los sistemas constitucionales y legales, pero se trata de valores dif&#237;ciles de conseguir y mucho m&#225;s dif&#237;ciles de preservar, ya que, de manera constante, la din&#225;mica misma de las sociedades provoca motivos de inestabilidad de los mismos y da lugar a amenazas contra su vigencia. Adem&#225;s, estamos frente a valores en extremo fr&#225;giles, particularmente si los mecanismos jur&#237;dicos para realizarlos se muestran ineficaces o insuficientes.

Para que se caiga en un estado de cosas divorciado de esos valores, o incompatible con ellos, no se necesita que alguien propine al sistema un golpe militar, ni que triunfe una revoluci&#243;n fascista. Hoy, en la aldea global gobernada por los medios de comunicaci&#243;n, por las encuestas y por la tecnolog&#237;a, los procedimientos contra la democracia, la Constituci&#243;n y los derechos son m&#225;s sutiles; ya no se usa necesariamente la brusquedad; los venenos vienen generalmente envueltos en empaques con atractivas presentaciones. O se suministra al pueblo anestesia dosificada e imperceptible.

Para no ir m&#225;s lejos, Colombia, la expedici&#243;n de la Constituci&#243;n de 1991 signific&#243; un importante avance hacia la consolidaci&#243;n &#8211;al menos te&#243;rica- de un sistema democr&#225;tico, y valores como la libertad, la justicia, la participaci&#243;n, la descentralizaci&#243;n, el pluralismo, la tolerancia, la igualdad, la prevalencia de los derechos fundamentales, la sujeci&#243;n del poder al Derecho, entre otros, han sido proclamados a lo largo de su vigencia &#8211;ya casi dieciocho a&#241;os- por la Corte Constitucional, y hemos llegado a creer que se ha afianzado entre nosotros lo que podr&#237;amos denominar una cultura constitucional. 

No obstante, todo muestra que nos hemos equivocado, y la &#233;poca presente &#8211;los &#250;ltimos cinco o seis a&#241;os- se ha caracterizado por el retroceso de la concepci&#243;n democr&#225;tica y por el debilitamiento de las instituciones, as&#237; como por el decaimiento de los controles; y por una irrefrenable tendencia a la concentraci&#243;n del poder.

Paralelamente, en lo que toca con las libertades, la sociedad se ha venido inclinando por el apoyo incondicional al gobernante, no importa lo que haga; consiente en el autoritarismo y propende a la intolerancia; en lo pol&#237;tico, se ha &#8220;derechizado&#8221;, se ha vuelto amiga del &#8220;unanimismo&#8221;, confunde el ejercicio de la libertad con la conjura, y es firme partidaria del mayor poder militar y del uso de m&#233;todos policiacos contra quienes se piensa que conspiran contra el r&#233;gimen. Se ha entronizado la convicci&#243;n generalizada de que el fin &#8211;como lo es, por ejemplo, acabar con la guerrilla- justifica los medios. El Estado &#8211;que deber&#237;a conservar una cierta &#233;tica- se ha venido poniendo al mismo nivel de la delincuencia a la cual combate, con modalidades como el pago de recompensas &#8211;a&#250;n por homicidios- , el est&#237;mulo de la delaci&#243;n, las interceptaciones ilegales de los tel&#233;fonos y correos electr&#243;nicos &#8211;ya no de los delincuentes, sino de opositores, periodistas y jueces- y hasta cr&#237;menes tan escalofriantes como los cometidos para reportar falsos positivos, a ciencia y paciencia de una colectividad cada vez m&#225;s indolente, que en su mayor&#237;a considera que &#8220;eso est&#225; bien&#8221;, o que, en el mejor de los casos, considera que todo esto corresponde a &#8220;calumnias de la oposici&#243;n&#8221;. 


En lo social y econ&#243;mico, ha ganado terreno la concepci&#243;n neoliberal, la paulatina y real disminuci&#243;n de las garant&#237;as laborales, el desmonte de las pensiones, la obstaculizaci&#243;n de la seguridad social, el empoderamiento de los intermediarios en materia de salud con la consiguiente limitaci&#243;n de los servicios, el debilitamiento de los sindicatos, y la privatizaci&#243;n de las entidades estatales.

