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    <body>A Manolo le sali&#243; un aforismo muy celebrado por la concurrencia: "Contra las gestas, los gestos". Levant&#243; la copa y gui&#241;&#225;ndome un ojo (era mi cumplea&#241;os) dijo: te lo regalo. Habl&#225;bamos de las peque&#241;as cosas. Alguno a&#250;n ten&#237;a nostalgia de las heroicidades de gran formato (la revoluci&#243;n, por ejemplo) y miraba al resto con desd&#233;n, pero estaba en desventaja. Beb&#237;amos vino. &#201;ramos un grupo de antih&#233;roes. Cre&#237;amos en la peque&#241;a heroicidad invisible de los gestos. Creemos que escribir es resistir. 

 &#193;ngeles sac&#243; a colaci&#243;n una &lt;A id=link_0 title=http://www.elcultural.es/version_papel/CINE/26047/Costa-Gavras href="http://www.elcultural.es/version_papel/CINE/26047/Costa-Gavras"&gt;entrevista a Costa-Gavras &lt;/A&gt;en la que hablaba de su &#250;ltima pel&#237;cula, &lt;EM&gt;Ed&#233;n al Oeste&lt;/EM&gt;. Hay un momento (ninguno la ha visto a&#250;n) en que una parisina le regala al inmigrante protagonista una chaqueta. Costa-Gavras dec&#237;a que se identificaba con la mujer. "Me parece absurdo pretender que quienes estamos bien establecidos en Europa tengamos que desvivirnos por cada desconocido en dificultades, pero s&#237; hay peque&#241;os gestos que marcan una diferencia. Es esa peque&#241;a bondad la que yo quer&#237;a reivindicar". 

 Yo me acord&#233; entonces de un aforismo de &lt;A id=link_1 title=http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2009/5/11/aforismos-ramon-eder href="http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2009/5/11/aforismos-ramon-eder"&gt;Ram&#243;n Eder&lt;/A&gt;: "Siempre recordaremos con afecto al que nos prest&#243; un paraguas cuando llov&#237;a". 

 Empezaron a brotar historias. Si de las gestas surge la &#233;pica, los gestos fecundan la narrativa de los cuentos. &#191;Con qu&#233; gestos recibidos o donados ser&#237;amos capaces de construir un relato? Nos dio por recordar algunos cuentos gestuales de Katherine Mansfield, de Ch&#233;jov, de Flannery O'Connor. 

 Jos&#233; Ignacio cont&#243; entonces la historia de aquel motorista que le salv&#243; la vida en la frontera entre Francia y Alemania, aquel verano confuso y miserable, cuando m&#225;s cerca estaba del abismo, cuando m&#225;s miedo daba &#233;l con su suciedad y su desesperaci&#243;n (pero esa es otra historia), mediante el simple gesto de regalarle diez euros. Nadie regala diez euros salvadores a un desconocido s&#243;lo porque intuye que los necesita. Hay muy poca gente tan fina. 

 Segu&#237;amos recordando. Result&#243; que todos ten&#237;amos guardado en la memoria alg&#250;n relato de gestos. A veces ni siquiera los que los regalan se dan cuenta de su significado. A veces la bomba de salvaci&#243;n que llevan escondida tarda a&#241;os en estallar. 

 Alguien cont&#243; el &#250;ltimo cuento de gestos. &lt;A id=link_2 title=http://www.diariovasco.com/20091028/ultima/angel-autobus-20091028.html href="http://www.diariovasco.com/20091028/ultima/angel-autobus-20091028.html"&gt;Un cuento medi&#225;tico&lt;/A&gt;. El de la mujer que fue abordada en un autob&#250;s por otra mujer (educada y sensata) que dijo ser m&#233;dico onc&#243;loga. H&#225;gase an&#225;lisis, le recomend&#243; mir&#225;ndole el rostro con preocupaci&#243;n. La mujer le hizo caso y le detectaron un incipiente tumor de hip&#243;fisis. Salv&#243; la vida. Ahora la est&#225; buscando. 

 &#191;Sab&#233;is -dije de pronto- que un amigo m&#237;o, Declarado Demente, dice que no sois reales sino una invenci&#243;n, falsos personajes que hablan de cosas que s&#243;lo est&#225;n en mis cuadernos?

