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    <body>A ra&#237;z de unas entregas anteriores, un lector [ND] me ha enviado un comentario que sintetiza alguna de las objeciones que se plantean con respecto a la opci&#243;n por el decrecimiento. Por un lado, respecto a la posibilidad de que el decrecimiento sea una opci&#243;n de futuro; por otro, la situaci&#243;n en la que quedar&#237;an los pa&#237;ses pobres. Aqu&#237; tratar&#233; &#250;nicamente la primera de estas cuestiones y dejar&#233; la segunda para m&#225;s adelante, aunque he de se&#241;alar que ambas van &#237;ntimamente unidas. Ni que decir tiene que no pretendo tener las respuestas; lo que sigue no es m&#225;s que una contribuci&#243;n a la discusi&#243;n.

 El resumen de su planteamiento es el siguiente: pudiendo ser deseable,  el decrecimiento se enfrenta con un obst&#225;culo fundamental: la incapacidad de que la sociedad occidental renuncie al consumo de forma voluntaria; as&#237;, decrecimiento para ser posible, deber&#237;a ser impuesto a partir de una reducci&#243;n de la oferta.

Efectivamente, es irrealista concebir una conversi&#243;n masiva de esta &#8220;clase media desideologizada y con un papel mucho m&#225;s consumista que productivo&#8221; [ND](o esta &#8220;peque&#241;a burgues&#237;a planetaria&#8221; en palabras de Agamben) a un modo de vida no consumista, o, como dicen los partidarios del decrecimiento,  a la &#8220;simplicidad voluntaria&#8221;. Antes que la imposici&#243;n, v&#237;a reducci&#243;n de la oferta (y a la que me referir&#233; m&#225;s adelante), el llamamiento a una disminuci&#243;n individual del consumo, en el seno de un aparato productivo-medi&#225;tico que determina las pautas de adquisici&#243;n, no puede tener m&#225;s que efectos marginales. Si hemos de contemplar un cambio social, hemos de ser conscientes de sus implicaciones. Lo dec&#237;a ya Ivan Illich (La convivencialidad. Barcelona: Barral, 1974 [1973], p&#225;gina 31):

&#8220;La transici&#243;n pues a una sociedad convivencial ir&#225; acompa&#241;ada de extremos sufrimientos: hambre para algunos, p&#225;nico para los otros. Tienen el derecho a desear esta transici&#243;n s&#243;lo aquellos que saben que la organizaci&#243;n industrial dominante est&#225; en v&#237;as de producir sufrimientos a&#250;n peores, so pretexto de aliviarlos. (&#8230;) La convivencialidad no tiene precio, pero se debe saber muy bien lo que costar&#225; desprenderse del modelo actual. El hombre reencontrar&#225; la alegr&#237;a de la sobriedad y de la austeridad, reaprendiendo a depender del otro, en vez de convertirse en esclavo de la energ&#237;a y de la burocracia todo poderosa&#8221;.

Y es que el paso desde una sociedad de crecimiento  hasta lo que Illich denomina una &#8220;sociedad convencial&#8221; supone una transformaci&#243;n radical. En otras palabras, no se trata de un problema t&#233;cnico, sino de una cuesti&#243;n mucho m&#225;s profunda: cultural, en el sentido m&#225;s radical de la palabra. O para decirlo esta vez con Raimon Panikkar, no estamos en una &#233;poca de cambio sino en un cambio de &#233;poca.

Para que la soluci&#243;n que propone el comentador, a saber, la reducci&#243;n de la oferta, es claro que siendo t&#233;cnicamente factible, los obst&#225;culos son pol&#237;ticos, econ&#243;micos y culturales. Esta es la l&#237;nea que expuse en este Blog (La crisis y la opci&#243;n por el decrecimiento), al mencionar el informe de la Fundaci&#243;n Dag Hammarskj&#246;ld titulado &#8220;What Now&#8221; y preparado con ocasi&#243;n de la S&#233;ptima Sesi&#243;n Especial de la Asamblea de las Naciones Unidas que tuvo lugar del 1 al 12 de septiembre de 1975, documento que coincid&#237;a con alguna de las propuestas de Rajendra Pachauri, quien &#8220;permanece al frente desde 2002 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Clim&#225;tico de la ONU y dirige el Instituto de Recursos Naturales y Energ&#237;a de India&#8221;, y Premio Nobel de la Paz (2007).

 Todo aquello que significa una obligatoriedad, en nuestras actuales sociedades, significa una actuaci&#243;n del Estado. Sin embargo tenemos la experiencia de que los intentos de transici&#243;n pac&#237;fica hacia sociedades no capitalistas han acabado de forma sangrienta: baste recordar figuras como las de Salvador Allende, Omar Torrijos o Thomas Sankara. Todo proyecto que signifique acabar con la l&#243;gica del crecimiento y el beneficio, por muy democr&#225;tico que sea, est&#225; abocado a la oposici&#243;n por cualquier medio de las fuerzas del poder. 

Sin embargo -y esta es la diferencia con anteriores momentos- la amenaza &#8220;ecol&#243;gica&#8221;, es decir, el agotamiento de los recursos energ&#233;ticos, biol&#243;gicos y materiales, junto con el deterioro del medio ambiente, es inminente, y exige tomar medidas como, por ejemplo, se est&#225; planteando a prop&#243;sito del cambio clim&#225;tico. Es posible que el peligro de un deterioro del nivel de vida sea finalmente el acicate m&#225;s poderosos para una aceptaci&#243;n de un cambio de forma de vida; aunque el horizonte est&#225; abierto.

Frente a la ineludible necesidad de controlar y limitar el uso de energ&#237;as y recursos materiales, las opciones que se ofrecen desde las instancias de poder, adornadas con la ret&#243;rica de la sostenibilidad, son &#250;nicamente aquella que pretender perpetuar el actual estado de cosas. En otras palabras, se trata, desde la &#243;ptica dominante, de seguir con la l&#243;gica del crecimiento ilimitado del beneficio y el consumo  mediante la reducci&#243;n de todo ello a problemas meramente t&#233;cnicos. Ejemplo claro: el renovado clamor por la energ&#237;a nuclear como energ&#237;a limpia e inagotable y/o, si se agotara &#8211;el uranio tambi&#233;n es un recurso escaso- se conf&#237;a en que los avances de la ciencia y la tecnolog&#237;a proporcionar&#225;n el recambio energ&#233;tico adecuado en su momento, en una actitud que puede calificarse perfectamente de religiosa, en el sentido de que substituye la raz&#243;n por la fe. 

Dado por otro lado el desapego cada vez mayor por la pol&#237;tica, fomentado con descaro por todas las instancias de poder, la posibilidad de reg&#237;menes totalitarios y tecnocr&#225;ticos no es absoluto excluible. Por todo ello, el decrecimiento no debe verse &#250;nicamente como una opci&#243;n t&#233;cnica, sino como una forma de expresar la oposici&#243;n radical a una sociedad capitalista, consumista y depredadora, y plantear otra sociedad en la que el crecimiento no sea el imperativo, y en la que no seamos consumidores sino ciudadanos..






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    <title>De la dificultad de pensar el decrecimiento (I)</title>
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