En las relaciones entre el centro y la periferia, el centralismo ha sido creciente, y hasta asfixiante. Con reformas constitucionales como las aprobadas mediantes los Actos Legislativos 1 de 2001 y 4 de 2007, los departamentos y municipios, y por ende la salud, la educaci&#243;n y el gasto social han venido a menos.

Quienes observamos el diario acontecer y el funcionamiento real de la sociedad, y simult&#225;neamente tenemos que estudiar y ense&#241;ar la Constituci&#243;n, la normatividad vigente y la jurisprudencia, tenemos que reconocer &#8211;me gustar&#237;a saber cu&#225;l es la opini&#243;n de mis colegas- , podemos constatar una orientaci&#243;n de la sociedad que, infortunadamente &#8211;espero que no se me tilde de pesimista- va en contrav&#237;a de los valores, postulados y principios contemplados en la Carta Pol&#237;tica vigente. La misma provisionalidad de las normas constitucionales, sin cesar incumplidas y con frecuencia puestas en capilla por las propuestas de reforma, as&#237; lo demuestra.

El poder presidencial es muy grande, y absorbente. El Congreso dista mucho de ser independiente; es apabullante la mayor&#237;a del Gobierno en su seno, y se niega tercamente a ejercer el control pol&#237;tico. En la Corte Constitucional &#8211;aunque su actual Presidente dice que &#8220;no ha visto entrar a ning&#250;n uribista&#8221;- , hay un predominio de esa tendencia pol&#237;tica, y faltan todav&#237;a dos nuevos magistrados por elegir, de ternas elaboradas por el Jefe del Estado; el Fiscal, el Procurador, el Contralor, la Junta Directiva del Banco de la Rep&#250;blica, para mencionar tan s&#243;lo algunas de las cabezas de los &#243;rganos de mayor importancia dentro de la estructura estatal, obedecen las &#243;rdenes presidenciales. Y, cuando se apartan un tanto, el rega&#241;o es inmediato. Para corroborarlo, traigo a colaci&#243;n la reacci&#243;n del doctor Uribe ante declaraciones del Fiscal contra la propuesta de penalizar la dosis m&#237;nima de estupefacientes &#8211;que, en teor&#237;a, todos somos libres de compartir o no- : seg&#250;n &#233;l, cuando el Fiscal estaba en su terna para la elecci&#243;n, &#8220;sab&#237;a muy bien cu&#225;l era el pensamiento del Presidente de la Rep&#250;blica&#8221;. Eso es grave. Que el Presidente considere que quienes son ternados por &#233;l para desempe&#241;ar cargos que la Constituci&#243;n consagra como independientes est&#225;n obligados a seguir una especie de libreto dictado desde Palacio, es algo que desconoce por completo la separaci&#243;n de funciones, y que genera justificada desconfianza en las decisiones que todos esos funcionarios vienen adoptando.

********

En s&#237;ntesis:

La Constituci&#243;n, que es la prenda m&#225;s importante de la libertad, tendr&#237;a que ser efectiva para lograr su cometido.

Infortunadamente, nuestra sociedad marcha, con los ojos cerrados, hacia un precipicio en que caer&#225;n los valores y postulados de 1991, dentro de una mayoritaria concepci&#243;n caudillista sobre el Estado, orientada &#8211;ojal&#225; no irreversiblemente- hacia el autoritarismo y la aceptaci&#243;n del poder omn&#237;modo.

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(1) Charles Louis de Secondat, Se&#241;or de la Br&#233;de y Bar&#243;n de MONTESQUIEU: De l&#180;esprit des lois. Le Seuil, Par&#237;s, 1964

(2) HERN&#193;NDEZ GALINDO, Jos&#233; Gregorio: Poder y Constituci&#243;n. Bogot&#225;. Editorial Legis. 2001. P&#225;g. 5



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