 Pero ellos segu&#237;an contando historias de gestos. Marina me espet&#243;: t&#250; siempre con las musara&#241;as. 

 .

 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[ Musara&#241;as ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

 .

  

  

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    <title>Musara&#241;as. Los gestos</title>
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    <body>Toda vida es un proceso de demolici&#243;n.

El &#233;xito prematuro le proporciona a uno la convicci&#243;n de que la vida es un asunto rom&#225;ntico, y una idea casi m&#237;stica del destino en cuanto opuesto a la fuerza de voluntad: en su grado peor, el error napole&#243;nico. 

Ninguna carrera decente se ha basado jam&#225;s en el p&#250;blico.

No se escribe porque se quiere decir algo; se escribe porque se tiene algo que decir. 

Suiza es un pa&#237;s donde empiezan muy pocas cosas, pero muchas terminan.

El relampagueo de Nueva York, su aspecto perfectamente din&#225;mico, su paso apresurado de hombre alto.

Quienes han sobrevivido, han logrado algo as&#237; como la fuga total. 

De todas las fuerzas naturales, la vitalidad es la &#250;nica incomunicable. La vitalidad nunca prende. Se la tiene o no se la tiene, igual que la salud u ojos pardos o voz de bar&#237;tono. 

Fotografiado por la mirada.

El cuenco de hojalata de la autocompasi&#243;n.

Ten&#237;a un negro futuro: odiaba todas las cosas.

Not&#243; que estaba mintiendo, pero era una mentira valiente.

Hablaban con el coraz&#243;n, con las medias verdades y las evasivas propias de ese &#243;rgano, que nunca ha sido famoso como instrumento de precisi&#243;n.

Todo se ha perdido, salvo el recuerdo.

Una excitaci&#243;n nerviosa que ten&#237;a un cierto parecido con la inteligencia.

Hablaba de modo cortante, como hace la gente que se niega amargamente a comunicarse.

Ingl&#233;s diciendo: "Extraordinario", neg&#225;ndose a pensar.

Era incapaz de adoptar una actitud en&#233;rgica con la inevitable soledad que eso implica.

Si somos lo bastante fuertes, no hay antecedentes.

Recuerda esto: si cierras la boca, has elegido.

Los chistes muy malos deber&#237;an llamarse "chistes del jefe" o "chistes del acreedor". El que lo oye est&#225; obligado a re&#237;rse, de modo que es superfluo gastar uno bueno con &#233;l. 

Cuando meaba, sonaba a rezo nocturno.

Ser adulto, algo terriblemente dif&#237;cil. Es mucho m&#225;s f&#225;cil eludirlo e ir de una infancia a otra.

El estado natural del adulto consciente es una infelicidad espec&#237;fica.

La inevitable superficialidad propia de las personas que lo han aprendido todo mediante la experiencia.

La vitalidad no se exibe solamente en la capacidad de persistir, sino en la de empezar de nuevo.

Puesta de largo: la primera vez que una jovencita aparece borracha en p&#250;blico.

Hombre t&#237;mido derrotado que se llama V&#237;ctor. Chicas poco agraciadas que se llaman Gracia. 

El borroso mundo visto desde un tiovivo; de repente el tiovivo se detuvo.

.

.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ff0000&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;STRONG&gt;[FRANCIS SCOTT FITZGERALD, &lt;EM&gt;El Crack-up&lt;/EM&gt;. Barcelona, Bruguera, 1983, y Anagrama, 1991. Traducci&#243;n de Mariano Antol&#237;n Rato]&lt;/STRONG&gt;&lt;/STRONG&gt;
&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[Aforismos]&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;
.

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    <nicetitle>scott-fitzgerald-aforismos-del-crack-up</nicetitle>
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    <title>Scott Fitzgerald: aforismos del Crack-up</title>
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    <body>&lt;EM&gt;Sobre el estrado, los ingenieros conversan, r&#237;en. Se golpean unos a otros con bromas incisivas. Sueltan chistes gruesos cuyo cl&#237;max es siempre &#225;spero. Poco a poco su atenci&#243;n se concentra en el auditorio. Dejan de recordar la &#250;ltima juerga, las intimidades de la muchacha que debut&#243; en la casa de recreo a la que son asiduos. El tema de su charla son ahora esos hombres, ejidatarios congregados en una asamblea y que est&#225;n ah&#237; abajo, frente a ellos. "S&#237;, debemos redimirlos. Hay que incorporarlos a nuestra civilizaci&#243;n..."

&lt;/EM&gt;As&#237; comienza "La muerte tiene permiso" (1955), obra maestra del cuento mexicano y latinoamericano, sin duda el cuento m&#225;s famoso de Edmundo Valad&#233;s. 

Y sigue el cuento: sobre el estrado, los ingenieros miran de reojo y peroran con insultante suficiencia sobre qu&#233; estilo de gobierno aplicar a estos campesinos a los que la revoluci&#243;n mexicana dice defender, entre el despotismo ilustrado y la mano dura, y gastan bromas antes de dar comienzo a la asamblea. 

Los de abajo est&#225;n callados, "con el recogimiento del hombre campesino que penetra en un recinto cerrado: la asamblea o el templo". En el estrado el presidente se atusa los bigotes, agita la campanilla y anima a los campesinos a que hablen. "Queremos ayudarlos, pueden confiar en nosotros". Los campesinos levantan poco a poco las manos y hablan t&#237;midamente de sus problemas, el cacique, el agua, la escuela. Pero al fondo hay un grupito que cuchichea. Son del mismo pueblo y no se atreven a hablar. Por fin eligen a un representante, el m&#225;s decidido, el m&#225;s concernido por aquello que los ha tra&#237;do hasta all&#237;. Es un campesino llamado Sacramento. 

"Queremos hablar por los de San Juan de las Manzanas, dice. Traemos una queja contra el Presidente Municipal". 

Y empieza a desgranar el rosario de agravios infringidos por el alcalde. Habla sin &#233;nfasis, como si estuviera arando la tierra. Habla de arbitrariedades sin cuento, de latrocinios, de usura, de la violaci&#243;n de unas muchachas, del asesinato de su propio hijo a manos de los sicarios del cacique: "me lo devolvieron difunto, con la cara destrozada". Y Sacramento concluye: "Ya nos cansamos de estar a merced de tan mala autoridad. Y como nadie nos hace caso, queremos tomar aqu&#237; providencia. A ustedes, que nos prometen ayudarnos, les pedimos su gracia para castigar al Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas..."

El estrado se agita. Los ingenieros discuten. Por un lado tienen miedo de los campesinos, de su reacci&#243;n oscura y violenta si no se hace justicia ante lo que parece el abuso criminal de uno de los suyos. Pero son los garantes de la ley, y no deben -no deber&#237;an- sancionar la barbarie campesina del ojo por ojo. Al final deciden no decidir, sino someter la decisi&#243;n a la asamblea. El presidente de la mesa se levanta: 

"Los que est&#233;n de acuerdo en que se les d&#233; permiso para matar al Presidente Municipal que levanten la mano..."

Todos sin excepci&#243;n levantan la mano. Los ingenieros tambi&#233;n. 

El presidente habla: "La asamblea da permiso a los de San Juan de las Manzanas para lo que solicitan". 

Entonces Sacramento dice: 

&lt;EM&gt;"Pos muchas gracias por el permiso, porque como nadie nos hac&#237;a caso, desde ayer el Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas est&#225; difunto."

&lt;/EM&gt;.

[Fin del cuento]

 .

Si lo quer&#233;is leer entero:

&lt;A href="http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/35/pr/pr34.pdf"&gt;http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/35/pr/pr34.pdf&lt;/A&gt;

.

De todas las lecciones incluidas en "La muerte tiene permiso" (no hablo ahora de las otras), la creaci&#243;n sostenida y equilibrada de la intensidad dram&#225;tica es una de las que m&#225;s me maravillan. Hay que notar que en el tiempo del cuento no sucede nada, el cuento no es m&#225;s que una escena en la que unas personas hablan. Todo aquello de lo que trata el cuento sucede o ha sucedido ya en otra parte. Comienza pues en un apacible llano (la descripci&#243;n del estrado, los ingenieros, la asamblea de campesinos), a partir del cual la tensi&#243;n no podr&#225; hacer otra cosa que ascender (como en curvas, como en oleadas, con cada nuevo giro de la conversaci&#243;n) hasta llegar al cl&#237;max ("la asamblea da permiso para matar al presidente"), cl&#237;max que tiene una coda en forma de sorpresa burlona y congruente: como nadie nos hac&#237;a caso, nosotros ya lo matamos. 

Magistral.

.

&lt;FONT color=#cc0000&gt;&lt;STRONG&gt;[ Edmundo Valad&#233;s, &lt;EM&gt;La muerte tiene permiso&lt;/EM&gt;, M&#233;xico, Fondo de Cultura Econ&#243;mica, 1969 ] &lt;/STRONG&gt;
&lt;/FONT&gt;
.

 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[ Cuentos de algunos maestros ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

 .

 





 

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    <title>Edmundo Valad&#233;s: La muerte tiene permiso</title>
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    <body>(HALLADO EN UN CUADERNO DE NOTAS). 

Qu&#233; f&#225;cil burlarse del d&#233;bil.

La burla no dice necesariamente la verdad.

La burla es un punto de vista. Dice m&#225;s sobre la intenci&#243;n de quien la ejerce que sobre el objeto de burla.

Todos, sin excepci&#243;n, podemos ser objeto de burla. Basta entontrarnos con alguien que tenga el designio y la capacidad de burlarse de nosotros.

De todo nos podemos burlar. Incluso de lo m&#225;s bueno y noble.

X tiene el don de la burla: agudeza, ingenio, capacidad de s&#237;ntesis, facilidad para construir la imagen-l&#225;tigo resumidora, heridora. 

No se burla quien quiere, sino quien puede.

La rebeli&#243;n: burlarse de quien se burla.

El necio no sabe burlarse.

Est&#225; la burla despiadada, odiadora, con deseo de muerte. Est&#225; la burla ligera, cascabeleante. Est&#225; la burla ir&#243;nica. Y la burla amable, incluyente, que abre un camino pero no lo transita del todo.

Nadie se burla en los cementerios.

La burla entre amigos exige relajaci&#243;n. Cuanta m&#225;s confianza m&#225;s laxitud, y cuanta m&#225;s laxitud m&#225;s f&#225;cilmente se dispara la tentaci&#243;n y el placer de burlarse.

La burla es peligrosa: requiere que el burlado pueda devolverla al burl&#243;n en igualdad de condiciones. Si hay asimetr&#237;a se corre el riesgo de que una de las partes frag&#252;e secretamente el embri&#243;n del odio. Porque la burla hiere. Al estar recubierta de la broma, es dif&#237;cil darle respuesta. No est&#225; bien visto enfadarse ante las burlas ingeniosas: revela falta de humor, poca cintura, poca inteligencia. 

Devolver una burla con otra burla, hasta cu&#225;ndo.

Hay que tener la generosidad de decidir no burlarse, aun a riesgo de resultar aburrido.

La burla puede escoger como blanco aspectos superficiales o profundos del burlado, aunque siempre tiene la intenci&#243;n de herir, es decir, de atacar un flanco d&#233;bil. A menudo dispara a ciegas, por aproximaci&#243;n, a sombras que se intuyen, sin saber hasta qu&#233; punto ha dado en la diana m&#225;s honda.

"Sonriendo, Picasso le dijo a Modigliani: &#161;artistucho!" (Daniel-Henry Kahnweiler, &lt;EM&gt;Juan Gris. Vida, obra y escritos&lt;/EM&gt;) 







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    <title>Teor&#237;a de la burla</title>
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    <body>Dieciocho de septiembre, aeropuerto de Granada, exterior noche. Todas las personas importantes que han bajado del avi&#243;n nocturno de Madrid ya han tomado sus taxis. Se cierran los &#250;ltimos maleteros, arrancan los &#250;ltimos veh&#237;culos. La explanada del aeropuerto est&#225; casi vac&#237;a. El conductor del autob&#250;s que nos ha de llevar a la ciudad tira impaciente la colilla del cigarrillo. "&#191;Estamos todos?", grita ir&#243;nico mientras se sube al autob&#250;s.

Bajo la luz mortecina de las farolas, estamos todos: dos parejas cargadas de equipajes, algunos rubios turistas silenciosos, el juez Miguel &#193;ngel Torres, Vasilik&#237; y yo. "&#191;Pero ese no es el juez Torres?", oigo que susurra la mujer que acaba de meter sus valijas y regalos ex&#243;ticos en el portaequipajes del autob&#250;s. "&#191;Qui&#233;n?", dice el hombre que la acompa&#241;a. "El juez Torres, el de la Operaci&#243;n Malaya". El hombre baja la voz: "Ssst. Se le parece pero no es". 

Subimos y vamos pagando cada uno los tres euros del viaje. "Buenas noches", saluda el juez con un hilillo de voz. El conductor ni lo mira ni le responde. El juez paga y avanza por el pasillo para sentarse detr&#225;s de nosotros, cuidando de dejar en medio dos hileras protectoras de asientos vac&#237;os. Me doy la vuelta, interesado por la luna trasera del autob&#250;s, y me cercioro de que se trata del juez. Su cara es tan anodina que &lt;EM&gt;s&#243;lo se le parece&lt;/EM&gt;; que podr&#237;a parecerse en todo momento a &#233;l o a cualquier otro: un t&#237;mido empollon de expresi&#243;n neutra y rasgos desva&#237;dos. El demasiado sobrio terno azul, el mismo traje lavado y planchado una y otra vez o el mismo modelo comprado una y otra vez en la misma tienda. Con su aire de empleado de banca o de agente de seguros. Con los dedos &#237;ndice y coraz&#243;n puestos sobre los labios en actitud de reconcentrada melancol&#237;a. 

Me ha gustado mucho verlo tomar el barato y eficaz autob&#250;s del aeropuerto y no un taxi o un veh&#237;culo con ch&#243;fer, como las personas importantes. 

Porque el juez Torres es Proust, Faulkner, Conrad: un narrador descomunal. No s&#243;lo redact&#243; de su pu&#241;o y letra los miles de folios de que consta el sumario de la Operaci&#243;n Malaya, ese novel&#243;n de corrupci&#243;n e intrigas, sino que fue capaz de desentra&#241;ar y organizar el complej&#237;simo relato oculto en una trama inextricable, en una trama que hab&#237;a sido concebida por su malvado demiurgo para no ser desentra&#241;ada jam&#225;s. Juvenil narrador-detective, ingenua o fan&#225;tica encarnaci&#243;n de la Ley, el juez logr&#243; con muy poca ayuda convertir aquella trama herm&#233;tica en un argumento reconocible, en una novela-r&#237;o lineal, en un relato aristot&#233;lico con planteamiento, nudo y desenlace ordenados de principio a fin, un relato que fue dando a la prensa por entregas, como los folletines decimon&#243;nicos, al ritmo en que iba desclasificando (con astucia de verdadero narrador) las porciones de aquel sumario. Un relato que no est&#225; cerrado y que incluye ambig&#252;edades, preguntas sin respuesta, cabos sueltos, digresiones, personajes oscuros que desaparecieron sin dejar rastro, como sucede en las mejores novelas. Y que, al no tener derechos de autor, puede ser plagiado por cualquiera. 

Al otro lado del pasillo la pareja susurra y secretea sin dejar de lanzarle miraditas al juez. "Me da corte", escucho que le dice ella a &#233;l. A m&#237; tambi&#233;n me da corte. El viaje se me va en fantaseos. El juez Torres ha llegado a su parada. "Buenas noches", dice alto y claro con su vocecilla aflautada. Esta vez el conductor le responde. El juez baja, retira su maleta y se pierde en la noche. 



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    <title>Otros narradores: el juez Torres</title>
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    <body>&#191;Se arrepiente de esas notas personales que dej&#243; siendo joven en las guardas de los libros? &#191;Esas notas vanidosas y cursis con las que usted fue personalizando cada ejemplar que compraba? &#191;Se cre&#237;a usted un futuro Faulkner, o alguien de similar importancia -no necesariamente en el campo de las letras-, y por tanto necesit&#243; dejar constancia de ello ante las generaciones venideras? &#191;Fantase&#243; alguna vez con la posibilidad de que estudiosos y coleccionistas se disputaran los codiciados ejemplares firmados de su biblioteca? &#191;Consign&#243; en cada libro la fecha y la circunstancia de su compra, el tiempo que hac&#237;a, si hab&#237;a comido o merendado, con detalles l&#237;ricos a&#241;adidos de su propia cosecha?

Si este es su caso, y con el paso del tiempo se siente humillado al ojear esos libros, le ofrecemos la soluci&#243;n. Nuestra empresa dispone de los m&#225;s modernos m&#233;todos de desaparici&#243;n de notas enojosas en las guardas de sus queridos vol&#250;menes. Ya no tendr&#225; que ocultar vergonzantemente determinados t&#237;tulos, ni arrancar la hoja sonrojante en cuesti&#243;n, y mucho menos tirar el libro a la basura para evitar que alguna mirada sarc&#225;stica lo descubra. Podr&#225; volver a prestar sus libros de juventud sin tener que dar explicaciones al prestatario. Evitar&#225; tambi&#233;n que su celosa pareja se encuentre aqu&#237; y all&#225; esas notas hirientes que dan cuenta (a veces pormenorizada) de aquellos amores que ya no significan nada. 

Porque nosotros las borramos. Usted nos deja el libro y se lo devolvemos inmaculado. O bien nos dice qu&#233; parte exacta de lo que escribi&#243; prefiere borrar. Por ejemplo:

Fig. 1. Ejemplar de &lt;EM&gt;La voz a ti debida &lt;/EM&gt;de Pedro Salinas. Anotaci&#243;n: "&#161;Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! &#161;Gracias, Juan Ram&#243;n! Comprado en Castro Urdiales un cuatro de julio de 1985, &lt;STRONG&gt;con sirimiri&lt;/STRONG&gt;."

Fig. 2. Mismo ejemplar tras haber sido sometido a nuestro proceso de lavado, seg&#250;n las indicaciones del cliente: "&#161;Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!"

Fig. 3. Mismo ejemplar tras haber pedido finalmente el cliente que se suprima por entero la nota: (p&#225;gina en blanco)

Tambi&#233;n ofrecemos servicios como: borrado de subrayados (a l&#225;piz, bol&#237;grafo o pluma), borrado de ex libris, borrado de signaturas bibliotecarias en libros de segunda mano y borrado de dedicatorias de libros regalados. 

(Pr&#243;ximamente ofreceremos un servicio especial para autores, "Pastime Paradise", consistente en la retirada del mercado de todos los ejemplares de un libro lamentable que en su d&#237;a usted public&#243; y quiera hacer desaparecer. Por completo)

Borramos el pasado a su gusto. 

Visite nuestra web.







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    <body>&#191;Un escritor lo es cuando escribe o cuando otros leen lo que ha escrito? El destino de todo texto es aspirar a ser le&#237;do. Escribir en secreto convierte lo escrito en invisible e inexistente. El escritor escribe, s&#237;, pero su actividad es tan &#237;ntima e irrelevante como esos vicios que todo el mundo tiene escondidos: mirar a hurtadillas al vecino de enfrente, sacarse los mocos con el dedo, olerse los sobacos. 

El escritor que s&#243;lo escribe para s&#237; se conforma con ser el &#250;nico lector de sus textos. Un lector ya es bastante, dice con orgullo. Escribo para m&#237; y basta. &#191;Para qu&#233; a&#241;adir m&#225;s p&#225;ginas a las millones que se escriben todos los d&#237;as y se tiran al oc&#233;ano con el af&#225;n de que alguien las lea? &#191;Para qu&#233; a&#241;adir m&#225;s escritores, m&#225;s ruido, m&#225;s ch&#225;chara? Pero por m&#225;s que el escritor secreto argumente a favor de su vicio solitario, por m&#225;s que desarrolle teor&#237;as para justificar por qu&#233; no ense&#241;a a nadie lo que escribe, sospecho que hay algo m&#225;s, algo que no se dice porque no se sabe decir, algo de temor convertido en desd&#233;n o de necesidad convertida en virtud. Como si en el fondo el escritor secreto tuviera un profundo anhelo de ser le&#237;do, tal vez m&#225;s que nadie, si no por sus coet&#225;neos s&#237; al menos por sus hijos o sus nietos o por alguien que encontrara cien a&#241;os despu&#233;s de su muerte sus p&#225;ginas tiradas en un contenedor de basura. 

El escritor secreto es un escritor resignado. No puede dejar de escribir aunque nadie lo lea, pero se siente como un caudal cegado, como un pozo podrido. El agua de pozo quisiera ser r&#237;o. El escritor secreto es agua empozada. Tiende a la enso&#241;aci&#243;n. Su fantas&#237;a consiste en que alguien, un zahor&#237;, descubre en la posteridad ese venero suyo y lo lleva a la superficie.

Pues si las palabras no se escriben para los dem&#225;s, &#191;para qu&#233; se escriben?

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    <title>Teor&#237;a del escritor secreto</title>
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